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Claudia superó el horror del fuego y logró rehacer su vida

Pasaron 11 años del trágico hecho. Pudo demostrar que se puede formar una nueva familia, estudiar y luchar contra la violencia de género.  

Por Natalia Torres Villar
| 03 de junio de 2019
Claudia con Luján, su razón para seguir luchando. Foto: Gentileza.

Hoy no es un simple día en la vida de Claudia Allayme, ya que hace 11 años, un 3 de junio, vivió el peor acto de violencia de su historia. Ese día, pero del 2008, su ex esposo intentó matarla al rociarle nafta y prenderle fuego, luego de gritarle y pegarle. En su cuerpo se ven los rastros de ese horroroso incidente que la dejó marcada física y psicológicamente. Tiene el 48% de su cuerpo quemado. Cada una de las cicatrices le recuerdan lo que pasó, pero eso no la desanima sino que le da fuerza para superarse, salir adelante por sus hijos y volver a creer en el amor. En estos años,  en Tilisarao, se dedicó a luchar y ayudar a las mujeres que padecen o sufrieron violencia de género .

 

Claudia tiene 37 años, su voz es segura al hablar y siempre está dispuesta a contar su historia porque sabe que así contribuye a visibilizar una situación que enfrentan miles de mujeres, quienes muchas veces no se animan a denunciar por temor.

 

Su decisión por ayudar a otras la llevó a integrar desde el 2018 la Secretaría de la Mujer #NiUnaMenos de la Provincia, cuando en Tilisaraó se abrió una delegación. Pero su trabajo comenzó en 2016, sola, tras ver que había más víctimas en su misma situación. Por ello, ese mismo año comenzó a estudiar abogacía. “Necesitamos más abogadas con perspectiva de género para defendernos, porque yo sé lo que significa estar en un tribunal y no entender lo que pasa, no saber que es una citación o un oficio. Por eso voy a ser abogada, para seguir ayudando”, comentó Claudia.  

 

En una comunicación con El Diario de la República, la mujer volvió a revivir ese horrible día, pero en su voz no se nota terror, resignación o miedo. Por lo contrario, refleja fortaleza y seguridad. Sabe que no está sola, tiene a sus dos hijos mayores: Cayetano de 17 años y Ainara de 15, de su primer matrimonio con el hombre que intentó matarla, quien fue condenado a 12 años de prisión. Y a Luján, de 6 meses, una pequeña que le trajo luz a su vida y le dio la fuerza para creer en el amor: “Volví a formar una familia porque en realidad no todo los hombres son violentos”, dice y agrega: “Volví a creer y sé que él es un buen hombre, que me ama, y pasó a ser un papá protector para mis hijos. Él sabe que no es fácil vivir conmigo, por mi historia y por mi lucha por defender a las mujeres”.

 

Al rememorar ese 3 de junio de 2008, Allayme cuenta que lo que desató el horror fue por llegar tarde a su hogar después de trabajar. En esa época, ella pertenecía al Plan de Inclusión Social y prestaba servicio en el Hospital de Tilisarao, en el área de farmacia de 9 a 13. 

 

“Llegué a casa a las 13:30 y mi ex me comenzó a gritar ‘por qué venís tarde, por qué te vestís así, por qué te pintaste para ir a trabajar, sos una puta de mierda’. Yo le daba explicaciones como que lo que ganaba era para ayudar, para pagar el alquiler y comprar cosas para los nenes. Pero él no entraba en razón y fue cuando comenzó a pegarme”, relató. 

 

En medio de esa pelea, Claudia le manifestó que iba dejarlo: “Cuando le dije que me iba porque no soportaba que me pegara de nuevo, me volvió a pegar con una palita que teníamos para sacar las cenizas de la chimenea. Para protegerme la cara, me tapé con la mano izquierda y el golpe me quebró la mano y uno de los dedos, el que me quedó inutilizado. Después me agarró del pelo y me arrastró hasta el garaje. Yo gritaba del dolor. Mientras me arrastraba, me pegaba y me decía 'mirá lo que me obligás a hacer, no entendés que de esta casa no te vas, no me dejás’. En el garaje me dejó de pie. Yo tiritaba del dolor y estaba en shock, no podía reaccionar. Fue en ese momento que lo vi tomar una botella de plástico que tenía nafta, la apretaba para rociarme con la nafta. Yo intentaba alejarle, me cubría la cara y la boca porque él quería que me tragara el combustible. En ese forcejeo, se mojó sus manos pero no se dio cuenta”. 

 

Tomando aire y suspirando, Claudia retoma su historia. “Estaba desquiciado, en eso lo veo que saca de su bolsillo de la camisa un encendedor. Todavía puedo ver el color: azul en el envase y rojo en la parte donde se apreta para encenderlo. Vi la llama y después sentí el calor en mi cuerpo y cómo me quemaba. Intenté escapar a la calle y él me empujó hacia una pared del garaje. En ese movimiento, sus manos se prendieron fuego, lo escuché gritar y lo vi salir por donde intenté escapar antes. Fue ahí que a pesar del dolor corrí afuera, porque en su desesperación dejó la puerta abierta. En la calle había un pequeño charco de agua con barro y no lo dude, me tiré y me moví para apagar las llamas”. 

 

Fue en ese momento que la gente salió de sus casas y vio la situación: “Una vecina fue la que me ayudó. Recuerdo que me cubrió con una sábana, porque había quedado desnuda del torso para arriba. La remera que tenía era de nylon y se consumió con el fuego dejando pelotitas que se pegaban a mi piel. Yo intentaba sacarlas porque me parecía que me dolía más si las tenía, y cada vez que sacaba una, esta salía con un pedazo de piel”. 

 

Esa señora fue la que la llevó hasta el hospital, lugar que Allayme había dejado no hacía más de media hora. En el lugar, al principio, no la reconocieron por el estado en el que estaba. “Los médicos, todo el personal vino a verme y trataban de ayudarme, pero eran tan graves las heridas que me trasladaron de urgencia al Hospital Lagomaggiore de Mendoza, directamente a terapia intensiva”, dijo.

 

El fuego le quemó el cuello, los brazos, las manos, parte de la espalda y el abdomen. Marcas con las que vivirá el resto de su vida.

 

 

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