Escuchá acá la 96.3
X

Un viajero del Cosmos

Alejandro Magdaleno

El cosmonauta ruso que visitó la provincia el año pasado cuenta todo lo relacionado a un viaje espacial: desde qué llevó hasta qué hacía en la nave.

Serguéi Revin jugaba al fútbol en su Moscú natal. Aquel rápido volante izquierdo dice haber sido un talento con la pelota en los pies. Nació en 1966 y poco a poco le daría paso a otros sueños. Hijo de un científico y de una especialista en comunicación, a los 15 años decidió que su camino estaría mucho más allá de una cancha de fútbol.

El cosmonauta ruso, que visitó San Luis en 2019, es una de las 600 personas en el mundo que viajaron al espacio. Durante los setenta y cinco minutos de la entrevista con Cooltura, con la medalla de honor que le entregó Vladimir Putin del lado del corazón de un impecable traje azul, Sergué no mostrará emociones al saber que de los 7.400 millones de habitantes de nuestro planeta, él fue el elegido 526 para viajar al espacio.

Voló en mayo de 2012 como ingeniero para la Expedición 31. Continuó en la estación espacial con la tripulación de la Expedición 32. Y regresó a Rusia el 17 de septiembre de 2012.

 

—¿Sus padres le inculcaron el amor por el espacio?

—Mi padre era un científico, terminó la universidad en Moscú, es químico. Estaba dedicándose a las investigaciones de la tierra lunar cuando yo era muy chiquito y cada tanto iba a su laboratorio, me interesaba mucho. Mi madre era técnica especialista en comunicación. Soy único hijo.

 

—Aquí muchos sueñan con ser jugador de fútbol profesional, ¿en Rusia usted soñaba con el espacio?

—Yo también jugaba y juego al fútbol, soy volante izquierdo y me dedicaba al atletismo. Me gusta correr, entonces corría siempre de un arco a otro arco, y le pego a la pelota con la zurda. Era un talentoso con la pelota, pero ni Maradona ni Messi.

 

 

Ante esa respuesta, Serguéi suelta la primera sonrisa de la charla. La segunda -y última- la guardará para el remate de la nota.

 

—¿Aún no abrazaba el espacio ese niño futbolista y atleta?

—Cuando era chico, en la escuela leía mucha ciencia ficción, entonces me gustaba mucho, pero no podía hacerlo siempre. Me gustaba jugar al fútbol, pero cuando veía un libro de los cielos, de otros mundos, dejaba todo y leía rapidito. De chiquito empezó el sueño y ya cuando tenía 15 años y en la escuela debía pensar en mi futura profesión, ya tenía que pensar en la universidad y me pregunté cómo hacerme cosmonauta. Después paso a paso me acerqué a cumplir este sueño de adolescencia.

 

—¿Por qué eligió ser cosmonauta?

—Me gustaba el tema de viajes a otros mundos, cuando era chico y ahora inclusive me gusta viajar por nuestro planeta, por la Tierra, ir a distintos lugares, ver cosas nuevas. Y aún más interesante es saber cómo son otros planetas. Pero entendí que solamente soñar y querer no es todo, hay que estudiar, desde el equipamiento técnico para hacerse un cosmonauta profesional hasta saber cómo está compuesta la nave espacial, eso para mí fue y es todavía más interesante.

 

—¿En su preparación, de 0 al 100, cuánto influye lo intelectual y cuánto lo físico y la toma de decisiones?

—Concentración 100 puntos. Por lo menos ese estado tenía yo. Y emoción 0. Emocionalmente estaba relajado, pero en cuanto a la atención, al control de sistemas a bordo, era 100 puntos. El pulso no cambió mucho porque tenemos mucho entrenamiento, nos preparamos por muchos años y psicológicamente estamos listos para esto.

 

—En ese viaje, ¿qué ven los ojos: lo que estudiaron o lo que nunca imaginaron?

—Nos entrenamos por muchos años y estudiamos muchos materiales. Antes de viajar vi todo el archivo y vi todos los videos, de adentro para afuera y de afuera para adentro de la estación. Vi todo antes de viajar, tenía formada la imagen en mi cabeza, la imagen de vuelo, de cómo es la vida en el espacio, el trabajo en la estación, cómo se ve la Tierra desde el espacio…

 

—¿Y cómo se ve la Tierra?

