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Feedlot: mejores números con un futuro aún incierto

Nicolás Razzetti

En la foto del engorde intensivo hay rentabilidad, pero la macroeconomía podría revertir ese resultado. Hay factores muy importantes que juegan en esa ecuación, en la que se mezclan una inflación alta, un mercado interno deprimido y falta de financiamiento para resurgir.

El año pasado los feedlots perdieron mucha plata, a razón de $2.500 pesos por cabeza de la época, lo que equivale, inflación mediante, a $3.800 pesos en la actualidad. Los engordadores asumieron costos altos y un riesgo mayor que los dejó en rojo.

Luego vino la suba de las cotizaciones, que duró lo que dura el verano pero que agarró a la mayoría sin mercadería para ofrecer ya que esa recomposición obedeció justamente al faltante de gordo. De todos modos, la mejora cambió la ecuación y la foto actual es otra, con números que al menos permiten entusiasmarse con algo de renta.

La cuenta que sacan los engordadores nucleados en la Cámara de Feedlot es que para este semestre, con los precios actuales del gordo, de la invernada y del maíz, el proceso de terminación de la hacienda dejaría $1.500 por animal. “Eso significa una renta de 5%”, deslizó uno de los directivos de la entidad, quien explicó que en cualquier país del mundo sería una renta por lo menos aceptable, pero que en la Argentina desalienta las inversiones ya que el sistema financiero deja resultados mucho más tentadores para los inversionistas.

Pero además, esas tasas tan altas impiden que los que están en el sistema productivo se queden sin apalancamiento bancario, y si al negocio se le carga el costo del dinero, no queda mucho por discutir. Pero esa renta también es baja por otras cuestiones: significa una ganancia por mes, suponiendo un engorde de solo 100 días, de 1,6% contra una inflación que al menos la triplica. Por otra parte, hay que tener en cuenta que entre flete y comisiones al que vende gordo se le va entre un 8% y un 9% del precio de venta, prácticamente el doble de lo que gana el que asume el riesgo y el costo productivo.

Si con eso no bastara, también juega o conspira en contra de la renta la macroeconomía: “Es todo muy incierto”, asegura un feedlotero entrerriano, que detalla que “de junio a diciembre se da la mayor oferta de ganado de feedlot, que tiene como principal destino al mercado interno. Es un sector que sufre la pérdida de poder de compra del salario, por lo que se podría esperar una actualización del valor menor a la inflación, si es que hay suba de precios”.

Muchos operadores consideran que se entró en una nueva etapa de estabilidad de los valores que, inflación mediante, está llevando otra vez al retraso del ingreso de los productores en términos reales. En efecto, los precios estuvieron planchados entre enero y mayo y, al menos en el arranque de esta semana, no reaccionaron siquiera ante la amenaza del recorte en la disponibilidad por el efecto de las lluvias.

En cuanto a la oferta, en el sector se espera que este año no haya un efecto "Puerta 12" porque los encierres fueron mucho menores a los del año pasado, cuando la sequía incentivó el ingreso en los sistemas intensivos. Si en 2018 el porcentaje de ocupación de los corrales era de 73%, este año es de 61% al inicio de mayo.

Además hay más pasto para la recría y eso permite que al menos los que tienen campo puedan agregar kilos baratos (que rondan los $30/35) para poder vender más kilos y escapar al momento de mayor oferta. El que puede, porque cuenta con el forraje y campo suficiente, intenta seguir esa estrategia para tener hacienda lista a fin de diciembre o inicio del próximo verano. El que no está en condiciones apuesta al ciclo corto para recuperar rápido la inversión.

Hay otras cuestiones que complican al sector y tienen que ver con la suba de los costos propios de la actividad. Por un lado el maíz, que en las últimas jornadas comerciales incrementó su valor para beneficio de los agricultores, consecuencia de los problemas en la siembra del cereal en Estados Unidos debido a la continuidad de lluvias. Pero el precio del cereal también se define por el tipo de cambio local, entonces el feedlotero se encuentra con un costo de la dieta dolarizado con un ingreso por venta pesificado y dependiente de un consumo castigado.

