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Un relevamiento clave para el campo

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Un relevamiento clave para el campo

Marcelo Dettoni

Un ejército de 46 encuestadores visitará cerca de 6.900 establecimientos para conocer cómo se compone el universo rural de San Luis. Con los datos concretos, se podrán establecer las políticas adecuadas para el sector.

Después de varios meses de trabajo previo, finalmente hoy comenzará en todo el país el Censo Nacional Agropecuario, un relevamiento que intentará ser confiable para conocer de primera mano cómo está compuesto el campo argentino, a qué se dedica su gente y cuánto ganado y cultivos se desarrollan en sus tierras, entre otras cuestiones vitales.

No se trata solo de cuestiones de estadística pura, sino que el censo también servirá para saber hacia dónde dirigir las políticas de gobierno en busca de mayor efectividad, una producción más aceitada y que apunte a cubrir las necesidades del sector que más divisas aporta a la economía nacional y quizá por eso sea el más castigado a la hora de tapar baches fiscales insolubles.

En San Luis, el encargado de coordinar las tareas que comenzaron en abril pasado es Julián Muñoz, un hombre con amplia experiencia tanto en materia estadística (forma parte del equipo de la Dirección Provincial de Estadística y Censo) como en la actividad rural, ya que tiene su propia explotación en La Calera y Los Chañares, por lo que sabe de qué se trata el trabajo diario del productor agropecuario. Además, durante su carrera en la función pública también desempeñó cargos en el Ministerio del Campo durante gestiones anteriores.

“El último censo data del año 2008, inolvidable para el campo argentino porque fueron los tiempos de la Circular 125 que lo enfrentó con el gobierno nacional por las retenciones móviles”, recuerda Muñoz, quien ya por entonces estaba involucrado en el relevamiento y asegura que “en San Luis no hubo problemas para llegar a cada tranquera y ser recibidos por los productores, porque había una buena relación con el campo. Pero hubo provincias en las que fue imposible tomar datos certeros, por eso aquel censo no sirve como una referencia confiable”.

Según el funcionario puntano, “fue un censo con muchos errores, porque en otras provincias habilitaron un link para autocensarse y se podía ingresar las veces que querías, lo que representa una locura estadística. Tan mal salieron las cosas en que los resultados recién estuvieron disponibles en 2015 y la página todavía dice que son datos provisorios”. Por eso él todavía tiene reminiscencias del que se hizo en 1988, “un verdadero modelo de cómo hacer un censo, pero era otro país aquél, había mística”, asegura con nostalgia.

Si todo va de acuerdo a lo planeado, el tiempo acompaña y los productores también colaboran con la tarea de los censistas, esperan terminar con la recolección de datos en noviembre, en tanto que los resultados deberían estar allá por marzo del año que viene, aunque sea de manera provisoria. “Hay un compromiso de parte del Estado Nacional de entregar en marzo los datos preliminares y en junio los definitivos”, destaca el coordinador. Claro que eso de hacer proyecciones a mediano y largo plazo es patrimonio de los países "normales", una categoría que la Argentina extravió allá lejos y hace tiempo.

 

Cuatro establecimientos agropecuarios por día visitará cada censista en promedio. Eso les dará unos 38 en total a cada uno antes de terminar el censo. El 30% suele quedar fuera del relevamiento. 


Basado en su experiencia, Muñoz espera que el censo 2018 refleje “una concentración mayor del campo en manos de grandes productores, porque los pequeños han ido desapareciendo fruto de las sucesivas crisis económicas y los caprichos del clima, que estuvo muy inestable en los últimos años”. Y dio un ejemplo que se observa claramente en el noreste de San Luis: “En la zona del Valle del Conlara cada vez los pequeños productores han ido vendiendo sus porciones de tierra a grandes empresarios cordobeses, es un modelo que se replica en varias regiones del país”.

Así es como quedan conformadas lo que el lenguaje censal denomina como GEA, Grandes Explotaciones Agropecuarias. Que por un lado dan trabajo y aportan diversificación, pero por otro duele ver que el pequeño latifundista muchas veces se vea obligado a vender y cambiar de actividad, e incluso trasladarse con su familia a zonas urbanas en busca de trabajo, poniendo trabas al famoso arraigo por el que tanto hace el Gobierno de San Luis con sus planes de fomento  con kits productivos y los alicientes a la inversión en el campo, con leyes como la que premia el Valor Agregado, la reposición de toros y cabras enfermas por otras de mejor genética o la entrega de heladeras, calefones y pantallas solares.

