Para el hijo de la docente asesinada, hubo un entregador

El viernes se cumplirá un mes del homicidio de la pedagoga puntana.  Para Martín Rodríguez, el móvil fue un robo. Cree que hay al menos un implicado más y pide que la investigación continúe.

Martín Rodríguez, el hijo de Mónica Ramos, la docente asesinada en su casa de la calle Belgrano de San Luis, tiene el convencimiento de que alguien dio el dato que llevó al homicida hasta el domicilio de su madre, para robarle. Ese ha sido, para él, el móvil del crimen, según lo que le marca la investigación desarrollada hasta el momento. Y con esa presunción es que Martín pide, en vísperas a cumplirse un mes del hecho, que la Justicia continúe con las averiguaciones para dar con el entregador y con otros implicados, en caso de haberlos.

Si bien explicó que entiende que “la atrocidad que han cometido” —en referencia a las cantidad de heridas que sufrió su madre y al posterior incendio de su casa— quizá no guarda proporción con un móvil de robo, Martín pidió no emitir conjeturas que no se sostengan en los resultados concretos de las averiguaciones de los investigadores, fundamentalmente por respeto a la víctima y a ellos, los familiares.

Hasta ahora hay un solo detenido, Héctor Federico Núñez. El hombre de 32 años es quien, según la reconstrucción de los pesquisas, salió del domicilio de la profesora de 62 años llevándose su Peugeot blanco, que luego hallaron abandonado en la zona céntrica. Las cámaras de seguridad registraron a Núñez merodeando la vivienda de la docente en las horas previas al asesinato. Y, además, en el garaje de la propiedad hallaron tirado un morral en el que había documentación bancaria para activar una tarjeta que está a nombre del sospechoso. Eso le dio a los efectivos una pista que, sumada a las otras pruebas, determinó que el juez Marcos Flores Leyes ordenara su detención y después lo procesara.

A poco de que su hermana Pamela viajara de regreso a Francia, en donde trabaja y reside con su familia, Martín dialogó con El Diario. Además de evocar a su madre y pedir el esclarecimiento del caso, dio sus impresiones sobre la causa.

A sabiendas del impase forzado que ha impuesto el aislamiento social, preventivo y obligatorio decretado por el Presidente, Martín explicó que habla públicamente porque “la idea es que el caso esté activo en los medios, en la comunidad y en lo judicial”. Hay medidas pendientes —por ejemplo, que bancos remitan informes sobre las cuentas de la docente y los movimientos que estas registraron antes del homicidio—, que recién podrán concretarse cuando la Justicia y otras entidades vuelvan a la actividad normal.

Pero destacó el trabajo desarrollado por el juez, los efectivos del Departamento Homicidios y los Bomberos de la Policía.

A su entender, el de su madre “no fue un caso aislado, bajo ningún punto de vista”. “Creo, y creo que la Justicia cree lo mismo, que hay alguien que ha dado un dato, que se dedica a esto”, aseveró. En tal sentido, considera que el hecho no fue “al voleo”, aunque así como esta vez el blanco fue su madre, podría haber sido cualquier otra persona.

Martín razona que hubo todo un trabajo de inteligencia, de vigilancia del domicilio de su madre en las horas previas, un claro conocimiento y aprovechamiento de que ella era una mujer mayor que vivía sola —Martín reside en Mendoza y estuvo en lo de su madre hasta las 20:30, aproximadamente, del lunes 2 de marzo, cuando regresó a la provincia vecina—, y también de sus movimientos y horarios.

El sospechoso procesado “rondó unas 14 horas mi casa, desde las 21:30 (del lunes 2), hasta la mañana del día siguiente”, refirió. El ataque, según se estima, fue cerca del mediodía del martes 3. “A cualquier persona, esa tenacidad le dice que esto no ha sido al voleo”, afirmó.

 

Mónica Ramos fue asesinada en su casa. Foto: Facebook.

“Era una persona reservada y humilde, pero extremadamente generosa. Muchas veces la generosidad se confunde con ostentación o con tener. Ella ayudaba a la iglesia, a comedores. Siempre fue así, desde que yo era chico”, contó Martín al preguntarle sobre si ella pudo haber hecho un comentario sobre algún movimiento de dinero o transacción que haya llevado a los atacantes a ir en busca de plata.

El joven confirmó algo que algunos allegados a Mónica habían revelado tras el crimen: que tiempo antes, ella había recibido en el teléfono fijo llamados de personas que, con artimañas, pretendían obtener alguna información, posiblemente para perpetrar algún delito. Es lo que en la jerga común se conoce como las estafas telefónicas.

