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Ganadería generativa, un recurso ambiental

Apunta a la cobertura de los suelos con plantas perennes y a aumentar la tasa de infiltración, la biodiversidad, el forraje y los niveles de carbono en el suelo.

La jornada atrapaba desde el título a partir de términos, que no son comunes en la ganadería, "regeneración y manejo holístico". En realidad, con el transcurrir de la charla que brindó Pablo Borrelli, el titular de Ovis 21, la empresa organizadora junto con el INTA, fue posible ir atando cabos, porque la regeneración está íntimamente ligada a los pastizales naturales y el manejo holístico es una herramienta más para regenerar la tierra, aunque con una serie de agregados económicos, y hasta humanísticos, que hicieron más que interesante el desarrollo de la capacitación en un sábado soleado y frío en el club Sportivo Fraga.

Ovis 21 es una empresa con una red que nuclea 160 productores y 22 cabañas distribuidas en la Patagonia, Buenos Aires, Corrientes y algunas zonas de Uruguay y Chile. Comenzó dedicándose al sector ovino, pero sus técnicas de regeneración pueden ser aplicables a otras especies, por lo que está intentando expandir su influencia en la cría bovina. Por eso Borrelli está recorriendo el país con este ciclo de talleres, tras un lejano comienzo en su Patagonia natal en busca de revertir la desertificación.

Como toda empresa, busca hacer negocios, en este caso a partir del asesoramiento y los cursos de capacitación para aplicar sus sistema de regeneración y manejo holístico. Pero la jornada de Fraga no fue un mero ofrecimiento comercial (la entrada fue gratuita y no hubo una captación abierta de clientes), abarcó mucho más: trató de dar respuestas desde lo ambiental, lo productivo y lo social. La buena concurrencia dejó en claro que hay avidez por aprender en San Luis, que la apertura mental es amplia en pos de mejorar la productividad y que todas las técnicas son bienvenidas.

“La ganadería está en el banquillo de los acusados desde hace rato”, arrancó el expositor, para luego enumerar: “Porque siempre se sospecha de maltrato animal, porque emite metano. Se la acusa de cosas graves, hay que tenerlo claro o nos va a ir mal”. Y apuntó hacia “un movimiento vegano financiado con millones de dólares y caras famosas que dicen ‘salve al planeta, no coma carne’. Una mentira muy efectiva”.

Instó al auditorio a combatir el cambio climático al que están llevando los gases de efecto invernadero. “Somos la última generación que puede hacer algo, si la temperatura aumenta dos grados más en promedio, va a afectar a los mares, los ecosistemas, la seguridad alimentaria y por supuesto, la vida humana”, aseguró, planteando además un panorama sombrío: “(Donald) Trump sacó a Estados Unidos del Acuerdo de París y los que firmaron, no hacen nada”.

“¿El ganado produce emisiones? Por supuesto que sí. Un cuarto de los gases que van a la atmósfera los emite la ganadería. Tumbamos bosques para poner vacas, hay que revisar los sumideros donde debería estar el dióxido de carbono”, aceptó. Y luego planteó cuál es la realidad del planeta: “Por primera vez hay más población urbana que rural, y esos jóvenes están bombardeados por mala información. Se hacen vegetarianos solo para sumarse a una causa, a esa edad todos nos abrazamos a alguna lucha. Y como son urbanos, son manipulables, porque no tienen conexión con la tierra”.

Para Borrelli, los feedlots no ayudan a limpiar esa imagen negativa de la ganadería. “Son indefendibles las fotos con animales confinados, con las patas en el barro, tapados de medicamentos. Vamos camino a repetir lo que pasó en los ’80 con los tapados de piel de zorro, que desaparecieron por una fuerte condena social. No defendamos la ganadería en general, es un error estratégico”.

Para explicar lo que busca la regeneración, mostró un esquema con cuatro cuadrantes, en el que se mixturaban los niveles de insumos con los de productividad. “Si el nivel de insumos es alto y la productividad es baja, el negocio es inviable, si ambos son bajos, estamos ante la ganadería extensiva, o sea que arriesgo poco, produzco poco y tampoco es rentable porque ocupo mucho espacio y tengo responsabilidad sobre el impacto ambiental, porque degrado la tierra”, descartó.

Con ambos ítem altos, la ganadería se vuelve intensiva: se cambian pasturas naturales por silos, hay suplementación y megatérmicas, lo que desemboca en una ganadería industrial, o sea un engorde a corral. Por eso el cuadrante en el que coinciden la alta productividad y la baja de insumos es lo que Borrelli denominó “el cuadrado mágico”, y allí están los fundamentos de la ganadería regenerativa. “Producir mucho gastando poco, copiamos lo que hace la naturaleza a través de la biomímica. En vez de empujar para arriba, empujamos para abajo”, completó la idea.

En síntesis, lo que propone la ganadería generativa es imitar a la naturaleza, bajar el nivel de insumos y obtener ganancias al mismo tiempo que aumentamos el capital, tanto el biológico (agua, suelos, diversidad), como el social (más calidad de vida en el campo), lo que debería desembocar en ganancias de manera natural. “Son servicios ambientales que se pueden comercializar en el mercado, porque en el futuro cercano algunos estados van a pagar para sacar el carbono del ambiente y depositarlo en el suelo. Australia ya lo hace en forma de ‘bonos de carbono’. No hay máquinas, solo hojas verdes haciendo fotosíntesis”, resumió.

