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Quino, el padre de la criatura

Joaquín Lavado supo llevar en dibujos a la cultura popular de Argentina al mundo. El recuerdo de Quino de una puntana.

Por redacción
| 30 de septiembre de 2020

Quedaban pocos hombres en la humanidad con la sensibilidad, la sapiencia y la bondad de Joaquín Lavado. Esa puede ser una de las razones que expliquen a Mafalda, su máxima creación, como una obra perdurable en el tiempo y, más meritorio aún, imposible de igualar en sus 56 años de existencia.

 

Parece un lugar común -más ahora que el ilustrador, pensador y humorista gráfico mendocino dejó sus reflexiones en el limbo de la eternidad- incluir al padre de la niña inconformista como una voz indispensable en la cultura popular argentina. Pero no hay otro remedio. No debe haber mejor descripción que esa para un hombre que condensó en un personaje (y en todos los de su entorno) todas las inquietudes de una, dos, tres ¿cuatro? generaciones de seres humanos.

 

Si hay algo que logró Quino gracias a su obra fue expandir desde Guaymallén -donde nació en 1932- su visión del mundo a todo el universo. Ayer, en su portal web, el diario español "El País" lo mencionó como "el dibujante más internacional del idioma español".

 

Un poco de recelo puede dar que pese a la cercanía (aunque fue poco el tiempo que Joaquín residió en Mendoza, pese a que su muerte se produjo ayer en Chacras de Coria) no haya registros de visitas a San Luis. Una buena oportunidad de acercarse a su obra para los puntanos se produjo en la edición 2018 de la Feria del Libro de Villa Mercedes, cuando la organización consiguió una impecable y muy completa muestra de la trayectoria del mendocino.

 

Por esa ausencia física que Quino tuvo con la provincia toma relevancia la figura de Tona Salino como una de las pocas puntanas que tuvo contacto con él.

 

Cuando la dirigente puntana estudiaba Periodismo en Buenos Aires, a principios de los '70, fue recibida por el dibujante en su departamento de calle Rivadavia, en Barrio Norte, para una entrevista. "Me pareció una persona muy accesible, muy tímido diría. Pero muy amable y muy correcto", recordó ayer Salino a poco de conocerse la triste noticia.

 

"Fue uno de esos hombres que no debería morirse nunca", sostuvo Tona, quien consiguió que en la entrevista Quino se abriera a una confesión que pudo hacer temblar a millones de personas en el mundo: estaba intentando despegarse un poco de Mafalda para escribir otras cosas.

 

En esa búsqueda, el mendocino tuvo viñetas que demostraron que su capacidad de ver el mundo, el arte, el poder, el amor, la sociedad, la familia y la vida misma excedían a la niña rebelde.

 

Una buena demostración de eso puede ser un chiste que publicó en una revista dominical que mostraba el encuentro casual de un hombre y una mujer en una galería de arte. Luego de conversar brevemente quedan de juntarse "al martes siguiente", con la moderada esperanza de comenzar una relación. El cuadro final de la viñeta resume parte de su humor: ella está con algunas lágrimas de desazón sentada en una confitería llamada La Gioconda. Él mira para un lado y otro en la terraza de un bar llamado La Mona Lisa ubicado en la misma, fatídica, esquina. La frase del pie, con la cursiva que caracterizó a Quino es una enseñanza de que el humor también se puede hacer desde la angustia: "Jamás supieron por qué no pudo ser".

 

 

 

 

En 1973, Quino dejó de publicar a Mafalda, pero su persona quedó indisolublemente unida a su creación. Fue imposible para el autor evitar que la nena siga apareciendo, tenaz, en las redes sociales, a veces con pensamientos y expresiones que nunca fueron publicadas en la tira y que no representan en absoluto el pensamiento de Quino. En ese punto, Mafalda comparte con Jorge Luis Borges la categoría de personalidades más falsamente citadas de la Argentina.

 

Con todo lo introvertido que era Quino y con lo mucho que Tona había leído sobre su personaje insignia, la conclusión a la que llegó la por entonces estudiante de Periodismo en la entrevista es que en cada uno de los personajes de Mafalda se escondía algún aspecto oculto de la personalidad de su autor. Se puede entonces pensar en que Don Joaquín tenía la imaginación de Felipe, el corazón partido de Manolito, la iniciativa de Susanita, la inocencia de Miguelito, la inventiva de Guille y las preocupaciones de Libertad. De Mafalda, heredó la inmortalidad.  

 

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