Frutas y verduras con mejor aspecto y mucho más seguras

María José Rodríguez

Formularon un sensibilizador que cuando entra en contacto con la luz, tanto solar como de una lámpara, genera un reactivo en el oxígeno y elimina los microorganismos.

Para prolongar la vida de las frutas y las verduras, específicamente en la góndola de los supermercados o verdulerías, un equipo de investigadores de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL) desarrolló un insecticida y microbicida que elimina, a través de la luz y de la aplicación de un sensibilizador, los microorganismos, hongos y bacterias que quedan en ellas luego de lavarlas, haciéndolas más seguras.

 

 

El proyecto está dirigido por Matías Funes, doctor en Química y especialista en Terapia Fotodinámica, que actualmente trabaja para armar un plan de negocios que le permita vender la idea o encontrar socios con quienes hacer un lanzamiento comercial. “Estamos armando el plan de negocios, es un producto terminado que podríamos vender sin ningún problema”, dijo el fotoquímico y adelantó que buscan llevarlo a una escala más industrial.

"Todo se basa en el sensibilizador formulado con nanoemulsiones, que cuando entra en contacto con la luz, tanto solar como de una lámpara, se generan especies reactivas del oxígeno que respiramos y se produce la muerte de los microorganismos. La combinación de la luz con el sensibilizador son letales para los microbios", explicó Funes a la revista El Campo.

 

Matías Funes trabaja para armar un plan de negocios que le permita vender la idea o hallar un socio para hacer un lanzamiento comercial.

 

Asimismo contó que lo novedoso es que al mismo tiempo en el que limpia los productos frutihortícolas, la sustancia se degrada en cuestión de segundos. "El transcurso en el que se produce la baja de la carga bacteriana es instantánea. Funciona como un insecticida, bactericida o fungicida y no deja rastros en los alimentos. Además no altera el sabor, ni el color, ni el olor de los productos", especificó, antes de agregar que el líquido se puede aplicar con un atomizador y se puede activar con la luz, usar cualquier lámpara de una casa o incluso las que están en las góndolas de los supermercados o verdulerías.

El doctor en Química explicó que el sensibilizador contiene propiedades fotoactivas, es decir que se activan con la luz y que permiten bajar, regular y eliminar la carga microbiana en una fruta o verdura, tanto mientras está en exposición para la venta, como hasta que la compren y finalmente la consuman.

“La luz ultravioleta (UVC) por sí sola hace eso, por ejemplo la pueden ver cotidianamente en las carnicerías, donde se utiliza para que baje la carga bacteriana. El problema es que esto produce cambios genéticos y el microorganismo que no se muere, se hace más fuerte. Con la terapia fotodinámica esto no sucede. Frecuentemente se lavan las frutas y las verduras, con agua clorada o peróxidos, así las bacterias se hacen cada vez más resistentes. Se usa este método porque se sabe que es más barato y es aceptable para el consumo. Uno de los fines de este proyecto es que el consumidor reciba la materia prima lo más aséptica posible, de esta manera dura más", especificó Funes.

Para crear el sensibilizador, los investigadores usaron la planta Hypericum Perforatum (conocida como corazoncillo o hierba de San Juan), que es de origen europeo, pero que en San Luis se vende en los viveros. El uso que le dan comúnmente es netamente ornamental. “El compuesto es de color rojo, pero ese aspecto que se percibe es fluorescencia, es decir es un color difuso, y cuando se aplica prácticamente no es perceptible", aseguró.

 

Extraen las sensibilidades de plantas que son empleadas como medicamentos herbarios, como por ejemplo el té, que no trae riesgos.

 

El equipo de científicos, dirigido por Funes, está conformado además por los doctores Elisa Pettenati, Luis del Vitto y Ana Pedernera; el farmacéutico, Marcos Pascuali; la alumna de la Licenciatura en Ciencia y Tecnología de Alimentos, Agostina Riccardo, y el responsable de la comunicación institucional del proyecto, Fernando Saad.

“Es muy bueno que podamos devolverle al pueblo lo que invierte en investigación. Queremos llevarles a nuestros vecinos todo lo que hacemos e investigamos en esta casa de estudios para que lo apliquen. Antes lo que hacíamos quizá no tenía una llegada a la sociedad, ahora la universidad está trabajando en ese vínculo para que apliquen lo que se trabaja acá”, expresó Petenatti.

“Descubrimos que un producto natural puede sustituir un químico, bienvenido sea porque tendrá muchísimos menos efectos colaterales”, afirmó la doctora, que es la directora del Departamento de Farmacia de la UNSL, sobre el producto en el que trabajaron.