El ingeniero patagónico, que recorre el país junto con su hijo Juan Pedro, se mostró convencido de que los nuevos mercados, que son más exigentes desde el punto de vista ecológico, van a saber apreciar estos servicios. “De la ganadería regenerativa surgen productos diferenciales, son una ‘marca’ para esos consumidores que se fijan en el bienestar animal y en las pasturas antes de comer carne. Además es una actividad más resiliente, por ejemplo ante una feroz sequía, en un contexto cambiante en el que se relacionan precios y climas”, remarcó.

Claro que la regeneración no se da por un capricho, hay estándares para medirla. Entre ellos, la cobertura completa del suelo con plantas perennes, el aumento de la tasa de infiltración y retención de agua, de la biodiversidad (“es lo contrario a simplificar el paisaje para poner una sola especie”), el crecimiento de la producción primaria y el forraje y el mayor volumen de carbono en el suelo, que otorga más biomasa y actividad biológica.

Aquellos que quieran iniciarse en la regeneración ganadera, deberán tener en cuenta algunos principios. “Deben promover especies perennes, tanto nativas como exóticas; suelos biológicamente activos a partir de ambientes fúngicos (hongos), que son lo contrario de los degradados (puramente bacterianos); incorporar árboles en paisajes productivos (sistemas silvopastoriles); en definitiva, hacer funcionar a pleno la ‘bomba de carbono’, que no es otra cosa que acumular biomasa aérea y subterránea, porque pasa lo mismo arriba y abajo del suelo con las plantas”.

Borrelli propone un “pulso de redistribución” a partir del pastoreo, un “barajar y dar de nuevo” para aumentar la cadena biológica. “La oveja se come las hojas, las raíces consumen reservas y se mueren, pasan a ser el sustrato para descomponedores. Y están la orina y la bosta, que son una siembra biológica con nutrientes y microorganismos que van a generar abono”, explicó con un gráfico de esos que veíamos en biología en el secundario.

Sobre el pastoreo, apuntó que lo mejor es el “pulso planificado” para hacer funcionar esa famosa bomba de carbono a pleno. “Si hacemos sobre pastoreo generalizado, los animales mantienen el pasto corto y no se carga la bomba; si dejo de pastorear, el pasto se oxida, aparecen hongos y leñosas si el ambiente es húmedo; y si hago descansos parciales, con pocos animales durante mucho tiempo en el lote, encontraremos plantas en descanso y otras muy comidas porque ellos eligen lo que van a comer”, enumeró sobre los planteos que considera erróneos.

Un concepto clave que dejó el disertante es que “no hay conflicto entre negocio y medio ambiente, se puede ganar dinero y mejorar la calidad del hábitat”. Borrelli cree que “el modelo que sobrevivirá en el futuro lo construimos nosotros, podrá ser una ganadería pastoril tradicional, una de alto insumo industrial o una regenerativa”. Y pasó a describir aspectos de cada una en relación a variables muy específicas.

“En cuanto a cambio climático, la pastoril provoca deforestación, fuego, desertificación, insumos, emisión de metano; la industrial tiene una huella de carbono negativa, emite gases y deja efluentes; mientras que la regenerativa secuestra carbono en proporciones que exceden las emisiones de metano”.

En relación a la calidad del producto, o sea la carne, Borrelli evaluó con un “regular” a la pastoril, porque dependerá del sistema de terminación. “Si es con pasturas, que ya tienen el 8% del mercado norteamericano, la gente la pagará más caro, pero no le importa”, aseguró, para contraponerla con la carne de feedlot, cada vez más rechazada en el Primer Mundo. La industrial es directamente negativa por la pobre composición de ácidos grasos entre omega 6 (irritante, promueve cáncer de colon) y omega 3; todo lo contrario de la regenerativa, en la que predomina el omega 3, que es el "sano".

También en bienestar animal hay diferencias: “En la ganadería pastoril va a depender del manejo, si los corrales tienen un buen diseño de mangas, si hay perros, si castigan o no a los animales, la castración, el hambre y la sed; el feedlot es directamente muy cuestionado porque el rumiante está hecho para comer pasto y para caminar, todo lo contrario de lo que pasa en los encierres a corral. La ganadería regenerativa cumple con todos los requisitos”.

“En definitiva, la ganadería regenerativa resuelve el problema ambiental, económico y social, tiene el desafío de producir alimentos más sanos, secuestra carbono y lidera el cambio de paradigma. Argentina tiene una gran chance porque todavía no hay un país líder en esta materia, que propone una vuelta al campo, fomenta el arraigo, es un verdadero desafío para los jóvenes, ya que resiste el cambio climático con mejores armas. Eso sí, no hay magia en esto, los campos no se regeneran solos, lo hacen las personas, se necesita un alto nivel de compromiso”, cerró la primera parte de su exposición.

