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Ganancias, el nuevo proyecto deja sabor a poco

Lorena Marcoleta, socia regional Sucursal San Luis de Lisicki Litvin & Asociados, afirmó que la reforma tiene un impacto desparejo y que omite a los trabajadores monotributistas y los autónomos.

Por redacción
| 03 de marzo de 2021
Marcoleta aseguró que el nuevo proyecto de Impuesto a las Ganancias trae alivio a "ciertos trabajadores", pero que no soluciona el problema de fondo. Foto: Gentileza.

En la última década el Impuesto a las Ganancias se discutió en todos los ámbitos, incluso fue protagonista de campañas electorales, pero pocas veces llegó a estar tan cerca de una reforma real como ahora. Hoy se propone una suba en el valor del mínimo no imponible, lo que aliviaría la presión tributaria de más de 1.250.000 trabajadores, según la Administración Federal de Ingreso Públicos (AFIP).

 

 

Lo cierto es que próximamente el Congreso Nacional tratará el proyecto que lleva el lleva a $ 150.000 el mínimo no imponible. Este nuevo texto introduce un cambio en la escala del pago de Ganancias en la cuarta categoría, es decir los trabajadores.

 

 

Para tener una idea concreta y en números, actualmente un trabajador soltero paga el impuesto a partir de un sueldo de $ 74.810, y con el nuevo proyecto se duplica lo que necesita ganar para entrar entre los alcanzados por el tributo.

 

 

Además, como adelantamos, la entrada en vigencia del nuevo proyecto significaría que la cantidad de trabajadores que paguen este impuesto bajaría de 2 millones a casi 730 mil. Es decir, pasaría de representar el 26% del total de empleados en relación de dependencia a casi el 10%.

 

 

Por supuesto que esto despertó inquietudes positivas entre gran parte de quienes están en relación de dependencia, pero una vez más, olvida una parte muy sustancial de los trabajadores: los monotributistas y los autónomos.

 

 

Podemos decir que la reforma tiene un impacto muy desparejo sobre los profesionales, los empleados y los desempleados. Los profesionales y/o trabajadores autónomos  solo reciben el beneficio si trabajan en relación de dependencia, mientras que los que se desempeñan en forma autónoma se ven perjudicados ya que a ellos no les afecta la reforma.

 

 

Asimismo,  los trabajadores que hoy pagan Ganancias, algunos de ellos se benefician y otros empeoran. Es el caso de los que hoy perciben un salario bruto de hasta $150.000 mensuales, ellos claramente salen ganando, pero en la vereda contraria están los perjudicados, quienes tienen ingresos brutos de 151.000. Estos últimos, de aplicarse la reforma, pasarán a cobrar menos sueldo que los de escalas inferiores. Esto termina en que se desaliente percibir un incremento formal, y favorece las relaciones laborales en negro.

 

 

SI bien trae un alivio a ciertos trabajadores no soluciona el problema de fondo y produce una violación a la garantía de igualdad ante la ley respecto a los trabajadores autónomos. Es necesario la actualización de los montos mínimos anuales hoy los valores se corrigen anualmente por el RIPTE pero no llegan a traer una solución.

 

 

De igual manera, la mayoría de las deducciones permitidas quedaron con topes muy desactualizados. Por ejemplo, el límite de los intereses de préstamos hipotecarios  $20.000; los gastos de sepelio, en $996, y los gastos como alquileres o servicio doméstico están referidos al límite al mínimo no imponible.

 

 

Lejos de cuestionar el interés por reformar un impuesto que viene trayendo solo dolores de cabeza a una gran parte de los argentinos, sería interesante tomar el impulso y animarse a debatir una reforma tributaria de fondo, en el que se incluyan los impuestos regresivos (el IVA como el ejemplo más claro de esto) y que pueda darle al país y sus habitantes una mejor recaudación y una presión tributaria acorde a lo que cada uno puede o debe soportar.

 

 

Por ejemplo, algunos pregonan que la reforma de Ganancias debería hacerse manteniendo un mínimo no imponible bajo y estableciendo escalas más progresivas, para así no sobrecargar a los que menos ganan, y que el Estado no deje de percibir lo que se recauda por este impuesto. Sin embargo, en este esquema volveríamos a lo planteado anteriormente: los tributos regresivos seguirían castigando a los que menos ganan, por lo que Ganancias seguiría siendo uno foco de quejas y problemas.

 

 

Por supuesto, preocupa también que el proyecto nuevo siga arrastrando distorsiones que se debatieron y cuestionaron largamente en estos últimos 10 años. Los saltos entre los niveles de ingresos para entrar en una u otra categoría siguen siendo rígidos, obligando a muchos trabajadores a preferir no ver crecer su salario, porque si eso sucediera terminarían, en la práctica, ganando menos que antes.

 

 

Es hora de pensar reformas concretas, que incluyan la mirada de todos los actores. Esta será la única manera de terminar con las inequidades.

 

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