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Newen junta abrigos para donar a sus 100 alumnos

Ya recibieron gorros, pulóveres, buzos y frazadas que repartirán entre las familias más necesitadas.

Por redacción
| 12 de junio de 2020
Una integrante de la familia Ávila llevó abrigos para los chicos. Foto: gentileza.

El equipo de orientadores, directivos y profesionales que trabajan en el Centro de Día Newen decidió ayudar a sus alumnos y por eso inició una colecta que llamaron “Abrazos que abrigan el corazón”. Es para que los 100 asistentes a la institución no pasen frío durante el invierno. El 26 de mayo comenzaron la colecta que durará hasta aproximadamente el 18 de junio y así poder repartir las prendas dentro de dos semanas.

 

Para recibir las donaciones dispusieron las instalaciones del centro, ubicado en Pringles 1235, tres días a la semana, de lunes a miércoles de 9 a 13. Quienes vayan no podrán ingresar al edificio, por lo que la entrega se realiza en la puerta. En el interior, todo el personal abocado a la tarea realiza la selección y verifica el estado de las prendas. La recepción ha superado las expectativas ya que, además de lo donado por los mercedinos, recibieron abrigos desde el Centro de Atención Primaria de la Salud (CAPS) de Juan Llerena y de la localidad de La Toma. 

 

 

 

Para entregar lo recolectado usarán el transporte que habitualmente lleva a los alumnos desde el Centro de Día hasta sus hogares y viceversa, e irán casa por casa. “Para la gente que quiera corroborar que las cosas lleguen a destino, sacaremos fotos que van a estar publicadas en nuestra página de Facebook”, explicó Mariana Morán, una de las orientadoras. También contó que no tienen un número exacto de todo lo que juntaron hasta el momento, pero el martes irá un grupo para hacer el conteo y ver si hay algo descosido para remendar, lavar y dejarlas en óptimas condiciones. También prepararán bolsones para cada familia. 

 

“Todos quienes formamos parte del personal estamos trabajando con la colecta. Nos vamos dividiendo las tareas y nos ayudamos como equipo. Están abocados todos los sectores, desde cocina, administración, enfermeros, orientadores, directivos, mantenimiento y técnicos, hasta la trabajadora social; somos muchos por una misma causa”, agregó. 

 

A la institución concurren alrededor de cien alumnos, desde los 10 años hasta más de 60. Están divididos en diez salas, cada una tiene una orientadora que cumpliría el rol de una maestra de aula y tienen diez integrantes. El Centro de Día trabaja con distintas discapacidades severas: parálisis cerebral, autismo, Trastorno General del Desarrollo (TGD), demencia senil, síndrome de Down, trastorno de personalidad, entre otras. Tiene profesionales especializados como nutricionistas, psicólogos, kinesiólogos, profesores de Educación Física, psicomotricista, de terapia ocupacional y van realizando tareas específicas de acuerdo al diagnóstico del alumno. 

 

 

 

Les dan el desayuno, almuerzo y merienda, pero durante la ausencia en el edificio, el transporte lleva a los domicilios los alimentos. 

 

“Los chicos están en su casa y poder diagramar actividades de manera virtual con sus patologías no ha sido fácil. Las familias han sido el nexo fundamental para poder hacer las tareas y clases virtuales y gracias a eso podemos cumplir con una de las principales metas que nos habíamos propuesto como institución, que es no perder el contacto con los chicos. Están acostumbrados a vernos todos los días y si pasa una semana que no nos ven, cuesta establecer el vínculo y las reacciones no son las mismas. Las videollamadas fueron el elemento que usamos y se tuvieron que adaptar a ver a la señorita y no tocarla”, reveló Morán.

 

Los padres y tutores manifestaron que tener esa comunicación con sus docentes los calmaba. “Lo que analizamos es que la pandemia abrió la relación con los chicos y nos permitió conocer las necesidades de cada uno y así poder ayudar, porque si la familia está bien, obviamente el alumno está mejor contenido”, planteó.

 

La orientadora asegura que todos están ansiosos por volver a la institución a hacer las tareas con los compañeros y poder ver a los profesores, pero que puntualmente los adultos mayores son los que más ganas tienen, ya que en esta época del año tejen bufandas y accesorios, pero que son a quienes más deben cuidar porque por la edad están dentro del factor de riesgo.

 

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