Además de la visita a los campos, el censo también incluirá un relevamiento de los servicios agropecuarios, o sea los contratistas, aquellos que ponen a disposición de los productores máquinas sembradoras y cosechadoras, entre otros elementos. Ellos también deberán ser entrevistados para tener un panorama más completo de la actividad. “Los censos actuales están estandarizados a nivel FAO, que es el organismo de las Naciones Unidas (ONU) dedicado a la alimentación y la agricultura. Estamos convencidos que esta vez nos vamos a terminar metiendo en las ciudades, ya no quedan ‘farmers’, como se conoce en Estados Unidos a los típicos granjeros que viven alejados de los centros urbanos y no dependen para nada de ellos. Los nuevos productores viven en las ciudades y se dan una vuelta por su campo de vez en cuando, para ver cómo está todo”, proyecta Muñoz.

 El coordinador del relevamiento recibió un fuerte espaldarazo de Sergio Freixes, el ministro de Medio Ambiente, Campo y Producción, quien maneja varios resortes clave para lograr un buen resultado final. “Me dijo que tenía las puertas abiertas para lo que quisiera consultar y ofreció toda la ayuda que pueda dar con su estructura, que es la más fuerte en el área rural”, agradece. Incluso ya pidió la colaboración de la Comisión Provincial de Sanidad Animal (Coprosa), otro organismo con línea directa con los centros ganaderos y, a través de ellos, con los productores. “Los centros ganaderos concentran el 90% de la actividad agropecuaria, son muy importantes para aglutinar a la gente que debemos encuestar. En los lugares alejados pensamos llamarlos primero y luego reunir a todos los que podamos en un punto en común de cualquiera de los pueblos del interior”, agrega el funcionario provincial.

Para evitar confusiones y ganarse la confianza de los productores, el equipo censal ofreció el nombre completo y el número de documento de quienes van a hacer las visitas, lo que también será una herramienta para evitar el abigeato. “Van a tener que dar información importante sobre sus emprendimientos, esto es un trabajo conjunto entre ambas partes”, dice Muñoz, quien pide aclarar una diferenciación que es vital:

“Para el censo, productor es el que trabaja, no el dueño del campo. Si el dueño lo alquila, tenemos que relevar al inquilino, que es el que agacha el lomo en la tierra y produce bienes y servicios”.

Muñoz cuenta con dos jefes de zona, uno que se encargará del norte provincial, con influencia sobre Ayacucho, Belgrano y Junín; y el otro tendrá bajo su órbita el centro y el sur, aunque los límites que impone el censo no coinciden exactamente con las fronteras departamentales. “Ellos serán los encargados de convocar a las cabezas de las fuerzas vivas, que colaborarán para reunir a la gente a relevar”, acota. Debajo de ellos, en el organigrama están ocho supervisores, tres auxiliares (“para lo que sea”) y 46 censistas, personal ya capacitado que además vive en la zona que va a cubrir. Ellos serán la verdadera cara del censo. Harán las recorridas con movilidad propia y los gastos estarán incluidos en el pago que les hace el Estado Nacional, que se encarga del ciento por ciento de la inversión. Hay lugares remotos, por ejemplo en la cordillera, en los que el relevamiento lo harán motociclistas con vehículos enduro.

El número de censistas no es caprichoso, ya que la provincia fue segmentada en 46 sectores, con unas 150 explotaciones cada una. “Son unas 6.900, de 500 metros cuadrados para arriba”, desglosa el coordinador con la precisión que le proporcionan las planillas. “Si todo va bien, cada censista va a cubrir cuatro establecimientos por día, en 38 días deberían terminar. Históricamente queda siempre un 30% sin relevar, pero ahí recurriremos a otras herramientas, como la convocatoria por radio y los medios gráficos de cada zona”, cuenta.

