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Las lluvias permitieron una buena recarga de los suelos

Jorge Mercau, el especialista en napas del INTA San Luis, analizó las distintas zonas agrícolas y aseguró que quienes optaron por las siembras tardías llevaron la mejor parte.

Por redacción
| 21 de febrero de 2021
Análisis a campo. Jorge Mercau (izquierda) y otros especialistas recorren un lote con soja en inmediaciones de San Luis. Fotos: Revista El Campo/INTA Informa.

La campaña de cultivos de verano no arrancó con altas expectativas debido a la sequía que azotó al país durante la primavera. En la mayor parte del centro y el norte del país no había buenas reservas hídricas en los suelos, especialmente si los productores habían hecho cultivos de invierno de servicio o cosecha. La dependencia de la evolución de las lluvias era alta y la perspectiva de circulación atmosférica, desfavorable.

 

Sin embargo, cuatro meses después, el panorama es mucho más alentador.Los patrones climáticos que rigen las campañas son altamente variables, con pronósticos y tendencias que requieren ser considerados de manera probabilística en la toma de decisiones. “El uso de esta información de manera adecuada, la combinación de los pronósticos estacionales y los de corto plazo para la toma de decisiones en los momentos de alta incertidumbre en las predicciones, es un ejercicio muy importante para la adaptación de nuestro sector al clima”, explicó Pablo Mercuri, director del Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA.

 

Aún febrero se proyecta con una alta incertidumbre: las precipitaciones, abundantes en vastas regiones de San Luis, posiblemente seguirán siendo deficitarias en otros sectores de la pampa húmeda, con lluvias aisladas y dispares en especial en el centro del país, con mayor incidencia en territorios del este bonaerense y del Litoral, y con lluvias significativas en el extremo oeste pampeano, Cuyo y el norte del país.

 

De acuerdo al último informe del Instituto de Clima y Agua del INTA, durante el mes de enero predominaron lluvias, por encima de lo esperado para el período, sobre gran parte del centro y norte del territorio nacional, llegando a excesos del orden de los 150-320 milímetros en algunas áreas de las regiones NEA y Pampeana.

 

“Estas lluvias permitieron revertir o mejorar las condiciones deficitarias que se venían transitando durante los meses anteriores. Por el contrario, sobre áreas del NOA (sur), Chaqueña (centro), Buenos Aires (noreste) y Entre Ríos (este), las lluvias resultaron deficitarias para el periodo. En la región patagónica las lluvias resultaron entre normales a levemente superiores en el área central de la misma”, indica el informe

 

Por otra parte, las lluvias en exceso registradas en las provincias de las regiones Pampeana, NOA (norte), NEA (norte) resultaron destacadas en términos porcentuales con respecto a los valores históricos. En dichas áreas los acumulados se compararon con el 10% y el 30% de los eneros más húmedos según las zonas.

 

En sentido opuesto, las lluvias registradas en NOA (sur), Chaqueña (centro), Buenos Aires (extremo sur) y Patagonia (noroeste y sudeste) resultaron inferiores a los valores esperados como normales, observándose áreas en las cuales las cantidades acumuladas se compararon con el 20 y el 40% de los eneros más secos de la historia.

 

El estado de los cultivos

 

La escasez de lluvias se prolongó en diciembre en la zona central del país, dificultando la siembra y la buena implantación de cultivos de segunda de soja y maíz. Excepto en siembras sobre muy buenos ambientes y con napa cerca, la sequía limitó el rendimiento alcanzable del maíz temprano, reduciendo el número de granos y su tamaño potencial.

 

Hacia el oeste, en el semiárido central donde se ubica San Luis, donde predominan los cultivos de primera tardíos, la escasez no generó problemas. Hacia el norte, en la región chaqueña, no llegó a impedir el buen comienzo de la siembra, con alguna heterogeneidad en el espacio. Hacia el sur de la región pampeana las lluvias acompañaron bien el crecimiento de los cultivos.

 

De acuerdo con Jorge Mercau, investigador del INTA San Luis y coordinador del Proyecto Disciplinar interacción de agroecosistemas y napas freáticas, “la recarga de los suelos a fines de 2020 mostraba una cosecha nacional altamente dependiente de una rápida normalización de las lluvias”. En esa línea, Mercau puntualizó: “Llegaron a principios de enero, con la notoria excepción de la Pampa ondulada y el este de Córdoba, mejorando la implantación y la recarga hídrica de los cultivos tardíos, incluyendo a los de primera y a los sembrados sobre cultivos previos de servicio y de cosecha”.

 

Mercau catalogó a las lluvias como “muy oportunas para las primeras sojas, que estaban por entrar en su período crítico, y algo tardías para el maíz temprano, aunque al sostener el llenado de granos evitaron mayores pérdidas de rendimiento”. No obstante, manifestó que “el impacto potencial de la sequía en la futura cosecha de maíz fue en gran parte atenuado por una fuerte adaptación estratégica, ya que los productores eligieron siembras tardías a nivel nacional en la presente campaña”.

 

Las precipitaciones que cubrieron gran parte del área agrícola sobre fines de enero permitieron enfrentar febrero con muy buena recarga. En toda la franja central del país habría buena reserva de agua en sojas de primera, que atraviesan sus etapas críticas, y en los cultivos tardíos y de segunda, que las están iniciando.

