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¿Qué se puede esperar de la ganadería en 2020?

Nicolás Razzetti

El nuevo Gobierno alentaría el consumo interno, al tiempo que las exportaciones seguirían firmes en un contexto de escasez, al menos en la primera parte del año. Todo augura un mercado firme, siempre que no se tomen medidas sorpresivas de tipo intervencionista.

Este año la faena es alta, tan importante como la de 2018. En los primeros 10 meses del año suma 11,4 millones de cabezas y en octubre se produjo un récord de casi 1,3 millón de animales, lo que significó un crecimiento interanual de 7% para ese mes.

Se espera que cuando estén los datos de noviembre y diciembre, el total sume todavía un poco más que el año pasado, cuando se vendieron a los frigoríficos nada menos que 11,5 millones de animales.

La oferta de carne también es alta y va de la mano de una mayor faena de hembras, que significan el 48,5% del total, lo que es impulsado por la fuerte demanda de China. Hacia allí nuestro país destina el 75% de lo que exporta.

En los primeros nueve meses del año la Argentina vendió al exterior, de acuerdo a los datos del Ministerio de Agricultura, 572 mil toneladas, superando ya lo que se exportó en todo 2018. En septiembre los embarques sumaron 80 mil toneladas y un dato similar o superior en octubre, por lo que de seguir con este ritmo al final del año se llegarían a exportar entre 750 y 800 mil toneladas, lo que podría superar el récord de 2005, cuando se embarcaron 771 mil toneladas. 

Ese incremento en las exportaciones de 200 mil toneladas es lo que le faltaría al consumo local, es decir, casi un mes de oferta. Pese a ese recorte, que se traduce en un consumo per capita de apenas poco más de 50 kilos por habitante/año, los precios al menos de lo que se vende al mercado local no se mueven lo suficiente como para que los engordadores tengan la renta necesaria que les permita encerrar hacienda.

Los feedloteros dicen que necesitan un precio de entre $90 y $100 para comprar invernada y que los que siguen encerrando son los que tienen integrado el negocio de la carne o los que intentan cubrirse de posibles devaluaciones, buscan sacarse los pesos de encima y quedar posicionados en alguna mercadería cuyo valor en dólares podría subir en los próximos meses.

La ganadería vive de las expectativas, pero para que se vayan develando se requieren de señales de la política, que en este contexto de transición post electoral son poco claras. 

Hay analistas que esperan un incremento en las retenciones a las exportaciones de maíz, lo que claramente perjudicaría al agricultor (por ese temor y por el clima parte del área con maíz se fue a soja este año), pero beneficiaría a los que transforman el grano en carne, como es el caso de los feedloteros.

Por otra parte se espera que haya una mayor emisión monetaria, lo que elevaría el poder de compra del alicaído mercado local, que se encontraría con un panorama de baja oferta debido a los menores encierres de este año; y con una exportación firme por la creciente demanda de China. Porque el tipo de cambio seguiría siendo competitivo y porque tienen un colchón más que suficiente en su poder de compra, ya que ese sector no trasladó en estos años los beneficios de los mayores ingresos que fueron destinados en parte a la puesta en condiciones de la infraestructura de las fábricas.

También se espera que aumenten las retenciones a las exportaciones de carne vacuna, que hoy son del 5%, ya que representan tres pesos por dólar exportado, es un porcentaje bajo. En el sector el temor es que se eleven a un porcentaje fijo del que si bien no hay precisiones, los rumores, porque no son más que eso, rumores y expectativas, dicen que rondaría el 10%.

Los que presumen eso se basan en que las necesidades de generación de divisas limitarían toda posibilidad de freno a las exportaciones. Eso quedó especificado en el documento que escribieron Jorge Neme y Gabriel Delgado, los dos supuestos referentes de Alberto Fernández en materia agropecuaria. Allí dicen, palabras más, palabras menos, que se aprendió de los errores del pasado y que se fomentarán las exportaciones de los productos agropecuarios.

Más allá de la ideología está claro que la economía necesita de los dólares que aportan el agro y la energía. Los llamados productos primarios y las manufacturas de origen agropecuario aportan cerca del 60% de las divisas que ingresan al país y que serán la única fuente de financiación en una Argentina que tendrá que pagar una deuda que espera reperfilar.

