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Ovinos: una cadena con varios eslabones perdidos

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Ovinos: una cadena con varios eslabones perdidos

Juan Luna

El gobierno provincial analiza estrategias para fortalecer el mercado de carne de cordero y potenciar una activad que tiene un gran futuro.

Como a una cadena a la que le faltan eslabones, la producción ovina en la Argentina está inconexa. No es que el ciclo de cría y posterior comercialización no llegue a completarse, pero existen una serie de fallas que impiden que la rueda gire de manera constante y fluida. Eso hace que, más allá del gran potencial que tiene la actividad, todavía la carne de cordero no sea una alternativa concreta en la mesa de los argentinos y que tampoco sea una mercancía que cruce las fronteras con asiduidad y en volúmenes importantes.

Vamos a los números: aún con la baja del consumo a consecuencia de la crisis económica, los argentinos consumen, en promedio, 56 kilos de carne vacuna por habitante y por año. Otro tanto suman unidas las carnes de pollo y de cerdo, que ganaron terreno gracias a que se ofrecen a un precio más bajo que la preferida históricamente en el país. Y después viene la de cordero, con apenas un poco más de un kilo por habitante y por año, lo que indica que hay mucho por trabajar para ganar un lugar en el menú diario de los argentinos.

En torno a eso y otros cabos sueltos que debe atar la ganadería ovina giró la jornada que organizó el Ministerio de Producción en Villa Mercedes hace algunas semanas, que decidieron llevar adelante ante la inquietud y el interés de un grupo de productores locales que apuestan por las ovejas como una fuente laboral y una forma de vida.

Al salón del Centro Ganadero de la localidad llegaron unos treinta criadores convocados por la Unión Ejecutora Provincial (UEP), el organismo encargado de regular en San Luis las reglamentaciones nacionales que otorgan beneficios para de este tipo de animales y también para los que crían caprinos.

En principio, el objetivo de la jornada era mostrar en un pantallazo cómo funciona la cadena en el país y debatir sobre sus principales falencias, como respuesta a una demanda de más capacitaciones que los criadores le habían hecho a la UEP. Pero también sirvió como puntapié inicial para sentar las bases de un plan que la Provincia prepara para potenciar y formalizar la actividad en el territorio puntano.

“Buscamos generar más vínculos con los productores porque tenemos la idea concreta de desarrollar más la producción ovina en San Luis. Ante los precios elevados que tiene la carne vacuna, creemos que hay una oportunidad concreta para los productores de otras carnes de fortalecerse como alternativa y generar más ingresos económicos para los establecimientos”, expresó en la apertura Juan Manuel Celi Preti, funcionario de la cartera productiva (es jefe del Subprograma Producción Pecuaria) y presidente de la UEP.

Por su parte, el jefe del área Sanidad Animal, Juan Pablo Rey, hizo un repaso del paquete de programas y beneficios que ya tiene el ministerio que conduce Sergio Freixes para apoyar a los trabajadores rurales, en especial a aquellos que tienen explotaciones de baja escala. Por eso habló en detalle de la Feria de Pequeños y Medianos Productores, el desarrollo de un módulo genético modelo en Sol Puntano y las diversas ayudas que realiza el área Arraigo Rural a través de la entrega de pantallas, heladeras y calefones solares, entre otros.

Pero más allá de las acciones que ya están en marcha, los funcionarios anticiparon que planifican estrategias específicas para apuntalar una de las etapas más débiles del mercado ovino: la comercialización, verdadero cuello de botella debido a la falta de oportunidades. Las novedades, aseguraron, llegarán más temprano que tarde.

 

Números imprecisos

Para tener una visión completa de la cría de corderos en Argentina, la UEP y el ministerio convocaron a técnicos de la Secretaría de Agroindustria de la Nación, que también buscan resolver problemas que son exclusivos de San Luis.

