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Declara el oficial acusado de matar a una cadete de policía

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Declara el oficial acusado de matar a una cadete de policía

El defensor adelantó que Walter Miranda contará por qué olvidó que su arma reglamentaria estaba cargada.

Miranda lamenta mucho lo que pasó. No subió al cerro a matar a una persona. Fue a preparar policías para que nos cuiden”. Eso expresó Guillermo Sánchez Pagano, el defensor del oficial principal Walter Rubén Miranda, acusado de ser el autor del homicidio culposo de la cadete Casandra Anabel Fernández. El  letrado adelantó que su defendido, quien fue pasado a disponibilidad, declarará hoy y que contará por qué olvidó que el arma reglamentaria, con la que efectuó el disparo, estaba cargada.

Las audiencias del juicio que inició en diciembre pasado reanudaron el jueves 7 de febrero, luego de la feria judicial. Desde ese día y hasta ayer declararon los ocho cadetes que participaban de una práctica de custodia VIP. Estos jóvenes conformaban una escuadra en forma de diamante, y Casandra cumplía el rol de la figura protegida, a quien debían proteger de un posible ataque. Esta estrategia es utilizada para resguardar a famosos, políticos o personalidades que necesiten mayor seguridad.

Sánchez Pagano indicó que las declaraciones de los cadetes coincidían. Para él, algunos no pudieron ver el hecho. “Es imposible que todos hayan visto el desarrollo. Seguramente pudieron escuchar el estampido del arma, giraron y vieron a Miranda con el arma en la mano y a Casandra en el suelo. Solo habría cinco, de los ocho, que sí vieron lo que ocurrió, y serían los que estaban detrás de ella. Es muy difícil que personas que estaban en distintas posiciones hayan visto exactamente, tomando en cuenta que algunos estaban de espaldas a la víctima. Considero que algunos testimonios estaban un poco viciados por los de otros cadetes”, aseguró.

El abogado también resaltó que en el decreto por el cual el Instituto Superior de Seguridad Pública "Juan Pascual Pringles" ordenó hacer el campamento aquel 14 de noviembre de 2012 en el cerro Retana, tiene partes del escrito tachadas. “No sabemos si las tacharon antes o después del hecho. Es la parte en la que está especificado el tema de las armas. Un cadete dijo que después de lo que pasó con Casandra les hicieron levantar todas las cápsulas servidas que habían quedado en un polígono de tiro que habían fabricado. Existía una prohibición de efectuar disparos”, aseveró.

Sí dejó en claro que reconoce la negligencia del imputado. Está comprobado que Miranda le generó una lesión gravísima a la cadete.

“Durante todos los entrenamientos los instructores realizan amenazas y hostigamientos para preparar a los cadetes. Lo que hizo Miranda fue hostigar a ese 'diamante', y desgraciadamente en algún momento quedó su arma con el cargador puesto”, por lo que el disparo impactó en Casandra, lamentó el letrado.

Indicó que el arma que empuñaba Miranda era altamente peligrosa. Era una Glock. “No tiene seguros externos, la utilizan para comandos tácticos. No se puede distinguir cuando está cargada o no”, detalló.

Entre los testimonios que aún faltan está el del comisario Guillermo Becerra, quien supo ser jefe de Criminalística, que es experto en armas. Para la defensa es importante que él declare porque es perito y les interesa que pueda demostrar que el arma que utilizó Miranda es verdaderamente peligrosa. Para el letrado es un arma que es utilizada por efectivos de alta experiencia. Y resaltó que en los tres días que habían transcurrido del campamento, el acusado solamente había dormido cinco horas.

Según el letrado, Miranda hacía cuatro años que no participaba de esas prácticas porque estuvo con parte de enfermo un tiempo importante. Dijo que cuando sucedió el hecho, era la segunda o tercera  vez que participaba, y hacía seis años que no disparaba con esa arma. Además, dijo que “en ninguna lista de las actividades pactadas figuraba la que a él le designaron realizar ese día”.

La fiscal de Cámara 1, Carolina Monte Riso, dijo que además de los cadetes, en estas últimas audiencias declararon médicos. Entre ellos, Eugenia García, quien subió al cerro Retana a hacer la atención primaria; un neurocirujano y una doctora de la guardia de Cirugía. También el paramédico Morales, que estaba en el campamento, y el comisario Sergio Camargo, a cargo del entrenamiento.