Por eso el precio del ternero no mejora, al menos no como debería para que el criador se vea incentivado a mejorar sus rodeos y su eficiencia reproductiva. El valor de la invernada es inferior al precio del gordo, al menos 5%, es una relación que se modificó en el último año, ya que históricamente el precio por kilo del ternero de cría era 10/15% respecto del valor del gordo. Pero los feedloteros se quemaron con leche el año pasado y no pueden convalidar valores de lo que compran que superen al de venta.

A esta cuestión se agrega el aumento de los costos de estructura. Juan Carlos Eiras, titular de la CAF, destacó que su participación en el total se elevó del 15% histórico al 30% y eso se debe principalmente a los cambios en el sistema tarifario para la luz principalmente. Pero también el gas comenzó a sumar costos y están los incrementos en el flete derivados del encarecimiento del gasoil.

Por eso el panorama para la actividad es incierto. En la foto hay rentabilidad, no es poco considerando el mal trago de 2018, pero ese resultado puede darse vuelta si los precios del gordo no mejoran un poco, si la inflación no tiende a bajar. Y después está el tema bancario: sin financiación disponible será otro año de pérdidas económicas con consecuencias letales para muchas empresas.

 Crisis porcina en

China: ¿una oportunidad?

Las noticias que llegan desde China dicen que por el avance de la peste porcina africana ese país perdería hasta un 30% de su rodeo de cerdos. Según datos del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) es de 430 millones de animales, con los que produjo en los últimos 5 años entre 54 y 55 millones de toneladas de carne que no fueron suficientes para atender a una demanda que viene incrementando sus exigencias de consumo por lo que, en un escenario normal, debería importar dos millones de toneladas.

Pero con la difusión de la crisis sanitaria y suponiendo una reducción de sus stocks en los porcentajes antes señalados debería comprar entre 13 y 15 millones de toneladas de carne porcina. Para dimensionar lo que significa, tengamos en cuenta que a nivel mundial el comercio de carne vacuna será mucho menor, de 10 millones de toneladas. En definitiva, China va a importar en volumen 50% más de cerdos de lo que todos los países del planeta mueven en el rubro carne vacuna.

La pregunta que se hacen todos es si se trata de una oportunidad y en tal caso si puede ser aprovechada. A nivel país, los efectos parecen más negativos que positivos suponiendo que por el achique de su stock de cerdos termine comprando menos harina de soja, que es uno de los productos que más exporta la Argentina. Pero para el rubro cárnico en particular podría ser una ocasión para mejorar ingresos, aunque a nivel productivo es más complicado su aprovechamiento.

En cuanto a los precios de la carne vacuna, un informe del IPCVA destaca que ya hay mejores valores y que la suba no es para nada menor. Si en 2018 China pagaba U$S4.500 la tonelada, este año los precios llegan a los U$S6.000, lo que significa una suba del 30%. Pero además, los industriales vinculados a la exportación reconocen que  se está dando otro fenómeno y tiene que ver con que los pedidos de carne están incluyendo cortes de novillos, aunque no sean los de mayor valor.

El punto flaco está en la disponibilidad de hacienda. ¿Cuánta vaca más se podrá enviar a faena para atender a esa demanda? Las hembras en los últimos meses sumaron entre 520 y 550 mil cabezas, elevando su participación a más del 50% del total. Muchos dicen que no hay liquidación y que no hay posibilidades de que se eleve la oferta de vacas muy por encima de los niveles actuales, pero además no hay novillos. Su stock suma 2,8 millones de cabezas y significa cerca del 20% de la faena total.

Hace falta un precio lo suficientemente tentador y una macroeconomía ordenada como para que el productor se decida por la inversión que requiere la recuperación de esa categoría, que debería ser el objetivo final de toda la cadena. Hasta tanto eso no suceda, el aprovechamiento de la crisis en China o del incremento genuino de su demanda consecuencia de los cambios sociales que se están dando en ese país será aprovechados pero solo de forma parcial.

