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Síntomas y trastornos de la fiebre electoral

Que el rol del periodismo en el mundo está en seria revisión es algo reconocido por todos. Que los grandes diarios del mundo ejercen una fuerte influencia sobre el destino de las naciones también es reconocido por todos. Que además los poderes concentrados de los países que pretenden una fuerte influencia sobre otras naciones, utilizan estas herramientas para manejar la opinión pública, es un padecimiento que se acarrea desde tiempo inmemorial. Obviamente se requiere de mucho público local dispuesto a prestar atención a estos mensajes. Se necesitan varios medios de comunicación poderosos y capaces de destacar y de replicar hasta el cansancio estas consignas. Y claro que nada es inocente. Es de principio a fin una maniobra con claras intenciones de manejo y de dominación. Y los títulos son pomposos y las explicaciones increíbles titulan: “El fuerte editorial del Financial Times que respalda a Mauricio Macri: 'Los argentinos deben rechazar el retorno del peronismo'”. Profundizan: “La Junta Editorial del diario británico advierte que los votantes no deben ser engañados”. En rigor, resulta casi inconcebible que los ingleses se dediquen a aconsejar a los argentinos cómo deben votar. Es difícil comprender su preocupación, su desvelo, su esmero. Cada cual conoce sus intereses, sus preocupaciones y de qué debe ocuparse. El periodismo del consejo es una postura bastante habitual. Para vastos sectores de la población, el consejo es ideal para hacer exactamente lo contrario. El texto citado analiza todo: protagonistas, historia, actuación, futuro, encuestas: "La fórmula Fernández-Fernández tiene grandes chances de vencer al actual presidente, el empresario Mauricio Macri”. 

No deja de ser llamativo que el gran desvelo sea siempre electoral. El actual gobierno nacional tiene como jefe de Gabinete a su principal ariete electoral. A quien maneja los hilos de la estrategia para los próximos comicios. De quien públicamente se dice: “Se apasiona más con la campaña que con la gestión”. Y la Alianza gobernante multiplica las contrataciones desesperada por ganar la elección presidencial de octubre. Un publicista que trabaja en el extranjero y que le recomendó su guía espiritual, una armonizadora budista, al presidente. El famoso asesor ecuatoriano estrella del marketing electoral, que regresa acompañado por su socio. Un sociólogo español especialista en técnicas de análisis cualitativo. Y son incesantes las reuniones, y los conciliábulos. Nunca la gestión reconoció tanto fervor.

Incluso las amplias y democráticas asambleas de un centenario partido político se desvelan por lo electoral. Y pierden la noción de que habrá una responsabilidad de gobernar. Se hace presión, se escuchan discursos encendidos, se vota y se obtienen mayorías.  Los decepcionados, ¿a quién acompañarán en una elección general?, ¿cuántas medidas del potencial gobierno apoyarán? Luego quienes acuñan el pensamiento y la acción de Leandro Alem, de Amadeo Sabattini, de Moisés Lebensohn, de Hipólito Solari Yrigoyen, Luis León, Raúl Alfonsín, encumbran en el poder económico a Ricardo López Murphy, a Domingo Felipe Cavallo, a Luis Caputo, a Federico Sturzenegger, a Nicolás Dujovne. Muy difícil de comprender, imposible de digerir. Toda vez que en los ochenta la Unión Cívica Radical se sentaba a debatir en la mesa de la socialdemocracia del mundo. Hoy integra la alianza gobernante que tiene todo el apoyo de Donald Trump y el Fondo Monetario Internacional. ¡Quién te ha visto y quién te ve! Y, por favor, a no echarle toda la culpa a los cambios turbulentos de este mundo.

Alguna vez habría que abandonar la fiebre electoral, y poner la mirada en el futuro, en el compromiso de gobernar, en un serio programa de gobierno pensando en el bien común. Alguna vez habría que respetar a los hombres y sus ideas.