—Es maravillosa. Primero empezamos a velocidad cósmica, a volar por órbita de un rayo, mi silla estaba a la izquierda y tengo posibilidad de hacer un vistazo en la ventana, y es muy interesante ver la Tierra. La primera cosa que pensé era por qué estaba tan grande la Tierra cuando yo pensaba que era más chica. Era que todos los videos son hechos a una altitud de 400 kilómetros y nuestra nave llega primero a 200 kilómetros.

 

 

—¿Que llevó en el bolso?

—Tomamos una bolsita pequeña, se llama contenedor pero es una bolsa. No se puede llevar más de un kilo, es muy estricto. Puse cosas sencillas… unos dibujos de mi hijo, que en aquel entonces tenía 11 años y un obsequio. Antes de viajar al espacio tenía mucho interés en Australia, es un continente grande. Me fui a Australia con mi señora e hijo y la naturaleza y los animales son muy interesantes. Después de regresar quedó este interés, estuvimos por dos semanas allá y es poco para estudiar un continente tan gran de, entonces decidí estudiar más sobre Oceanía y para ir al espacio me tomé un mapa geográfico, un canguro pequeño, unos CDs con música aborigen australiana y un par de dibujos hechos por los aborígenes. Lamentablemente no estaba tan interesado en América del Sur en aquel entonces, sí tenía en mente conocerlo, continuamente pasamos sobre América del Sur, y posiblemente para la próxima lleve cosas de acá. Llevaría una miniatura de un venado (dice al mirar una bandera de San Luis que tiene a uno de sus costados).

 

—¿Existen nacionalidades en el espacio?

—Por un lado no, antes de viajar firmamos un documento que se llama el código de conducta de cosmonautas y astronautas a bordo de la estación espacial internacional. Nos prohíbe hablar de asuntos de nacionalidades, de razas, de relaciones entre mujeres y hombres, y de algunas cosas políticas.

 

—¿Cuál es la rutina?

—Es muy simple, igual a como pasa en la Tierra, la única diferencia es que estamos volando. Te levantas a las 7, haces tus cosas de higiene, desayunas, tienes comunicación con el centro de control en la Tierra para un reporte de que está todo bien y comenzamos nuestro trabajo. Antes nos envían un radiograma con el listado de trabajos a realizar para cada uno de los miembros de la tripulación. Volamos cada uno a su lugar, con el equipamiento y las herramientas y empezamos a hacer nuestro trabajo. Tenemos muchos experimentos médicos, hay muchos experimentos interesantes en biotecnología, en física y educativos. Así pasa la primera parte del día antes del almuerzo. Hacemos una pausa a las 11 y ejercicios físicos. Podemos correr en una pista especial en la que ponemos peso que no nos permita volar o usamos la bicicleta. También levantamos pesas. Después de los ejercicios físicos hay que limpiarse con toallas con un líquido especial que limpia todo. Después vas a almorzar, luego seguís con experimentos y obligatoriamente ejercicios físicos. Durante el vuelo regresamos con unos 50 experimentos.

 

—¿Y la ropa que usan dentro de la estación?

—La estación tiene una temperatura constante, alrededor de 23 grados, bastante confortable, usamos short, pantalón y remeras. Ropa común. Lo importante es tener bolsillos, todo está volando y si te olvidas una herramienta no sabes a dónde voló. Hay que poner todo en el bolsillo y cerrarlo, estas son peculiaridades en gravedad cero.

 

—¿Vio alguna posibilidad de vida extraterrestre?

—Sería interesante encontrar a alguien, comunicarse con alguien extraterrestre, pero no llega. Posiblemente no somos de interés para ellos. No hemos visto a nadie, a nada, no tuvimos sentido de que alguien esté presente, solo ver la manifestación de Dios en nuestra Tierra.

 

—¿Siente que existe la vida extraterrestre?

—Por un lado soy optimista, me gustaría ver. Pero soy realista y aún no hay.

 

—¿Argentina podría tener un enviado al espacio?