Funes dijo que ya patentó los trabajos referidos a inactivación fotodinámica y a los sensibilizadores. “Consideramos que este es el inicio y no el fin de todo. Venimos trabajando desde 2006. Después lo que pretendemos es empezar a pulirlo en detalles, porque, por ejemplo, no es la misma radiación que llega a una determinada altura que la que llega a nivel del mar”, especificó Funes, y añadió que la idea es usar distintos tipos de sensibilizadores que tengan mayor efectividad bajo distintos tipos de radiación.

 

 

El especialista de la UNSL indicó que  este tipo de trabajos de investigación le da un valor agregado a la flora de San Luis. “Elisa y Luis son los que más saben de plantas en la provincia. Vivimos en condiciones de luz raras, no son las mismas de Buenos Aires, no tenemos el smog que hay allá, tenemos zonas en las que la radiación es muy potente, no llueve mucho, por eso no hay mucho filtro de nubes, y hay plantas que tienen productos muy fotoactivos. La idea es utilizar la flora nativa o introducida, pero que se dé en la provincia. Este aspecto no está muy explorado, somos los únicos que lo hacemos”, dijo.

“Estamos muy contentos porque este trabajo tuvo una enorme repercusión, incluso nos llamaron de medios nacionales y de Chile para hacer notas sobre este proyecto”, agregó Funes.

 

Los primeros pasos del proyecto

Funes, nació y estudió en Río Cuarto, donde permaneció hasta los 26 años, aunque asegura que su deseo de trabajar con la luz lo persigue desde que era pequeño. “Toda la vida me llamó la atención la luz, cuando la gente te preguntaba ‘¿qué querés ser cuando seas grande?’, yo siempre supe que quería ser esto, científico. Después empecé a viajar, me casé y terminé viviendo acá en San Luis”.

“Tuve la oportunidad de trabajar y estudiar la mitad del tiempo en Alemania, durante mi doctorado realicé especializaciones en el instituto Helmholtz Centrum de Berlín y la otra mitad en Argentina”, contó y añadió que Juana Chessa de Silber, doctora en Química Orgánica y ganadora del premio Houssay 2019, fue su mentora, junto a Edgardo Durantini. “Con ellos estudié inactivación fotodinámica, que es parte de mi tesis”, explicó.

Durante algunos años Funes trabajó en una empresa que elaboraba agroquímicos en La Plata. “Al notar la innumerable cantidad de compuestos químicos que se usaban para matar las bacterias, me di cuenta de que había algunos problemas que resolver. Primero que el método debía dejar de ser tan tóxico porque a la larga se crea una cadena que produce una gran contaminación en el suelo, en el agua e inclusive en el organismo de las personas”, especificó y agregó que otro de los grandes problemas es la formulación, ya que generalmente estos compuestos no se disuelven fácilmente.

 

"Un producto natural puede sustituir a un químico. Es muy bueno, tendrá menos efectos colaterales", Matías Funes.

 

“Cuando llegué a San Luis, conocí a Luis del Vitto. Él me dijo: ‘Esos mismos colorantes que vos estas usando están en las plantas’. A partir de ahí decidimos usar los extractos y los tés. Es decir que los sensibilizantes que preparamos en farmacognosia, la gente los toma. Sacamos las sensibilidades de plantas que son empleadas como medicamentos herbarios. Puede ser un té, por ejemplo, que no representa un riesgo, cualquiera lo consume y tiene sus propios fotosensibilizantes”, explicó Funes y aclaró que en el producto que funciona como insecticida utilizaron el Hypericum Perforatum.

También contó que junto al grupo de trabajo con el que hizo su doctorado se especializó en fabricar los sensibilizadores y aplicarlos a la muerte de microorganismos. “Los aplicamos más que nada en terapias de salud. Fabricábamos materiales para matar microorganismos en aplicaciones odontológicas y oftalmológicas, porque tienen que ser usados en un lugar al que llegue la luz”.

“La toxicidad de los extractos de plantas es cero, entonces hicimos un preparado, nanoemulsionamos (lo partimos en miles de millones de partículas muy chiquitas, nanométricas) y no tuvimos problemas de solubilidad. Básicamente obtuvimos un producto que es un colorante que produce inactivación fotodinámica y mata microorganismos o insectos con la acción de la luz y el oxígeno”, simplificó.