La novedad que trajo la era digital es que los censistas ya no cargarán con largas planillas de papel, ahora usarán tablets para cargar la información. “Tendrá tres partes bien diferenciadas, una cartografía con siete capas, una cédula censal y un manual para cada encuestador”, informa Muñoz. Las siete capas comprenden imágenes satelitales tomadas en 2017, el catastro provincial, la distribución de rutas y caminos, los accidentes orográficos, la ubicación de los centros de salud y las escuelas y la imagen satelital con excelente definición (seis metros) que será usada en el caso de las explotaciones agropecuarias periurbanas. “Sobre todo hay muchas en el cinturón de Villa Mercedes”, agrega a modo informativo.

Muñoz aclara que “la superficie catastral es diferente a la superficie censal”, y pone un ejemplo propio: “En La Calera yo tenía tres parcelas en el mismo campo”. Sobre la cédula censal, cuenta que es “la identificación del productor y el destino que le proporciona a su tierra”; mientras que el manual del censista, “tiene un protocolo sobre cómo actuar ante cada situación y definiciones sobre palabras clave como productor, explotación y qué preguntar”.

“Cada uno responde lo que quiere, como en los censos de población”, dice el coordinador, quien de todos modos cuenta con alguna herramienta adicional para acercarse lo más posible a la realidad: “Cruzamos los datos con los módulos de consistencia, por ejemplo: no se puede tener 10 vacas y 12 terneros, algo está mal en esos datos”. Además tienen el Renspa (Registro Nacional Sanitario de Productores Agropecuarios), los números de la campaña de vacunación contra la aftosa y la carta de porte para los agricultores, que también sirven para confrontar la información.

Todo está protegido por la Ley Nº 17.622 de secreto estadístico, que indica que ningún dato debe llevar el nombre del productor. Por eso firman una declaración jurada.

“El objetivo del censo es conseguir el número total de productores agropecuarios y en qué actividad se desempeñan”, define Muñoz. Como San Luis siempre se destacó como una provincia de punta, ya dio un paso más allá: “Le presenté al Gobernador un proyecto denominado SIAP, Sistema de Información Agropecuaria Permanente, de donde se podrán sacar estadísticas confiables en cualquier momento. No es una novedad, La Pampa tiene un sistema similar llamado Repagro”, confía el funcionario.

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Un relevamiento clave para el campo

Un ejército de 46 encuestadores visitará cerca de 6.900 establecimientos para conocer cómo se compone el universo rural de San Luis. Con los datos concretos, se podrán establecer las políticas adecuadas para el sector.

El equipo que maneja Muñoz cuenta con dos jefes de zona que conocen a las cabezas de las fuerzas vivas, ocho supervisores y 46 censistas.

Después de varios meses de trabajo previo, finalmente hoy comenzará en todo el país el Censo Nacional Agropecuario, un relevamiento que intentará ser confiable para conocer de primera mano cómo está compuesto el campo argentino, a qué se dedica su gente y cuánto ganado y cultivos se desarrollan en sus tierras, entre otras cuestiones vitales.

No se trata solo de cuestiones de estadística pura, sino que el censo también servirá para saber hacia dónde dirigir las políticas de gobierno en busca de mayor efectividad, una producción más aceitada y que apunte a cubrir las necesidades del sector que más divisas aporta a la economía nacional y quizá por eso sea el más castigado a la hora de tapar baches fiscales insolubles.

En San Luis, el encargado de coordinar las tareas que comenzaron en abril pasado es Julián Muñoz, un hombre con amplia experiencia tanto en materia estadística (forma parte del equipo de la Dirección Provincial de Estadística y Censo) como en la actividad rural, ya que tiene su propia explotación en La Calera y Los Chañares, por lo que sabe de qué se trata el trabajo diario del productor agropecuario. Además, durante su carrera en la función pública también desempeñó cargos en el Ministerio del Campo durante gestiones anteriores.

“El último censo data del año 2008, inolvidable para el campo argentino porque fueron los tiempos de la Circular 125 que lo enfrentó con el gobierno nacional por las retenciones móviles”, recuerda Muñoz, quien ya por entonces estaba involucrado en el relevamiento y asegura que “en San Luis no hubo problemas para llegar a cada tranquera y ser recibidos por los productores, porque había una buena relación con el campo. Pero hubo provincias en las que fue imposible tomar datos certeros, por eso aquel censo no sirve como una referencia confiable”.

