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Ya son 25 los niños y jóvenes inscriptos en equinoterapia

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Ya son 25 los niños y jóvenes inscriptos en equinoterapia

Cada alumno va una hora por semana. Junto con los caballos, tratan diversas discapacidades.

Me encanta venir y estar con los caballos. Me hacen sentir re bien", contó Agustina, una de las 25 jóvenes inscriptas en el primer centro de equinoterapia de la ciudad. La escuela funciona en el corazón del Parque La Pedrera y hace un mes abrió sus puertas para recibir a grandes y chicos con distintas discapacidades.

Tan solo cuatro semanas después del corte de cintas oficial, muchas familias se acercaron a conocer el establecimiento que está sobre el sector oeste del parque, junto a la Policía Caballeriza (Ver página 9); ambos edificios forman parte del sector equino. Agustina Rimondi, una de las especialistas que forma parte del equipo interdisciplinario del centro, contó que si bien hasta el momento hay 25 inscriptos, algunos de ellos aún no arrancaron las clases debido a que deben completar su registro. En esta instancia, los tutores deben acercar un informe médico, fotocopia del Certificado de Discapacidad, fotocopia del DNI y firmar el documento de consentimiento.

Para quienes comenzaron, las actividades arrancan bien temprano. Cada alumno va una hora por semana. Las puertas del centro abren a las 8, y media hora después, los primeros en llegar pasan al salón principal donde aprenden la parte teórica. A través de dibujos reconocen los diversos elementos que deben utilizar para higienizar al caballo, ya que ese es el primer contacto que tomarán con el animal.

Una vez que pasaron esa etapa, sigue el trabajo en tierra, es decir, en el establo. Adriana Manzur, otra de las especialistas, contó que esta actividad dura unos 15 minutos y consiste en "acicalar al caballo, limpiarlo, pasarle el cepillo. De todas maneras eso depende de la discapacidad del jinete o la amazona".

Manzur añadió que luego sigue la monta. "Esta fase dura un poco más, serán entre veinte y veinticinco minutos. Y se les enseña a colocarle el estribo, la manta y la silla", explicó. Después viene la hora de subir. Para que los chicos y chicas puedan hacerlo con mayor facilidad, hay una rampa que los ayuda a tomar impulso. Manzur sostuvo que siempre se tiene en cuenta la discapacidad de la persona, por eso antes de ir directo a la monta recorren el establo, donde hay pistas con obstáculos. "Primero caminan, después hacen ejercicios, hay algunos objetos para que tengan un poco de dificultad la actividad, como tambores, pasar por una valla, hacer el recorrido en zigzag", detalló.

El último momento de la clase es el que denominan "la vuelta a la calma", en la que los jinetes y las amazonas le hacen un "mimo" a su compañero de cuatro patas: le dan una zanahoria y se despiden.

"Si bien el procedimiento es similar para cada uno de los chicos, el avance va a depender de sus posibilidades. Algunos quizá puedan pasar a la monta mucho antes que otros compañeros. Se va respetando el ritmo de cada uno", destacó Rimondi.

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Ya son 25 los niños y jóvenes inscriptos en equinoterapia

Cada alumno va una hora por semana. Junto con los caballos, tratan diversas discapacidades.

Amigos y acompañantes. Los caballos son el principal factor en las terapias, ayudan a los jinetes y amazonas a mejorar e interactuar. Foto: Juan Andrés Galli.

Me encanta venir y estar con los caballos. Me hacen sentir re bien", contó Agustina, una de las 25 jóvenes inscriptas en el primer centro de equinoterapia de la ciudad. La escuela funciona en el corazón del Parque La Pedrera y hace un mes abrió sus puertas para recibir a grandes y chicos con distintas discapacidades.

Tan solo cuatro semanas después del corte de cintas oficial, muchas familias se acercaron a conocer el establecimiento que está sobre el sector oeste del parque, junto a la Policía Caballeriza (Ver página 9); ambos edificios forman parte del sector equino. Agustina Rimondi, una de las especialistas que forma parte del equipo interdisciplinario del centro, contó que si bien hasta el momento hay 25 inscriptos, algunos de ellos aún no arrancaron las clases debido a que deben completar su registro. En esta instancia, los tutores deben acercar un informe médico, fotocopia del Certificado de Discapacidad, fotocopia del DNI y firmar el documento de consentimiento.

Para quienes comenzaron, las actividades arrancan bien temprano. Cada alumno va una hora por semana. Las puertas del centro abren a las 8, y media hora después, los primeros en llegar pasan al salón principal donde aprenden la parte teórica. A través de dibujos reconocen los diversos elementos que deben utilizar para higienizar al caballo, ya que ese es el primer contacto que tomarán con el animal.

Una vez que pasaron esa etapa, sigue el trabajo en tierra, es decir, en el establo. Adriana Manzur, otra de las especialistas, contó que esta actividad dura unos 15 minutos y consiste en "acicalar al caballo, limpiarlo, pasarle el cepillo. De todas maneras eso depende de la discapacidad del jinete o la amazona".

Manzur añadió que luego sigue la monta. "Esta fase dura un poco más, serán entre veinte y veinticinco minutos. Y se les enseña a colocarle el estribo, la manta y la silla", explicó. Después viene la hora de subir. Para que los chicos y chicas puedan hacerlo con mayor facilidad, hay una rampa que los ayuda a tomar impulso. Manzur sostuvo que siempre se tiene en cuenta la discapacidad de la persona, por eso antes de ir directo a la monta recorren el establo, donde hay pistas con obstáculos. "Primero caminan, después hacen ejercicios, hay algunos objetos para que tengan un poco de dificultad la actividad, como tambores, pasar por una valla, hacer el recorrido en zigzag", detalló.

El último momento de la clase es el que denominan "la vuelta a la calma", en la que los jinetes y las amazonas le hacen un "mimo" a su compañero de cuatro patas: le dan una zanahoria y se despiden.

"Si bien el procedimiento es similar para cada uno de los chicos, el avance va a depender de sus posibilidades. Algunos quizá puedan pasar a la monta mucho antes que otros compañeros. Se va respetando el ritmo de cada uno", destacó Rimondi.

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