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Frutas y verduras con mejor aspecto y mucho más seguras

Formularon un sensibilizador que cuando entra en contacto con la luz, tanto solar como de una lámpara, genera un reactivo en el oxígeno y elimina los microorganismos.

La investigación le da un valor agregado a la flora autóctona de San Luis, que tiene productos muy fotoactivos en general debido al clima del semiárido. Foto: Gentileza.

Para prolongar la vida de las frutas y las verduras, específicamente en la góndola de los supermercados o verdulerías, un equipo de investigadores de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL) desarrolló un insecticida y microbicida que elimina, a través de la luz y de la aplicación de un sensibilizador, los microorganismos, hongos y bacterias que quedan en ellas luego de lavarlas, haciéndolas más seguras.

 

 

El proyecto está dirigido por Matías Funes, doctor en Química y especialista en Terapia Fotodinámica, que actualmente trabaja para armar un plan de negocios que le permita vender la idea o encontrar socios con quienes hacer un lanzamiento comercial. “Estamos armando el plan de negocios, es un producto terminado que podríamos vender sin ningún problema”, dijo el fotoquímico y adelantó que buscan llevarlo a una escala más industrial.

"Todo se basa en el sensibilizador formulado con nanoemulsiones, que cuando entra en contacto con la luz, tanto solar como de una lámpara, se generan especies reactivas del oxígeno que respiramos y se produce la muerte de los microorganismos. La combinación de la luz con el sensibilizador son letales para los microbios", explicó Funes a la revista El Campo.

 

Matías Funes trabaja para armar un plan de negocios que le permita vender la idea o hallar un socio para hacer un lanzamiento comercial.

 

Asimismo contó que lo novedoso es que al mismo tiempo en el que limpia los productos frutihortícolas, la sustancia se degrada en cuestión de segundos. "El transcurso en el que se produce la baja de la carga bacteriana es instantánea. Funciona como un insecticida, bactericida o fungicida y no deja rastros en los alimentos. Además no altera el sabor, ni el color, ni el olor de los productos", especificó, antes de agregar que el líquido se puede aplicar con un atomizador y se puede activar con la luz, usar cualquier lámpara de una casa o incluso las que están en las góndolas de los supermercados o verdulerías.

El doctor en Química explicó que el sensibilizador contiene propiedades fotoactivas, es decir que se activan con la luz y que permiten bajar, regular y eliminar la carga microbiana en una fruta o verdura, tanto mientras está en exposición para la venta, como hasta que la compren y finalmente la consuman.

“La luz ultravioleta (UVC) por sí sola hace eso, por ejemplo la pueden ver cotidianamente en las carnicerías, donde se utiliza para que baje la carga bacteriana. El problema es que esto produce cambios genéticos y el microorganismo que no se muere, se hace más fuerte. Con la terapia fotodinámica esto no sucede. Frecuentemente se lavan las frutas y las verduras, con agua clorada o peróxidos, así las bacterias se hacen cada vez más resistentes. Se usa este método porque se sabe que es más barato y es aceptable para el consumo. Uno de los fines de este proyecto es que el consumidor reciba la materia prima lo más aséptica posible, de esta manera dura más", especificó Funes.

Para crear el sensibilizador, los investigadores usaron la planta Hypericum Perforatum (conocida como corazoncillo o hierba de San Juan), que es de origen europeo, pero que en San Luis se vende en los viveros. El uso que le dan comúnmente es netamente ornamental. “El compuesto es de color rojo, pero ese aspecto que se percibe es fluorescencia, es decir es un color difuso, y cuando se aplica prácticamente no es perceptible", aseguró.

 

Extraen las sensibilidades de plantas que son empleadas como medicamentos herbarios, como por ejemplo el té, que no trae riesgos.

 

El equipo de científicos, dirigido por Funes, está conformado además por los doctores Elisa Pettenati, Luis del Vitto y Ana Pedernera; el farmacéutico, Marcos Pascuali; la alumna de la Licenciatura en Ciencia y Tecnología de Alimentos, Agostina Riccardo, y el responsable de la comunicación institucional del proyecto, Fernando Saad.

“Es muy bueno que podamos devolverle al pueblo lo que invierte en investigación. Queremos llevarles a nuestros vecinos todo lo que hacemos e investigamos en esta casa de estudios para que lo apliquen. Antes lo que hacíamos quizá no tenía una llegada a la sociedad, ahora la universidad está trabajando en ese vínculo para que apliquen lo que se trabaja acá”, expresó Petenatti.

