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A los 64 años, Lucía se recibió de licenciada en Trabajo Social

Comenzó la carrera en los '90 y rindió su última materia la semana pasada. En estos casi treinta años dejó y volvió varias veces, sorteó obstáculos y finalmente terminó la licenciatura.

Por redacción
| 22 de noviembre de 2020
Ejemplo de perseverancia. Sorteó obstáculos de salud y laborales, pero la luchó y tuvo su festejo sorpresa.

“Tarda en llegar y al final hay recompensa", dice la canción "Zona de promesas", de Gustavo Cerati. La frase puede aplicarse a la historia de Lucía Bello Quevedo, sin dudas. A sus 64 años rindió la última materia de la licenciatura en Trabajo Social en la Universidad Nacional de San Luis (UNSL), una carrera que comenzó a cursar en 1991 y que por diversas razones dejó y retomó en varias oportunidades hasta que logró cerrar el círculo. Para llegar a la meta tuvo que sortear diversos obstáculos que si bien por momentos la hicieron pensar en tirar la toalla, la impulsaron a concluir con esta etapa de su vida.

 

Su trayecto universitario comenzó hace casi treinta años, cuando sus cuatro hijos eran pequeños. Motivada por una experiencia que tuvo en su niñez, decidió adentrarse en la experiencia académica. Pero en una entrevista telefónica con El Diario de la República aseguró que su pasión por ayudar al prójimo nació mucho antes.

 

"¿Por qué elegí la carrera? Por la vida misma. El recuerdo de una asistente social que conocí cuando tenía cinco años fue clave. Ella me dio un significado en la vida, me hizo sentir útil y desde entonces siempre dije que iba a ir por ahí. Sinceramente no me importaba mucho el título, lo hice más bien para adquirir saberes que me iban a permitir tratar con niños y madres, que era lo que más me motivaba. Obtener nuevos conocimientos me ayudó en ese sentido y me permitió poder abordar situaciones de diferentes formas. Sobre todo me interesaba poder brindarles una ayuda certera a quienes lo necesitaban, guiarlos hasta otras personas que les pudieran dar una contención segura", señaló.

 

 

 Su esposo, sus cuatro hijos, sus siete nietos y su bisnieta la agasajaron luego de rendir.

 

 

 

La mujer pasó por diferentes etapas mientras cursaba. En el medio tuvo que dejar varias veces. Vivió altibajos que la afectaron especialmente en su salud: atravesó una tuberculosis renal que le dejó secuelas y uno de sus cuatro hijos tuvo cáncer. Además, era el sostén de su familia y en reiteradas oportunidades tuvo que anteponer su trabajo para poder criarlos. "Los primeros tres años fueron llevaderos, pero hubo períodos en los que sentí que ya no podía", dijo.

 

 

Tuvo tuberculosis renal y hace poco ella y su esposo padecieron el coronavirus.

 

No fue hasta hace dos años que, luego de tomar coraje y de que sus familiares y amigos la motivaran, decidió volver. Y fue justamente ese espíritu solidario que la caracteriza lo que la hizo retomar el estudio. "Había un grupo de jóvenes que debían algunas materias y comenzaron a juntar firmas para solicitar una mesa. Yo me sumé para darles una mano y así juntar más adhesiones, y empezaron a preguntarme por qué no volvía o decirme 'dale, que vos podés'. Yo al principio no quería, no me animaba, no tenía ninguna intención de hacerlo porque ya era grande, pero de pronto me vi estudiando de nuevo", recordó.

 

Lucía aún mantiene contacto con los compañeros y las compañeras que cosechó en los '90 y con quienes compartió en esta última etapa universitaria.

 

Aunque recibir el título le genera satisfacción, remarcó e insistió que no le fue fácil. En las últimas semanas ella y su esposo, Rafael, tuvieron coronavirus. También tuvo que sortear la virtualidad, una modalidad que le resultó muy difícil. "Fue una experiencia muy estresante. Para un adulto, que no tiene tanto manejo de las redes como lo tiene un joven, se le hace muy difícil porque no manejás los tiempos y la visión necesarios, incluso tenés que tener cierta postura, colocarte a cierta distancia, etcétera", manifestó.

 

Bello es reservada. Incluso confesó que, si no fuera porque su familia la sorprendió con el tradicional festejo que les suelen organizar a los egresados y egresadas, no hubiese contado nada hasta último momento. "Con un familión así es muy difícil guardar un secreto", dijo entre risas y continuó: "Tener el título no fue un motor para mí, no me saca y no quiero que me saque de esa simplicidad de la vida. A mí me interesa la persona que está al lado y poder ayudarla si necesita algo. Pero sí es cierto que la adquisición de saberes me sirvió para entender cómo viabilizar los casos", sostuvo.

 

Aun así se mostró muy contenta y agradeció a su compañero de vida, a sus hijos, sus siete nietos y a su bisnieta por el cariño y el apoyo. También a Dios, que es uno de sus protectores, como ella lo define.

 

A un mes de cumplir 65 años, Lucía aseveró que su objetivo es seguir disfrutando de sus seres queridos, acompañar a Rafael y quizás volver a estudiar. "Ahora me quiero dedicar a estar con mis nietos, enseñarles a cantar, a jugar y a orar. Es decir, si puedo hacer otra cosa, lo haré, pero será algo corto. No me voy a negar, pero no es una meta que tenga en este momento", destacó.

 

Finalizar la licenciatura fue una experiencia de vida que le dejó varios sabores pero sobre todo es un recordatorio de que se mantuvo firme (por momentos más, por momentos menos) a su decisión. "Traté de que la adversidad no influya en demasía, que no me corte el camino y oré mucho", describió. Por eso, motivó a los jóvenes y a quienes decidan comenzar a estudiar. "El momento es ahora", reflexionó.

 

 

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