El manejo holístico

Luego de una pausa en la que se sirvió café para combatir los efectos del frío, Borrelli retomó la charla para dirigirse directamente al manejo holístico, la herramienta clave para regenerar la tierra. Es un concepto más de campo que académico desarrollado por Allan Savory, un biólogo nacido en Zimbabwe, que lo fue puliendo en contacto directo con productores.

Está más referido a cuestiones organizativas y mentales, a la capacidad de hacerse a un costado, tomarse un tiempo para pensar y tomar decisiones distintas para lograr resultados distintos. “Lo convencional es la tendencia a hacer siempre lo mismo, a resolver el problema puntual sin tener en cuenta el todo. Dio resultado durante décadas, pero falla en situaciones complejas, porque ignoramos los efectos en el ambiente, la sociedad y la economía, no tiene en cuenta la pobreza, la violencia, el hambre”, fue preparando al auditorio Borrelli, para culminar con dos ejemplos concretos de pensamiento lineal: “En la Patagonia crecía la desertificación y le echaron la culpa a las ovejas, por consiguiente bajaron las cargas. No están mejor. Con el hieraclum, una maleza que invadió Tierra del Fuego y redujo a un quinto la capacidad de los campos, también se tomaron decisiones erróneas, porque usaron un herbicida, pero nadie se ocupó de ver por dónde entraba”.

“Nos concentramos en síntomas y no en causas”, lamentó el expositor, quien cree que lo mismo pasa en la Cuenca del Salado con las inundaciones: “Hacen canales para sacar el agua excedente, pero no hay plata que alcance. ¿No se dan cuenta que el agua no corre por el sobre pastoreo? Hay que contemplar el contexto amplio para tomar decisiones, entender el ambiente que se está manejando”.

Sobre el caso específico de San Luis y su régimen monzónico de lluvias (seis meses húmedos de octubre a marzo y otros seis muy secos), describió que “hay una acumulación de biomasa que lleva a la oxidación, una descomposición que ocurre cuando los restos vegetales llegan al suelo. En este punto los herbívoros son clave para mantener el ambiente, reducen el volumen de forraje y le dan formato para volver al suelo a través de la orina y la bosta”. También destacó el rol de los predadores, porque regulan la población de herbívoros para que no agoten el recurso. “Los obligan a moverse, si no degradarían la tierra”.

Según Borrelli, los pastizales necesitan pastoreo: “El carbono y los nutrientes vuelven al suelo, permite que la luz llegue al a base, activa la rizosfera del suelo y produce un mantillo para cubrirlo a través del pisoteo”. Claro, también encontró razones históricas para el actual estado de desertificación que muestran muchas zonas del país. “Los inmigrantes venían de lugares húmedos como Galicia, Escocia o el País Vasco, pusieron alambradas, dejaron que se desarrollara el pastoreo continuo, y en las zonas secas el recurso se agotó”.

Ahora bien, ¿qué es el sobre pastoreo? “no significa muchos animales en poco espacio, tiene que ver con el tiempo, no con la cantidad, aunque ojo, tampoco significa que no tenga que manejar la carga. Cuando hablo de tiempo, es falta de tiempo de recuperación, me refiero a un pastoreo sobre una planta que no recuperó la energía de las raíces por un pastoreo anterior”, aclaró el profesional, quien amplió aún más el concepto: “En un pastoreo rotativo los animales vuelven demasiado pronto sobre plantas que crecen lentas, mientras que en uno continuo permanecen mucho tiempo sobre las que crecen rápido. Pueden ser malos los dos, porque una planta sobre pastoreada sufre estrés hídrico y muere, mientras que la maleza todavía puede alcanzar el agua. En este caso no hablemos de maleza invasora, somos nosotros los que la estamos invitando”.

Herramientas ambientales

En la ecuación para tener un campo productivo en un ambiente saludable entran todas las variables, desde la experiencia y la creatividad, pasando por el dinero y finalmente por el trabajo del productor. “Se compensan, pero son todas necesarias”, aseguró Borrelli.

Entre las herramientas de manejo, mencionó a la tecnología (bombas, alambres, semillas, fertilizantes), el fuego, el descanso, los organismos vivos y el pastoreo. “En cuanto a tecnología, hay mucha presión para comprar insumos, es una especie de pensamiento mágico, siempre se busca la bala de plata”, explicó. Sobre el fuego, dijo que es la más antigua y no un buen recurso porque destruye el carbono del suelo. “Es útil para resetear un sistema, pero no hay que ser adicto al fuego”, pidió.

“El descanso es la herramienta menos comprendida, por mucho tiempo vuelve el bosque con suelos desnudos, ambientes simplificados y oxidación de plantas. Vuelvo sobre el tiempo de recuperación de un pastoreo, es como la recuperación del ser humano tras una operación, hay que esperar para tener todas las funciones vitales de nuevo”, aseguró el ingeniero agrónomo.

Sobre los organismos vivos, entre los que nombró a los polinizadores y predadores, destacó sobre todo a los escarabajos estiercoleros como muy importantes en ambientes secos. En este punto pidió no usar la ivermectina como antiparasitario: “La llevan al nido y la bosta no se degrada”.

Finalmente descartó la imagen negativa que tiene el pastoreo. “Hay que usarlo de manera adecuada, con buen manejo optimiza el recurso. Ajustar la carga no es la solución”, definió, para completar la idea apuntando a la planificación: “Hay que imitar a la naturaleza”, repitió una vez más, como una especie de mantra.

