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Mandan a la cárcel a padre e hijo por un intento de asesinato

Los procesaron por "Homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego en grado de tentativa".

Por redacción
| 30 de octubre de 2020
Rivalidad entre grupos. Ese es, según el juez, el contexto general del hecho por el que los Valenzuela fueron presos. Fotos: Martín Gómez.

Desde la tarde de este jueves, Julio César Valenzuela y su hijo, Ismael Valentín Valenzuela, comparten encierro, ahora en el Servicio Penitenciario Provincial. El juez Penal 2 de San Luis, Ariel Parrillis, los procesó con prisión preventiva por “Homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego en grado de tentativa”, según confirmó el propio magistrado. Padre e hijo fueron detenidos por haber lesionado a Néstor Javier Quiroga, un vecino del barrio 500 Viviendas Norte, la madrugada del domingo 18 de octubre.

 

Según la reconstrucción que el magistrado ha podido realizar con base en la pesquisa que llevó adelante el personal de la Comisaría 38ª con la colaboración del Departamento Homicidios, entre las 2:30 y las 3:30 de ese domingo hubo un altercado entre vecinos. Fue en inmediaciones a la esquina de la manzana 101, frente a la casa 14.

 

Quiroga y sus dos hijos fueron al encuentro de las personas que les habían apedreado la casa, ubicada en la manzana 134 del mismo barrio. Cuando Quiroga se dirigía a un grupo integrado por aproximadamente cinco personas, entre las que estaban los Valenzuela, recibió un disparo de arma de fuego. Estaba a unos 20 metros de distancia. Según los testigos, Ismael efectuó tiros en dirección a quienes estaban con el damnificado, y este resultó herido.

 

En la resolución, el juez mencionó el informe médico. El especialista detalló que el orificio de entrada del proyectil estaba “entre el cuarto y el quinto espacio intercostal”, que no hubo orificio de salida y que el hombre sufrió una “lesión perforante transfixiante de ambos lóbulos pulmonares”.

 

Dado que la bala quedó en el cuerpo, se pudo recuperar: se estableció que era calibre 22. En el informe del médico forense, además, se refirió que la lesión puso en riesgo la vida del hombre, un aspecto que fue central al momento de calificar el hecho como una tentativa de homicidio.

 

 

 

Cuando Quiroga se dio cuenta que había sido baleado, se presionó el pecho y caminó en dirección a su casa. Al llegar al descampado que está al lado de la comisaría, se desvaneció y fue auxiliado por su esposa. La mujer gritaba que le habían pegado un tiro. Un vecino sacó su auto, en el que llevó al herido al hospital, donde lo asistieron y operaron.

 

Por orden del juez, se practicaron varios allanamientos. Como resultado de esas medidas, la Policía logró secuestrar armas de fuego, que fueron sometidas a pericias. Se logró determinar que dos de ellas habían sido accionadas recientemente. Una es un revólver calibre 22, es decir, compatible con la bala que le sacaron a la víctima.

 

Según lo que explicó el juez, “lo determinante es que en esa zona (de la ciudad) hay un grave problema de rivalidades entre grupos de distintas licitaciones, y eso es lo que ha llevado a que se generen diferentes episodios en ese lugar, que son sumamente violentos y adquieren mayor intensidad”.

 

Por lo que ha podido establecerse, estos grupos operan por licitación. Van adueñándose de los territorios públicos, de los lugares de tránsito compartido. Entonces, el ingreso de alguien ajeno —de otro sector del barrio— pude acarrear enfrentamientos o ataques. Las declaraciones tomadas en esta causa han dado la pauta de estos conflictos, e inclusive de uno reciente, que precedió a la muerte de un joven motociclista de apellido Arias.

 

Ese hecho ocurrió la madrugada del 4 de octubre. Inicialmente se presumió que había perdido el control de su moto por un golpe recibido, pero después se determinó que se cayó solo, sin que hubiera intervención de terceros. Pero la duda se presentó porque minutos antes había tenido un altercado con otros jóvenes de la zona.

 

 

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