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Verónica Povse: vóley por tradición y pasión

La puntana heredó el deporte de sus abuelos, eslovenos. Jugó en la Selección Argentina, fue campeona de la Liga Nacional con Lafinur, pasó por Obras Sanitarias y hoy está en el Verde. 

Por Analía Carrara
| 08 de junio de 2019
Con la técnica intacta. Vero compite en la liga de maxivóley sanluiseña. Volvió a la cancha hace cuatro años después de estar quince alejada de las redes. Foto:

Durante el primer tercio del siglo XX, un grupo de eslovenos refugiados en un campo de Italia intentaba pasar las horas jugando al vóley. Entre ellos estaban los Pekolj, abuelos maternos de Verónica Povse. Desde entonces este deporte es una tradición, casi un mandato, familiar. María Magdalena Pekolj lo practicó desde pequeña en el Colegio San Luis Gonzaga y envió a sus seis hijos a aprenderlo. 

 

Verónica, la mayor y nacida en San Luis, llegó muy lejos. Fue campeona con Lafinur de la Liga Nacional 1992-1993, jugó en Obras Sanitarias de San Juan gran parte de su carrera. Pasó por Universidad Nacional de San Juan y se calzó la camiseta de la Selección Argentina a los 17 años. 

 

 

 

Después de los 20 se concentró en la facultad. Estudió y se graduó de bioquímica en la Universidad Nacional de San Luis (UNSL). Durante ese tiempo defendió los colores de la UNSL en competencias universitarias. Un día frenó la pelota y se alejó de las redes por 15 años. Eligió dedicar su tiempo al trabajo, la familia y sus hijas Tiziana (18) y Caterina (16). 

 

Pero volvió a la cancha. Hoy, a los 44, representa a Estudiantes en el torneo de maxivóley local. Cuesta creerlo, pero lo suyo no fue un amor a primera vista. “A mí me mandaron a jugar al vóley. Al principio no me gustaba hasta que mis amigas del colegio (Aleluya) empezaron y ahí me enganché. Pero no soy de las que empezó a jugar a los 6 años. Arranqué a los 13. Después me fui enganchando. Con mis hermanos fuimos todos al club Lafinur”, contó Vero, como la conocen todos. 

 

 

 

De aquel histórico equipo, que ganó tres veces la Liga Nacional, dirigido por Ricardo Becerra aún recuerda los inicios. La previa a la gloria. 
“La historia empezó en 1990. Todas teníamos 16 años, excepto Miriam Medina que tenía unos 20. Con Lafinur empezamos a jugar la Liga y nos dirigía Mario Suárez, quien fue para mí la persona que dio el puntapié inicial. En la fase regional, con Mendoza y San Juan, no clasificamos. Pero me llamaron para reforzar Obras de San Juan. Terminé jugando esa liga en Obras y ahí me llamaron para ir a la Selección Argentina”, revivió. 

 

—¿Vivías en San Luis? ¿Cómo hacías?
—Si vivía acá. Iba a la secundaria. Viajaba a San Juan los viernes al mediodía, jugaba los fines de semana y volvía los domingos a la noche. Lo hacía porque me encantaba. 

 

—De Lafinur campeón, ¿qué recordás?
—Yo jugué el primer torneo (92-93). Cuando estaba en la selección me convocaron. Trajeron cinco jugadoras de afuera y completaron con chicas de San Luis. Al año siguiente vinieron más jugadoras de afuera. Y yo volví a Obras para competir en la liga B.

 

 

 

—¿Qué te acordás de la selección?
—Fue en el '92, un año muy intenso. Viajaba a Buenos Aires por 4 semanas y volvía una a San Luis. Encima era el último año del secundario. El colegio siempre me apoyó. Me comprimían todo y en una semana me ponía al día. Estuve de gira un mes por Brasil. También 40 días por Europa: Checoslovaquia, Italia, Alemania. Teníamos el Sudamericano en Bolivia que fue el cierre. Ese era nuestro objetivo. Fue en Oruro, salimos segundas y perdimos la final con Brasil. 

 

 

 

—¿Seguís en contacto?
—Sí. El técnico era Guillermo Orduna. A Ivana Müller la conocí ahí. Ella después jugó en Lafinur, pero yo ya no estaba. Igual ella vivía prácticamente en mi casa. Nosotros somos seis hermanos y era una más. Hasta el día hoy es una hermana más, ahora está en Paraná (es de ahí). “La Rusa” es de esa gente que te queda para toda la vida.

 

—¿Por qué volviste a jugar después de 15 años?
—Volví hace cuatro años. Muchas chicas me invitaban antes, pero yo estaba medio reacia para organizarme y ver. Lo que me convenció fue que en Aseba el entrenador era Jorge Quiroga. Yo lo conocía de la universidad y le tenía confianza que me iba a tener paciencia. Y la tuvo. Me contuvo tanto en la parte técnica como en la psicológica, porque el cuerpo no te da para lo mismo. Y él me ayudó a aceptar las limitaciones que tenía. Después me uní a este grupo (Estudiantes, ex Indyca) que viene junto desde hace mucho.

 

—¿Tus hijas hacen deporte?
—A las dos las llevé a jugar al vóley a todos los clubes que había en San Luis, pero duraban poco tiempo. Tenían condiciones, pero no se entusiasmaron. La más chica es fanática del hockey. Juega desde los 6 años en La Torre. Ahora tiene 16, su equipo es su vida.

 

—¿Qué es el vóley en tu vida?
—En la adolescencia fue todo para mí. Dejé hasta la fiesta de egresados porque tenía un partido en Mar del Plata con Lafinur. Y hoy el vóley es casi un renacer.
Verónica Povse cambió hace mucho tiempo sus horas en el laboratorio para dar clases de Biología y Química en el Colegio Santa María, donde encontró su “lugar en el mundo”. Alterna la docencia con las tareas de la casa, las prácticas en Estudiantes, los partidos de la liga local y el entrenamiento funcional en un gimnasio. “Siempre pongo el cien por ciento en todo lo que hago. En el deporte, en el trabajo. De lo contrario no lo hago”, aseguró. Se le nota. Intensa, perfeccionista y apasionada, la puntana, descendiente de eslovenos, hizo de una tradición familiar gran parte de su vida. Estuvo en la elite del vóley y aún salta para rematar aquella pelota que un día sus abuelos lanzaron al cielo en Italia.  
 

 

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