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Lo inadmisible

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Lo inadmisible

De los enormes dramas sufridos por los centenares de miles de personas desplazadas, que año tras año abandonan sus hogares en la búsqueda de un futuro mejor para sí mismos y para sus familias; nada resulta más cruel, que la situación de los niños que atraviesan esos dramas. Las organizaciones de derechos humanos reclaman que los gobernantes del mundo se comprometan a poner fin a la detención de niñas y niños migrantes. Y es lo mínimo deseable, hasta que la situación global pueda catalogarse como previsible.

Altos funcionarios de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) remarcaron que los niños nunca deben quedar detenidos por el estatus migratorio de sus padres, pues constituye una clara violación de sus derechos y puede causar daños irreparables que equivaldrían a torturas.

Hace unos días, jefes de Estado y de gobierno debatieron el Pacto Mundial sobre Migración, un acuerdo intergubernamental para gestionar las migraciones transfronterizas, que está en las últimas etapas de discusión.

En el marco de las noticias e historias sobre los menores de edad confinados en centros de detención de Estados Unidos, Amnistía Internacional, con sede en Londres, instó a los participantes de las últimas negociaciones a poner fin a la detención de menores.

“Las terribles escenas de Estados Unidos ilustraron la desesperada necesidad de un compromiso internacional para poner fin a la detención de menores; las negociaciones no podrían ocurrir en un momento más crucial que éste”, comentaron desde Amnistía Estados Unidos.

Muchos gobernantes expresaron indignación con el trato dado por el gobierno de Donald Trump a los menores cuyos padres llegaron a Estados Unidos de manera irregular. “Es hora de canalizar esa indignación en acciones concretas”, añadió el organismo.

Debido a la política de separación de familias del gobierno de Trump, más de 2.000 niñas y niños quedaron separados de sus padres y están detenidos desde mayo, cuando intentaban cruzar la frontera sur de Estados Unidos. Las estimaciones oficiales señalan que unos 10.000 niños están detenidos en malas condiciones en centros de detención estadounidense.

El borrador del pacto mundial menciona ese asunto, e incluye un artículo para “trabajar para poner fin a la práctica de detener menores en el contexto de migraciones internacionales” y “usar la detención sólo como último recurso”, apuntó. Pero Amnistía considera que la redacción no es lo suficientemente fuerte porque no hay circunstancias en las que se justifique la detención infantil.

Trump emitió un decreto para revertir la política de separación de familias, pero la reemplazó por una que encarcela a toda la familia. Eso quiere decir que niñas y niños pueden quedar detenidos, junto con sus padres, por un tiempo indefinido y prolongado. No es momento de mirar para otro lado, es la consigna que repiten los defensores de los derechos humanos.

Hay una opinión generalizada detrás de toda esta tragedia: las políticas de detención y separación de familias son síntomas de un problema mundial mucho mayor; y es, ¿cómo los países receptores tratan a los migrantes?, quienes a menudo huyen de situaciones violentas y/o inestables.

Más de 4.000 niñas y niños inmigrantes pasaron por la fronteriza ciudad italiana de Ventimiglia entre julio de 2017 y abril de 2018. La mayoría huyendo de persecuciones y conflictos en países como Sudán, Eritrea y Siria, y a menudo tratando de reunirse con familiares o amigos en otros países europeos.

En Australia, más de 200 niños están en centros de detención para solicitantes de asilo en Nauru, donde suelen pasar meses, y hasta años.

El Pacto Mundial sobre Migración ofrece esperanza, pero no funcionará si muchos países siguen viendo el asunto en términos de control fronterizo. Resulta inadmisible desde cualquier punto de vista. Y ocurre cada hora de cada día en el mundo actual.

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De los enormes dramas sufridos por los centenares de miles de personas desplazadas, que año tras año abandonan sus hogares en la búsqueda de un futuro mejor para sí mismos y para sus familias; nada resulta más cruel, que la situación de los niños que atraviesan esos dramas. Las organizaciones de derechos humanos reclaman que los gobernantes del mundo se comprometan a poner fin a la detención de niñas y niños migrantes. Y es lo mínimo deseable, hasta que la situación global pueda catalogarse como previsible.

Altos funcionarios de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) remarcaron que los niños nunca deben quedar detenidos por el estatus migratorio de sus padres, pues constituye una clara violación de sus derechos y puede causar daños irreparables que equivaldrían a torturas.

Hace unos días, jefes de Estado y de gobierno debatieron el Pacto Mundial sobre Migración, un acuerdo intergubernamental para gestionar las migraciones transfronterizas, que está en las últimas etapas de discusión.

En el marco de las noticias e historias sobre los menores de edad confinados en centros de detención de Estados Unidos, Amnistía Internacional, con sede en Londres, instó a los participantes de las últimas negociaciones a poner fin a la detención de menores.

“Las terribles escenas de Estados Unidos ilustraron la desesperada necesidad de un compromiso internacional para poner fin a la detención de menores; las negociaciones no podrían ocurrir en un momento más crucial que éste”, comentaron desde Amnistía Estados Unidos.

Muchos gobernantes expresaron indignación con el trato dado por el gobierno de Donald Trump a los menores cuyos padres llegaron a Estados Unidos de manera irregular. “Es hora de canalizar esa indignación en acciones concretas”, añadió el organismo.

Debido a la política de separación de familias del gobierno de Trump, más de 2.000 niñas y niños quedaron separados de sus padres y están detenidos desde mayo, cuando intentaban cruzar la frontera sur de Estados Unidos. Las estimaciones oficiales señalan que unos 10.000 niños están detenidos en malas condiciones en centros de detención estadounidense.

El borrador del pacto mundial menciona ese asunto, e incluye un artículo para “trabajar para poner fin a la práctica de detener menores en el contexto de migraciones internacionales” y “usar la detención sólo como último recurso”, apuntó. Pero Amnistía considera que la redacción no es lo suficientemente fuerte porque no hay circunstancias en las que se justifique la detención infantil.

Trump emitió un decreto para revertir la política de separación de familias, pero la reemplazó por una que encarcela a toda la familia. Eso quiere decir que niñas y niños pueden quedar detenidos, junto con sus padres, por un tiempo indefinido y prolongado. No es momento de mirar para otro lado, es la consigna que repiten los defensores de los derechos humanos.

Hay una opinión generalizada detrás de toda esta tragedia: las políticas de detención y separación de familias son síntomas de un problema mundial mucho mayor; y es, ¿cómo los países receptores tratan a los migrantes?, quienes a menudo huyen de situaciones violentas y/o inestables.

Más de 4.000 niñas y niños inmigrantes pasaron por la fronteriza ciudad italiana de Ventimiglia entre julio de 2017 y abril de 2018. La mayoría huyendo de persecuciones y conflictos en países como Sudán, Eritrea y Siria, y a menudo tratando de reunirse con familiares o amigos en otros países europeos.

En Australia, más de 200 niños están en centros de detención para solicitantes de asilo en Nauru, donde suelen pasar meses, y hasta años.

El Pacto Mundial sobre Migración ofrece esperanza, pero no funcionará si muchos países siguen viendo el asunto en términos de control fronterizo. Resulta inadmisible desde cualquier punto de vista. Y ocurre cada hora de cada día en el mundo actual.

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