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Los nacionalismos extremos contra los derechos humanos

La expansión de los nacionalismos de derecha y la proliferación de gobiernos de corte autoritario socavan los derechos humanos en varios países de Europa, Asia, África, Medio Oriente y América Latina. Como resultado, algunos de los expertos internacionales en derechos humanos, designados como relatores especiales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), fueron excluidos, se les negó el permiso para visitar países en “misiones de investigación” o fueron amenazados con la expulsión, junto con la suspensión de los permisos para su labor.

El gobierno de Filipinas, convertido en un vociferante régimen autoritario, renovó las acusaciones contra Victoria Tauli-Corpuz, relatora especial de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas.

El jefe de Estado Mayor Adjunto para Operaciones Cívico-Militares de ese país, el general de brigada Antonio Parlade, dijo a la prensa que las Naciones Unidas habían sido infiltradas por el Partido Comunista de Filipinas a través de Tauli-Corpuz.

“Las nuevas acusaciones contra Tauli-Corpuz están claramente en represalia por su inestimable labor en defensa de los derechos humanos de los pueblos indígenas en todo el mundo y en Filipinas”, dijo un grupo de expertos de la ONU sobre el ataque contra la relatora especial.

Anna-Karin Holmlund, defensora de la ONU en Amnistía Internacional, dijo: “hemos presenciado varios ataques personales profundamente preocupantes por parte de los Estados miembros de la ONU contra expertos independientes, incluidos ataques personales, amenazas de enjuiciamiento, agitación pública y violencia física en el último año”.

En ocasiones, señaló, esos ataques fueron realizados por alguno de los 47 Estados miembros del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que tienen la obligación expresa de mantener los estándares más altos en la promoción y protección de los derechos humanos.

“Tales ataques son parte de una tendencia inquietante de achicar cada vez más el espacio para el trabajo de derechos humanos en muchos lugares del mundo”, declaró Holmlund.

Por ejemplo, el gobierno de Burundi cerró en abril la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, lo que desencadenó una protesta de Michelle Bachelet, alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh), con sede en Ginebra.

Mientras, bajo la administración de Donald Trump, Estados Unidos dejó de cooperar con algunos de los relatores sobre diferentes temas de derechos humanos de las Naciones Unidas, y específicamente una investigación sobre la difícil situación de los migrantes en la frontera con México, donde algunos fueron agredidos sexualmente, sin que haya habido denuncias.

El gobierno de Myanmar (Birmania) prohibió un experto de la ONU visitar el país para investigar el estado de los refugiados rohinyás.

En marzo, el relator especial de Naciones Unidas sobre la independencia de magistrados y abogados, Diego García-Sayán, debió posponer una visita oficial a Marruecos porque el gobierno “no pudo garantizar un programa de trabajo en acuerdo con las necesidades del mandato y la términos de referencia para visitas a países por procedimientos especiales”.

La visita estaba programada “para examinar el impacto de las medidas destinadas a garantizar la independencia e imparcialidad del poder judicial y los fiscales, y el ejercicio independiente de la profesión jurídica”.

Robert Colville, portavoz de las Naciones Unidas sobre Derechos Humanos, denunció el alto número de defensores y defensoras de los derechos humanos que fueron asesinados, hostigados y amenazados en Colombia, y por el hecho de que “esta terrible tendencia parece estar empeorando”.

Tan solo en el primer cuatrimestre del año se produjeron 51 asesinatos de personas que defendían derechos humanos o eran activistas, según las denuncias de la sociedad civil.

Israel, Brasil, y Arabia Saudita son parte de la lista de países en los que los autoritarismos disfrazados de un falso nacionalismo, y encaramados en el poder, presionan al extremo sobre los derechos humanos. La defensa es hoy, porque en estos temas, mañana suele ser tarde.

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Los nacionalismos extremos contra los derechos humanos

La expansión de los nacionalismos de derecha y la proliferación de gobiernos de corte autoritario socavan los derechos humanos en varios países de Europa, Asia, África, Medio Oriente y América Latina. Como resultado, algunos de los expertos internacionales en derechos humanos, designados como relatores especiales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), fueron excluidos, se les negó el permiso para visitar países en “misiones de investigación” o fueron amenazados con la expulsión, junto con la suspensión de los permisos para su labor.

El gobierno de Filipinas, convertido en un vociferante régimen autoritario, renovó las acusaciones contra Victoria Tauli-Corpuz, relatora especial de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas.

El jefe de Estado Mayor Adjunto para Operaciones Cívico-Militares de ese país, el general de brigada Antonio Parlade, dijo a la prensa que las Naciones Unidas habían sido infiltradas por el Partido Comunista de Filipinas a través de Tauli-Corpuz.

“Las nuevas acusaciones contra Tauli-Corpuz están claramente en represalia por su inestimable labor en defensa de los derechos humanos de los pueblos indígenas en todo el mundo y en Filipinas”, dijo un grupo de expertos de la ONU sobre el ataque contra la relatora especial.

Anna-Karin Holmlund, defensora de la ONU en Amnistía Internacional, dijo: “hemos presenciado varios ataques personales profundamente preocupantes por parte de los Estados miembros de la ONU contra expertos independientes, incluidos ataques personales, amenazas de enjuiciamiento, agitación pública y violencia física en el último año”.

En ocasiones, señaló, esos ataques fueron realizados por alguno de los 47 Estados miembros del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que tienen la obligación expresa de mantener los estándares más altos en la promoción y protección de los derechos humanos.

“Tales ataques son parte de una tendencia inquietante de achicar cada vez más el espacio para el trabajo de derechos humanos en muchos lugares del mundo”, declaró Holmlund.

Por ejemplo, el gobierno de Burundi cerró en abril la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, lo que desencadenó una protesta de Michelle Bachelet, alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh), con sede en Ginebra.

Mientras, bajo la administración de Donald Trump, Estados Unidos dejó de cooperar con algunos de los relatores sobre diferentes temas de derechos humanos de las Naciones Unidas, y específicamente una investigación sobre la difícil situación de los migrantes en la frontera con México, donde algunos fueron agredidos sexualmente, sin que haya habido denuncias.

El gobierno de Myanmar (Birmania) prohibió un experto de la ONU visitar el país para investigar el estado de los refugiados rohinyás.

En marzo, el relator especial de Naciones Unidas sobre la independencia de magistrados y abogados, Diego García-Sayán, debió posponer una visita oficial a Marruecos porque el gobierno “no pudo garantizar un programa de trabajo en acuerdo con las necesidades del mandato y la términos de referencia para visitas a países por procedimientos especiales”.

La visita estaba programada “para examinar el impacto de las medidas destinadas a garantizar la independencia e imparcialidad del poder judicial y los fiscales, y el ejercicio independiente de la profesión jurídica”.

Robert Colville, portavoz de las Naciones Unidas sobre Derechos Humanos, denunció el alto número de defensores y defensoras de los derechos humanos que fueron asesinados, hostigados y amenazados en Colombia, y por el hecho de que “esta terrible tendencia parece estar empeorando”.

Tan solo en el primer cuatrimestre del año se produjeron 51 asesinatos de personas que defendían derechos humanos o eran activistas, según las denuncias de la sociedad civil.

Israel, Brasil, y Arabia Saudita son parte de la lista de países en los que los autoritarismos disfrazados de un falso nacionalismo, y encaramados en el poder, presionan al extremo sobre los derechos humanos. La defensa es hoy, porque en estos temas, mañana suele ser tarde.

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