Volviendo al manejo holístico, Borrelli dijo que se hace dos veces al año. “Hay un Plan Abierto en primavera, cuando no sabemos si va a llover o no, y otro Plan Cerrado en otoño, cuando ya sé con cuánto pasto cuento. El primero es en la estación de crecimiento y el segundo, en la de domancia. Hay que sentarse a pensar, es un trabajo en equipo entre el dueño, el profesional y el encargado del campo, que tiene mucho para aportar, lo mejor es que ‘compre’ la idea y no imponérsela a la fuerza”.

Para implementar el manejo holístico, hay una guía paso por paso, “pero ninguna barrera tecnológica, ni cultural, ni económica. Fue de los campos pobres de Zimbabwe a los ricos maíces de Texas, hasta los analfabetos pueden entenderlo. Lo mejor es que quita la presión de pensar qué vamos a hacer mañana con las vacas porque está todo registrado en papel. Incluso permite hacer un balance, preguntarnos qué aprendimos en el proceso”.

Otra herramienta a tener en cuenta es el impacto animal, el bosteo, el pisoteo, la salivación, la orina. “Es todo menos pastorear”, según Borrelli, quien pidió “atraer al manejo holístico los animales que están en ganadería extensiva. Impactan cuando andan juntos, hacen el efecto de una máquina, ayudan a resembrar una pastura, a remediar una cárcava, a romper costras y a terminar con arbustos dañinos”.

Abierto a las preguntas de los productores, contestó dos muy interesantes. Sobre qué hacer ante dos pasturas distintas, aconsejó “ajustar a la más sensible”. Y puso el ejemplo de la alfalfa y el pasto ovillo: “La alfalfa se puede pastorear cada 35 días y el paso ovillo no, entonces no pastoreemos cada 35 días”. En cuanto a la combinación de especies en un manejo holístico, aseguró que es posible. “En un momento de mucha seca en Coronel Pringles, con mucho pajonal, la oveja se moría de hambre, entonces entraron vacas a comer y después las ovejas pudieron ir al rebrote y salvarse. Con cabras, que abundan en San Luis, también se puede hacer manejo holístico, son muy buenas para bajar los arbustos”.

Aplicar un manejo holístico requiere de prolijidad, paciencia y un proceso de planeación para definir un contexto y hacer una planificación financiera dividida en dos partes: pastoreo y tierra. “La ganadería es más que mover bien las vacas”, define Borrelli, quien pidió establecer ese contexto de antemano.

“Hay que definir qué manejamos, lo que conocemos como el ‘entero’. Ver quién toma las decisiones, la base de recursos (personas, tierra, hacienda) y el dinero disponible. Un contexto holístico incluye calidad de vida, lo importante para nosotros, para que nos levantemos cada mañana, el buen trato con los demás, la salud, las causas por las que luchamos. Son tan obvias que no las vemos. Y también está dentro del paquete una base futura de recursos, o sea qué negocio queremos, ¿hacer plata de cualquier manera o combinar negocios con placer?”.

Otras preguntas están más referidas a evitar el pensamiento lineal y también son importantes: ¿atiendo las causas o los síntomas?, ¿tengo en cuenta el eslabón débil del negocio, sea cual fuere?, ¿estoy usando bien el dinero y la energía?, ¿cómo me siento con esta decisión? “Juega lo emotivo en todo esto”, dice el ingeniero, quien advierte sobre un peligro común en la planificación financiera: “No morir por entusiasmo”, que se traduce en no pasar de 6 a 60 potreros sin planificar primero todo. “No diversifiquen sin ton ni son”, pidió.

Concretado el aspecto financiero, hay que hacer una planificación de la tierra, que “debe responder a lo que nos propusimos en el contexto holístico”. Incluye un diseño para tener agua en todo el campo y la manera de cuidarla para que no se pierda, después los caminos interiores y finalmente los árboles, no como adorno, sino con funciones específicas, como puede ser una cortina forestal contra el viento. “El límite es la imaginación”, asegura con entusiasmo.

Un detalle que a veces se pasa por alto y no es menor, es la vivienda. “Los cascos determinan la calidad de vida que yo quiero. Antes había un vínculo, se construía para quedarse. Hoy son lugares de trabajo, verdaderas taperas, sin chicos, sin cuidados ni sitios de esparcimiento”, describe una realidad que se ve en muchos campos. 

Y finalmente están los alambres, sobre los cuales Borrelli dijo que “la cantidad de potreros debe tener relación con nuestro contexto holístico, deben ser a medida de cada ambiente y de nuestras ganas de trabajar”.

Pidió que, de ser posible, “la tierra pague nuestro desarrollo, no pongan dinero de antemano, el productor suele no tenerlo y entonces se endeuda. Hay que segmentar en tramos que san viables económicamente, no importa si vamos lento. ¡Tenemos un plan!”

De todo esto se desprende que el manejo holístico no es un mero sistema de pastoreo, sino un enfoque para tomar decisiones. “Hay que reaccionar cuando las cosas van mal, nada es irrecuperable. No hay que morir abrazado al plan, si es necesario, peguen un volantazo”.