La gran duda es qué hará el próximo gobierno si para febrero o marzo suben fuerte los precios, si dejará que el mercado dicte su veredicto o si fiel a su pasado reciente decidirá algún tipo de intervención o de movida política que lo muestre activo en la defensa del acceso de la población a los alimentos. Ya se habla, por ejemplo, de acuerdo de precios, pero por su puesto que en el sector hay temores fundados en la historia reciente. 

 

Cambios en el mapa exportador de la Argentina

Un informe reciente del Rosgan destaca los cambios en los destinos y en la composición de los embarques de la Argentina en estos últimos años gracias a la difusión de la peste porcina africana.

Si en 2015 China se llevaba el 30% de las exportaciones totales, este año suma casi el 75%. Ese mercado crece a pasos agigantados e incluso antes de la difusión de la peste porcina se había ya transformado en el primer importador mundial de carne vacuna. “Este exponencial crecimiento ha llevado a reducir la participación de otros mercados tradicionales como Rusia —al que prácticamente ya no se está exportando— o incluso Chile que, sumado a su crisis interna, le está costando competir con el precio. Lejos de la inmediatez con la que irrumpió China —no solo en la Argentina— la presión que ha estado ejerciendo a través de sus compras es un factor que seguirá estando vigente en el mediano plazo”, dice el informe del Rosgan. 

La producción de carne porcina de China se reducirá en 2020 en 20 millones de toneladas debido a la matanza de millones de cerdos. Esa merma será compensada parcialmente con el crecimiento de su producción de pollos y por las mayores importaciones de carne aviar y vacuna, para que el déficit quede en unas 12 millones de toneladas.

La demanda mundial claramente no está en condiciones de abastecer a esa demanda y por eso el gobierno del gigante asiático busca cómo combatir la enfermedad y recomponer su rodeo de cerdos. Por una lado se trabaja en una vacuna y al mismo tiempo en medidas de bioseguridad para evitar nuevos episodios. Además se habla de cambios a futuro en el reparto del stock, se cree que China saldrá de la crisis con granjas de mayor tamaño y más seguras y con menos pequeños productores cuyas estructuras son más difíciles de recomponer y que además están más expuestos a la repetición de problemas sanitarios. 

Pero hasta que se logre controlar la situación faltan varios años, el Rabobank dice que al menos serían unos 4 o 5 años en los que la demanda de ese país seguirá sostenida, ya que al faltante hay que sumar el continuo y creciente cambio social que incrementa el estándar de vida de la población, que se muda del campo a la ciudad y pide más y mejores alimentos. 

El crecimiento de sus necesidades de abastecimiento, dice el informe del Rosgan, llevó a que incrementara los cortes que compra. “Mientras que históricamente su corte predilecto era el famoso ‘Shin’ y ‘Shank’ (garrón y brazuelo), presionado por la necesidad de abastecer su demanda interna durante el último año comenzó a llevar vaca en manta, luego de esto pasó a comprar esa misma vaca manufactura en cortes, para finalmente terminar en cortes de la rueda”. El documento agrega luego que “pensando en el largo plazo, estos cambios en los hábitos de consumo de China, sumados a la presión que seguirá ejerciendo sobre los principales proveedores para lograr equilibrar su balance interno post PPA, bien podrían generar una nueva fuerza de competencia contra el consumo interno,” por lo que el Rosgan considera que “diseñar políticas de estrategia comercial para atender estos cambios de mediano y largo plazo requiere en lo inmediato trabajar sobre una estrategia productiva acorde, fomentando el crecimiento de la producción, tanto en número de animales como en peso de faena”.

El documento tiene mucho que ver con lo que señalamos más arriba respecto de las perspectivas para el mercado ganadero en 2020. El efecto de China sobre los precios de la hacienda   todavía no se siente con claridad, con excepción de la categoría “vacas”, cuyos precios aumentaron más de 70%. Pero los valores de novillos, novillitos y vaquillonas siguen condicionados por el consumo interno, que viene en caída, pero que podría revertirse el año que viene, lo que agregaría tensión en el mercado. Esa tensión podría resolverse si la política y la macroeconomía alentaran una mayor producción y sacaran a la Argentina del estancamiento en torno a las 3 millones de toneladas anuales que sostiene hace décadas.