El veterinario Raúl Errasti fue el encargado de graficar el mapa de la producción en el país y la distribución de los rodeos en el territorio nacional. Pero en ese punto ya existen dificultades, porque si bien hay ciertas cifras sobre el stock de majadas con los que cuenta cada provincia, no terminan de reflejar la realidad de lo que sucede tranqueras adentro.

Sucede que los únicos datos que hay disponibles en la actualidad son los que se obtienen en las campañas de vacunación que realiza Senasa, en donde la declaración de la cantidad de ovejas que tiene cada productor depende simplemente de una cuestión de buena voluntad.

Según esos registros, existen 93.794 productores ovinos en el país, que cuentan con 14.476.060 ejemplares en total. Un 59% de esos animales están concentrados en la Patagonia, donde las ovejas son la actividad primaria de los establecimientos agropecuarios, ya sea a través de la venta de carne o de lana. El resto del stock se completa con un 19% en la zona centro, un 14% en el Noreste, un 6% el Noroeste, y apenas un 2% en Cuyo. Esas mismas estadísticas hablan de que en la Provincia de San Luis hay una existencia aproximada de 100.000 ovinos, pero las estimaciones que realizan el Gobierno y los mismos integrantes del rubro es que en realidad hay al menos unos 150.000. La que gana en estos casos es la informalidad…

No contar con registros certeros es una de las grandes barreras con las que choca el Estado a la hora poder generar políticas para el sector, y tampoco permite tener un panorama preciso sobre si la oferta disponible es suficiente para cubrir la demanda existente. No hay datos, no hay certezas. Así de simple.

 

Bajo el sauce    

Esto se debe en gran parte a que la mayoría de los establecimientos trabajan la cría de corderos de manera informal, tanto los que se dedican exclusivamente a este tipo de ganado como los que lo toman como un complemento a otras actividades agropecuarias.

¿Por qué los productores se mantienen bajo esta modalidad? Las causas son varias y en muchos casos se mezclan con las consecuencias. Sobre esto, los productores que asistieron a la jornada del Ministerio de Producción mantuvieron un intenso debate en el que remarcaron las dificultades con las que se encuentran para cambiar de estatus y desarrollar su actividad bajo un amparo legal mayor: cargas impositivas muy altas, falta de ventajas que justifiquen esos costos y la ausencia de establecimientos donde faenar sus animales, fueron algunos de los argumentos.

“Creo que todos tenemos la voluntad de formalizar la actividad. ¿Qué más querría uno que trabajar tranquilo?”, expresó Pablo Amieva, un joven productor de Fraga que tiene un rodeo de unas 60 madres.

Es que la etapa de cría no es un problema en San Luis. “Nosotros no tenemos mayores inconvenientes en la parte productiva, registramos buenos porcentajes de preñez, de señaladas, de índice de kilos al destete. Pero el gran cuello de botella en esto es la comercialización”, planteó Amieva.

En la provincia existe un solo frigorífico habilitado para ovinos (está en San Luis capital), y en el último año solo se faenaron 35 animales. De hecho, los números vienen en caída si se analizan los datos que ofrece Senasa. En 2015 se despostaron 126 cabezas y en 2016 bajaron a 84. Números que de todas maneras están en una nebulosa.

Ante ese panorama, la faena de ovinos se realiza en forma casera en el interior de los campos, muchas veces debajo de un sauce o algún otro árbol, donde las condiciones nunca serán las mismas que en una planta industrial, por más recaudos que tome el productor. Ese fue uno de los planteos que hizo Errasti a los productores en la charla de Villa Mercedes. “No tenemos que olvidarnos que lo que nosotros producimos son alimentos que consumen personas”, dijo, y alertó sobre las consecuencias que podrían enfrentar si existiera algún caso de una enfermedad zoonótica provocada por sus carnes.