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Ganadería generativa, un recurso ambiental

Apunta a la cobertura de los suelos con plantas perennes y a aumentar la tasa de infiltración, la biodiversidad, el forraje y los niveles de carbono en el suelo.

La jornada atrapaba desde el título a partir de términos, que no son comunes en la ganadería, "regeneración y manejo holístico". En realidad, con el transcurrir de la charla que brindó Pablo Borrelli, el titular de Ovis 21, la empresa organizadora junto con el INTA, fue posible ir atando cabos, porque la regeneración está íntimamente ligada a los pastizales naturales y el manejo holístico es una herramienta más para regenerar la tierra, aunque con una serie de agregados económicos, y hasta humanísticos, que hicieron más que interesante el desarrollo de la capacitación en un sábado soleado y frío en el club Sportivo Fraga.

Ovis 21 es una empresa con una red que nuclea 160 productores y 22 cabañas distribuidas en la Patagonia, Buenos Aires, Corrientes y algunas zonas de Uruguay y Chile. Comenzó dedicándose al sector ovino, pero sus técnicas de regeneración pueden ser aplicables a otras especies, por lo que está intentando expandir su influencia en la cría bovina. Por eso Borrelli está recorriendo el país con este ciclo de talleres, tras un lejano comienzo en su Patagonia natal en busca de revertir la desertificación.

Como toda empresa, busca hacer negocios, en este caso a partir del asesoramiento y los cursos de capacitación para aplicar sus sistema de regeneración y manejo holístico. Pero la jornada de Fraga no fue un mero ofrecimiento comercial (la entrada fue gratuita y no hubo una captación abierta de clientes), abarcó mucho más: trató de dar respuestas desde lo ambiental, lo productivo y lo social. La buena concurrencia dejó en claro que hay avidez por aprender en San Luis, que la apertura mental es amplia en pos de mejorar la productividad y que todas las técnicas son bienvenidas.

“La ganadería está en el banquillo de los acusados desde hace rato”, arrancó el expositor, para luego enumerar: “Porque siempre se sospecha de maltrato animal, porque emite metano. Se la acusa de cosas graves, hay que tenerlo claro o nos va a ir mal”. Y apuntó hacia “un movimiento vegano financiado con millones de dólares y caras famosas que dicen ‘salve al planeta, no coma carne’. Una mentira muy efectiva”.

Instó al auditorio a combatir el cambio climático al que están llevando los gases de efecto invernadero. “Somos la última generación que puede hacer algo, si la temperatura aumenta dos grados más en promedio, va a afectar a los mares, los ecosistemas, la seguridad alimentaria y por supuesto, la vida humana”, aseguró, planteando además un panorama sombrío: “(Donald) Trump sacó a Estados Unidos del Acuerdo de París y los que firmaron, no hacen nada”.

“¿El ganado produce emisiones? Por supuesto que sí. Un cuarto de los gases que van a la atmósfera los emite la ganadería. Tumbamos bosques para poner vacas, hay que revisar los sumideros donde debería estar el dióxido de carbono”, aceptó. Y luego planteó cuál es la realidad del planeta: “Por primera vez hay más población urbana que rural, y esos jóvenes están bombardeados por mala información. Se hacen vegetarianos solo para sumarse a una causa, a esa edad todos nos abrazamos a alguna lucha. Y como son urbanos, son manipulables, porque no tienen conexión con la tierra”.

Para Borrelli, los feedlots no ayudan a limpiar esa imagen negativa de la ganadería. “Son indefendibles las fotos con animales confinados, con las patas en el barro, tapados de medicamentos. Vamos camino a repetir lo que pasó en los ’80 con los tapados de piel de zorro, que desaparecieron por una fuerte condena social. No defendamos la ganadería en general, es un error estratégico”.

Para explicar lo que busca la regeneración, mostró un esquema con cuatro cuadrantes, en el que se mixturaban los niveles de insumos con los de productividad. “Si el nivel de insumos es alto y la productividad es baja, el negocio es inviable, si ambos son bajos, estamos ante la ganadería extensiva, o sea que arriesgo poco, produzco poco y tampoco es rentable porque ocupo mucho espacio y tengo responsabilidad sobre el impacto ambiental, porque degrado la tierra”, descartó.

Con ambos ítem altos, la ganadería se vuelve intensiva: se cambian pasturas naturales por silos, hay suplementación y megatérmicas, lo que desemboca en una ganadería industrial, o sea un engorde a corral. Por eso el cuadrante en el que coinciden la alta productividad y la baja de insumos es lo que Borrelli denominó “el cuadrado mágico”, y allí están los fundamentos de la ganadería regenerativa. “Producir mucho gastando poco, copiamos lo que hace la naturaleza a través de la biomímica. En vez de empujar para arriba, empujamos para abajo”, completó la idea.

En síntesis, lo que propone la ganadería generativa es imitar a la naturaleza, bajar el nivel de insumos y obtener ganancias al mismo tiempo que aumentamos el capital, tanto el biológico (agua, suelos, diversidad), como el social (más calidad de vida en el campo), lo que debería desembocar en ganancias de manera natural. “Son servicios ambientales que se pueden comercializar en el mercado, porque en el futuro cercano algunos estados van a pagar para sacar el carbono del ambiente y depositarlo en el suelo. Australia ya lo hace en forma de ‘bonos de carbono’. No hay máquinas, solo hojas verdes haciendo fotosíntesis”, resumió.

