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La brucelosis se combate por diferentes caminos

Las políticas de San Luis y Mendoza son distintas. Aquí optaron por detectar mediante sangrados y extraer los positivos, y en la provincia vecina hay vacunación sistemática.

Por Marcelo Dettoni
| 22 de noviembre de 2020
San Luis tiene una muy baja prevalencia como para arriesgarse con una vacuna que, mal aplicada, puede resultar zoonótica.

En un país federal como el nuestro, las políticas sanitarias en cuanto al combate de las principales enfermedades zoonóticas, que son aquellas que se transmiten de los animales al hombre por lo que tienen incidencia en la salud pública, las determina cada provincia, con una supervisión por encima de parte del Servicio Nacional de Sanidad Animal (Senasa).

 

Así, cada una puede elegir de acuerdo a su infraestructura, el clima, la situación geográfica, el volumen de producción de animales e incluso la convicción de los gobernantes de turno, aunque siempre es bueno tener una continuidad, más allá de los colores políticos o la situación económica.

 

Toda esta introducción viene a cuento de las diferencias marcadas que exhiben Mendoza y San Luis respecto de una patología clave como es la brucelosis, que puede llegar a traer serias complicaciones si se dispara un foco entre la población, por sus consecuencias directas en la salud. Y más precisamente el tema en cuestión es la brucelosis caprina en dos provincias que tienen aproximadamente la misma cantidad de cabezas y además una ligazón geográfica incuestionable.

 

Mientras Mendoza apela desde hace años a la vacunación sistemática de sus majadas, San Luis optó siempre por la detección temprana de la enfermedad a través de los sangrados y la eliminación de los casos positivos, que van a faena. Y además con un beneficio extra para los pequeños criadores, ya que la provincia les repone los animales enfermos por otros de mejor genética, para que pueda elevar sus índices productivos.

 

 

 

 Los técnicos del Ministerio de Producción visitan a los pequeños productores caprinos para hacer sangrados y analizar, en busca de brucelosis, en el Laboratorio del Campo.

 

 

 

"La vacuna contra la brucelosis no es sencilla de aplicar, porque consiste en poner gotitas en los ojos de los animales, lo que conlleva un riesgo grande para los aplicadores, que se pueden contagiar la brucelosis y luego llevarla a su núcleo familiar y de cercanía. Es una vacuna que mal aplicada puede considerarse zoonótica", contó una fuente del Ministerio de Producción de San Luis para explicar por qué la provincia siempre fue reacia a usar este sistema.

 

Pero tampoco es cuestión de centrarse solo en esa cuestión práctica, porque de última se podría capacitar a los vacunadores, tomar todas las precauciones y aplicar, si la situación fuera apremiante en cuanto a la diseminación de la enfermedad. "Se necesita mucha infraestructura y una cantidad de dinero importante, que en la realidad de San Luis es innecesario", agregó el funcionario consultado por la revista El Campo.

 

Pasa que San Luis tiene una muy baja prevalencia de la brucelosis en sus majadas. En algunos casos es directamente cero, y en otros apenas del 0,05. "Se considera bajo cualquier número menor a uno, así que estamos muy bien. Incluso venimos peleando para que Senasa certifique a San Luis como libre de brucelosis, aunque sea algunos departamentos como San Martín, donde venimos trabajando con éxito desde hace varios años", adelantó la fuente de la cartera que conduce Juan Lavandeira, quien prefirió no dar su nombre "para evitar cualquier rispidez con Mendoza. Cada uno elige su camino, el nuestro es el de no vacunar".

 

Otros inconvenientes que los expertos puntanos le ven a la vacuna es que si se aplica en animales preñados, produce abortos. Entonces hay que ver muy bien la época en la que se puede desarrollar una campaña, y además dificulta todo que aquí no hay servicios estacionados, por lo que las cabras pueden estar preñadas en cualquier época del año, agregando otra complicación.

 

 

El caso mendocino

 

En la provincia vecina, según el Departamento de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública, los datos indican que entre 2000 y 2006 se registraron entre 39 y 100 casos de brucelosis humana por año, mientras que entre 2007 y 2017, período que coincidió con la vacunación de caprinos, la cifra fue de entre 19 y 40 casos por año.

 

Los investigadores promovieron el desarrollo de un programa basado en la vacunación y revacunación –año por medio– de todas las cabras y cabrillonas con la vacuna Brucella melitensis REV I, que se aplicó en la conjuntiva ocular, durante una década.

 

Cumplidos los 10 primeros años de vacunación, se realizó un muestreo serológico de caprinos en 42 puestos elegidos estratégicamente y que ya habían sido analizados en la década anterior. Se obtuvieron muestras de 793 cabras adultas y 361 cabrillas. Los resultados mostraron una reducción de la prevalencia promedio del 69% en cabras adultas y una presencia ínfima de la enfermedad en cabrillas: solo una (el 0.1 %) resultó positiva.

 

Un relevamiento territorial buscó en el territorio mendocino estimar la prevalencia serológica y conocer la distribución de la brucelosis caprina en cada departamento. De los 566 puestos muestreados en toda la provincia, 159 (28.1%) fueron positivos. Por su parte, de las 8.377 muestras analizadas, 477 (5.7%) resultaron que tenían brucelosis.

 

“El estudio también indica que las prevalencias entre predios positivos fueron muy variables, desde puestos con el 6% de animales infectados hasta puestos con el 80%. Y que hubo variaciones de las prevalencias a nivel animal entre los departamentos provinciales en un rango del 3 al 9,4%”, explicó Sergio Rivero, de la Comisión Provincial de Sanidad Animal Mendoza.

 

En la Argentina, la distribución de la brucelosis caprina es heterogénea. Con altas prevalencias, se encuentran Mendoza, sur de San Juan, este de Salta, oeste de Formosa y algunos departamentos de La Rioja y Catamarca; mientras que en San Luis, Córdoba, Tucumán, Santiago del Estero y el oeste de Chaco son áreas con prevalencias bajas.

 

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