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Datos para armar las políticas futuras que necesita el campo

El relevamiento abarcó aspectos relacionados con la tecnología y el uso de fertilizantes y agroquímicos. Los números de San Luis, en proporción, no difieren de los nacionales.

Por Marcelo Dettoni
| 23 de febrero de 2020
Aplicaciones. Los herbicidas son los productos más usados por los productores para combatir malezas y plagas que afectan los cultivos extensivos. Foto: Shutterstock.

De a poco, a medida que procesa la información, el Indec va publicando nuevos datos del Censo Nacional Agropecuario. Y cuando van llegando, la Dirección Provincial de Estadística y Censos sigue dando a conocer los números relacionados con San Luis, muchas veces en comparación con los nacionales, y en otras como datos puros que sirven para mensurar cuál es la situación real del campo puntano.

 

En todos los casos son resultados preliminares, ya que los definitivos recién estarían listos cerca de fin de año. Son cuadros que exclusivamente tienen en cuenta al sector agropecuario en sistema extensivo. También se presentan datos sobre la superficie implantada de siembra directa, la que es tratada con fertilizantes y agroquímicos, el tipo de semilla utilizado, los modos de comercialización, el destino de la producción y qué explotaciones agropecuarias (EAP’s) realizaron prácticas ecológicas a pesar de tratarse de sistemas agrícolas extensivos.

 

Con esta modalidad se trató de abarcar de la mejor manera posible lo que representa hoy en día el campo argentino, que desde la incorporación de nuevas tecnologías cambió la manera de producir para siempre. Antes la utilización de agroquímicos no era una cuestión tan importante, porque tampoco lo eran las malezas resistentes; pero a partir de su aparición se produjo una revolución y un cisma a la vez, porque buena parte de la sociedad también tomó partido con un protagonismo ineludible en busca de proteger el ambiente y combatir las prácticas agrícolas que incluyan el uso de herbicidas, sobre todo del polémico glifosato.

 

Por eso los censos son importantes, porque a través de estos relevamientos es posible "leer" una realidad inocultable, que lleva luego, si es que el Estado está realmente interesado en sacar provecho de esta inversión, implementar políticas de fomento. Ya sea para terminar con alguna situación no deseada que desnuda el relevamiento, o simplemente prever futuros conflictos.

 

 

Consecuencias de la tecnología

 

Los avances tecnológicos son imparables y llevaron al campo a tener cosechas récords, que siempre son festejadas en un país que necesita del ingreso de divisas como el agua para poder apagar el rojo fiscal permanente. Pero no siempre ese desarrollo es totalmente “limpio”, suele traer consecuencias no deseadas. Es el caso del crecimiento de la siembra directa para los cultivos extensivos, sobre todo la soja y el maíz. A nivel país, el 90% de la oleaginosa y el 87% del cereal se implantan con siembra directa según los datos del censo. En San Luis, casi el 96% de la superficie que ocupa el maíz fue sembrada con siembra directa, y lo mismo pasa con el 89,43% de la soja.

 

El problema es que esta práctica choca con una tendencia creciente en el mundo, que pide una agricultura más apuntada a la producción orgánica, que elimine el uso de agroquímicos. Algo imposible de conseguir con este sistema, ya que la soja requiere de cinco aplicaciones de herbicidas durante su desarrollo, y el maíz cuatro. ¿Cómo congeniar esta necesidad, que deriva en las tan mentadas cosechas récords, dólares genuinos para la economía, agregado de valor con la industrialización de los granos y un campo cada vez más protagonista con el pedido de quienes instan a pensar en el medio ambiente y la salud pública antes que en cualquier resultado económico?

 

 

 

Está claro que hay un choque de intereses que promete nuevas batallas, algunas de las cuales ya se están dando en la Justicia y en la opinión pública. Tres municipios de la provincia de Buenos Aires decidieron prohibir las aplicaciones cerca de las zonas urbanas, en Entre Ríos ya hay polémica por lo mismo y La Pampa viene de un parate en la venta de agroquímicos porque no se había completado un protocolo de manejo de envases de fitosanitarios, que por suerte está en vías de solución.

 

El porcentaje de cultivos implantados por siembra directa en San Luis baja cuando ya no se trata de cereales u oleaginosas. En legumbres (garbanzos y lentejas) es alto (83%), pero en forrajeras anuales (54%) y en perennes (45%) tiene menos incidencia. En las anuales tallan fuerte el maíz (36,80%), el centeno (31,32%) y el sorgo (21,41%); mientras que en las perennes casi todo lo que es siembra directa abarca a la alfalfa pura (56,01%) y el pasto llorón (32,08%).

 

 

Los números de San Luis

 

A diferencia del primer informe, este contiene datos concretos sobre la producción puntana. En cuanto a superficie cultivada con cereales, manda claramente el maíz para grano, que ocupa el 95,24% del espacio destinado a ellos, seguido muy de lejos por el trigo, que entre pan y candeal suma el 3,05%, mientras que el sorgo granífero (0,65%), el centeno para grano (0,74%) y la avena (0,18%) no tienen mayor relevancia.

 

Con las oleaginosas pasa lo mismo entre la soja y el resto, ya que la primera ocupa el 88,36% de la superficie, aunque el maní experimentó un crecimiento que lo llevó al 7,88%, un porcentaje al que hay que sumar el 2,33% del maní confitero. San Luis no es una provincia adepta al girasol, que solo tiene el 1,43% del total.