En el resto del terruño argentino, a excepción de la Patagonia, la realidad es prácticamente la misma. Los números de faena oficiales señalan que se carnean 1.115.305 animales al año, que completan 15.614.270 kilos en la balanza y se traducen en un ingreso de $2.185.000 aproximadamente. Según esos cálculos, el consumo per cápita en Argentina de carne de cordero es de 0,352 gramo anuales.

Sin embargo, desde la Secretaría de Agroindustria realizan estimaciones que arrojan cifras totalmente distintas. Consideran que la tasa de extracción es mucho mayor y que, por lo tanto, la faena oscila en los 3.600.000 de animales, que representan 50.400.000 kilos y un ingreso de $7.056.000, prácticamente cinco millones más de lo que se registra. De esa forma, el consumo per cápita sería de 1,14 kilo por habitante cada año.

“Lo que quiere decir que hay más de dos millones de animales que no se sabe cómo se faenan”, advirtió el veterinario.

 

Cordero, no solo en las fiestas

Eso hace que en las posibilidades de comercialización de la carne de cordero sean mucho más limitadas, y que, por lo general, se hagan directamente ventas a clientes particulares y en determinadas fechas especiales, como las fiestas de fin de año. Si bien la demanda es muy alta para esa época y a la mayoría de los criadores no les alcanza el stock para cubrir los pedidos, el mercado prácticamente se apaga en otros momentos del año.

La venta directa, además, genera mucha más imprecisión cuando hay que calcular la rentabilidad que se obtiene por cada ejemplar terminado. Primero porque no hay precios de referencia que orienten las cotizaciones, y segundo porque el valor de un animal completo no contempla la diferencia entre cortes.

Por eso, la Secretaría de Agroindustria nacional ha comenzado a fomentar que existan frigoríficos multiespecie, dado a que los establecimientos para porcinos son muy similares a los ovinos, y con algunas pocas modificaciones pueden conseguir la habilitación para especializarse también en corderos. En San Luis, existen tres plantas habilitadas para faenar cerdos en el sector privado, además de la que pertenece al gobierno provincial y está ubicada en el predio de la ex Escuela Agraria de la capital puntana. Allí, hoy se faenan cerdos que forman parte del Plan Carnes San Luis.

Con establecimientos para la industrialización de las carnes, plantearon que es posible avanzar hacia otro tipo de comercialización, incluso para otro tipo de consumidores. La venta del producto en trozos y separado por cortes serviría para que el cordero se consuma como una alternativa en el menú diario de los argentinos, como sucede con el pollo y el cerdo.

Los análisis de mercado que ha hecho la Secretaría de Agroindustria indican que la mayoría de los potenciales clientes no consume más carne de cordero simplemente porque no tiene la posibilidad de comprarla. Además, porque para un consumidor de ciudad, de una familia tipo, es más práctico comprar cortes más pequeños, ya sean envasados o no, que tener que adquirir un animal entero. Por esa razón, trabajan en la promoción del "cordero argentino" como una marca que se instale en el mercado, como ya lo hizo el "cordero patagónico".

En el caso de la exportación, también hay una demanda grande que aún no logra ser saldada por los criadores locales. Desde hace varios años el país cuenta con una cuota de venta a Europa de 23.000 kilos de carne ovina, pero el máximo volumen de envíos que se han concretado han sido 9.000 kilos. Las oportunidades también están cruzando la frontera y tienen el verde color del dólar. Hay que aprovecharlas.

 

“Tenemos todo a favor”

Más allá de las quejas que formularon algunos productores sobre la falta de claridad en la cadena, todos coincidieron en que la producción ovina tiene un gran potencial para explotar y que las posibilidades son muchas si se toman las decisiones correctas.

“Es una actividad rentable que se puede adaptar a minifundios y pequeñas superficies, con alta producción de kilos de cordero por hectárea. Uno perfectamente puede vivir de esto si lo acompaña de otra actividad y además es muy importante en otros aspectos, como por ejemplo el arraigo rural”, describió Amieva.