El ingeniero patagónico, que recorre el país junto con su hijo Juan Pedro, se mostró convencido de que los nuevos mercados, que son más exigentes desde el punto de vista ecológico, van a saber apreciar estos servicios. “De la ganadería regenerativa surgen productos diferenciales, son una ‘marca’ para esos consumidores que se fijan en el bienestar animal y en las pasturas antes de comer carne. Además es una actividad más resiliente, por ejemplo ante una feroz sequía, en un contexto cambiante en el que se relacionan precios y climas”, remarcó.

Claro que la regeneración no se da por un capricho, hay estándares para medirla. Entre ellos, la cobertura completa del suelo con plantas perennes, el aumento de la tasa de infiltración y retención de agua, de la biodiversidad (“es lo contrario a simplificar el paisaje para poner una sola especie”), el crecimiento de la producción primaria y el forraje y el mayor volumen de carbono en el suelo, que otorga más biomasa y actividad biológica.

Aquellos que quieran iniciarse en la regeneración ganadera, deberán tener en cuenta algunos principios. “Deben promover especies perennes, tanto nativas como exóticas; suelos biológicamente activos a partir de ambientes fúngicos (hongos), que son lo contrario de los degradados (puramente bacterianos); incorporar árboles en paisajes productivos (sistemas silvopastoriles); en definitiva, hacer funcionar a pleno la ‘bomba de carbono’, que no es otra cosa que acumular biomasa aérea y subterránea, porque pasa lo mismo arriba y abajo del suelo con las plantas”.

Borrelli propone un “pulso de redistribución” a partir del pastoreo, un “barajar y dar de nuevo” para aumentar la cadena biológica. “La oveja se come las hojas, las raíces consumen reservas y se mueren, pasan a ser el sustrato para descomponedores. Y están la orina y la bosta, que son una siembra biológica con nutrientes y microorganismos que van a generar abono”, explicó con un gráfico de esos que veíamos en biología en el secundario.

Sobre el pastoreo, apuntó que lo mejor es el “pulso planificado” para hacer funcionar esa famosa bomba de carbono a pleno. “Si hacemos sobre pastoreo generalizado, los animales mantienen el pasto corto y no se carga la bomba; si dejo de pastorear, el pasto se oxida, aparecen hongos y leñosas si el ambiente es húmedo; y si hago descansos parciales, con pocos animales durante mucho tiempo en el lote, encontraremos plantas en descanso y otras muy comidas porque ellos eligen lo que van a comer”, enumeró sobre los planteos que considera erróneos.

Un concepto clave que dejó el disertante es que “no hay conflicto entre negocio y medio ambiente, se puede ganar dinero y mejorar la calidad del hábitat”. Borrelli cree que “el modelo que sobrevivirá en el futuro lo construimos nosotros, podrá ser una ganadería pastoril tradicional, una de alto insumo industrial o una regenerativa”. Y pasó a describir aspectos de cada una en relación a variables muy específicas.

“En cuanto a cambio climático, la pastoril provoca deforestación, fuego, desertificación, insumos, emisión de metano; la industrial tiene una huella de carbono negativa, emite gases y deja efluentes; mientras que la regenerativa secuestra carbono en proporciones que exceden las emisiones de metano”.

En relación a la calidad del producto, o sea la carne, Borrelli evaluó con un “regular” a la pastoril, porque dependerá del sistema de terminación. “Si es con pasturas, que ya tienen el 8% del mercado norteamericano, la gente la pagará más caro, pero no le importa”, aseguró, para contraponerla con la carne de feedlot, cada vez más rechazada en el Primer Mundo. La industrial es directamente negativa por la pobre composición de ácidos grasos entre omega 6 (irritante, promueve cáncer de colon) y omega 3; todo lo contrario de la regenerativa, en la que predomina el omega 3, que es el "sano".

También en bienestar animal hay diferencias: “En la ganadería pastoril va a depender del manejo, si los corrales tienen un buen diseño de mangas, si hay perros, si castigan o no a los animales, la castración, el hambre y la sed; el feedlot es directamente muy cuestionado porque el rumiante está hecho para comer pasto y para caminar, todo lo contrario de lo que pasa en los encierres a corral. La ganadería regenerativa cumple con todos los requisitos”.

“En definitiva, la ganadería regenerativa resuelve el problema ambiental, económico y social, tiene el desafío de producir alimentos más sanos, secuestra carbono y lidera el cambio de paradigma. Argentina tiene una gran chance porque todavía no hay un país líder en esta materia, que propone una vuelta al campo, fomenta el arraigo, es un verdadero desafío para los jóvenes, ya que resiste el cambio climático con mejores armas. Eso sí, no hay magia en esto, los campos no se regeneran solos, lo hacen las personas, se necesita un alto nivel de compromiso”, cerró la primera parte de su exposición.