Crisis porcina:

Datos de IPCVA

Lema Elizalde

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Feedlot: mejores números con un futuro aún incierto

En la foto del engorde intensivo hay rentabilidad, pero la macroeconomía podría revertir ese resultado. Hay factores muy importantes que juegan en esa ecuación, en la que se mezclan una inflación alta, un mercado interno deprimido y falta de financiamiento para resurgir.

El año pasado los feedlots perdieron mucha plata, a razón de $2.500 pesos por cabeza de la época, lo que equivale, inflación mediante, a $3.800 pesos en la actualidad. Los engordadores asumieron costos altos y un riesgo mayor que los dejó en rojo.

Luego vino la suba de las cotizaciones, que duró lo que dura el verano pero que agarró a la mayoría sin mercadería para ofrecer ya que esa recomposición obedeció justamente al faltante de gordo. De todos modos, la mejora cambió la ecuación y la foto actual es otra, con números que al menos permiten entusiasmarse con algo de renta.

La cuenta que sacan los engordadores nucleados en la Cámara de Feedlot es que para este semestre, con los precios actuales del gordo, de la invernada y del maíz, el proceso de terminación de la hacienda dejaría $1.500 por animal. “Eso significa una renta de 5%”, deslizó uno de los directivos de la entidad, quien explicó que en cualquier país del mundo sería una renta por lo menos aceptable, pero que en la Argentina desalienta las inversiones ya que el sistema financiero deja resultados mucho más tentadores para los inversionistas.

Pero además, esas tasas tan altas impiden que los que están en el sistema productivo se queden sin apalancamiento bancario, y si al negocio se le carga el costo del dinero, no queda mucho por discutir. Pero esa renta también es baja por otras cuestiones: significa una ganancia por mes, suponiendo un engorde de solo 100 días, de 1,6% contra una inflación que al menos la triplica. Por otra parte, hay que tener en cuenta que entre flete y comisiones al que vende gordo se le va entre un 8% y un 9% del precio de venta, prácticamente el doble de lo que gana el que asume el riesgo y el costo productivo.

Si con eso no bastara, también juega o conspira en contra de la renta la macroeconomía: “Es todo muy incierto”, asegura un feedlotero entrerriano, que detalla que “de junio a diciembre se da la mayor oferta de ganado de feedlot, que tiene como principal destino al mercado interno. Es un sector que sufre la pérdida de poder de compra del salario, por lo que se podría esperar una actualización del valor menor a la inflación, si es que hay suba de precios”.

Muchos operadores consideran que se entró en una nueva etapa de estabilidad de los valores que, inflación mediante, está llevando otra vez al retraso del ingreso de los productores en términos reales. En efecto, los precios estuvieron planchados entre enero y mayo y, al menos en el arranque de esta semana, no reaccionaron siquiera ante la amenaza del recorte en la disponibilidad por el efecto de las lluvias.

En cuanto a la oferta, en el sector se espera que este año no haya un efecto "Puerta 12" porque los encierres fueron mucho menores a los del año pasado, cuando la sequía incentivó el ingreso en los sistemas intensivos. Si en 2018 el porcentaje de ocupación de los corrales era de 73%, este año es de 61% al inicio de mayo.

Además hay más pasto para la recría y eso permite que al menos los que tienen campo puedan agregar kilos baratos (que rondan los $30/35) para poder vender más kilos y escapar al momento de mayor oferta. El que puede, porque cuenta con el forraje y campo suficiente, intenta seguir esa estrategia para tener hacienda lista a fin de diciembre o inicio del próximo verano. El que no está en condiciones apuesta al ciclo corto para recuperar rápido la inversión.

Hay otras cuestiones que complican al sector y tienen que ver con la suba de los costos propios de la actividad. Por un lado el maíz, que en las últimas jornadas comerciales incrementó su valor para beneficio de los agricultores, consecuencia de los problemas en la siembra del cereal en Estados Unidos debido a la continuidad de lluvias. Pero el precio del cereal también se define por el tipo de cambio local, entonces el feedlotero se encuentra con un costo de la dieta dolarizado con un ingreso por venta pesificado y dependiente de un consumo castigado.