Según el funcionario puntano, “fue un censo con muchos errores, porque en otras provincias habilitaron un link para autocensarse y se podía ingresar las veces que querías, lo que representa una locura estadística. Tan mal salieron las cosas en que los resultados recién estuvieron disponibles en 2015 y la página todavía dice que son datos provisorios”. Por eso él todavía tiene reminiscencias del que se hizo en 1988, “un verdadero modelo de cómo hacer un censo, pero era otro país aquél, había mística”, asegura con nostalgia.

Si todo va de acuerdo a lo planeado, el tiempo acompaña y los productores también colaboran con la tarea de los censistas, esperan terminar con la recolección de datos en noviembre, en tanto que los resultados deberían estar allá por marzo del año que viene, aunque sea de manera provisoria. “Hay un compromiso de parte del Estado Nacional de entregar en marzo los datos preliminares y en junio los definitivos”, destaca el coordinador. Claro que eso de hacer proyecciones a mediano y largo plazo es patrimonio de los países "normales", una categoría que la Argentina extravió allá lejos y hace tiempo.

 

Cuatro establecimientos agropecuarios por día visitará cada censista en promedio. Eso les dará unos 38 en total a cada uno antes de terminar el censo. El 30% suele quedar fuera del relevamiento. 


Basado en su experiencia, Muñoz espera que el censo 2018 refleje “una concentración mayor del campo en manos de grandes productores, porque los pequeños han ido desapareciendo fruto de las sucesivas crisis económicas y los caprichos del clima, que estuvo muy inestable en los últimos años”. Y dio un ejemplo que se observa claramente en el noreste de San Luis: “En la zona del Valle del Conlara cada vez los pequeños productores han ido vendiendo sus porciones de tierra a grandes empresarios cordobeses, es un modelo que se replica en varias regiones del país”.

Así es como quedan conformadas lo que el lenguaje censal denomina como GEA, Grandes Explotaciones Agropecuarias. Que por un lado dan trabajo y aportan diversificación, pero por otro duele ver que el pequeño latifundista muchas veces se vea obligado a vender y cambiar de actividad, e incluso trasladarse con su familia a zonas urbanas en busca de trabajo, poniendo trabas al famoso arraigo por el que tanto hace el Gobierno de San Luis con sus planes de fomento  con kits productivos y los alicientes a la inversión en el campo, con leyes como la que premia el Valor Agregado, la reposición de toros y cabras enfermas por otras de mejor genética o la entrega de heladeras, calefones y pantallas solares.

Además de la visita a los campos, el censo también incluirá un relevamiento de los servicios agropecuarios, o sea los contratistas, aquellos que ponen a disposición de los productores máquinas sembradoras y cosechadoras, entre otros elementos. Ellos también deberán ser entrevistados para tener un panorama más completo de la actividad. “Los censos actuales están estandarizados a nivel FAO, que es el organismo de las Naciones Unidas (ONU) dedicado a la alimentación y la agricultura. Estamos convencidos que esta vez nos vamos a terminar metiendo en las ciudades, ya no quedan ‘farmers’, como se conoce en Estados Unidos a los típicos granjeros que viven alejados de los centros urbanos y no dependen para nada de ellos. Los nuevos productores viven en las ciudades y se dan una vuelta por su campo de vez en cuando, para ver cómo está todo”, proyecta Muñoz.

 El coordinador del relevamiento recibió un fuerte espaldarazo de Sergio Freixes, el ministro de Medio Ambiente, Campo y Producción, quien maneja varios resortes clave para lograr un buen resultado final. “Me dijo que tenía las puertas abiertas para lo que quisiera consultar y ofreció toda la ayuda que pueda dar con su estructura, que es la más fuerte en el área rural”, agradece. Incluso ya pidió la colaboración de la Comisión Provincial de Sanidad Animal (Coprosa), otro organismo con línea directa con los centros ganaderos y, a través de ellos, con los productores. “Los centros ganaderos concentran el 90% de la actividad agropecuaria, son muy importantes para aglutinar a la gente que debemos encuestar. En los lugares alejados pensamos llamarlos primero y luego reunir a todos los que podamos en un punto en común de cualquiera de los pueblos del interior”, agrega el funcionario provincial.

