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La investigación también tiene su reconocimiento

Este año las distinciones de El Diario de la Republica fueron para un grupo de ingenieros agrónomos del INTA y de las universidades puntanas por un manual geográfico y para científicos de la UNSL.

Por Marcelo Dettoni
| 27 de diciembre de 2020
El Diario distinguió a un grupo de especialistas del INTA y de universidades untanas que confeccionaron un manual sobre el cuidado de suelos. Foto: El Diario.

El proceso de tecnificación del campo es imparable. Todos los días se conocen investigaciones que mejoran la calidad de la producción, que están atentas a los cuidados ambientales y que permiten tener cada vez más alimentos sin atentar contra la salud pública y tampoco contra los medios que permiten conseguir esas materias primas, como lo es por ejemplo el suelo del que surgen los cultivos y al que hay que preservar en regiones difíciles como el semiárido.

 

Por eso este año los Destacados de El Diario de la República en el ámbito de la revista El Campo fueron a manos de científicos, gente que trabajó durante años para conseguir avances que va a disfrutar toda la humanidad, aunque sea de manera indirecta.

 

Unos haciendo trabajo de campo, hundiendo los pies en la tierra y adentrándose en los montes puntanos para formular una guía que sea de utilidad para los productores agropecuarios. Y otros, no menos importantes, dedicando horas a la investigación en un laboratorio, con pequeños avances diarios que luego se traducirán en logros concretos. El resultado es el mismo: más orgullo para San Luis por la capacidad de sus especialistas  y enormes posibilidades de mejorar la producción, bajando costos y manteniendo el equilibrio ecológico, como reclaman las sociedades modernas, que ya no se conforman con el producto final, también le importan los medios para conseguirlo. Caso contrario, cada vez tendrán menos mercado donde colocar sus mercaderías.

 

 

Químico. Matías Funes con el diploma que recibió en nombre del equipo de la UNSL. Foto: Nicolás Varvara.

 

 

Uno de los diplomas fue a manos de un equipo interdisciplinario que además deja en claro que se puede trabajar en conjunto entre las distintas universidades, que son las usinas de conocimiento de las cuales luego surgen las mejoras en la producción. Juan Cruz y Emiliano Colazo, Juan de Dios Herrero, Claudio Sáenz, Diego Celdrán, Mario Funes, Oscar Terenti y Osvaldo Barbosa participaron junto con colegas de todo el país de un manual de conservación de suelos y uso de agua en secano, lo que les valió una distinción de la Junta directiva de la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos (GAEA).

 

La mayoría de ellos trabaja en la estación experimental del INTA San Luis, salvo Barbosa, que es profesor titular en el departamento de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL) y Emiliano Colazo, que forma parte del plantel de la Universidad Nacional de los Comechingones (UNLC). Un trabajo en equipo digno de destacar, ya que todos pusieron su conocimiento al servicio de una causa superior: brindar herramientas para que los productores sepan cuidar los frágiles suelos puntanos.

 

“Con Osvaldo (por Barbosa) venimos trabajando juntos desde 2008. Yo también soy docente de la UNSL, además de investigador del INTA. Y con el resto de las casas de estudio que tienen sede en la provincia también tenemos muy buena relación. Acá en San Luis los grupos que trabajamos en cuestiones ambientales nos conocemos, hay buenos referentes y articuladores”, reconoce Juan Cruz Colazo, quien visitó la redacción de la revista El Campo junto con Barbosa para recibir el diploma de los Destacados 2020 en una ceremonia distinta, producto de las restricciones que impuso la pandemia de COVID-19, lo que obligó a guardar distancias y no poder hacer el tradicional encuentro en un teatro, donde todos los premiados pueden compartir una jornada de intercambio y relaciones sociales.

 

 

Es tan importante hundir los pies en la tierra o atravesar un monte como investigar a través de un microscopio. Todo aporta al saber rural.

 

Colazo asegura que “fue una sorpresa grande y una satisfacción enterarnos que El Diario nos había destacado, pero sobre todo pensando en el año que nos tocó vivir, en los problemas que trajo la pandemia. No me hubiera imaginado en la lista de los Destacados. Siempre aporta salir en la revista El Campo, en el diario. Son los referentes para la divulgación científica entre la gente que no está tan al tanto de estos temas. Es una vidriera muy importante para que  podamos vincularnos con los actores que están en el territorio”. Barbosa agregó que el trabajo en equipo ya venía de varios años atrás: “Habíamos participado en proyectos premiados, incluso a nivel internacional. Pero este cerraba todo el círculo, porque en los trabajos anteriores se planteaban los problemas, en cambio este buscó soluciones”.

 

 

En nombre del suelo. Juan Cruz Colazo y Osvaldo Barbosa, defensores del ambiente.

 

 

El especialista dijo que el manual que confeccionaron “es un aporte científico importante, porque la parte técnica estaba desde hace muchos años, pero siempre creímos que había que ponerla en práctica. Los productores no tienen en claro qué técnicas hay que llevar a cabo y este manual llegó para brindarle esas herramientas y bien actualizadas”.

 

El manual habla de los suelos y justamente ellos son el motivo de desvelo, tanto de Colazo como de Barbosa. “Estamos preocupados por los suelos de San Luis, por las voladuras. Son suelos frágiles, dependientes de las condiciones y del año. Este año volvimos a trabajar en la Comisión Provincial de Suelos y sabemos que se necesita una legislación acorde, además de los manuales”, explicó el técnico del INTA.

