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El coronavirus se ensaña con Italia

Hernán Silva

 

El coronavirus golpea a Italia sin piedad y, hasta ahora, sin señales de otorgar una tregua. Según las estadísticas recopiladas por la universidad Johns Hopkins, ya contabiliza más de 6.800 víctimas fatales y 69 mil contagios.  Supera incluso a China, el país de origen de la pandemia, que registra 3.200 muertes y 81 mil casos, a pesar de contar con una población 25 veces mayor. La nación europea es, sin dudas, la más afectada por la enfermedad, tanto en términos relativos como absolutos. ¿Por qué el microorganismo azota esta parte del planeta con semejante intensidad?

La evaluación de la tasa de mortalidad es el primer paso para encontrar una respuesta, que, como la mayoría de los fenómenos, por lo general tiene una explicación multicausal.   La tasa en Italia es la más elevada del mundo para los pacientes afectados por coronavirus (8% y llega a 12% en las zonas más afectadas, como la región de Lombardía). En China, esta variable oscila entre el 2 y el 4 por ciento,  y en el resto de los países en los que ya se ha manifestado la pandemia cae de manera significativa, con un  promedio del 0,7 por ciento.

Una razón determinante que incide para que el virus se haya ensañado con Italia es el envejecimiento demográfico que exhibe el país peninsular: el 22 por ciento de la población tiene más de 65 años y la edad promedio es de 45 años. Solo Japón posee números más elevados. Los análisis epidemiológicos  muestran que las personas más afectadas por la pandemia son aquellas que ya arrastraban patologías de base (diabetes, hipertensión, cardiopatías), que  incrementan su prevalencia de forma proporcional con la edad.

Algunos observadores igualmente advierten que el valor de la tasa de mortalidad depende de la amplitud del muestreo.  Hasta ahora Italia realizó los exámenes para confirmar el COVID-19 en pacientes que ya padecían cuadros de salud de gravedad, mientras que otras naciones, como Corea del Sur o Alemania, adoptaron un criterio más masivo para realizar los tests, con la inclusión de personas que presentaban síntomas leves y, por ende, con un mejor pronóstico.

Otro elemento que explica la vulnerabilidad italiana es que las autoridades no lograron calibrar con anticipación  el riesgo que entrañaba la enfermedad, que tiene entre sus características distintivas una contagiosidad muy alta. La cuarentena total en esa nación fue declarada recién el 10 de marzo, cuando ya habían sido confirmados 9 mil contagios y cuarenta días después de constatarse el primer caso.

Este retraso en la preparación potenció la expansión del virus y provocó que los centros de salud colapsaran por la demanda. Así médicos y enfermeros se vieron desbordados de pacientes y muchas veces imposibilitados de brindar  una atención médica óptima a todos los que la necesitaban.

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El coronavirus se ensaña con Italia

 

El coronavirus golpea a Italia sin piedad y, hasta ahora, sin señales de otorgar una tregua. Según las estadísticas recopiladas por la universidad Johns Hopkins, ya contabiliza más de 6.800 víctimas fatales y 69 mil contagios.  Supera incluso a China, el país de origen de la pandemia, que registra 3.200 muertes y 81 mil casos, a pesar de contar con una población 25 veces mayor. La nación europea es, sin dudas, la más afectada por la enfermedad, tanto en términos relativos como absolutos. ¿Por qué el microorganismo azota esta parte del planeta con semejante intensidad?

La evaluación de la tasa de mortalidad es el primer paso para encontrar una respuesta, que, como la mayoría de los fenómenos, por lo general tiene una explicación multicausal.   La tasa en Italia es la más elevada del mundo para los pacientes afectados por coronavirus (8% y llega a 12% en las zonas más afectadas, como la región de Lombardía). En China, esta variable oscila entre el 2 y el 4 por ciento,  y en el resto de los países en los que ya se ha manifestado la pandemia cae de manera significativa, con un  promedio del 0,7 por ciento.

Una razón determinante que incide para que el virus se haya ensañado con Italia es el envejecimiento demográfico que exhibe el país peninsular: el 22 por ciento de la población tiene más de 65 años y la edad promedio es de 45 años. Solo Japón posee números más elevados. Los análisis epidemiológicos  muestran que las personas más afectadas por la pandemia son aquellas que ya arrastraban patologías de base (diabetes, hipertensión, cardiopatías), que  incrementan su prevalencia de forma proporcional con la edad.

Algunos observadores igualmente advierten que el valor de la tasa de mortalidad depende de la amplitud del muestreo.  Hasta ahora Italia realizó los exámenes para confirmar el COVID-19 en pacientes que ya padecían cuadros de salud de gravedad, mientras que otras naciones, como Corea del Sur o Alemania, adoptaron un criterio más masivo para realizar los tests, con la inclusión de personas que presentaban síntomas leves y, por ende, con un mejor pronóstico.

Otro elemento que explica la vulnerabilidad italiana es que las autoridades no lograron calibrar con anticipación  el riesgo que entrañaba la enfermedad, que tiene entre sus características distintivas una contagiosidad muy alta. La cuarentena total en esa nación fue declarada recién el 10 de marzo, cuando ya habían sido confirmados 9 mil contagios y cuarenta días después de constatarse el primer caso.

Este retraso en la preparación potenció la expansión del virus y provocó que los centros de salud colapsaran por la demanda. Así médicos y enfermeros se vieron desbordados de pacientes y muchas veces imposibilitados de brindar  una atención médica óptima a todos los que la necesitaban.

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