 

En frutales sin dudas falta desarrollo. Hay pocas explotaciones y muy concentradas, pero tampoco las hectáreas son las suficientes como para tener una producción consistente. El 33,15% de las 351 hectáreas destinadas a frutales están ocupadas por almendros, al que siguen los arándanos (18,47%), los nogales (16,08%) y las vides (13,97%). Aquí hay una diferencia respecto de lo que pasa en el país en general, ya que la vid tiene el mayor protagonismo con el 71,4%, sin dudas traccionada por las grandes producciones vitivinícolas de Mendoza y San Juan, mientras que el 22,5% lo ocupan los limones y recién en tercer lugar están los nogales con un 6,1%. Otra realidad.

 

En EAP’s, hay más que tienen nogales (37,31%) que almendros (10,45%), y en tercer lugar están aquellas con avellanos (8,96%). El resto no despega, aunque los olivos, entre los destinados a aceite (5,97%) y para conserva (1,49%) suman lo suficiente como para ubicarse cuartos.

 

 

Hay un planteo a definir en el futuro inmediato, porque mientras crece la siembra directa, también lo hacen las quejas por los agroquímicos.

 

 

Las forrajeras anuales en San Luis están encabezadas por el centeno (32,24%), y luego le siguen el maíz (31,15%) y el sorgo (23,84%) Luego están la avena (7,34%) y algunos que innovan con triticale (3,06%) o vicia (0,46%). En cuanto a las perennes, más de la mitad (52,87%) apostó por el pasto llorón, que un plan provincial de pasturas diseminó sobre todo por el Departamento Dupuy para aliviar la presión sobre los montes que sirven de alimento a la ganadería. La alfalfa viene creciendo (22,65%) de la mano de otro plan provincial que potencia su producción para aliviar excesos hídricos en la zona de la Cuenca del Morro y, de paso, aumentar las exportaciones a los países árabes. Luego sigue la digitaria con el 13,52% de la superficie total y el resto quedó muy lejos, con el Buffel Grass (7,74%) y el agropiro (1,14%) con números por encima del uno por ciento.

 

El aliciente para sembrar alfalfa se ve reflejado en la cantidad de establecimientos (279) dedicados a esta pastura exportable, que son más que las que usan pasto llorón (199), dejando en el tercer lugar del podio (25) a las que apuestan por la digitaría. Luego están las que usan Buffel Grass (22), Alfalfa consociada (19) y Panicum (14).

 

 

Fertilizantes y agroquímicos

 

El uso de productos para combatir malezas y plagas, o bien para fertilizar, es una de las novedades que agregó el censo y brinda un panorama sobre cuáles son los más usados por los agricultores. En cereales, los herbicidas se llevan la mayor cantidad de hectáreas tratadas, tanto a nivel país como en San Luis. Y esos números se replican en cuanto a fertilizantes, insecticidas, fungicidas, abonos orgánicos y acaricidas.

 

En oleaginosas, la diferencia es que hay más hectáreas tratadas con insecticidas que con fertilizantes, pero el resto se mantiene igual; y lo mismo pasa con las legumbres, en donde los fungicidas están por encima de los fertilizantes también, lo que indica que cuando el productor tiene que achicar costos, lamentablemente recorta en fertilizantes, con los problemas que eso puede acarrear para la salud de los suelos y los rindes finales.

 

El uso de semillas, en un momento en el que está en discusión una nueva ley, que todavía no salió del Congreso debido a los lobbies que circulan de un lado y del otro, también fue una de las preguntas que incluyó el relevamiento nacional.

 

En San Luis se destacó el uso de semilla propia en soja, con 215 EAP’s volcadas a esta modalidad, contra 223 que usaron semilla adquirida, una diferencia mínima. En maíz se hace más ostensible: 508 establecimientos compraron las semillas y solo 66 optaron por la propia, una proporción lógica, ya que el cereal es más delicado y requiere de variedades híbridas para tener éxito. El resto de los cultivos no arrojó números para destacar, aunque el uso propio de semillas de trigo pan (13 contra 17 de los que compraron) y de sorgo (1 contra 16) marca las diferencias más grandes.

 

En resumen, los cereales exigen más semillas adquiridas (86,1% de los establecimientos compraron) que las oleaginosas (53,2%). En forrajeras anuales (85,35) y en perennes (70,9%) también hay diferencias importantes a favor de quienes desecharon el uso propio en busca de mejor calidad de implantación y rinde final.

 

 

 

Las formas de comercialización también hablan de la realidad agrícola de un país. En cereales, el mayor destino fueron los acopiadores, seguidos por quienes contestaron que no comercializan porque usan la producción para beneficio propio y por quienes eligieron consignar la mercadería. En cuanto a oleaginosas, la diferencia es más grande aun a favor de quienes fueron a un acopiador y la consignación superó a los que no comercializan, algo obvio ya que la soja no es tan usada en un ciclo completo como el maíz, que es ideal para transformar en proteína animal.

 

Las legumbres, las forrajeras anuales y las perennes tienen como principal destino el campo propio, en tanto que los frutales fueron en su mayoría a la industria, aunque los acopiadores también recibieron buena parte de la producción.

 

En San Luis, una provincia con impronta ganadera, son más los productores que usaron el maíz ellos mismos que los que lo dirigieron a acopiadores o a consignatarios. En soja esa proporción se da vuelta, siguiendo la tendencia nacional. La diferencia está en los frutales, ya que aquí no hay industrias procesadoras, por lo que la mayoría terminó en el circuito minorista.

 

Finalmente, el censo preguntó por los que realizan prácticas orgánicas, biodinámicas y agroecológicas. En ese orden, son 2.544, 409 y 2.324 productores en todo el país los que se dedican a hacer campañas acordes al medio ambiente. En San Luis el relevamiento aportó que hay 13 producción orgánicas, 5 biodinámicas y 11 agroecológicas.

 

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