 

Barbosa tiene sus dudas sobre los procedimientos que se usan en la actualidad. “No sé si el productor en general cuida los suelos. Puede ser que los de avanzada estén más atentos porque saben que si no pagan un precio a futuro, pero el resto no tiene idea de cómo es la problemática de la degradación, de la facilidad con la que se pierde estructura y materia orgánica, además de fertilidad. Ahí empiezan los problemas. Al quedar más frágiles estructuralmente, luego se degradan rápido. Para recuperarlos hay que hacer rotaciones, pensar en cuestiones mixtas. El agua no es eterna, hay años que va a llover y es un problemón y los años secos también son un problemón. Lo mejor es agricultura junto con ganadería, una explotación mixta”.

 

 

Desde que salió la nota en la revista El Campo recibimos un par de llamados de Chile y de Canadá de empresas interesadas en invertir. Matías Funes.

 

El maní es todo un tema en San Luis, porque se lo mira con recelo debido a la técnica de arrancado que incluye la cosecha, lo que deja los suelos expuestos a voladuras por erosión eólica. Colazo dice que “hay que respetar al maní, no temerle, tampoco a la soja. Yo a lo que le temo es al negociado, a aquel que no siente amor por la tierra, que no es productor. El maní es importante para la región, pero por las características de San Luis tenemos que regularlo. En este manual están las tecnologías que deben usarse, estamos haciendo ensayos para que la legislación tenga sustento científico”.

 

 

Equipo completo. Los investigadores de la UNSL en su hábitat natural, el laboratorio donde dieron forma al proyecto destacado.

 

 

Según Barbosa, “el monocultivo de maní no es tan malo como el de soja. Queda más cubierto el suelo, no se degrada el residuo como pasa con la oleaginosa. Eso sí, hay que cuidar que en los años secos no se vuele. Hay que pensar primero en la estructura del suelo, ver internamente qué está pasando. Si manejás la estructura, después podés manejar el suelo sin problemas”.

 

Finalmente, como son dos apasionados de su trabajo, dejaron una advertencia final para los productores. “Ojo con la cobertura de invierno, sobre todo en años secos. Es fácil cuando hay agua, pero cuando falta, como en 2020, la cobertura no va a andar. Además están los tiempos del productor, siempre apretados. A veces siembra muy tarde, he visto coberturas recién en agosto, no sirven. Pero a  la vez si las haces temprano, significa que los cultivos de verano deben terminar antes. Es un problema, hay que estar muy atentos. Es mejor tenerlas, pero no siempre se van a dar. Este año por ejemplo fue mortífero”.

 

 

 

El aspecto de los vegetales

 

El otro diploma de los Destacados 2020 del campo fue también para un colectivo científico de la UNSL que formuló un sensibilizador que cuando entra en contacto con la luz, tanto solar como de una lámpara, genera un reactivo en el oxígeno y elimina los microorganismos. Así, las frutas y verduras logran mantener su aspecto saludable por más tiempo, lo que podría brindar enormes soluciones en materia de comercialización.

 

El que se acercó hasta El Diario en representación de sus colegas fue Matías Funes, el conductor del proyecto, un doctor en Química que vive en San Luis desde 2012. Todavía no puede creer lo que generó la publicación del hallazgo en la revista El Campo. “Tuvo mucha repercusión nacional la nota, incluso también internacional, recibimos un llamado desde Chile que nos puede abrir una puerta importante. Se trata de la empresa Hortifrut, que es una firma muy importante en ese país. Pero no fue la única, también se contactaron otras empresas con vínculos con Canadá, que procesan 2.000 toneladas de frutos al año. Estuvimos en contacto para lo que sigue, que es el desarrollo del proyecto. La pandemia nos ha dejado bastante parados, pero estamos contentos con la repercusión y las chances que se abren de ahora en más”, reconoció.

 

 

En el campo. Para confeccionar el manual de suelos reunieron muchas muestras.

 

 

Funes asegura que “son investigaciones que llevan años de proceso. Desde que llegué a San Luis, siempre trabajé con productos naturales, con plantas que se obtienen acá, no autóctonas, sino que se introdujeron hace años y se pueden hacer aportes a partir de ellas. Es una forma de darle valor agregado a la flora local”.

 

El científico destaca al equipo que se armó en la UNSL, del que también forman parte los doctores Elisa Petenatti, Luis Del Vitto y Ana María Pedernera; el farmacéutico Marcos Pascuali, la alumna de la Licenciatura en Ciencia y Tecnología de Alimentos, Agostina Riccardo; y el responsable de la comunicación institucional, Fernando Saad.

 

Sobre lo que viene, dijo que están “tratando de lograr volumen, pero se necesita un capital importante. Sabemos cómo hacerlo, ahora buscamos una empresa adoptante y cuando vaya a Chile tengo expectativas de lograrlo. Se enteraron por el diario y la agencia de noticias de la universidad. La nota del diario, sobre todo, fue un lanzamiento espectacular”.

 

 

No sé si en general el productor cuida los suelos, puede ser que lo hagan las empresas de avanzada, pero en general no tienen idea. Juan Cruz Colazo.

 

La pandemia los detuvo, pero no será por mucho tiempo. “Hay que esperar que pase, pero al menos fueron ocho meses para estudiar y planificar. Cuando se pueda viajar, nos sentaremos con estas empresas a ver qué nos proponen. En San Luis hay una explosión hortícola y eso ayuda, lo mismo que haya gente que esté produciendo cosas, porque vamos hacia una alimentación más saludable. Lo que no debemos hacer es temerle a la química, el desarrollo de cuestiones químicas data de hace muchos años, sin ellas no se podría alimentar a tanta gente. Lo bueno es que con las nuevas tecnologías se puede optimizar el efecto de algunos compuestos que vienen de productos naturales. Es ir hacia atrás, pero con herramientas nuevas. Las expectativas son enormes”, cerró Funes.

 

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