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Luis Molina, el maratonista olímpico que corre por San Luis

Compitió en Río 2016. La cuarentena lo agarró en la provincia y está feliz de volver a entrenar. “Es un lugar ideal, con muy buenos circuitos”, dijo.

Por Maximiliano Molina
| 29 de mayo de 2020
Momento inolvidable: al cruzar la meta en los Juegos Olímpicos de Río.

Las rutas y avenidas de Juana Koslay disfrutan por estos días el paso firme de un atleta olímpico. Se trata del maratonista Luis Molina (32 años), quien compitió en los JJ.OO. Río 2016 y tiene el objetivo de estar en Tokio 2020, que fue reprogramado para el año próximo. 

 

Pero ¿por qué Luis Molina está en San Luis, siendo que nació en Chascomús, su familia reside en Lobos y él vive en Castelar (Buenos Aires)? Él mismo lo contó: “Nos conocimos con Carla (Vidal, su pareja, también atleta) en febrero. Ella fue a Buenos Aires, después me vine para acá antes de que iniciara la cuarentena. En principio pensábamos que serían quince días, pero todo se alargó”.

 

El aislamiento social, preventivo y obligatorio inició el 20 de marzo y, recién dos meses después, el lunes 18 de mayo, fue el primer día autorizado para correr en la provincia. “Yo corro desde los 13 años y ahora tengo 32. Nunca tuve un descanso pasivo. Siempre fue activo, de una semana o dos de trote suave. Al principio me lo tomé bien, porque parar después de tantos años no venía mal. Pero con el correr de los días ya te empezás a desesperar un poco porque es muy difícil mantener el peso aunque te cuides”.

 

Sin dudas, no fue fácil para un atleta de elite dejar de correr repentinamente. “Estuvimos un mes sin correr y yo estoy acostumbrado a hacer entre 28 y 30 kilómetros por día. Con Carla empezamos a ver que estábamos perdiendo la forma y el peso, entonces decidimos alquilar una cinta. Y eso nos fue ayudando el segundo mes hasta que pudimos salir a correr a la calle”.

 

 

“Cuando llegás a un Juego Olímpico, después cuesta motivarse. Decís: '¿Y ahora qué?'. Ahora deseo estar en otro”. Luis Molina.

 

 


En tierra puntana: Molina corre en el perilago del dique Cruz de Piedra.

 

 

—¿Cómo fue ese regreso a los entrenamientos?

 

—Soy par, así que aprovecho los cuatro días que puedo salir. Fue muy raro volver a la calle. Si bien la cinta nos ayudó bastante, no es lo mismo. El primer día parecía que no había corrido nunca. Más que nada acá, que es todo ondulado y eso hace que te cueste más. Pero ya estoy aclimatado. Siempre fui un atleta que no le costó volver, como por ejemplo cuando estuve parado por alguna lesión; a la semana o a los 15 días ya estaba corriendo bien.

 

 

—¿Qué te pareció San Luis para entrenar?

 

—Está muy bueno, es un lugar ideal. Tiene la altura justa y, además, muy buenos circuitos. Para la distancia que manejo, la maratón, es un sitio que te permite hacer muy buenos kilómetros de calidad. No es lo mismo hacer 20K en el llano que hacerlo acá, porque ganás fuerza y demás cuestiones.

 

 

—¿Por dónde salís?

 

—Por suerte tengo muy buena ubicación entonces no me pierdo. Siempre busco lugares diferentes. Estamos en Juana Koslay y generalmente lo que hago es ir hasta la rotonda de Cruz de Piedra, voy a Potrero, doy la vuelta y regreso, unos 18K. Si no, voy hasta Cruz de Piedra, después rotonda de Cuchi Corral y bajo por Los Puquios hasta la comisaría, y luego subo por Viento Chorrillero. Esas son mis vueltas preferidas.

 

 

—En cuanto al kilometraje semanal ¿cómo arrancaste?

 

—Arranqué la primera semana con 130 o 140K, y esta semana calculo que llegaré a 160K. Nunca me costó sumar kilómetros. En general estoy acostumbrado a hacer entre 200 y 210K semanales. Entonces cuando hago 150, si bien es un montón, adentro mío siento como que faltó, pero acá tiene otro plus porque el terreno es duro. Entonces, un día que estás cansado te cuesta correr, acostumbrado al llano en donde es más fácil.

 

 

—¿Cómo hacés para mantenerte enfocado sin certezas de una competencia?

 

—Es complicado, pero si bien tengo la planificación, voy día a día. Escucho mucho a mi cuerpo y trato de dar el 100% siempre. No soy de mirar mucho más allá. Tenía pensado correr la Maratón de Londres, que era en abril y se pasó para el 4 de octubre. Por ahora sigue en pie, aunque no creo que se haga. Pero ese sería un objetivo. Ahora entreno un poquito más rápido como para dejar las piernas bien para julio, por si sigue todo bien y la carrera se hace, empezar a entrenar para esa Maratón.

 

 

—También sigue la idea de buscar la clasificación para Tokio.

 

—Sí, todo esto dio tiempo para intentarlo. La marca en Londres no me serviría porque el registro para clasificar a los JJ.OO. de Tokio es a partir de diciembre. La idea para buscar eso sería hacer Sevilla, el último domingo de febrero. Es una motivación. Para clasificar se necesita 2h11m30s o entrar por ranking. Es una marca difícil, pero no imposible. De hecho “Coco” (Muñoz) y Joaquín (Arbe) la hicieron. Es un ritmo promedio de 3m06s el kilómetro; yo cuando hice la marca para Río corrí a 3h11m. Así que vamos a intentarlo; y si no es Tokio pensaremos en 2024.

 

 

—Hablando de JJ.OO. ¿qué recuerdos tenés de Río 2016?

 

—Todo arrancó en 2015, cuando logré la marca en Buenos Aires. Fue una carrera extraordinaria porque la clasificación la conseguí en Argentina. Estaba toda mi familia, amigos, gente que me apoyó siempre. Para Río pedían 2h19m y el Comité Argentino la bajó a 2h16s. Creíamos que era una locura, porque lográndolo entrabas al Top 10 de toda la historia argentina. Conseguí plasmar todo el esfuerzo de años (clasificó con 2h15m23s). Y en Río lo más lindo fue estar en la Villa Olímpica, sin dudas. Los maratonistas corrimos el último día de los Juegos y eso nos permitió estar muchos días ahí. Cruzarte con deportistas de nivel mundial todo el tiempo es increíble.

 

 

—Y a la carrera ¿la disfrutaste?

 

—La carrera en sí fue muy linda, pero no pensás demasiado en dónde estás porque vas concentrado en el ritmo. Tenés esa lucha interna de decir: 'Disfruto o sigo metiéndole'. Tengo pocos recuerdos de la competencia. Sí tengo en la memoria los 800 metros finales llegando al Sambódromo. Fue único, porque había soñado con eso toda la vida como deportista. Tuve una lesión en la previa y no sabía si podría completar la carrera y en maratón siempre se dice que para ser olímpico tenés que cruzar la meta. Y dentro de mí estaba eso. Así que cuando llegué, la felicidad fue total.

 

 

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