Martín recordó que una de esas comunicaciones fue en noviembre, y la última, a comienzos de febrero de este año. En la del año pasado, alguien se hizo pasar por él y le dijo que estaba mal, y luego habló un hombre que se presentó como médico. Y en la segunda, del otro lado estaba un supuesto primo de Mónica. La profesora no cayó en la trampa: en el primer caso, cuando le dijeron que su hijo estaba internado en el policlínico sospechó que era mentira. Ella cortó y de inmediato llamó a Martín, y constató que estaba en perfecto estado.

La vez siguiente, Mónica advirtió claramente que no se trataba de un pariente de ella y colgó.

Pero esos llamados, siempre efectuados desde números privados, generaron gran preocupación en Mónica y el temor de que alguien estuviera rondando su casa. Habló de ello con allegados e inclusive con una vecina, una policía retirada, que solicitó que efectivos hicieran recorridos en inmediaciones a su domicilio. “No sé si hubo denuncia por escrito. Pero creo que al no haber un número, un teléfono concreto, no sé si mi mamá pudo denunciar”, indicó Martín.

Consultado sobre si sabe si su madre conocía o tenía algún tipo de trato de Núñez, de alguno de los ámbitos en los que ella se movía, Martín dijo que desconoce. “Hay cercanías que tienen que ver con sectores en los que mi mamá se manejaba, de donde la podría haber conocido, o podría no haberla conocido... no sé si ella lo ubicaba de vista, si lo conocía bien o personalmente, o si es conocido de alguien que mi mamá conocía…”, refirió el joven, sin certezas.

El hecho de que ninguno de los dos hijos de Mónica viviera con ella, de algún modo, reduce la información que han podido aportar sobre ese punto (las personas a las que conocía o con quienes tenía trato habitual), como así también el tener un claro panorama de lo que pueden haber robado de la casa. Por otro lado, el hecho de que hayan prendido fuego la vivienda también juega en contra a la hora de establecer si hay faltantes de dinero o de algún bien de valor, explicó.

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Para el hijo de la docente asesinada, hubo un entregador

El viernes se cumplirá un mes del homicidio de la pedagoga puntana.  Para Martín Rodríguez, el móvil fue un robo. Cree que hay al menos un implicado más y pide que la investigación continúe.

Dolor de hijo. Martín pegó una imagen de su mamá frente a la Catedral, al finalizar la marcha del viernes 6 de marzo. Foto: El Diario.

Martín Rodríguez, el hijo de Mónica Ramos, la docente asesinada en su casa de la calle Belgrano de San Luis, tiene el convencimiento de que alguien dio el dato que llevó al homicida hasta el domicilio de su madre, para robarle. Ese ha sido, para él, el móvil del crimen, según lo que le marca la investigación desarrollada hasta el momento. Y con esa presunción es que Martín pide, en vísperas a cumplirse un mes del hecho, que la Justicia continúe con las averiguaciones para dar con el entregador y con otros implicados, en caso de haberlos.

Si bien explicó que entiende que “la atrocidad que han cometido” —en referencia a las cantidad de heridas que sufrió su madre y al posterior incendio de su casa— quizá no guarda proporción con un móvil de robo, Martín pidió no emitir conjeturas que no se sostengan en los resultados concretos de las averiguaciones de los investigadores, fundamentalmente por respeto a la víctima y a ellos, los familiares.

Hasta ahora hay un solo detenido, Héctor Federico Núñez. El hombre de 32 años es quien, según la reconstrucción de los pesquisas, salió del domicilio de la profesora de 62 años llevándose su Peugeot blanco, que luego hallaron abandonado en la zona céntrica. Las cámaras de seguridad registraron a Núñez merodeando la vivienda de la docente en las horas previas al asesinato. Y, además, en el garaje de la propiedad hallaron tirado un morral en el que había documentación bancaria para activar una tarjeta que está a nombre del sospechoso. Eso le dio a los efectivos una pista que, sumada a las otras pruebas, determinó que el juez Marcos Flores Leyes ordenara su detención y después lo procesara.

A poco de que su hermana Pamela viajara de regreso a Francia, en donde trabaja y reside con su familia, Martín dialogó con El Diario. Además de evocar a su madre y pedir el esclarecimiento del caso, dio sus impresiones sobre la causa.