 

“Solo los suelos más someros (poco profundos), en el sur de Buenos Aires y norte de La Pampa, y parte de los vertisoles (arcillas pesadas) del Litoral están dependiendo de lluvias que deberían llegar pronto. Hacia el norte de la región, en general todavía faltan unos días para iniciar las etapas críticas de soja y luego de maíz,  pero la situación hídrica y de los cultivos es buena”, expresó Mercau.

 

De acuerdo con los registros, en la segunda mitad de enero volvió la escasez de agua, con el agravante de que hubo varios días con muy altas temperaturas. En lotes con baja reserva de agua las plantas redujeron la transpiración, agregando a la limitación hídrica del crecimiento el daño por estrés térmico. “Lo sufrieron los cultivos de soja que habían comenzado la fijación de sus vainas”, describió el investigador que trabaja en San Luis.

 

En cuanto a la dinámica de las zonas con influencia de napas freáticas cercanas en las llanuras pampeana y chaqueña, “durante la prolongada sequía se observó un descenso de la napa freática que abasteció de agua, producto de excesos anteriores, a la transpiración de cultivos de invierno y tempranos de verano”, afirmó Mercau.

 

El Instituto de Clima y Agua observó un mejoramiento del nivel en el perfil del suelo en áreas de Córdoba, San Luis (norte), Santa Fe, NEA y norte argentino, con un porcentaje superior al 50% con respecto a la capacidad de campo de cada región. En ese sentido las lluvias registradas permitieron finalizar el mes en condiciones entre adecuadas y/o con excesos. Por el contrario, continúan siendo deficitarias en humedad en el suelo estimado la región Pampeana (sur) y Chaqueña (centro).

 

Mercau especificó que “en el sudeste de Santiago del Estero, por ejemplo, luego de las inundaciones de mediados de 2019, la decisión de usar la napa cercana permitió buenas cosechas de fina y de gruesa de segunda; y también buenos resultados en la fina y cultivos de primavera de la campaña 2020/21”.

 

Mércuri agregó: “Esta campaña replanteó el valor del agua y su gestión integral en el suelo, la dinámica de la napa freática y la provista por la atmósfera proyectada en pronósticos de corto y mediano plazo como variables para el criterio agronómico de la agricultura adaptativa al cambio climático”.

 

 

Un cambio de escenario

 

En su informe semanal, la Bolsa de Comercio de Rosario aseguró que la condición de la soja de primera pasó de un 30% regular y mala a solo el 14%. Y en condiciones muy buenas a excelentes hay ahora casi 2,5 millones de hectáreas. O sea, que las regulares y malas se redujeron a la mitad y las muy buenas a excelentes ocupan el 50% del área sembrada.

 

Esto fue posible porque la región núcleo recibió desde el 27 de enero al 4 de febrero 100 milímetros de promedio. Y fue justo en la fructificación, etapa en la que ahora está el 80% de la soja. El área más vulnerable es el noroeste bonaerense, que recibió poco más de 40 milímetros. Allí estiman una caída irreversible de 8 a 10% en el rinde.

 

Otra zona complicada era el oeste cordobés, donde dicen que va a haber mermas de rinde porque había comenzado el periodo crítico sin cerrar el surco. Pero tras los 200 milímetros de la semana pasada estiman promedios de 42 quintales por hectárea (qq/ha), similar rinde al del centro y sur de Santa Fe. Incluso en Baradero, en el castigado este bonaerense, también hablan de alcanzar 42 qq/ha. Pero las lluvias de febrero deben seguir acompañando, aunque ahora, con los suelos cargados, la exigencia es muy diferente.

 

Tras un año, el 70% del área volvió a estar con reservas adecuadas a óptimas. Las lluvias del 24 de enero al 4 de febrero superaron las expectativas de todos: se acumularon más de 100 milímetros en promedio. Monte Buey, en Córdoba totalizó 218,6 y Montes de Oca, en Santa Fe, alcanzó 153,8. La única zona que quedó con condiciones entre regulares y escasas es el norte de Buenos Aires. Allí todavía se requieren registros cercanos a los 100 milímetros para recomponer el perfil de humedad del suelo.

 

 

Maíces tardíos vs. los de primera

 

El maíz sembrado en diciembre y la soja de segunda recibieron las lluvias también en un momento muy oportuno, justo antes de ingresar a su periodo crítico. Y pueden ser los más beneficiados, ya que han quedado con condiciones óptimas para el desarrollo. En muchas zonas las sojas de segunda pueden quedar al mismo nivel productivo que las de primera; y que los maíces tardíos, incluso pueden superar a los tempranos. Pero queda bastante por transitar y en 10 días más necesitan el retorno de las lluvias para mantener el potencial de rinde en el periodo más crítico.

 

Según Mercau, "el maíz tardío tiene menos potencial (sin limitaciones, asimilable a lo que se cosecha con buen manejo bajo riego), a veces poco menos, pero bajo ciertas condiciones tiene más rendimiento alcanzable, el limitado por la oferta de recursos. En secano, principalmente, por agua: cuando el agua en los 2 metros de perfil en septiembre es baja, cuando el suelo tiene impedancias para exploración y uso del agua, cuando hay acceso a napa, pero salada, y cuando llueve poco en la estación, especialmente poco antes y después de la floración del cultivo, es la etapa más crítica para el rendimiento".

 

Fuente: INTA Informa.

 

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