“Descubrimos que un producto natural puede sustituir un químico, bienvenido sea porque tendrá muchísimos menos efectos colaterales”, afirmó la doctora, que es la directora del Departamento de Farmacia de la UNSL, sobre el producto en el que trabajaron.

Funes dijo que ya patentó los trabajos referidos a inactivación fotodinámica y a los sensibilizadores. “Consideramos que este es el inicio y no el fin de todo. Venimos trabajando desde 2006. Después lo que pretendemos es empezar a pulirlo en detalles, porque, por ejemplo, no es la misma radiación que llega a una determinada altura que la que llega a nivel del mar”, especificó Funes, y añadió que la idea es usar distintos tipos de sensibilizadores que tengan mayor efectividad bajo distintos tipos de radiación.

 

 

El especialista de la UNSL indicó que  este tipo de trabajos de investigación le da un valor agregado a la flora de San Luis. “Elisa y Luis son los que más saben de plantas en la provincia. Vivimos en condiciones de luz raras, no son las mismas de Buenos Aires, no tenemos el smog que hay allá, tenemos zonas en las que la radiación es muy potente, no llueve mucho, por eso no hay mucho filtro de nubes, y hay plantas que tienen productos muy fotoactivos. La idea es utilizar la flora nativa o introducida, pero que se dé en la provincia. Este aspecto no está muy explorado, somos los únicos que lo hacemos”, dijo.

“Estamos muy contentos porque este trabajo tuvo una enorme repercusión, incluso nos llamaron de medios nacionales y de Chile para hacer notas sobre este proyecto”, agregó Funes.

 

Los primeros pasos del proyecto

Funes, nació y estudió en Río Cuarto, donde permaneció hasta los 26 años, aunque asegura que su deseo de trabajar con la luz lo persigue desde que era pequeño. “Toda la vida me llamó la atención la luz, cuando la gente te preguntaba ‘¿qué querés ser cuando seas grande?’, yo siempre supe que quería ser esto, científico. Después empecé a viajar, me casé y terminé viviendo acá en San Luis”.

“Tuve la oportunidad de trabajar y estudiar la mitad del tiempo en Alemania, durante mi doctorado realicé especializaciones en el instituto Helmholtz Centrum de Berlín y la otra mitad en Argentina”, contó y añadió que Juana Chessa de Silber, doctora en Química Orgánica y ganadora del premio Houssay 2019, fue su mentora, junto a Edgardo Durantini. “Con ellos estudié inactivación fotodinámica, que es parte de mi tesis”, explicó.

Durante algunos años Funes trabajó en una empresa que elaboraba agroquímicos en La Plata. “Al notar la innumerable cantidad de compuestos químicos que se usaban para matar las bacterias, me di cuenta de que había algunos problemas que resolver. Primero que el método debía dejar de ser tan tóxico porque a la larga se crea una cadena que produce una gran contaminación en el suelo, en el agua e inclusive en el organismo de las personas”, especificó y agregó que otro de los grandes problemas es la formulación, ya que generalmente estos compuestos no se disuelven fácilmente.

 

"Un producto natural puede sustituir a un químico. Es muy bueno, tendrá menos efectos colaterales", Matías Funes.

 

“Cuando llegué a San Luis, conocí a Luis del Vitto. Él me dijo: ‘Esos mismos colorantes que vos estas usando están en las plantas’. A partir de ahí decidimos usar los extractos y los tés. Es decir que los sensibilizantes que preparamos en farmacognosia, la gente los toma. Sacamos las sensibilidades de plantas que son empleadas como medicamentos herbarios. Puede ser un té, por ejemplo, que no representa un riesgo, cualquiera lo consume y tiene sus propios fotosensibilizantes”, explicó Funes y aclaró que en el producto que funciona como insecticida utilizaron el Hypericum Perforatum.

También contó que junto al grupo de trabajo con el que hizo su doctorado se especializó en fabricar los sensibilizadores y aplicarlos a la muerte de microorganismos. “Los aplicamos más que nada en terapias de salud. Fabricábamos materiales para matar microorganismos en aplicaciones odontológicas y oftalmológicas, porque tienen que ser usados en un lugar al que llegue la luz”.

“La toxicidad de los extractos de plantas es cero, entonces hicimos un preparado, nanoemulsionamos (lo partimos en miles de millones de partículas muy chiquitas, nanométricas) y no tuvimos problemas de solubilidad. Básicamente obtuvimos un producto que es un colorante que produce inactivación fotodinámica y mata microorganismos o insectos con la acción de la luz y el oxígeno”, simplificó.

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