Para evitar confusiones y ganarse la confianza de los productores, el equipo censal ofreció el nombre completo y el número de documento de quienes van a hacer las visitas, lo que también será una herramienta para evitar el abigeato. “Van a tener que dar información importante sobre sus emprendimientos, esto es un trabajo conjunto entre ambas partes”, dice Muñoz, quien pide aclarar una diferenciación que es vital:

“Para el censo, productor es el que trabaja, no el dueño del campo. Si el dueño lo alquila, tenemos que relevar al inquilino, que es el que agacha el lomo en la tierra y produce bienes y servicios”.

Muñoz cuenta con dos jefes de zona, uno que se encargará del norte provincial, con influencia sobre Ayacucho, Belgrano y Junín; y el otro tendrá bajo su órbita el centro y el sur, aunque los límites que impone el censo no coinciden exactamente con las fronteras departamentales. “Ellos serán los encargados de convocar a las cabezas de las fuerzas vivas, que colaborarán para reunir a la gente a relevar”, acota. Debajo de ellos, en el organigrama están ocho supervisores, tres auxiliares (“para lo que sea”) y 46 censistas, personal ya capacitado que además vive en la zona que va a cubrir. Ellos serán la verdadera cara del censo. Harán las recorridas con movilidad propia y los gastos estarán incluidos en el pago que les hace el Estado Nacional, que se encarga del ciento por ciento de la inversión. Hay lugares remotos, por ejemplo en la cordillera, en los que el relevamiento lo harán motociclistas con vehículos enduro.

El número de censistas no es caprichoso, ya que la provincia fue segmentada en 46 sectores, con unas 150 explotaciones cada una. “Son unas 6.900, de 500 metros cuadrados para arriba”, desglosa el coordinador con la precisión que le proporcionan las planillas. “Si todo va bien, cada censista va a cubrir cuatro establecimientos por día, en 38 días deberían terminar. Históricamente queda siempre un 30% sin relevar, pero ahí recurriremos a otras herramientas, como la convocatoria por radio y los medios gráficos de cada zona”, cuenta.

La novedad que trajo la era digital es que los censistas ya no cargarán con largas planillas de papel, ahora usarán tablets para cargar la información. “Tendrá tres partes bien diferenciadas, una cartografía con siete capas, una cédula censal y un manual para cada encuestador”, informa Muñoz. Las siete capas comprenden imágenes satelitales tomadas en 2017, el catastro provincial, la distribución de rutas y caminos, los accidentes orográficos, la ubicación de los centros de salud y las escuelas y la imagen satelital con excelente definición (seis metros) que será usada en el caso de las explotaciones agropecuarias periurbanas. “Sobre todo hay muchas en el cinturón de Villa Mercedes”, agrega a modo informativo.

Muñoz aclara que “la superficie catastral es diferente a la superficie censal”, y pone un ejemplo propio: “En La Calera yo tenía tres parcelas en el mismo campo”. Sobre la cédula censal, cuenta que es “la identificación del productor y el destino que le proporciona a su tierra”; mientras que el manual del censista, “tiene un protocolo sobre cómo actuar ante cada situación y definiciones sobre palabras clave como productor, explotación y qué preguntar”.

“Cada uno responde lo que quiere, como en los censos de población”, dice el coordinador, quien de todos modos cuenta con alguna herramienta adicional para acercarse lo más posible a la realidad: “Cruzamos los datos con los módulos de consistencia, por ejemplo: no se puede tener 10 vacas y 12 terneros, algo está mal en esos datos”. Además tienen el Renspa (Registro Nacional Sanitario de Productores Agropecuarios), los números de la campaña de vacunación contra la aftosa y la carta de porte para los agricultores, que también sirven para confrontar la información.

Todo está protegido por la Ley Nº 17.622 de secreto estadístico, que indica que ningún dato debe llevar el nombre del productor. Por eso firman una declaración jurada.

“El objetivo del censo es conseguir el número total de productores agropecuarios y en qué actividad se desempeñan”, define Muñoz. Como San Luis siempre se destacó como una provincia de punta, ya dio un paso más allá: “Le presenté al Gobernador un proyecto denominado SIAP, Sistema de Información Agropecuaria Permanente, de donde se podrán sacar estadísticas confiables en cualquier momento. No es una novedad, La Pampa tiene un sistema similar llamado Repagro”, confía el funcionario.

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