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¿Qué se puede esperar de la ganadería en 2020?

El nuevo Gobierno alentaría el consumo interno, al tiempo que las exportaciones seguirían firmes en un contexto de escasez, al menos en la primera parte del año. Todo augura un mercado firme, siempre que no se tomen medidas sorpresivas de tipo intervencionista.

Este año la faena es alta, tan importante como la de 2018. En los primeros 10 meses del año suma 11,4 millones de cabezas y en octubre se produjo un récord de casi 1,3 millón de animales, lo que significó un crecimiento interanual de 7% para ese mes.

Se espera que cuando estén los datos de noviembre y diciembre, el total sume todavía un poco más que el año pasado, cuando se vendieron a los frigoríficos nada menos que 11,5 millones de animales.

La oferta de carne también es alta y va de la mano de una mayor faena de hembras, que significan el 48,5% del total, lo que es impulsado por la fuerte demanda de China. Hacia allí nuestro país destina el 75% de lo que exporta.

En los primeros nueve meses del año la Argentina vendió al exterior, de acuerdo a los datos del Ministerio de Agricultura, 572 mil toneladas, superando ya lo que se exportó en todo 2018. En septiembre los embarques sumaron 80 mil toneladas y un dato similar o superior en octubre, por lo que de seguir con este ritmo al final del año se llegarían a exportar entre 750 y 800 mil toneladas, lo que podría superar el récord de 2005, cuando se embarcaron 771 mil toneladas. 

Ese incremento en las exportaciones de 200 mil toneladas es lo que le faltaría al consumo local, es decir, casi un mes de oferta. Pese a ese recorte, que se traduce en un consumo per capita de apenas poco más de 50 kilos por habitante/año, los precios al menos de lo que se vende al mercado local no se mueven lo suficiente como para que los engordadores tengan la renta necesaria que les permita encerrar hacienda.

Los feedloteros dicen que necesitan un precio de entre $90 y $100 para comprar invernada y que los que siguen encerrando son los que tienen integrado el negocio de la carne o los que intentan cubrirse de posibles devaluaciones, buscan sacarse los pesos de encima y quedar posicionados en alguna mercadería cuyo valor en dólares podría subir en los próximos meses.

La ganadería vive de las expectativas, pero para que se vayan develando se requieren de señales de la política, que en este contexto de transición post electoral son poco claras. 

Hay analistas que esperan un incremento en las retenciones a las exportaciones de maíz, lo que claramente perjudicaría al agricultor (por ese temor y por el clima parte del área con maíz se fue a soja este año), pero beneficiaría a los que transforman el grano en carne, como es el caso de los feedloteros.

Por otra parte se espera que haya una mayor emisión monetaria, lo que elevaría el poder de compra del alicaído mercado local, que se encontraría con un panorama de baja oferta debido a los menores encierres de este año; y con una exportación firme por la creciente demanda de China. Porque el tipo de cambio seguiría siendo competitivo y porque tienen un colchón más que suficiente en su poder de compra, ya que ese sector no trasladó en estos años los beneficios de los mayores ingresos que fueron destinados en parte a la puesta en condiciones de la infraestructura de las fábricas.

También se espera que aumenten las retenciones a las exportaciones de carne vacuna, que hoy son del 5%, ya que representan tres pesos por dólar exportado, es un porcentaje bajo. En el sector el temor es que se eleven a un porcentaje fijo del que si bien no hay precisiones, los rumores, porque no son más que eso, rumores y expectativas, dicen que rondaría el 10%.

Los que presumen eso se basan en que las necesidades de generación de divisas limitarían toda posibilidad de freno a las exportaciones. Eso quedó especificado en el documento que escribieron Jorge Neme y Gabriel Delgado, los dos supuestos referentes de Alberto Fernández en materia agropecuaria. Allí dicen, palabras más, palabras menos, que se aprendió de los errores del pasado y que se fomentarán las exportaciones de los productos agropecuarios.

Más allá de la ideología está claro que la economía necesita de los dólares que aportan el agro y la energía. Los llamados productos primarios y las manufacturas de origen agropecuario aportan cerca del 60% de las divisas que ingresan al país y que serán la única fuente de financiación en una Argentina que tendrá que pagar una deuda que espera reperfilar.

