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El campo, un territorio de conquista para las mujeres

Según los datos del Indec, solo el 18 % de las explotaciones agropecuarias de San Luis está encabezada por mujeres. Hablamos con algunas de ellas para conocer su realidad.

Por María José Rodríguez
| 02 de agosto de 2020
De la Sociedad Rural. María Laura Briansó, Mariela Delpiano y Yeny Yurchag. Fotos: Revista El Campo.

Según el Censo Agropecuario 2018 realizado por el Indec (Instituto Nacional de Estadística y Censos), un 20% de los establecimientos en la Argentina está administrado por mujeres. Esto quiere decir que las explotaciones agropecuarias encabezadas por ellas se duplicaron en 16 años, aunque la cifra también indica que persiste la inequidad de género en el sector rural.

 

Jujuy es la provincia con mayor porcentaje de mujeres liderando establecimientos, con un 42%. San Luis está apenas abajo del promedio nacional con el 18%. Históricamente el sector está manejado por hombres y la enorme brecha es evidente en casi todo el país.

 

Ahora, hay mujeres que trabajan el sector ganadero en toda su extensión, en la explotación de recursos naturales y en la generación de materias primas; sin dejar de lado aquellas que están inmersas en tareas intelectuales, como la administración de establecimientos y en la comercialización.

 

En el informe, los técnicos especifican que no es que solo hay en el país un 20% de mujeres que trabajan en el campo, sino que ese es el porcentaje de propietarias o arrendatarias. La presencia en el sector como productoras, trabajadoras o familiares, en todas las explotaciones (jurídicas y físicas) es del 38%.

 

La ONU (Organización de las Naciones Unidas), indica que “las mujeres rurales son agentes clave para conseguir los cambios económicos, ambientales y sociales necesarios para el desarrollo sostenible, pero su acceso limitado al crédito, la asistencia sanitaria y la educación se encuentra entre los muchos retos a los que se enfrentan. Estos se ven agravados además por las crisis mundiales: económicas, alimentarias y el cambio climático. Empoderar a este colectivo es fundamental para el bienestar de las personas, familias y comunidades rurales, y para la productividad económica general, dada la amplia presencia de mujeres en la mano de obra agrícola”.

 

Existen alrededor del mundo innumerables instituciones que nuclean a las mujeres rurales, que trabajan para visibilizar las problemáticas a las que se enfrentan desde hace muchos años. Mencionarlas a todas sería una tarea inabarcable. En este caso consultamos a Julieta Toffoletti, una joven de La Plata que decidió reunir a sus pares en el sitio Agrónomas Argentinas; y en San Luis a María Laura Briansó, la coordinadora de las Mujeres Ruralistas de la Sociedad Rural de la capital puntana.

 

 

Por igualdad de condiciones

 

Sol Puntano es uno de los espacios de producción más importantes de la provincia, es una empresa que nació en el año 2000 a partir del Proyecto de Investigación y Desarrollo “Colonia Agrícola”, y está a cargo del ingeniero agrónomo Alfredo Cartellone. En el plantel estable hay 14 mujeres que realizan diferentes tareas en el área de cosecha, producción de dulces y conservas, en los invernaderos y en el galpón donde se preparan los bolsones para la venta. En total son alrededor de 80 empleados.

 

En el predio, el trabajo no está dividido según el género de los empleados. Hombres y mujeres realizan trasplantes, cosechan, desmalezan y podan, entre otras actividades. “Si la mañana se presenta con temperaturas muy bajas, decidimos quedarnos dentro del invernáculo. Ellas realizan tareas pesadas, todas están totalmente capacitadas para hacer todo tipo de trabajos rurales”, asegura Carhué Ortiz, quien se ocupa del sector de invernáculos, donde elaboran las bandejas hortícolas.

 

La profesional contó que realizar actividades que requieren fuerza no es un impedimento y aseguró que el tiempo, la capacitación y la práctica en diferentes tareas les permitió descubrir el perfil de cada una, sin hacer distinción de género.

 

"Fuimos aprendiendo todos como equipo, más allá de que ellas tienen el conocimiento desde hace varios años. Hicimos diferentes capacitaciones en riego, en control de temperaturas, en diferencias de crecimiento hortícola. Con constancia y dedicación, ellas lograron obtener las herramientas para realizar todas las tareas. Este es un equipo de trabajo bien conformado. Para mí fue un desafío tener personal a cargo, que cumplieran y lograran los objetivos", concluyó Ortiz.