Y en San Luis, planteó, las condiciones están dadas para que el negocio funcione si se tapan los agujeros que todavía existen. “Tenemos todo a favor para producir: los pastos, la calidad, el clima, los cereales y los subproductos para terminarlos o complementar la dieta”, valoró.

Mario Urtizberea es otro de los beneficiarios de la Ley Ovina que se inclinó al rubro motivado por la rentabilidad que pueden generar en un campo con una superficie pequeña. “Empecé hace dos años el proyecto y el año pasado tuve mi primera producción. Siempre me gustó el campo porque vengo de una familia rural y la idea es ir creciendo para ir ayudando como un complemento de mi otra actividad, que es la apicultura”, contó el hombre nativo de Villa Mercedes.

Para él, además de la comercialización, “otro tema fundamental para mejorar es la calidad forrajera y la sanidad. Mi idea es poder alcanzar una unidad económica que me permita solventar toda la producción con personal en el campo, y de esa forma fomentar el arraigo también”, reveló.

Un claro ejemplo de las buenas perspectivas que tiene el negocio es que hay más interesados en sumarse. Ese es el caso de Javier Dupuy, un veterinario santafesino que emprendió “un proyecto de vida” de la mano de la cría de ovejas. Compró una pequeña chacra en el paraje Los Membrillos, ubicado cerca de La Toma, y se radicó allí con su familia. A través de la ley nacional, obtuvo los fondos para armar la infraestructura y adquirir un pequeño rodeo para hacer una producción intensiva. “Lo vemos no solo como una posibilidad de introducir a mi familia al campo, sino también de tener una escala para lograr rentabilidad”, explicó.

Dentro de unos meses, Javier recibirá sus animales y pondrá a girar su propia rueda, confiado en que la actividad se encamine cada vez más. ”Yo veo un potencial muy grande, sobre todo cuando se encara para el desarrollo de la economía familiar y la introducción de la gente al campo. No solo a nivel de subsistencia, sino para tener una buena calidad de vida”, completó.

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Ovinos: una cadena con varios eslabones perdidos

El gobierno provincial analiza estrategias para fortalecer el mercado de carne de cordero y potenciar una activad que tiene un gran futuro.

Disertante. Raúl Errasti, veterinario de la Secretaría de Agroindustria de la Nación, mostró la realidad de la producción en Argentina.

Como a una cadena a la que le faltan eslabones, la producción ovina en la Argentina está inconexa. No es que el ciclo de cría y posterior comercialización no llegue a completarse, pero existen una serie de fallas que impiden que la rueda gire de manera constante y fluida. Eso hace que, más allá del gran potencial que tiene la actividad, todavía la carne de cordero no sea una alternativa concreta en la mesa de los argentinos y que tampoco sea una mercancía que cruce las fronteras con asiduidad y en volúmenes importantes.

Vamos a los números: aún con la baja del consumo a consecuencia de la crisis económica, los argentinos consumen, en promedio, 56 kilos de carne vacuna por habitante y por año. Otro tanto suman unidas las carnes de pollo y de cerdo, que ganaron terreno gracias a que se ofrecen a un precio más bajo que la preferida históricamente en el país. Y después viene la de cordero, con apenas un poco más de un kilo por habitante y por año, lo que indica que hay mucho por trabajar para ganar un lugar en el menú diario de los argentinos.

En torno a eso y otros cabos sueltos que debe atar la ganadería ovina giró la jornada que organizó el Ministerio de Producción en Villa Mercedes hace algunas semanas, que decidieron llevar adelante ante la inquietud y el interés de un grupo de productores locales que apuestan por las ovejas como una fuente laboral y una forma de vida.

Al salón del Centro Ganadero de la localidad llegaron unos treinta criadores convocados por la Unión Ejecutora Provincial (UEP), el organismo encargado de regular en San Luis las reglamentaciones nacionales que otorgan beneficios para de este tipo de animales y también para los que crían caprinos.