La gran duda es qué hará el próximo gobierno si para febrero o marzo suben fuerte los precios, si dejará que el mercado dicte su veredicto o si fiel a su pasado reciente decidirá algún tipo de intervención o de movida política que lo muestre activo en la defensa del acceso de la población a los alimentos. Ya se habla, por ejemplo, de acuerdo de precios, pero por su puesto que en el sector hay temores fundados en la historia reciente. 

 

Cambios en el mapa exportador de la Argentina

Un informe reciente del Rosgan destaca los cambios en los destinos y en la composición de los embarques de la Argentina en estos últimos años gracias a la difusión de la peste porcina africana.

Si en 2015 China se llevaba el 30% de las exportaciones totales, este año suma casi el 75%. Ese mercado crece a pasos agigantados e incluso antes de la difusión de la peste porcina se había ya transformado en el primer importador mundial de carne vacuna. “Este exponencial crecimiento ha llevado a reducir la participación de otros mercados tradicionales como Rusia —al que prácticamente ya no se está exportando— o incluso Chile que, sumado a su crisis interna, le está costando competir con el precio. Lejos de la inmediatez con la que irrumpió China —no solo en la Argentina— la presión que ha estado ejerciendo a través de sus compras es un factor que seguirá estando vigente en el mediano plazo”, dice el informe del Rosgan. 

La producción de carne porcina de China se reducirá en 2020 en 20 millones de toneladas debido a la matanza de millones de cerdos. Esa merma será compensada parcialmente con el crecimiento de su producción de pollos y por las mayores importaciones de carne aviar y vacuna, para que el déficit quede en unas 12 millones de toneladas.

La demanda mundial claramente no está en condiciones de abastecer a esa demanda y por eso el gobierno del gigante asiático busca cómo combatir la enfermedad y recomponer su rodeo de cerdos. Por una lado se trabaja en una vacuna y al mismo tiempo en medidas de bioseguridad para evitar nuevos episodios. Además se habla de cambios a futuro en el reparto del stock, se cree que China saldrá de la crisis con granjas de mayor tamaño y más seguras y con menos pequeños productores cuyas estructuras son más difíciles de recomponer y que además están más expuestos a la repetición de problemas sanitarios. 

Pero hasta que se logre controlar la situación faltan varios años, el Rabobank dice que al menos serían unos 4 o 5 años en los que la demanda de ese país seguirá sostenida, ya que al faltante hay que sumar el continuo y creciente cambio social que incrementa el estándar de vida de la población, que se muda del campo a la ciudad y pide más y mejores alimentos. 

El crecimiento de sus necesidades de abastecimiento, dice el informe del Rosgan, llevó a que incrementara los cortes que compra. “Mientras que históricamente su corte predilecto era el famoso ‘Shin’ y ‘Shank’ (garrón y brazuelo), presionado por la necesidad de abastecer su demanda interna durante el último año comenzó a llevar vaca en manta, luego de esto pasó a comprar esa misma vaca manufactura en cortes, para finalmente terminar en cortes de la rueda”. El documento agrega luego que “pensando en el largo plazo, estos cambios en los hábitos de consumo de China, sumados a la presión que seguirá ejerciendo sobre los principales proveedores para lograr equilibrar su balance interno post PPA, bien podrían generar una nueva fuerza de competencia contra el consumo interno,” por lo que el Rosgan considera que “diseñar políticas de estrategia comercial para atender estos cambios de mediano y largo plazo requiere en lo inmediato trabajar sobre una estrategia productiva acorde, fomentando el crecimiento de la producción, tanto en número de animales como en peso de faena”.

El documento tiene mucho que ver con lo que señalamos más arriba respecto de las perspectivas para el mercado ganadero en 2020. El efecto de China sobre los precios de la hacienda   todavía no se siente con claridad, con excepción de la categoría “vacas”, cuyos precios aumentaron más de 70%. Pero los valores de novillos, novillitos y vaquillonas siguen condicionados por el consumo interno, que viene en caída, pero que podría revertirse el año que viene, lo que agregaría tensión en el mercado. Esa tensión podría resolverse si la política y la macroeconomía alentaran una mayor producción y sacaran a la Argentina del estancamiento en torno a las 3 millones de toneladas anuales que sostiene hace décadas.

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