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Síntomas y trastornos de la fiebre electoral

Que el rol del periodismo en el mundo está en seria revisión es algo reconocido por todos. Que los grandes diarios del mundo ejercen una fuerte influencia sobre el destino de las naciones también es reconocido por todos. Que además los poderes concentrados de los países que pretenden una fuerte influencia sobre otras naciones, utilizan estas herramientas para manejar la opinión pública, es un padecimiento que se acarrea desde tiempo inmemorial. Obviamente se requiere de mucho público local dispuesto a prestar atención a estos mensajes. Se necesitan varios medios de comunicación poderosos y capaces de destacar y de replicar hasta el cansancio estas consignas. Y claro que nada es inocente. Es de principio a fin una maniobra con claras intenciones de manejo y de dominación. Y los títulos son pomposos y las explicaciones increíbles titulan: “El fuerte editorial del Financial Times que respalda a Mauricio Macri: 'Los argentinos deben rechazar el retorno del peronismo'”. Profundizan: “La Junta Editorial del diario británico advierte que los votantes no deben ser engañados”. En rigor, resulta casi inconcebible que los ingleses se dediquen a aconsejar a los argentinos cómo deben votar. Es difícil comprender su preocupación, su desvelo, su esmero. Cada cual conoce sus intereses, sus preocupaciones y de qué debe ocuparse. El periodismo del consejo es una postura bastante habitual. Para vastos sectores de la población, el consejo es ideal para hacer exactamente lo contrario. El texto citado analiza todo: protagonistas, historia, actuación, futuro, encuestas: "La fórmula Fernández-Fernández tiene grandes chances de vencer al actual presidente, el empresario Mauricio Macri”. 

No deja de ser llamativo que el gran desvelo sea siempre electoral. El actual gobierno nacional tiene como jefe de Gabinete a su principal ariete electoral. A quien maneja los hilos de la estrategia para los próximos comicios. De quien públicamente se dice: “Se apasiona más con la campaña que con la gestión”. Y la Alianza gobernante multiplica las contrataciones desesperada por ganar la elección presidencial de octubre. Un publicista que trabaja en el extranjero y que le recomendó su guía espiritual, una armonizadora budista, al presidente. El famoso asesor ecuatoriano estrella del marketing electoral, que regresa acompañado por su socio. Un sociólogo español especialista en técnicas de análisis cualitativo. Y son incesantes las reuniones, y los conciliábulos. Nunca la gestión reconoció tanto fervor.

Incluso las amplias y democráticas asambleas de un centenario partido político se desvelan por lo electoral. Y pierden la noción de que habrá una responsabilidad de gobernar. Se hace presión, se escuchan discursos encendidos, se vota y se obtienen mayorías.  Los decepcionados, ¿a quién acompañarán en una elección general?, ¿cuántas medidas del potencial gobierno apoyarán? Luego quienes acuñan el pensamiento y la acción de Leandro Alem, de Amadeo Sabattini, de Moisés Lebensohn, de Hipólito Solari Yrigoyen, Luis León, Raúl Alfonsín, encumbran en el poder económico a Ricardo López Murphy, a Domingo Felipe Cavallo, a Luis Caputo, a Federico Sturzenegger, a Nicolás Dujovne. Muy difícil de comprender, imposible de digerir. Toda vez que en los ochenta la Unión Cívica Radical se sentaba a debatir en la mesa de la socialdemocracia del mundo. Hoy integra la alianza gobernante que tiene todo el apoyo de Donald Trump y el Fondo Monetario Internacional. ¡Quién te ha visto y quién te ve! Y, por favor, a no echarle toda la culpa a los cambios turbulentos de este mundo.

Alguna vez habría que abandonar la fiebre electoral, y poner la mirada en el futuro, en el compromiso de gobernar, en un serio programa de gobierno pensando en el bien común. Alguna vez habría que respetar a los hombres y sus ideas.

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