El manejo holístico

Luego de una pausa en la que se sirvió café para combatir los efectos del frío, Borrelli retomó la charla para dirigirse directamente al manejo holístico, la herramienta clave para regenerar la tierra. Es un concepto más de campo que académico desarrollado por Allan Savory, un biólogo nacido en Zimbabwe, que lo fue puliendo en contacto directo con productores.

Está más referido a cuestiones organizativas y mentales, a la capacidad de hacerse a un costado, tomarse un tiempo para pensar y tomar decisiones distintas para lograr resultados distintos. “Lo convencional es la tendencia a hacer siempre lo mismo, a resolver el problema puntual sin tener en cuenta el todo. Dio resultado durante décadas, pero falla en situaciones complejas, porque ignoramos los efectos en el ambiente, la sociedad y la economía, no tiene en cuenta la pobreza, la violencia, el hambre”, fue preparando al auditorio Borrelli, para culminar con dos ejemplos concretos de pensamiento lineal: “En la Patagonia crecía la desertificación y le echaron la culpa a las ovejas, por consiguiente bajaron las cargas. No están mejor. Con el hieraclum, una maleza que invadió Tierra del Fuego y redujo a un quinto la capacidad de los campos, también se tomaron decisiones erróneas, porque usaron un herbicida, pero nadie se ocupó de ver por dónde entraba”.

“Nos concentramos en síntomas y no en causas”, lamentó el expositor, quien cree que lo mismo pasa en la Cuenca del Salado con las inundaciones: “Hacen canales para sacar el agua excedente, pero no hay plata que alcance. ¿No se dan cuenta que el agua no corre por el sobre pastoreo? Hay que contemplar el contexto amplio para tomar decisiones, entender el ambiente que se está manejando”.

Sobre el caso específico de San Luis y su régimen monzónico de lluvias (seis meses húmedos de octubre a marzo y otros seis muy secos), describió que “hay una acumulación de biomasa que lleva a la oxidación, una descomposición que ocurre cuando los restos vegetales llegan al suelo. En este punto los herbívoros son clave para mantener el ambiente, reducen el volumen de forraje y le dan formato para volver al suelo a través de la orina y la bosta”. También destacó el rol de los predadores, porque regulan la población de herbívoros para que no agoten el recurso. “Los obligan a moverse, si no degradarían la tierra”.

Según Borrelli, los pastizales necesitan pastoreo: “El carbono y los nutrientes vuelven al suelo, permite que la luz llegue al a base, activa la rizosfera del suelo y produce un mantillo para cubrirlo a través del pisoteo”. Claro, también encontró razones históricas para el actual estado de desertificación que muestran muchas zonas del país. “Los inmigrantes venían de lugares húmedos como Galicia, Escocia o el País Vasco, pusieron alambradas, dejaron que se desarrollara el pastoreo continuo, y en las zonas secas el recurso se agotó”.

Ahora bien, ¿qué es el sobre pastoreo? “no significa muchos animales en poco espacio, tiene que ver con el tiempo, no con la cantidad, aunque ojo, tampoco significa que no tenga que manejar la carga. Cuando hablo de tiempo, es falta de tiempo de recuperación, me refiero a un pastoreo sobre una planta que no recuperó la energía de las raíces por un pastoreo anterior”, aclaró el profesional, quien amplió aún más el concepto: “En un pastoreo rotativo los animales vuelven demasiado pronto sobre plantas que crecen lentas, mientras que en uno continuo permanecen mucho tiempo sobre las que crecen rápido. Pueden ser malos los dos, porque una planta sobre pastoreada sufre estrés hídrico y muere, mientras que la maleza todavía puede alcanzar el agua. En este caso no hablemos de maleza invasora, somos nosotros los que la estamos invitando”.

Herramientas ambientales

En la ecuación para tener un campo productivo en un ambiente saludable entran todas las variables, desde la experiencia y la creatividad, pasando por el dinero y finalmente por el trabajo del productor. “Se compensan, pero son todas necesarias”, aseguró Borrelli.

Entre las herramientas de manejo, mencionó a la tecnología (bombas, alambres, semillas, fertilizantes), el fuego, el descanso, los organismos vivos y el pastoreo. “En cuanto a tecnología, hay mucha presión para comprar insumos, es una especie de pensamiento mágico, siempre se busca la bala de plata”, explicó. Sobre el fuego, dijo que es la más antigua y no un buen recurso porque destruye el carbono del suelo. “Es útil para resetear un sistema, pero no hay que ser adicto al fuego”, pidió.

“El descanso es la herramienta menos comprendida, por mucho tiempo vuelve el bosque con suelos desnudos, ambientes simplificados y oxidación de plantas. Vuelvo sobre el tiempo de recuperación de un pastoreo, es como la recuperación del ser humano tras una operación, hay que esperar para tener todas las funciones vitales de nuevo”, aseguró el ingeniero agrónomo.

Sobre los organismos vivos, entre los que nombró a los polinizadores y predadores, destacó sobre todo a los escarabajos estiercoleros como muy importantes en ambientes secos. En este punto pidió no usar la ivermectina como antiparasitario: “La llevan al nido y la bosta no se degrada”.

Finalmente descartó la imagen negativa que tiene el pastoreo. “Hay que usarlo de manera adecuada, con buen manejo optimiza el recurso. Ajustar la carga no es la solución”, definió, para completar la idea apuntando a la planificación: “Hay que imitar a la naturaleza”, repitió una vez más, como una especie de mantra.