A sabiendas del impase forzado que ha impuesto el aislamiento social, preventivo y obligatorio decretado por el Presidente, Martín explicó que habla públicamente porque “la idea es que el caso esté activo en los medios, en la comunidad y en lo judicial”. Hay medidas pendientes —por ejemplo, que bancos remitan informes sobre las cuentas de la docente y los movimientos que estas registraron antes del homicidio—, que recién podrán concretarse cuando la Justicia y otras entidades vuelvan a la actividad normal.

Pero destacó el trabajo desarrollado por el juez, los efectivos del Departamento Homicidios y los Bomberos de la Policía.

A su entender, el de su madre “no fue un caso aislado, bajo ningún punto de vista”. “Creo, y creo que la Justicia cree lo mismo, que hay alguien que ha dado un dato, que se dedica a esto”, aseveró. En tal sentido, considera que el hecho no fue “al voleo”, aunque así como esta vez el blanco fue su madre, podría haber sido cualquier otra persona.

Martín razona que hubo todo un trabajo de inteligencia, de vigilancia del domicilio de su madre en las horas previas, un claro conocimiento y aprovechamiento de que ella era una mujer mayor que vivía sola —Martín reside en Mendoza y estuvo en lo de su madre hasta las 20:30, aproximadamente, del lunes 2 de marzo, cuando regresó a la provincia vecina—, y también de sus movimientos y horarios.

El sospechoso procesado “rondó unas 14 horas mi casa, desde las 21:30 (del lunes 2), hasta la mañana del día siguiente”, refirió. El ataque, según se estima, fue cerca del mediodía del martes 3. “A cualquier persona, esa tenacidad le dice que esto no ha sido al voleo”, afirmó.

 

Mónica Ramos fue asesinada en su casa. Foto: Facebook.

“Era una persona reservada y humilde, pero extremadamente generosa. Muchas veces la generosidad se confunde con ostentación o con tener. Ella ayudaba a la iglesia, a comedores. Siempre fue así, desde que yo era chico”, contó Martín al preguntarle sobre si ella pudo haber hecho un comentario sobre algún movimiento de dinero o transacción que haya llevado a los atacantes a ir en busca de plata.

El joven confirmó algo que algunos allegados a Mónica habían revelado tras el crimen: que tiempo antes, ella había recibido en el teléfono fijo llamados de personas que, con artimañas, pretendían obtener alguna información, posiblemente para perpetrar algún delito. Es lo que en la jerga común se conoce como las estafas telefónicas.

Martín recordó que una de esas comunicaciones fue en noviembre, y la última, a comienzos de febrero de este año. En la del año pasado, alguien se hizo pasar por él y le dijo que estaba mal, y luego habló un hombre que se presentó como médico. Y en la segunda, del otro lado estaba un supuesto primo de Mónica. La profesora no cayó en la trampa: en el primer caso, cuando le dijeron que su hijo estaba internado en el policlínico sospechó que era mentira. Ella cortó y de inmediato llamó a Martín, y constató que estaba en perfecto estado.

La vez siguiente, Mónica advirtió claramente que no se trataba de un pariente de ella y colgó.

Pero esos llamados, siempre efectuados desde números privados, generaron gran preocupación en Mónica y el temor de que alguien estuviera rondando su casa. Habló de ello con allegados e inclusive con una vecina, una policía retirada, que solicitó que efectivos hicieran recorridos en inmediaciones a su domicilio. “No sé si hubo denuncia por escrito. Pero creo que al no haber un número, un teléfono concreto, no sé si mi mamá pudo denunciar”, indicó Martín.

Consultado sobre si sabe si su madre conocía o tenía algún tipo de trato de Núñez, de alguno de los ámbitos en los que ella se movía, Martín dijo que desconoce. “Hay cercanías que tienen que ver con sectores en los que mi mamá se manejaba, de donde la podría haber conocido, o podría no haberla conocido... no sé si ella lo ubicaba de vista, si lo conocía bien o personalmente, o si es conocido de alguien que mi mamá conocía…”, refirió el joven, sin certezas.

El hecho de que ninguno de los dos hijos de Mónica viviera con ella, de algún modo, reduce la información que han podido aportar sobre ese punto (las personas a las que conocía o con quienes tenía trato habitual), como así también el tener un claro panorama de lo que pueden haber robado de la casa. Por otro lado, el hecho de que hayan prendido fuego la vivienda también juega en contra a la hora de establecer si hay faltantes de dinero o de algún bien de valor, explicó.

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