Por eso el precio del ternero no mejora, al menos no como debería para que el criador se vea incentivado a mejorar sus rodeos y su eficiencia reproductiva. El valor de la invernada es inferior al precio del gordo, al menos 5%, es una relación que se modificó en el último año, ya que históricamente el precio por kilo del ternero de cría era 10/15% respecto del valor del gordo. Pero los feedloteros se quemaron con leche el año pasado y no pueden convalidar valores de lo que compran que superen al de venta.

A esta cuestión se agrega el aumento de los costos de estructura. Juan Carlos Eiras, titular de la CAF, destacó que su participación en el total se elevó del 15% histórico al 30% y eso se debe principalmente a los cambios en el sistema tarifario para la luz principalmente. Pero también el gas comenzó a sumar costos y están los incrementos en el flete derivados del encarecimiento del gasoil.

Por eso el panorama para la actividad es incierto. En la foto hay rentabilidad, no es poco considerando el mal trago de 2018, pero ese resultado puede darse vuelta si los precios del gordo no mejoran un poco, si la inflación no tiende a bajar. Y después está el tema bancario: sin financiación disponible será otro año de pérdidas económicas con consecuencias letales para muchas empresas.

 Crisis porcina en

China: ¿una oportunidad?

Las noticias que llegan desde China dicen que por el avance de la peste porcina africana ese país perdería hasta un 30% de su rodeo de cerdos. Según datos del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) es de 430 millones de animales, con los que produjo en los últimos 5 años entre 54 y 55 millones de toneladas de carne que no fueron suficientes para atender a una demanda que viene incrementando sus exigencias de consumo por lo que, en un escenario normal, debería importar dos millones de toneladas.

Pero con la difusión de la crisis sanitaria y suponiendo una reducción de sus stocks en los porcentajes antes señalados debería comprar entre 13 y 15 millones de toneladas de carne porcina. Para dimensionar lo que significa, tengamos en cuenta que a nivel mundial el comercio de carne vacuna será mucho menor, de 10 millones de toneladas. En definitiva, China va a importar en volumen 50% más de cerdos de lo que todos los países del planeta mueven en el rubro carne vacuna.

La pregunta que se hacen todos es si se trata de una oportunidad y en tal caso si puede ser aprovechada. A nivel país, los efectos parecen más negativos que positivos suponiendo que por el achique de su stock de cerdos termine comprando menos harina de soja, que es uno de los productos que más exporta la Argentina. Pero para el rubro cárnico en particular podría ser una ocasión para mejorar ingresos, aunque a nivel productivo es más complicado su aprovechamiento.

En cuanto a los precios de la carne vacuna, un informe del IPCVA destaca que ya hay mejores valores y que la suba no es para nada menor. Si en 2018 China pagaba U$S4.500 la tonelada, este año los precios llegan a los U$S6.000, lo que significa una suba del 30%. Pero además, los industriales vinculados a la exportación reconocen que  se está dando otro fenómeno y tiene que ver con que los pedidos de carne están incluyendo cortes de novillos, aunque no sean los de mayor valor.

El punto flaco está en la disponibilidad de hacienda. ¿Cuánta vaca más se podrá enviar a faena para atender a esa demanda? Las hembras en los últimos meses sumaron entre 520 y 550 mil cabezas, elevando su participación a más del 50% del total. Muchos dicen que no hay liquidación y que no hay posibilidades de que se eleve la oferta de vacas muy por encima de los niveles actuales, pero además no hay novillos. Su stock suma 2,8 millones de cabezas y significa cerca del 20% de la faena total.

Hace falta un precio lo suficientemente tentador y una macroeconomía ordenada como para que el productor se decida por la inversión que requiere la recuperación de esa categoría, que debería ser el objetivo final de toda la cadena. Hasta tanto eso no suceda, el aprovechamiento de la crisis en China o del incremento genuino de su demanda consecuencia de los cambios sociales que se están dando en ese país será aprovechados pero solo de forma parcial.

Crisis porcina:

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