 

 

Alejandra Mamani: “Las mujeres de campo podemos hacer de todo”

 

Hace 26 años, Alejandrina Mamani dejó su Bolivia natal para venirse a vivir a San Luis junto a su pareja en busca de un futuro. En su país no trabajaba la tierra, pero aquí descubrió que eso la hace muy feliz.

 

“Tengo 45 años y 4 hijos. A base de sacrificios, todos están estudiando, los tres más grandes en la universidad y el más chico en la secundaria. Hace 17 años empezamos a trabajar en el Plan de Inclusión Social. Aprendí mucho, nunca había trabajado en el campo, siempre me había dedicado al estudio o la casa. Cuando formé pareja, hace 26 años, me vine a la Argentina. Mi familia sabe que estoy en una empresa en la que trabajamos la tierra para obtener verduras y frutas”, afirma, y remarca: “Las mujeres de campo podemos hacer muchas cosas. Sembramos, hacemos trasplantes, cosechamos, podamos, somos capaces de hacer de todo”.

 

 

Antonia Garro: “A mis hijos les enseñé a cultivar”

 

Antonia Garro es de San Luis y vive en el barrio 9 de Julio, en el oeste de la capital, donde la gente se tiene que esforzar mucho para llevar el sustento a la familia cada día.

 

Tiene 50 años y hace 17 que trabaja en el sector rural. Además de ser el sostén de su casa, crió a seis hijos. “Mi experiencia ha sido muy buena en Sol Puntano, hemos aprendido muchas cosas, que llevo a la práctica en casa, donde tenemos una huerta para consumo propio. Todos mis hijos saben trabajar los cultivos, es una hermosa tarea y les enseñé a ellos todo lo que aprendí”, dice Antonia, y agrega que el grupo de trabajo con el que comparte todos los días es muy lindo. “Nos llevamos bastante bien, la ingeniera nos explica y nos ayuda en todo”, expresa, y cuenta que después de dedicarse a las tareas que realiza en la colonia agrícola trabaja en un geriátrico. “Mi segundo empleo requiere de una enorme paciencia, una gran empatía  y una capacidad de dar amor. Actualmente no se puede vivir con un solo sueldo, el dinero no alcanza”, dice.

 

 

 

Jeny Andrade: “Aprendimos muchas cosas juntas”

 

Jeny se esconde detrás de una capucha azul. Esta jujeña de 32 años acomodaba con paciencia los alveolos en una bandeja hortícola. “Me gusta  la plantación de verduras, desde hace mucho tiempo trabajamos con mi cuñada. Me siento tranquila, libre, respirando el aire limpio. Desde que empecé hubo muchos cambios, en el norte  el trabajo es muy distinto. Aprendimos muchas cosas juntas que pudimos aplicar en la parcela en la que trabajamos junto a la familia. Tengo una hija de 9 años a la que le gusta vender en el barrio La República, donde vivimos y entregamos bolsones o comercializamos la verdura por kilo”, contó.

 

Basilia Paco Giménez de 23 años, es la cuñada de Jeny y dijo que trabaja en la actividad rural desde los 13 años. Hace 3 llegó a San Luis para quedarse junto a su mamá y su hermano. “El clima es muy diferente, en Jujuy no había agua y había mucha la competencia. Aprendí muchas cosas que puedo aplicar en la parcela en la que cultivamos”, expresó.

 

 

“Preferimos trabajar al aire libre”

 

Liliana Beatriz Quiroga tiene 58 años y Analía Elizabeth Toledo, 52. Ellas prefieren las tareas a campo, tanto que no les importa salir a podar cuando la temperatura que marca el termómetro en el predio de Sol Puntano es muy baja, si hay neblina o si llovizna.

 

“Aprendimos muchas cosas en las capacitaciones y las aplicamos acá. Sembramos, cosechamos y hacemos todo lo que se hace en Sol Puntano. A través de la práctica se aprende más”, explica Liliana, quien afirma que tiene a sus hijos grandes, pero que sostiene la economía familiar a través de su trabajo en la empresa.

 

Analía deja a sus hijos con su mamá y sale de su casa temprano para trabajar en el predio. Ella es como Liliana, trabajan en silencio. Ella también prefiere el aire libre. Con paciencia infinita, explica de qué se trata su trabajo: “Los pitones son las yemas en las que se va a cargar la fruta de la planta el próximo año. Trabajamos en esto desde que empezó el Plan de Inclusión, hace 16 años, y nos gusta mucho. Salir al campo es lo mejor, a mí me gusta estar tranquila, el encierro me bajonea”.