En principio, el objetivo de la jornada era mostrar en un pantallazo cómo funciona la cadena en el país y debatir sobre sus principales falencias, como respuesta a una demanda de más capacitaciones que los criadores le habían hecho a la UEP. Pero también sirvió como puntapié inicial para sentar las bases de un plan que la Provincia prepara para potenciar y formalizar la actividad en el territorio puntano.

“Buscamos generar más vínculos con los productores porque tenemos la idea concreta de desarrollar más la producción ovina en San Luis. Ante los precios elevados que tiene la carne vacuna, creemos que hay una oportunidad concreta para los productores de otras carnes de fortalecerse como alternativa y generar más ingresos económicos para los establecimientos”, expresó en la apertura Juan Manuel Celi Preti, funcionario de la cartera productiva (es jefe del Subprograma Producción Pecuaria) y presidente de la UEP.

Por su parte, el jefe del área Sanidad Animal, Juan Pablo Rey, hizo un repaso del paquete de programas y beneficios que ya tiene el ministerio que conduce Sergio Freixes para apoyar a los trabajadores rurales, en especial a aquellos que tienen explotaciones de baja escala. Por eso habló en detalle de la Feria de Pequeños y Medianos Productores, el desarrollo de un módulo genético modelo en Sol Puntano y las diversas ayudas que realiza el área Arraigo Rural a través de la entrega de pantallas, heladeras y calefones solares, entre otros.

Pero más allá de las acciones que ya están en marcha, los funcionarios anticiparon que planifican estrategias específicas para apuntalar una de las etapas más débiles del mercado ovino: la comercialización, verdadero cuello de botella debido a la falta de oportunidades. Las novedades, aseguraron, llegarán más temprano que tarde.

 

Números imprecisos

Para tener una visión completa de la cría de corderos en Argentina, la UEP y el ministerio convocaron a técnicos de la Secretaría de Agroindustria de la Nación, que también buscan resolver problemas que son exclusivos de San Luis.

El veterinario Raúl Errasti fue el encargado de graficar el mapa de la producción en el país y la distribución de los rodeos en el territorio nacional. Pero en ese punto ya existen dificultades, porque si bien hay ciertas cifras sobre el stock de majadas con los que cuenta cada provincia, no terminan de reflejar la realidad de lo que sucede tranqueras adentro.

Sucede que los únicos datos que hay disponibles en la actualidad son los que se obtienen en las campañas de vacunación que realiza Senasa, en donde la declaración de la cantidad de ovejas que tiene cada productor depende simplemente de una cuestión de buena voluntad.

Según esos registros, existen 93.794 productores ovinos en el país, que cuentan con 14.476.060 ejemplares en total. Un 59% de esos animales están concentrados en la Patagonia, donde las ovejas son la actividad primaria de los establecimientos agropecuarios, ya sea a través de la venta de carne o de lana. El resto del stock se completa con un 19% en la zona centro, un 14% en el Noreste, un 6% el Noroeste, y apenas un 2% en Cuyo. Esas mismas estadísticas hablan de que en la Provincia de San Luis hay una existencia aproximada de 100.000 ovinos, pero las estimaciones que realizan el Gobierno y los mismos integrantes del rubro es que en realidad hay al menos unos 150.000. La que gana en estos casos es la informalidad…

No contar con registros certeros es una de las grandes barreras con las que choca el Estado a la hora poder generar políticas para el sector, y tampoco permite tener un panorama preciso sobre si la oferta disponible es suficiente para cubrir la demanda existente. No hay datos, no hay certezas. Así de simple.

 

Bajo el sauce    

Esto se debe en gran parte a que la mayoría de los establecimientos trabajan la cría de corderos de manera informal, tanto los que se dedican exclusivamente a este tipo de ganado como los que lo toman como un complemento a otras actividades agropecuarias.

