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Sentido estratégico

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Sentido estratégico

El chino Qu Dongyyu fue elegido director general de la FAO, la agencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, confirmando el interés de China por temas alimentarios y por los cargos de alta responsabilidad en instancias internacionales.

Pero sobre todo, la llegada de Qu, coloca a la segunda economía global en los primeros planos de las grandes discusiones por los temas trascendentales de la tierra. No es un dato menor porque se trata la nación que desde hace siglos, prepara su ascenso al cenit.

Qu, de 55 años, biólogo y viceministro de Agricultura en su país, es el primer chino en acceder a este cargo, en el que reemplaza al brasileño José Graziano da Silva, quien ejerció durante dos mandatos.

El nuevo director general obtuvo 108 votos, la francesa Catherine Geslain-Lanéelle, 71, y el tercer candidato, el georgiano Davit Kirvalidze, solo 12 votos. Desde hace más de 40 años, cuando el holandés Addeke Hendrik Boerma ocupó el cargo de director general entre 1968 y 1975, no ha habido un europeo al frente de la organización. Ni tampoco una mujer.

“Es una fecha histórica, un nuevo trampolín” para la agricultura, reaccionó el director electo, que prometió “hacer todo para ser imparcial y neutro”. También prometió acciones “concretas” para luchar contra el hambre y la pobreza en el mundo. Agregó que hay que “reformar y transformar” esta agencia de la ONU para “hacer una FAO nueva, más joven y dinámica”.

El mandato del nuevo dirigente chino al frente de esta institución multilateral durará cuatro años, del 1º de agosto de 2019 al 31 de julio de 2023.

El cargo es clave, puesto que el nuevo director general de la FAO deberá afrontar uno de los mayores desafíos de la humanidad ante el aumento del hambre en el mundo por el efecto combinado del calentamiento global, los conflictos, especialmente en África y Oriente Medio, y el aumento de la población en el planeta.

Durante un discurso previo, Qu propuso asociar más al sector privado para atraer medios financieros y desarrollar los sectores agroalimentarios, en especial de los países en desarrollo. El flamante director citó como socio posible de la FAO a la fundación estadounidense Bill y Melinda Gates, fundada por el antiguo presidente de Microsoft, pero también al gigante chino de la distribución Ali Baba.

La FAO, que ha aplicado en los últimos 70 años políticas más bien productivistas, es una instancia de debate y de dirección de las políticas alimentarias mundiales, en la que participan representantes de los gobiernos, pero con la presencia importante de agrónomos y científicos.

Bajo la dirección del brasileño Graziano da Silva, la FAO ha esbozado una política favorable a los métodos agroecológicos: es decir, combatir a la vez los efectos del calentamiento climático y aumentar los rendimientos agrícolas, limitando los pesticidas de síntesis de los gigantes del sector agroquímico.

“China le otorga tradicionalmente una gran importancia a los temas económicos y sociales, y a los asuntos de desarrollo en la ONU. La FAO es muy atractiva para China” aseguró Manuel Lafont Rapnouil, analista en el Consejo europeo de relaciones internacionales (ECFR), antes de la votación.

“A China le interesa aumentar la presencia de sus ciudadanos en las instancias de Naciones Unidas, en particular en los altos cargos”, agregó el analista. Por eso “es muy activa en las elecciones para la dirección de agencias, fondos y programas”, explicó.

Ciudadanos chinos ya dirigen la OACI (aviación civil internacional), la Onudi (Organización de Naciones Unidas para el desarrollo industrial) y la UIT (Organización internacional de telecomunicaciones). Tiene sentido estratégico. Tiene sentido.

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El chino Qu Dongyyu fue elegido director general de la FAO, la agencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, confirmando el interés de China por temas alimentarios y por los cargos de alta responsabilidad en instancias internacionales.

Pero sobre todo, la llegada de Qu, coloca a la segunda economía global en los primeros planos de las grandes discusiones por los temas trascendentales de la tierra. No es un dato menor porque se trata la nación que desde hace siglos, prepara su ascenso al cenit.

Qu, de 55 años, biólogo y viceministro de Agricultura en su país, es el primer chino en acceder a este cargo, en el que reemplaza al brasileño José Graziano da Silva, quien ejerció durante dos mandatos.

El nuevo director general obtuvo 108 votos, la francesa Catherine Geslain-Lanéelle, 71, y el tercer candidato, el georgiano Davit Kirvalidze, solo 12 votos. Desde hace más de 40 años, cuando el holandés Addeke Hendrik Boerma ocupó el cargo de director general entre 1968 y 1975, no ha habido un europeo al frente de la organización. Ni tampoco una mujer.

“Es una fecha histórica, un nuevo trampolín” para la agricultura, reaccionó el director electo, que prometió “hacer todo para ser imparcial y neutro”. También prometió acciones “concretas” para luchar contra el hambre y la pobreza en el mundo. Agregó que hay que “reformar y transformar” esta agencia de la ONU para “hacer una FAO nueva, más joven y dinámica”.

El mandato del nuevo dirigente chino al frente de esta institución multilateral durará cuatro años, del 1º de agosto de 2019 al 31 de julio de 2023.

El cargo es clave, puesto que el nuevo director general de la FAO deberá afrontar uno de los mayores desafíos de la humanidad ante el aumento del hambre en el mundo por el efecto combinado del calentamiento global, los conflictos, especialmente en África y Oriente Medio, y el aumento de la población en el planeta.

Durante un discurso previo, Qu propuso asociar más al sector privado para atraer medios financieros y desarrollar los sectores agroalimentarios, en especial de los países en desarrollo. El flamante director citó como socio posible de la FAO a la fundación estadounidense Bill y Melinda Gates, fundada por el antiguo presidente de Microsoft, pero también al gigante chino de la distribución Ali Baba.

La FAO, que ha aplicado en los últimos 70 años políticas más bien productivistas, es una instancia de debate y de dirección de las políticas alimentarias mundiales, en la que participan representantes de los gobiernos, pero con la presencia importante de agrónomos y científicos.

Bajo la dirección del brasileño Graziano da Silva, la FAO ha esbozado una política favorable a los métodos agroecológicos: es decir, combatir a la vez los efectos del calentamiento climático y aumentar los rendimientos agrícolas, limitando los pesticidas de síntesis de los gigantes del sector agroquímico.

“China le otorga tradicionalmente una gran importancia a los temas económicos y sociales, y a los asuntos de desarrollo en la ONU. La FAO es muy atractiva para China” aseguró Manuel Lafont Rapnouil, analista en el Consejo europeo de relaciones internacionales (ECFR), antes de la votación.

“A China le interesa aumentar la presencia de sus ciudadanos en las instancias de Naciones Unidas, en particular en los altos cargos”, agregó el analista. Por eso “es muy activa en las elecciones para la dirección de agencias, fondos y programas”, explicó.

Ciudadanos chinos ya dirigen la OACI (aviación civil internacional), la Onudi (Organización de Naciones Unidas para el desarrollo industrial) y la UIT (Organización internacional de telecomunicaciones). Tiene sentido estratégico. Tiene sentido.

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