—En la estación, la participación de Argentina no está excluida. Creo que Argentina tiene potencial científico y podría participar de trabajos en la estación espacial.

 

—¿Piensa en el próximo vuelo? ¿Hacia dónde?

—Me gustaría volar otra vez a la estación y participar del vuelo a la Luna. Hay situaciones médicas a resolver y si los resuelvo tengo la oportunidad. Empezar a explorar la Luna en algunos sentidos sería interesante. Necesitamos hacer una base de la Tierra en la Luna.

 

—¿Qué mensaje le deja a los niños, pensando en aquel niño Serguéi?

—Desearía a todos los niños, pequeños y adolescentes, mujeres y varones, que tengan un deseo, que tengan un sueño, es muy importante tener tu sueño, inventar tu propio sueño. Se puede soñar con jugar en la Selección Argentina de Fútbol, se puede soñar con convertirse en el primer cosmonauta de Argentina, o realizarse en otras profesiones. Pero no limitarse en este deseo, solamente de soñar, después decidir seguir implementando su sueño, ser puntual en realizar el deseo y ponerse objetivos.

 

—¿Qué impresión le quedó de San Luis?

—Fue un placer recorrer la provincia, ver las montañas y conocer la gente. Son gente muy interesante y muy buena; quieren conocer cosas nuevas. Me gusta que les interese la exploración espacial. Tienen vistas muy lindas, como de la Luna, de Marte, vistas misteriosas. Estos paisajes también apoyan a cómo se crea la gente, es muy importante e interesante la Universidad de La Punta que está siempre apostando al futuro, haciendo las tecnologías más modernas, es muy importante para la gente de toda la Argentina. Esto que pasa acá crea una imagen de la provincia y del país. Próximamente surgirá todo como en California o mejor, desde el punto de vista de tecnología y desarrollo de ciencia. De todo corazón me gustaría desearles suerte.

 

—¿Se viene a vivir a San Luis?

—Sería interesante, pero no hablo español. Pero mi hijo sí, le gusta el español, posiblemente venga mi hijo como estudiante a la universidad.

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
TAGS
COMENTARIOS

Un viajero del Cosmos

El cosmonauta ruso que visitó la provincia el año pasado cuenta todo lo relacionado a un viaje espacial: desde qué llevó hasta qué hacía en la nave.

El año pasado Revin recibió el cariño de los chicos de la ULP. Fotos: Axel E. Seleme.

Serguéi Revin jugaba al fútbol en su Moscú natal. Aquel rápido volante izquierdo dice haber sido un talento con la pelota en los pies. Nació en 1966 y poco a poco le daría paso a otros sueños. Hijo de un científico y de una especialista en comunicación, a los 15 años decidió que su camino estaría mucho más allá de una cancha de fútbol.

El cosmonauta ruso, que visitó San Luis en 2019, es una de las 600 personas en el mundo que viajaron al espacio. Durante los setenta y cinco minutos de la entrevista con Cooltura, con la medalla de honor que le entregó Vladimir Putin del lado del corazón de un impecable traje azul, Sergué no mostrará emociones al saber que de los 7.400 millones de habitantes de nuestro planeta, él fue el elegido 526 para viajar al espacio.

Voló en mayo de 2012 como ingeniero para la Expedición 31. Continuó en la estación espacial con la tripulación de la Expedición 32. Y regresó a Rusia el 17 de septiembre de 2012.

 

—¿Sus padres le inculcaron el amor por el espacio?

—Mi padre era un científico, terminó la universidad en Moscú, es químico. Estaba dedicándose a las investigaciones de la tierra lunar cuando yo era muy chiquito y cada tanto iba a su laboratorio, me interesaba mucho. Mi madre era técnica especialista en comunicación. Soy único hijo.

 

—Aquí muchos sueñan con ser jugador de fútbol profesional, ¿en Rusia usted soñaba con el espacio?

—Yo también jugaba y juego al fútbol, soy volante izquierdo y me dedicaba al atletismo. Me gusta correr, entonces corría siempre de un arco a otro arco, y le pego a la pelota con la zurda. Era un talentoso con la pelota, pero ni Maradona ni Messi.