¿Por qué los productores se mantienen bajo esta modalidad? Las causas son varias y en muchos casos se mezclan con las consecuencias. Sobre esto, los productores que asistieron a la jornada del Ministerio de Producción mantuvieron un intenso debate en el que remarcaron las dificultades con las que se encuentran para cambiar de estatus y desarrollar su actividad bajo un amparo legal mayor: cargas impositivas muy altas, falta de ventajas que justifiquen esos costos y la ausencia de establecimientos donde faenar sus animales, fueron algunos de los argumentos.

“Creo que todos tenemos la voluntad de formalizar la actividad. ¿Qué más querría uno que trabajar tranquilo?”, expresó Pablo Amieva, un joven productor de Fraga que tiene un rodeo de unas 60 madres.

Es que la etapa de cría no es un problema en San Luis. “Nosotros no tenemos mayores inconvenientes en la parte productiva, registramos buenos porcentajes de preñez, de señaladas, de índice de kilos al destete. Pero el gran cuello de botella en esto es la comercialización”, planteó Amieva.

En la provincia existe un solo frigorífico habilitado para ovinos (está en San Luis capital), y en el último año solo se faenaron 35 animales. De hecho, los números vienen en caída si se analizan los datos que ofrece Senasa. En 2015 se despostaron 126 cabezas y en 2016 bajaron a 84. Números que de todas maneras están en una nebulosa.

Ante ese panorama, la faena de ovinos se realiza en forma casera en el interior de los campos, muchas veces debajo de un sauce o algún otro árbol, donde las condiciones nunca serán las mismas que en una planta industrial, por más recaudos que tome el productor. Ese fue uno de los planteos que hizo Errasti a los productores en la charla de Villa Mercedes. “No tenemos que olvidarnos que lo que nosotros producimos son alimentos que consumen personas”, dijo, y alertó sobre las consecuencias que podrían enfrentar si existiera algún caso de una enfermedad zoonótica provocada por sus carnes.

En el resto del terruño argentino, a excepción de la Patagonia, la realidad es prácticamente la misma. Los números de faena oficiales señalan que se carnean 1.115.305 animales al año, que completan 15.614.270 kilos en la balanza y se traducen en un ingreso de $2.185.000 aproximadamente. Según esos cálculos, el consumo per cápita en Argentina de carne de cordero es de 0,352 gramo anuales.

Sin embargo, desde la Secretaría de Agroindustria realizan estimaciones que arrojan cifras totalmente distintas. Consideran que la tasa de extracción es mucho mayor y que, por lo tanto, la faena oscila en los 3.600.000 de animales, que representan 50.400.000 kilos y un ingreso de $7.056.000, prácticamente cinco millones más de lo que se registra. De esa forma, el consumo per cápita sería de 1,14 kilo por habitante cada año.

“Lo que quiere decir que hay más de dos millones de animales que no se sabe cómo se faenan”, advirtió el veterinario.

 

Cordero, no solo en las fiestas

Eso hace que en las posibilidades de comercialización de la carne de cordero sean mucho más limitadas, y que, por lo general, se hagan directamente ventas a clientes particulares y en determinadas fechas especiales, como las fiestas de fin de año. Si bien la demanda es muy alta para esa época y a la mayoría de los criadores no les alcanza el stock para cubrir los pedidos, el mercado prácticamente se apaga en otros momentos del año.

La venta directa, además, genera mucha más imprecisión cuando hay que calcular la rentabilidad que se obtiene por cada ejemplar terminado. Primero porque no hay precios de referencia que orienten las cotizaciones, y segundo porque el valor de un animal completo no contempla la diferencia entre cortes.

Por eso, la Secretaría de Agroindustria nacional ha comenzado a fomentar que existan frigoríficos multiespecie, dado a que los establecimientos para porcinos son muy similares a los ovinos, y con algunas pocas modificaciones pueden conseguir la habilitación para especializarse también en corderos. En San Luis, existen tres plantas habilitadas para faenar cerdos en el sector privado, además de la que pertenece al gobierno provincial y está ubicada en el predio de la ex Escuela Agraria de la capital puntana. Allí, hoy se faenan cerdos que forman parte del Plan Carnes San Luis.

