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El relato de víctima de abuso reúne criterios de credibilidad

Así lo consideró una psicóloga del Poder Judicial que le tomó declaración a la joven en la Cámara Gesell.

Por redacción
| 26 de septiembre de 2021
Psicóloga Pérez. Dijo que la adolescente tenía mucha angustia y culpa, por el quiebre que hubo en el seno familiar. Foto: Archivo.

La tercera audiencia del juicio contra G.G.F., un hombre que es investigado por la Cámara Penal 2 de San Luis por abusar de la nieta adolescente de su pareja cerró la semana con una intensa audiencia, en la que declararon la madre de la víctima (es la denunciante), una tía y la abuela de la chica (es decir, la pareja del acusado), dos psicólogas y dos amigos de G.G.F., testigos ofrecidos por la defensa. El testimonio más extenso fue el de la psicóloga del Poder Judicial María José Pérez, quien le tomó declaración a la joven mediante el dispositivo de la Cámara Gesell. Confirmó que su relato reunía indicadores de credibilidad y que no había signos de fabulación. Dijo, además, que advirtió una elevada carga de angustia y de culpa, por el quiebre que se generó en la familia tras la revelación.

 

En su relato la muchacha hizo referencia al abuso en un campo de La Calera (que es de familiares del acusado), que fue en febrero de 2018 y otros en la casa de su abuela, que está a poca distancia de su domicilio, en Juana Koslay. Y dijo que en otra oportunidad, cuando la llevó en su auto a un turno médico que le habían dado por un golpe que sufrió, el acusado la manoseó y le propuso ir a un hotel. Según lo referido por Prensa del Poder Judicial, los hechos investigados ocurrieron entre diciembre de 2017 y septiembre del año siguiente. La presentación contra él fue en 2019.

 

La otra psicóloga que prestó testimonio, Verónica Vanderhoeven, le dio contención a la adolescente cuando ella, junto a su mamá, fue a hacer la denuncia en la Comisaría de Atención a la Niñez, Adolescencia y Familia (Canaf). Aclaró que no indagó para saber cuál o cuáles eran los hechos que iban a dar a conocer y que en esa ocasión no la percibió angustiada, aunque, ante preguntas, dijo que muchas veces las víctimas de abuso tienen una angustia latente, que puede estar reprimida. Recordó que la chica le dijo que se sentía incómoda (por la situación de estar en una dependencia policial) y que notó un vínculo de afecto con su madre, algo que considera de suma importancia y que sugiere reforzar ante circunstancias como esa, por lo que eso implica en el momento y después.

 

A través de las declaraciones de Esteban Ruiño y de Jorge Rojas Ahumada, la defensa, que es llevada adelante por el exjuez Guillermo Gatica y Jorge Sosa, pretendió mostrar al acusado como un hombre tranquilo, no conflictivo, sin problemas. A ambos les consultaron si alguna vez tuvieron conocimiento de que G.G.F. hubiera abusado o acosado a alguna mujer, adolescente o niña, y ellos lo negaron.

 

 

La madre no puso en duda la palabra de su hija: apenas ella habló de los abusos, los denunció.

 

 

I.Q., madre de la muchacha y denunciante, contó que ella se enteró de los abusos por su hija. Después de dejar a sus hijos mellizos en una escuela de Juana Koslay, fue a desayunar con su hermana junto a su hija, como era habitual. Por su hermana, M.V.S., supo que Frías y su madre habían hecho un comentario descalificativo de su hija, y eso le dolió, contó. Ante los jueces, la denunciante refirió que ella había notado la forma en la que Frías miraba a su hija, por lo que, conectando eso y el comentario, le preguntó a su hija si alguna vez el hombre le había hecho o dicho algo. Allí, la chica le reveló que había abusado de ella. De inmediato, la mujer fue a la Policía y, según explicó, después de esa confesión fue enterándose detalles de los hechos. Primero le dijo que había sufrido tocamientos, y luego la mujer supo que hubo acceso.

 

Dijo que su hija le explicó que no había hablado antes porque G.G.F. la había amenazado diciéndole que si ella decía algo iba a ir presa. Y contó que, tras hablar de los ultrajes, su hija ha estado mal anímicamente. Contó que está medicada y bajo tratamiento psicológico y psiquiátrico porque en sucesivas oportunidades se ha autolesionado cortándose los brazos, las piernas y el abdomen. La psicóloga Pérez indicó que este tipo de conductas suelen ser comunes en víctimas de abuso.

 

Tanto I.Q. como su hermana M.V.S. comentaron que el hombre, en fecha contemporánea a la ocurrencia de los abusos denunciados, le hizo regalos a la chica, por ejemplo, un par de zapatillas y un vestido que usó para los 15 años. Y respondieron, ante preguntas del fiscal de Cámara 2, Fernando Rodríguez, que la única niña o adolescente de la familia a quien Frías le hizo obsequios de ese tipo fue a ella. La psicóloga Pérez explicó que es habitual que los abusadores busquen mantener el secreto bajo intimidación o con seducción o regalos.

 

Por contraposición a la denunciante y su hermana, que no pusieron en duda la palabra de la joven apenas ella habló de lo que padecía, la esposa del acusado dijo ante el tribunal expresamente que ella no creía que su marido hubiera abusado de la chica ya que ella no vio nada. “Yo no hubiera permitido una cosa así. Si hubiera visto algo, yo misma lo hubiera demandado, porque no me gusta la infidelidad ni que me mientan”, declaró la mujer, equiparando erróneamente el abuso a una adolescente (que es su nieta, además) con un engaño amoroso.

 

Los dos abogados querellantes, Federico Putelli y Santiago Calderón Salomón, les consultaron en su momento a las hijas de la mujer si ella consumía medicación para conciliar el sueño, y ambas lo confirmaron ante la Cámara, aunque la testigo aseveró que solo a veces tomaba. Esto consolida la hipótesis de la querella de que, si bien habría estado en los lugares donde ocurrieron los ultrajes, su afirmación de que nunca vio nada no tiene mayor validez, pues dormía.

 

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