García fue a pie, acompañada por baqueanos. “Dijo que cuando llegó la cadete estaba estabilizada hemodinámicamente gracias a los primeros auxilios que le había brindado el paramédico Morales y que había perdido masa encefálica. Ya no tenía hemorragia y la mantuvieron estable hasta que llegó el helicóptero y la trasladaron al Hospital San Luis”, señaló Monte Riso.

El neurocirujano relató que cuando recibió a Casandra en el hospital no estaba en coma, estaba estabilizada. “Luego, cuando abrió el cráneo para realizarle un ‘toilette quirúrgico’ (limpieza) encontró restos de masa encefálica. Es decir que el cerebro estaba licuefacto, y limpió la zona para evitar infecciones”, detalló.

Casandra permaneció en terapia intensiva hasta que el edema cerebral  la llevó a la muerte cerebral  13 días después del hecho, el 27 de noviembre.

Al igual que el abogado defensor de Miranda, Monte Riso dijo que la mayoría de los cadetes coincidieron en sus testimonios. “Dijeron que Miranda estaba arriba de una piedra desde donde controlaba las formaciones y que en un momento dijo ‘presten atención, si la agresión viniera de acá (desde donde él estaba ubicado) ustedes no podrían hacer nada’. En ese momento sacó el arma, apuntó y disparó. Cuando disparó quedó sorprendido. Desde ahí , cada uno de los testigos tiene su relato”, dijo.

Contó que algunos no saben qué fue lo que hizo Miranda después del hecho, que solamente vieron a Casandra herida y se quedaron con ella, mientras que otros comenzaron a pedirle auxilio a los otros instructores. “Otros escucharon que Miranda gritó ‘¿qué hice? La maté, la maté’ y que acercó el arma a su cabeza, para atentar contra su vida, hasta que le quitaron el arma. Algunos quedaron petrificados y pensaron que todo era parte de un simulacro y del entrenamiento”, refirió la fiscal.

Monte Riso dijo que evidentemente no hubo ningún maltrato de Miranda hacia ninguno de los cadetes, o puntualmente hacia Casandra. “Ella eligió sola adoptar la posición de protegida en esa práctica, no es que la designaron. De hecho, a ese lugar lo iba a ocupar otra cadete que también declaró, que es Cándida. A ella, Casandra le dijo ‘No, mejor dejame a mí que yo no entiendo muy bien cómo funciona lo del diamante. Prefiero que me custodies’", contó.

Otro dato relevante, que surgió de las testimoniales de los compañeros de Casandra es que un rato antes del hecho habían realizado otra práctica llamada "Irrupción en cuarto cerrado", donde uno de los testigos dijo que Miranda ayudó a Casandra. En otra, ocasión le prestó su arma reglamentaria, que estaba descargada porque ella no se animaba a agarrar un arma. También la habría ayudado en el polígono. “Es decir, que las actitudes habían sido más paternales que de rigor. Al contrario, le daba fuerzas y la animaba”, señaló Monte Riso.

Además, dijo que los testigos que prestaron más atención a las actitudes de Miranda coincidieron en cuanto a que él estaba totalmente seguro de que el arma estaba descargada.

“Del testimonio de uno de los cadetes surgió que cuando terminaron de hacer la práctica de ‘Irrupción en cuarto cerrado’, tuvieron un descanso. En ese momento Miranda fue hacia la carpa y ahí supuestamente él, junto con otros instructores, quedaron en hacer una competencia de tiro. Cuando iban hacia el polígono a competir, a Miranda lo llamaron y le indicaron que tenía que quedarse a darles a los cadetes las instrucciones de la Custodia VIP, y Miranda dijo ‘Lo que no quieren es que yo les gane”, agregó.

La funcionaria supone que cuando fue a la carpa, Miranda cargó el arma para ir a competir con los otros instructores, y que tal vez olvidó que estaba cargada. Un testigo contó que en la práctica anterior, él les había mostrado a los cadetes cómo se cargaba y descargaba la pistola, y en ese momento estaba sin balas.