 

 

 

Julieta Toffoletti: “Hoy ocupamos más espacios en el sector"

 

Julieta Toffoletti creó Agrónomas Argentinas en busca de lograr un mayor protagonismo, porque sentía que faltaba reconocimiento hacia ellas en cuanto a trabajadoras esenciales del campo.

 

"Hoy las mujeres rurales ocupamos más espacios dentro del sector agropecuario y esto es cada vez más visible. El fácil acceso a la información, a través de internet y redes sociales, ayudó mucho a dar a conocer nuestro papel", consideró en una entrevista telefónica con la revista El Campo.

 

"Al poder ver, leer y escuchar a muchas mujeres que realizan diferentes tareas en el campo, otras se animan y comienzan a participar más o dejan de tener prejuicios. Los motivos que llevan a ocupar más espacios en el sector agropecuario son diversos, puede ser que disfruten involucrarse en las tareas, estar a la cabeza del establecimiento o convertirse en profesionales dentro del sector", desmenuzó esta ingeniera agrónoma con amplia experiencia.

 

"Cada vez hay más profesionales en el sector, más productoras y trabajadoras rurales en diferentes actividades, por eso creo que habrá más presencia de mujeres en el campo en un futuro próximo. También sé que es una realidad del país, aunque quizá los cambios se den más rápido en algunos lugares que en otros", aseguró Toffoletti, quien cree que "aún hay personas conservadoras que creen que los hombres y mujeres tendrán siempre tareas específicas a cargo, pero esta forma de pensar va cambiando. Las mujeres en el agro ya demostraron que son capaces de realizar tareas que antes eran exclusivas de los hombres".

 

En cuanto a ventajas, cree que "las empresas reconocen que somos más detallistas y vemos situaciones que pasan desapercibidas a los ojos masculinos, ya que tenemos otra sensibilidad. Y esto se puede considerar como una habilidad. En el caso de trabajos de campo, las que se animan por ejemplo a asesorar, si bien son vistas con recelo en un principio, una vez que muestran los resultados de su intervención son aceptadas de inmediato en la gran mayoría de los casos".

 

Julieta piensa que "hay que reconocer que existen prejuicios en ambos lados, tanto de hombres como de mujeres. Hay costumbres arraigadas y maneras de pensar difíciles de cambiar".

 

 

 

María Laura Briansó: “La mujer de campo todavía viene un pasito atrás del hombre”

 

María Laura Briansó se mueve con soltura por el predio de la Sociedad Rural de San Luis. Su cargo de coordinadora de las Mujeres Ruralistas de la entidad le permitió conocer otra faceta del campo, y está feliz con el papel que le reservó el destino.

 

"Históricamente los trabajos del campo están considerados como una actividad netamente de hombres, aunque también detrás de ellos siempre hubo mujeres. En la actualidad el trabajo de la mujer rural se visibiliza un poco más, pero siempre estuvo cumpliendo un rol súper importante, porque llevaban adelante los cuidados de la casa y además se dedican a la producción y a tareas relacionadas al campo, que son muchas. Pero siempre a la sombra de la figura masculina, que es la que sale a la luz, la que se ve", analiza.

 

"Las mujeres hemos evolucionado para reivindicar la posición y los derechos. En entidades como la Sociedad Rural, las mujeres nos metimos a trabajar porque nos llamaron. Por eso armamos esta comisión conformada por 12 mujeres. La idea es allanarle el camino a la mujer de campo. Es más difícil hacerlo particularmente, por eso nos apoyamos en esta institución. Nos invitó CRA (Confederaciones Rurales Argentinas) para armar un grupo de mujeres que trabajen específicamente para apoyar a otras, somos alrededor de cien", contó Briansó.

 

Claro, nada es fácil. "La mujer de campo todavía viene un pasito atrás del hombre. Hay una generación nueva que se interesa mucho por el sector y queremos que se visibilicen. Es una actividad muy sacrificada. Hay que levantarse temprano, aguantar temperaturas muy bajas, darles de comer a los animales, sembrar y ordeñar, y todo se realiza de lunes a lunes. Es lo que hacen muchas mujeres todos los días. En la Rural hacemos hincapié en que la mujer rural sea esa que trabaja en el campo y que su tarea sea visible", cerró.

 

 

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