Volviendo al manejo holístico, Borrelli dijo que se hace dos veces al año. “Hay un Plan Abierto en primavera, cuando no sabemos si va a llover o no, y otro Plan Cerrado en otoño, cuando ya sé con cuánto pasto cuento. El primero es en la estación de crecimiento y el segundo, en la de domancia. Hay que sentarse a pensar, es un trabajo en equipo entre el dueño, el profesional y el encargado del campo, que tiene mucho para aportar, lo mejor es que ‘compre’ la idea y no imponérsela a la fuerza”.

Para implementar el manejo holístico, hay una guía paso por paso, “pero ninguna barrera tecnológica, ni cultural, ni económica. Fue de los campos pobres de Zimbabwe a los ricos maíces de Texas, hasta los analfabetos pueden entenderlo. Lo mejor es que quita la presión de pensar qué vamos a hacer mañana con las vacas porque está todo registrado en papel. Incluso permite hacer un balance, preguntarnos qué aprendimos en el proceso”.

Otra herramienta a tener en cuenta es el impacto animal, el bosteo, el pisoteo, la salivación, la orina. “Es todo menos pastorear”, según Borrelli, quien pidió “atraer al manejo holístico los animales que están en ganadería extensiva. Impactan cuando andan juntos, hacen el efecto de una máquina, ayudan a resembrar una pastura, a remediar una cárcava, a romper costras y a terminar con arbustos dañinos”.

Abierto a las preguntas de los productores, contestó dos muy interesantes. Sobre qué hacer ante dos pasturas distintas, aconsejó “ajustar a la más sensible”. Y puso el ejemplo de la alfalfa y el pasto ovillo: “La alfalfa se puede pastorear cada 35 días y el paso ovillo no, entonces no pastoreemos cada 35 días”. En cuanto a la combinación de especies en un manejo holístico, aseguró que es posible. “En un momento de mucha seca en Coronel Pringles, con mucho pajonal, la oveja se moría de hambre, entonces entraron vacas a comer y después las ovejas pudieron ir al rebrote y salvarse. Con cabras, que abundan en San Luis, también se puede hacer manejo holístico, son muy buenas para bajar los arbustos”.

Aplicar un manejo holístico requiere de prolijidad, paciencia y un proceso de planeación para definir un contexto y hacer una planificación financiera dividida en dos partes: pastoreo y tierra. “La ganadería es más que mover bien las vacas”, define Borrelli, quien pidió establecer ese contexto de antemano.

“Hay que definir qué manejamos, lo que conocemos como el ‘entero’. Ver quién toma las decisiones, la base de recursos (personas, tierra, hacienda) y el dinero disponible. Un contexto holístico incluye calidad de vida, lo importante para nosotros, para que nos levantemos cada mañana, el buen trato con los demás, la salud, las causas por las que luchamos. Son tan obvias que no las vemos. Y también está dentro del paquete una base futura de recursos, o sea qué negocio queremos, ¿hacer plata de cualquier manera o combinar negocios con placer?”.

Otras preguntas están más referidas a evitar el pensamiento lineal y también son importantes: ¿atiendo las causas o los síntomas?, ¿tengo en cuenta el eslabón débil del negocio, sea cual fuere?, ¿estoy usando bien el dinero y la energía?, ¿cómo me siento con esta decisión? “Juega lo emotivo en todo esto”, dice el ingeniero, quien advierte sobre un peligro común en la planificación financiera: “No morir por entusiasmo”, que se traduce en no pasar de 6 a 60 potreros sin planificar primero todo. “No diversifiquen sin ton ni son”, pidió.

Concretado el aspecto financiero, hay que hacer una planificación de la tierra, que “debe responder a lo que nos propusimos en el contexto holístico”. Incluye un diseño para tener agua en todo el campo y la manera de cuidarla para que no se pierda, después los caminos interiores y finalmente los árboles, no como adorno, sino con funciones específicas, como puede ser una cortina forestal contra el viento. “El límite es la imaginación”, asegura con entusiasmo.

Un detalle que a veces se pasa por alto y no es menor, es la vivienda. “Los cascos determinan la calidad de vida que yo quiero. Antes había un vínculo, se construía para quedarse. Hoy son lugares de trabajo, verdaderas taperas, sin chicos, sin cuidados ni sitios de esparcimiento”, describe una realidad que se ve en muchos campos. 

Y finalmente están los alambres, sobre los cuales Borrelli dijo que “la cantidad de potreros debe tener relación con nuestro contexto holístico, deben ser a medida de cada ambiente y de nuestras ganas de trabajar”.

Pidió que, de ser posible, “la tierra pague nuestro desarrollo, no pongan dinero de antemano, el productor suele no tenerlo y entonces se endeuda. Hay que segmentar en tramos que san viables económicamente, no importa si vamos lento. ¡Tenemos un plan!”

De todo esto se desprende que el manejo holístico no es un mero sistema de pastoreo, sino un enfoque para tomar decisiones. “Hay que reaccionar cuando las cosas van mal, nada es irrecuperable. No hay que morir abrazado al plan, si es necesario, peguen un volantazo”.

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