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Declara el oficial acusado de matar a una cadete de policía

El defensor adelantó que Walter Miranda contará por qué olvidó que su arma reglamentaria estaba cargada.

Los cadetes. Los compañeros de Casandra Fernández dieron testimonio en las últimas audiencias. Foto: Archivo.

Miranda lamenta mucho lo que pasó. No subió al cerro a matar a una persona. Fue a preparar policías para que nos cuiden”. Eso expresó Guillermo Sánchez Pagano, el defensor del oficial principal Walter Rubén Miranda, acusado de ser el autor del homicidio culposo de la cadete Casandra Anabel Fernández. El  letrado adelantó que su defendido, quien fue pasado a disponibilidad, declarará hoy y que contará por qué olvidó que el arma reglamentaria, con la que efectuó el disparo, estaba cargada.

Las audiencias del juicio que inició en diciembre pasado reanudaron el jueves 7 de febrero, luego de la feria judicial. Desde ese día y hasta ayer declararon los ocho cadetes que participaban de una práctica de custodia VIP. Estos jóvenes conformaban una escuadra en forma de diamante, y Casandra cumplía el rol de la figura protegida, a quien debían proteger de un posible ataque. Esta estrategia es utilizada para resguardar a famosos, políticos o personalidades que necesiten mayor seguridad.

Sánchez Pagano indicó que las declaraciones de los cadetes coincidían. Para él, algunos no pudieron ver el hecho. “Es imposible que todos hayan visto el desarrollo. Seguramente pudieron escuchar el estampido del arma, giraron y vieron a Miranda con el arma en la mano y a Casandra en el suelo. Solo habría cinco, de los ocho, que sí vieron lo que ocurrió, y serían los que estaban detrás de ella. Es muy difícil que personas que estaban en distintas posiciones hayan visto exactamente, tomando en cuenta que algunos estaban de espaldas a la víctima. Considero que algunos testimonios estaban un poco viciados por los de otros cadetes”, aseguró.

El abogado también resaltó que en el decreto por el cual el Instituto Superior de Seguridad Pública "Juan Pascual Pringles" ordenó hacer el campamento aquel 14 de noviembre de 2012 en el cerro Retana, tiene partes del escrito tachadas. “No sabemos si las tacharon antes o después del hecho. Es la parte en la que está especificado el tema de las armas. Un cadete dijo que después de lo que pasó con Casandra les hicieron levantar todas las cápsulas servidas que habían quedado en un polígono de tiro que habían fabricado. Existía una prohibición de efectuar disparos”, aseveró.

Sí dejó en claro que reconoce la negligencia del imputado. Está comprobado que Miranda le generó una lesión gravísima a la cadete.

“Durante todos los entrenamientos los instructores realizan amenazas y hostigamientos para preparar a los cadetes. Lo que hizo Miranda fue hostigar a ese 'diamante', y desgraciadamente en algún momento quedó su arma con el cargador puesto”, por lo que el disparo impactó en Casandra, lamentó el letrado.

Indicó que el arma que empuñaba Miranda era altamente peligrosa. Era una Glock. “No tiene seguros externos, la utilizan para comandos tácticos. No se puede distinguir cuando está cargada o no”, detalló.

Entre los testimonios que aún faltan está el del comisario Guillermo Becerra, quien supo ser jefe de Criminalística, que es experto en armas. Para la defensa es importante que él declare porque es perito y les interesa que pueda demostrar que el arma que utilizó Miranda es verdaderamente peligrosa. Para el letrado es un arma que es utilizada por efectivos de alta experiencia. Y resaltó que en los tres días que habían transcurrido del campamento, el acusado solamente había dormido cinco horas.

Según el letrado, Miranda hacía cuatro años que no participaba de esas prácticas porque estuvo con parte de enfermo un tiempo importante. Dijo que cuando sucedió el hecho, era la segunda o tercera  vez que participaba, y hacía seis años que no disparaba con esa arma. Además, dijo que “en ninguna lista de las actividades pactadas figuraba la que a él le designaron realizar ese día”.

La fiscal de Cámara 1, Carolina Monte Riso, dijo que además de los cadetes, en estas últimas audiencias declararon médicos. Entre ellos, Eugenia García, quien subió al cerro Retana a hacer la atención primaria; un neurocirujano y una doctora de la guardia de Cirugía. También el paramédico Morales, que estaba en el campamento, y el comisario Sergio Camargo, a cargo del entrenamiento.