Con establecimientos para la industrialización de las carnes, plantearon que es posible avanzar hacia otro tipo de comercialización, incluso para otro tipo de consumidores. La venta del producto en trozos y separado por cortes serviría para que el cordero se consuma como una alternativa en el menú diario de los argentinos, como sucede con el pollo y el cerdo.

Los análisis de mercado que ha hecho la Secretaría de Agroindustria indican que la mayoría de los potenciales clientes no consume más carne de cordero simplemente porque no tiene la posibilidad de comprarla. Además, porque para un consumidor de ciudad, de una familia tipo, es más práctico comprar cortes más pequeños, ya sean envasados o no, que tener que adquirir un animal entero. Por esa razón, trabajan en la promoción del "cordero argentino" como una marca que se instale en el mercado, como ya lo hizo el "cordero patagónico".

En el caso de la exportación, también hay una demanda grande que aún no logra ser saldada por los criadores locales. Desde hace varios años el país cuenta con una cuota de venta a Europa de 23.000 kilos de carne ovina, pero el máximo volumen de envíos que se han concretado han sido 9.000 kilos. Las oportunidades también están cruzando la frontera y tienen el verde color del dólar. Hay que aprovecharlas.

 

“Tenemos todo a favor”

Más allá de las quejas que formularon algunos productores sobre la falta de claridad en la cadena, todos coincidieron en que la producción ovina tiene un gran potencial para explotar y que las posibilidades son muchas si se toman las decisiones correctas.

“Es una actividad rentable que se puede adaptar a minifundios y pequeñas superficies, con alta producción de kilos de cordero por hectárea. Uno perfectamente puede vivir de esto si lo acompaña de otra actividad y además es muy importante en otros aspectos, como por ejemplo el arraigo rural”, describió Amieva.

Y en San Luis, planteó, las condiciones están dadas para que el negocio funcione si se tapan los agujeros que todavía existen. “Tenemos todo a favor para producir: los pastos, la calidad, el clima, los cereales y los subproductos para terminarlos o complementar la dieta”, valoró.

Mario Urtizberea es otro de los beneficiarios de la Ley Ovina que se inclinó al rubro motivado por la rentabilidad que pueden generar en un campo con una superficie pequeña. “Empecé hace dos años el proyecto y el año pasado tuve mi primera producción. Siempre me gustó el campo porque vengo de una familia rural y la idea es ir creciendo para ir ayudando como un complemento de mi otra actividad, que es la apicultura”, contó el hombre nativo de Villa Mercedes.

Para él, además de la comercialización, “otro tema fundamental para mejorar es la calidad forrajera y la sanidad. Mi idea es poder alcanzar una unidad económica que me permita solventar toda la producción con personal en el campo, y de esa forma fomentar el arraigo también”, reveló.

Un claro ejemplo de las buenas perspectivas que tiene el negocio es que hay más interesados en sumarse. Ese es el caso de Javier Dupuy, un veterinario santafesino que emprendió “un proyecto de vida” de la mano de la cría de ovejas. Compró una pequeña chacra en el paraje Los Membrillos, ubicado cerca de La Toma, y se radicó allí con su familia. A través de la ley nacional, obtuvo los fondos para armar la infraestructura y adquirir un pequeño rodeo para hacer una producción intensiva. “Lo vemos no solo como una posibilidad de introducir a mi familia al campo, sino también de tener una escala para lograr rentabilidad”, explicó.

Dentro de unos meses, Javier recibirá sus animales y pondrá a girar su propia rueda, confiado en que la actividad se encamine cada vez más. ”Yo veo un potencial muy grande, sobre todo cuando se encara para el desarrollo de la economía familiar y la introducción de la gente al campo. No solo a nivel de subsistencia, sino para tener una buena calidad de vida”, completó.

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