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Los higienistas deben tener bajo su control el ambiente laboral

Las nuevas medidas que dictó la Nación obligaron a industrias y comercios a modificar sus procedimientos.

Por redacción
| 17 de mayo de 2020

Las personas que diariamente salen a realizar sus tareas fuera de casa y también aquellos que en poco tiempo más deberán enfrentarse a esta nueva realidad laboral, se hacen muchas preguntas: ¿Se evaluaron los riesgos antes de retomar las actividades? ¿Están definidas las medidas de control con base en una jerarquía? ¿Esas medidas serán administrativas, de ingeniería o solo con elementos de protección personal? ¿Habrá que regirse por nuevos protocolos? Quienes se encargan de realizar la gestión de riesgos en el ámbito del trabajo son los licenciados en Higiene y Seguridad Laboral, cuya misión es “cuidar a los que trabajan”.

 

Uno de los que realizan esa tarea es Sergio Flores, quien destacó que “a raíz de la pandemia de coronavirus el entorno laboral que teníamos cambió y hay que evaluarlo de nuevo. Tenemos que implementar procedimientos de trabajo acordes a las nuevas situaciones de riesgo, capacitar a los trabajadores, realizar y documentar los controles; además de garantizar la provisión de ropa y elementos de protección”.

 

 

 

Sobre este último punto destacó que “hay un gran dilema a raíz de la escasez de estos elementos y muchos se plantean si reutilizar algunos como los protectores respiratorios para la industria, mal llamados barbijos, que tienen fecha de vencimiento”.

 

Flores detalló que la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) dictó dos resoluciones el pasado 21 de marzo "donde formuló las recomendaciones para la emergencia ante la pandemia de COVID-19 que además detalla de los elementos de protección para trabajos exceptuados del cumplimiento de la cuarentena”.

 

En esa normativa hay un punto que expresa: “Los servicios de higiene y seguridad en el trabajo y en medicina laboral deberán realizar una nueva evaluación de las situaciones de riesgo frente a esta emergencia sanitaria”.

 

Sobre la actualización de los procedimientos en los espacios de trabajo. Flores indicó que "la mayoría de las empresas privadas lo hace, y también algunas instituciones públicas. Y lo están haciendo con las nuevas resoluciones que dictó la Superintendencia. Por ejemplo, se les pide tomar la temperatura diaria de todo el personal y la señalización de la distancia en cada espacio.

 

 

Riesgos y peligros

 

A partir de la declaración de la pandemia, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció una pirámide de riesgos y los clasifica por distintos niveles: Muy Alto, Alto, Medio y Bajo. “Los más expuestos son quienes tienen un contacto directo con el enfermo, como los técnicos y profesionales que deben practicar una intubación a un paciente, porque están muy cerca de la fuente de contagio”, señaló Flores.

 

“El riesgo alto lo tienen las personas que hacen los controles sobre esas fuentes, por ejemplo, médicos y enfermeras. Quienes tienen un riesgo medio podrían ser los y las cajeros y cajeras de supermercados por la cantidad de gente que atienden diariamente. Mientras que el bajo sería un personal administrativo que tiene cero contacto con gente desconocida”, fueron los ejemplos que citó.

 

Con esa pirámide los higienistas deben hacer una evaluación de riesgo para ver en qué lugar se ubica cada tarea en una organización y cuáles serán las medidas de control adecuadas.

 

“Lo primero es tener muy claro el concepto de dos palabras para entender las acciones que hay que tomar: riesgo y peligro. Lo primero que hay que decir es que no son lo mismo. El riesgo es la exposición y el peligro es la fuente que lo genera, es decir, lo inherente a las cosas", aclaró el profesional. Y citó como ejemplo cuando una persona toma mate mientras maneja: “El termo no es un peligro en sí mismo, sino que uno se expone al peligro que genera el agua caliente cuando se toma mate y maneja a la vez, porque desatiende la conducción”. 

 

Estos profesionales deben hacer los controles en las industrias y en organismos públicos "porque todos tienen riesgos". Y para controlarlos primero deben detectar los peligros: "Esa es nuestra tarea. Cuando llegamos a un lugar debemos identificarlos. Tenemos que conocer de cada tarea cuál es el potencial que tiene de exponerse a un peligro y para eso hay que seguir una serie de pasos”, señaló Flores. 

 

Según dijo, los peligros se identifican a través de la información que brindan los propios trabajadores de cada organización por medio de una tarjeta de incidentes, que es una encuesta donde se les pide que detallen al máximo sus tareas rutinarias (diarias) y excepcionales (cada 15 días o mensuales) para saber cuáles pueden ser los potenciales peligros a los que están expuestos. “También tenemos que capacitarlos y enseñarles para que vean los peligros, porque esa es la forma que tenemos de empezar a controlar la exposición. Si el peligro está identificado, se van a poder implementar medidas de control”, agregó.

 

Cuando capacitan a los trabajadores para identificar en cada etapa del proceso de su actividad los peligros, se puede decir que ese recinto o unidad tiene “gestión de riesgos”. Luego se debe atender a la magnitud de cada uno y se los divide en tres grupos: Aceptables, Críticos o No aceptables. “Los que primero se deben atender son los críticos, por ejemplo en esta pandemia si hemos identificado los peligros de contagio en las diferentes tareas que hacemos, tanto los ciudadanos como el personal sanitario, tenemos que saber qué medidas de control debemos aplicar según una jerarquía para eliminarlo, sustituirlo, aplicar controles de ingeniería o controles administrativos”, destacó Flores.

 

De acuerdo a ese recorrido, el higienista detalló: “Todos quisiéramos eliminar ya este virus, pero estamos viendo que no es posible. Sustituirlo, en este caso, no tiene sentido. En cambio, los controles de ingeniería sí son posibles, por ejemplo los cambios para aislar determinados espacios o las barreras físicas que se implementan en comercios y farmacias. Proteger las cajas de los supermercados o los lugares de conducción de los choferes de colectivos son otras medidas para garantizar que no haya contacto directo entre las personas”.

 

 

 

El control administrativo es lo que más se aplica ahora: los famosos protocolos. “Para eso, hay que tener previamente una identificación y evaluación del peligro. Y todo ese trabajo se vuelca en lo que se denomina matriz de riesgo, que es la que determina una tarea principal. Vamos a suponer que nuestra actividad sea vacunar: imaginemos todo lo que implica el proceso de vacunación desde el ingreso de la persona, dónde se la recibe, dónde es la sala de aplicación, si tengo que saber mi factor de ocupación sobre cuántas personas pueden estar allí según los metros cuadrados disponibles, cuánto tiempo está previsto para que sea atendida, etc. Luego se evalúa si es una tarea rutinaria o excepcional y sus riesgos o peligros”, explicó Flores. 

 

Pero aún así, admitió que “a veces hay que convivir con el peligro —como es el caso de la

 

COVID-19— porque no hay alternativa. Pero se puede hacer si antes se controla la exposición con estas evaluaciones y si las medidas de control que se aplican se pueden garantizar, son trazables y demostrables; es decir, medidas de control que se repiten a lo largo de todo el proceso”.   

 

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