García fue a pie, acompañada por baqueanos. “Dijo que cuando llegó la cadete estaba estabilizada hemodinámicamente gracias a los primeros auxilios que le había brindado el paramédico Morales y que había perdido masa encefálica. Ya no tenía hemorragia y la mantuvieron estable hasta que llegó el helicóptero y la trasladaron al Hospital San Luis”, señaló Monte Riso.

El neurocirujano relató que cuando recibió a Casandra en el hospital no estaba en coma, estaba estabilizada. “Luego, cuando abrió el cráneo para realizarle un ‘toilette quirúrgico’ (limpieza) encontró restos de masa encefálica. Es decir que el cerebro estaba licuefacto, y limpió la zona para evitar infecciones”, detalló.

Casandra permaneció en terapia intensiva hasta que el edema cerebral  la llevó a la muerte cerebral  13 días después del hecho, el 27 de noviembre.

Al igual que el abogado defensor de Miranda, Monte Riso dijo que la mayoría de los cadetes coincidieron en sus testimonios. “Dijeron que Miranda estaba arriba de una piedra desde donde controlaba las formaciones y que en un momento dijo ‘presten atención, si la agresión viniera de acá (desde donde él estaba ubicado) ustedes no podrían hacer nada’. En ese momento sacó el arma, apuntó y disparó. Cuando disparó quedó sorprendido. Desde ahí , cada uno de los testigos tiene su relato”, dijo.

Contó que algunos no saben qué fue lo que hizo Miranda después del hecho, que solamente vieron a Casandra herida y se quedaron con ella, mientras que otros comenzaron a pedirle auxilio a los otros instructores. “Otros escucharon que Miranda gritó ‘¿qué hice? La maté, la maté’ y que acercó el arma a su cabeza, para atentar contra su vida, hasta que le quitaron el arma. Algunos quedaron petrificados y pensaron que todo era parte de un simulacro y del entrenamiento”, refirió la fiscal.

Monte Riso dijo que evidentemente no hubo ningún maltrato de Miranda hacia ninguno de los cadetes, o puntualmente hacia Casandra. “Ella eligió sola adoptar la posición de protegida en esa práctica, no es que la designaron. De hecho, a ese lugar lo iba a ocupar otra cadete que también declaró, que es Cándida. A ella, Casandra le dijo ‘No, mejor dejame a mí que yo no entiendo muy bien cómo funciona lo del diamante. Prefiero que me custodies’", contó.

Otro dato relevante, que surgió de las testimoniales de los compañeros de Casandra es que un rato antes del hecho habían realizado otra práctica llamada "Irrupción en cuarto cerrado", donde uno de los testigos dijo que Miranda ayudó a Casandra. En otra, ocasión le prestó su arma reglamentaria, que estaba descargada porque ella no se animaba a agarrar un arma. También la habría ayudado en el polígono. “Es decir, que las actitudes habían sido más paternales que de rigor. Al contrario, le daba fuerzas y la animaba”, señaló Monte Riso.

Además, dijo que los testigos que prestaron más atención a las actitudes de Miranda coincidieron en cuanto a que él estaba totalmente seguro de que el arma estaba descargada.

“Del testimonio de uno de los cadetes surgió que cuando terminaron de hacer la práctica de ‘Irrupción en cuarto cerrado’, tuvieron un descanso. En ese momento Miranda fue hacia la carpa y ahí supuestamente él, junto con otros instructores, quedaron en hacer una competencia de tiro. Cuando iban hacia el polígono a competir, a Miranda lo llamaron y le indicaron que tenía que quedarse a darles a los cadetes las instrucciones de la Custodia VIP, y Miranda dijo ‘Lo que no quieren es que yo les gane”, agregó.

La funcionaria supone que cuando fue a la carpa, Miranda cargó el arma para ir a competir con los otros instructores, y que tal vez olvidó que estaba cargada. Un testigo contó que en la práctica anterior, él les había mostrado a los cadetes cómo se cargaba y descargaba la pistola, y en ese momento estaba sin balas.

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