 

 

Ante esa respuesta, Serguéi suelta la primera sonrisa de la charla. La segunda -y última- la guardará para el remate de la nota.

 

—¿Aún no abrazaba el espacio ese niño futbolista y atleta?

—Cuando era chico, en la escuela leía mucha ciencia ficción, entonces me gustaba mucho, pero no podía hacerlo siempre. Me gustaba jugar al fútbol, pero cuando veía un libro de los cielos, de otros mundos, dejaba todo y leía rapidito. De chiquito empezó el sueño y ya cuando tenía 15 años y en la escuela debía pensar en mi futura profesión, ya tenía que pensar en la universidad y me pregunté cómo hacerme cosmonauta. Después paso a paso me acerqué a cumplir este sueño de adolescencia.

 

—¿Por qué eligió ser cosmonauta?

—Me gustaba el tema de viajes a otros mundos, cuando era chico y ahora inclusive me gusta viajar por nuestro planeta, por la Tierra, ir a distintos lugares, ver cosas nuevas. Y aún más interesante es saber cómo son otros planetas. Pero entendí que solamente soñar y querer no es todo, hay que estudiar, desde el equipamiento técnico para hacerse un cosmonauta profesional hasta saber cómo está compuesta la nave espacial, eso para mí fue y es todavía más interesante.

 

—¿En su preparación, de 0 al 100, cuánto influye lo intelectual y cuánto lo físico y la toma de decisiones?

—Concentración 100 puntos. Por lo menos ese estado tenía yo. Y emoción 0. Emocionalmente estaba relajado, pero en cuanto a la atención, al control de sistemas a bordo, era 100 puntos. El pulso no cambió mucho porque tenemos mucho entrenamiento, nos preparamos por muchos años y psicológicamente estamos listos para esto.

 

—En ese viaje, ¿qué ven los ojos: lo que estudiaron o lo que nunca imaginaron?

—Nos entrenamos por muchos años y estudiamos muchos materiales. Antes de viajar vi todo el archivo y vi todos los videos, de adentro para afuera y de afuera para adentro de la estación. Vi todo antes de viajar, tenía formada la imagen en mi cabeza, la imagen de vuelo, de cómo es la vida en el espacio, el trabajo en la estación, cómo se ve la Tierra desde el espacio…

 

—¿Y cómo se ve la Tierra?

—Es maravillosa. Primero empezamos a velocidad cósmica, a volar por órbita de un rayo, mi silla estaba a la izquierda y tengo posibilidad de hacer un vistazo en la ventana, y es muy interesante ver la Tierra. La primera cosa que pensé era por qué estaba tan grande la Tierra cuando yo pensaba que era más chica. Era que todos los videos son hechos a una altitud de 400 kilómetros y nuestra nave llega primero a 200 kilómetros.

 

 

—¿Que llevó en el bolso?

—Tomamos una bolsita pequeña, se llama contenedor pero es una bolsa. No se puede llevar más de un kilo, es muy estricto. Puse cosas sencillas… unos dibujos de mi hijo, que en aquel entonces tenía 11 años y un obsequio. Antes de viajar al espacio tenía mucho interés en Australia, es un continente grande. Me fui a Australia con mi señora e hijo y la naturaleza y los animales son muy interesantes. Después de regresar quedó este interés, estuvimos por dos semanas allá y es poco para estudiar un continente tan gran de, entonces decidí estudiar más sobre Oceanía y para ir al espacio me tomé un mapa geográfico, un canguro pequeño, unos CDs con música aborigen australiana y un par de dibujos hechos por los aborígenes. Lamentablemente no estaba tan interesado en América del Sur en aquel entonces, sí tenía en mente conocerlo, continuamente pasamos sobre América del Sur, y posiblemente para la próxima lleve cosas de acá. Llevaría una miniatura de un venado (dice al mirar una bandera de San Luis que tiene a uno de sus costados).

 

—¿Existen nacionalidades en el espacio?

—Por un lado no, antes de viajar firmamos un documento que se llama el código de conducta de cosmonautas y astronautas a bordo de la estación espacial internacional. Nos prohíbe hablar de asuntos de nacionalidades, de razas, de relaciones entre mujeres y hombres, y de algunas cosas políticas.

