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Un puntano cuenta las protestas contra el racismo en Chicago

Un científico de San Luis, quien vive hace dos años en Estados Unidos, da su mirada sobre el conflicto racial.

Por redacción
| 30 de junio de 2020
Marcos Muñoz es puntano y doctor en Bioquímica. Foto: gentileza.

Marcos Muñoz es puntano y trabaja en Chicago, la tercera ciudad con más habitantes de Estados Unidos. Hace unas semanas salió a correr y quedó encerrado en una manifestación contra el racismo y la brutalidad policial. “Salí a correr hacia el centro de la ciudad y cuando quise regresar a mi departamento no pude. La Policía local había dispuesto que se levantaran los puentes que sirven para llegar al centro comercial para que no se juntara más gente en las protestas que se reactivaron por la muerte de un joven negro de 27 años en Atlanta”, relató Marcos en diálogo con El Diario de la República. Y continuó: “En el centro de Chicago hay una torre Trump y temían que la gente provocara destrozos. Por eso, aislaron todo levantando los puentes de ingreso y egreso”.

 

A poco más de un mes de la muerte de George Floyd a manos de la Policía de Minneapolis (ocurrida el 25 de mayo), El Diario dialogó con Marcos, nacido en San Luis en 1989. Es doctor en Bioquímica recibido en la Universidad Nacional de San Luis y vive en Estados Unidos hace dos años. Actualmente está contratado por la Universidad de Illinois. En su trabajo posdoctoral estudia el metabolismo celular relacionado a enfermedades como la obesidad y la diabetes.

 

 

 

Una ciudad que abraza la diversidad

 

Chicago es una ciudad de una amplia diversidad poblacional. El 32% de sus habitantes es afroamericano, mientras que el 18% es de origen latino. Fue uno de los centros urbanos en donde se registraron grandes movilizaciones en contra del racismo y la violencia policial. “El 30 de mayo, cinco días después de la muerte de Floyd, en Chicago se armaron protestas espontáneas. A pesar de que la ciudad estaba bajo toque de queda y en cuarentena por la pandemia de coronavirus, la gente salió a la calle masivamente para mostrar su repudio por el asesinato y por el mensaje de Donald Trump de que 'si hay saqueos, habrá balacera'”, contó el puntano sobre la situación que se desató en la ciudad en la que reside.

 

Lori Lightfoot, “mujer, morena y lesbiana”, es la alcaldesa de Chicago, una de las ciudades “más progresistas de Estados Unidos. Por eso, la Policía local tenía órdenes de no reprimir a quienes participaban de los reclamos”, explicó Marcos. Y continuó: “Las protestas fueron muy duras y con mucha violencia durante los primeros días. Desde el sábado 30 de mayo hasta el lunes 1º de junio, hubo 25 muertos en enfrentamientos entre 'gangs' (bandas). Aprovecharon que la Policía estaba ocupada custodiando las protestas para pelear por el control de territorios para la venta de drogas”.

 

Todo eso empeoró la situación: “En la zona donde vivo, la avenida 18 del barrio Pilsen, se escuchaban ráfagas de balazos durante la noche. Eran enfrentamientos entre quienes saqueaban locales y los comerciantes que defendían sus negocios”, dijo Muñoz.

 

 

 

Protestas organizadas

 

Inicialmente, las muestras de disconformidad eran espontáneas, la gente no se organizaba. Pero al pasar los días los grupos militantes se coordinaron y definieron consignas. Algunas fueron pintadas en las calles por artistas urbanos: “Chicago stands united” (Chicago está unida), “Black love, brown pride” (amor negro, orgullo latino) y “Together we stand, divided we fall” (juntos de pie, divididos caemos).

 

Alrededor del mundo millones de personas se manifestaron contra el racismo. En uno de los días más calientes de protestas por la brutalidad policial, un joven de 22 años, hijo de una pareja de argentinos, terminó muerto por el balazo de un agente. Sean Monterrosa estaba arrodillado cuando el policía le disparó.

 

Trump intentó calmar la ira nacional con una nueva orden ejecutiva para incentivar a las fuerzas del orden locales a mejorar las normas y los registros sobre prácticas abusivas.

 

Ante el panorama, Marcos reflexionó: “Me pregunto, si en San Luis hay supermercados chinos, ¿por qué nadie tiene un amigo chino? ¿No será que los argentinos también somos racistas y ni siquiera lo sabemos?”.

 

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