 

—¿Cuál es la rutina?

—Es muy simple, igual a como pasa en la Tierra, la única diferencia es que estamos volando. Te levantas a las 7, haces tus cosas de higiene, desayunas, tienes comunicación con el centro de control en la Tierra para un reporte de que está todo bien y comenzamos nuestro trabajo. Antes nos envían un radiograma con el listado de trabajos a realizar para cada uno de los miembros de la tripulación. Volamos cada uno a su lugar, con el equipamiento y las herramientas y empezamos a hacer nuestro trabajo. Tenemos muchos experimentos médicos, hay muchos experimentos interesantes en biotecnología, en física y educativos. Así pasa la primera parte del día antes del almuerzo. Hacemos una pausa a las 11 y ejercicios físicos. Podemos correr en una pista especial en la que ponemos peso que no nos permita volar o usamos la bicicleta. También levantamos pesas. Después de los ejercicios físicos hay que limpiarse con toallas con un líquido especial que limpia todo. Después vas a almorzar, luego seguís con experimentos y obligatoriamente ejercicios físicos. Durante el vuelo regresamos con unos 50 experimentos.

 

—¿Y la ropa que usan dentro de la estación?

—La estación tiene una temperatura constante, alrededor de 23 grados, bastante confortable, usamos short, pantalón y remeras. Ropa común. Lo importante es tener bolsillos, todo está volando y si te olvidas una herramienta no sabes a dónde voló. Hay que poner todo en el bolsillo y cerrarlo, estas son peculiaridades en gravedad cero.

 

—¿Vio alguna posibilidad de vida extraterrestre?

—Sería interesante encontrar a alguien, comunicarse con alguien extraterrestre, pero no llega. Posiblemente no somos de interés para ellos. No hemos visto a nadie, a nada, no tuvimos sentido de que alguien esté presente, solo ver la manifestación de Dios en nuestra Tierra.

 

—¿Siente que existe la vida extraterrestre?

—Por un lado soy optimista, me gustaría ver. Pero soy realista y aún no hay.

 

—¿Argentina podría tener un enviado al espacio?

—En la estación, la participación de Argentina no está excluida. Creo que Argentina tiene potencial científico y podría participar de trabajos en la estación espacial.

 

—¿Piensa en el próximo vuelo? ¿Hacia dónde?

—Me gustaría volar otra vez a la estación y participar del vuelo a la Luna. Hay situaciones médicas a resolver y si los resuelvo tengo la oportunidad. Empezar a explorar la Luna en algunos sentidos sería interesante. Necesitamos hacer una base de la Tierra en la Luna.

 

—¿Qué mensaje le deja a los niños, pensando en aquel niño Serguéi?

—Desearía a todos los niños, pequeños y adolescentes, mujeres y varones, que tengan un deseo, que tengan un sueño, es muy importante tener tu sueño, inventar tu propio sueño. Se puede soñar con jugar en la Selección Argentina de Fútbol, se puede soñar con convertirse en el primer cosmonauta de Argentina, o realizarse en otras profesiones. Pero no limitarse en este deseo, solamente de soñar, después decidir seguir implementando su sueño, ser puntual en realizar el deseo y ponerse objetivos.

 

—¿Qué impresión le quedó de San Luis?

—Fue un placer recorrer la provincia, ver las montañas y conocer la gente. Son gente muy interesante y muy buena; quieren conocer cosas nuevas. Me gusta que les interese la exploración espacial. Tienen vistas muy lindas, como de la Luna, de Marte, vistas misteriosas. Estos paisajes también apoyan a cómo se crea la gente, es muy importante e interesante la Universidad de La Punta que está siempre apostando al futuro, haciendo las tecnologías más modernas, es muy importante para la gente de toda la Argentina. Esto que pasa acá crea una imagen de la provincia y del país. Próximamente surgirá todo como en California o mejor, desde el punto de vista de tecnología y desarrollo de ciencia. De todo corazón me gustaría desearles suerte.

 

—¿Se viene a vivir a San Luis?

—Sería interesante, pero no hablo español. Pero mi hijo sí, le gusta el español, posiblemente venga mi hijo como estudiante a la universidad.

Logín