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Técnicas para combatir el calor en el engorde a corral

El verano está pegando fuerte en todos los sectores del campo, pero especialmente hay que tener cuidado en los feedlots. La sombra, el agua y la alimentación son factores clave.

Por redacción
| 16 de enero de 2022
Sombra, aire y agua. Los tambos bien equipados sacan ventajas productivas. Fotos: Revista El Campo y Valor Carne.

La ola de calor que afectó al país en la semana que terminó llevó a todos los sectores del campo a repasar las normas básicas para combatir sus efectos. Porque rápidamente aparecen las complicaciones relacionadas al estrés térmico que afectan la producción animal, con eventos que, según los pronósticos, serán frecuentes durante los próximos meses.

 

El sitio Valor Carne consultó al estudio Elizalde & Riffel, sobre cómo afrontar las contingencias climáticas y complementar la nutrición bajo el calor del verano.

 

Estrés térmico

 

Terry Mader, exprofesor de la Universidad de Nebraska y consultor privado en temas ambientales, sostiene desde hace años que el estrés por calor causa pérdidas productivas y puede llegar a afectar la supervivencia de los animales. Estos problemas son cada vez más frecuentes debido al aumento de las temperaturas estivales y a la mayor actividad metabólica del ganado generada por el calor de fermentación, derivado del agregado de grano con alto nivel de procesamiento a las raciones que suelen proporcionar los feedlots.

 

El estrés térmico es una sumatoria de factores ante los cuales el animal no se puede adaptar para mantener su estabilidad frente a una agresión. En concreto, puede tolerar un factor de estrés (por ejemplo, alta temperatura), pero cuando aparece más de una condición negativa (altas temperaturas, humedad y radiación, mala calidad de agua) no puede responder y sufre daños que afectan la producción o incluso su supervivencia.

 

 

El estrés calórico incide más en animales de pelaje de color negro (Angus), terneros jóvenes y en los novillos muy engrasados.

 

 

En estos casos, el consumo de materia seca se reduce habitualmente entre 5% y 50%. La ganancia de peso disminuye y la eficiencia de conversión de alimento en carne empeora más aún (posiblemente al doble) por la combinación de un menor consumo y un mayor gasto energético para sostener su mantenimiento. En situaciones extremas, el golpe de calor produce temblores, falta de coordinación, colapso neurológico y muerte del animal, tal como ocurrió en varias regiones del noroeste de la provincia de Buenos Aires en febrero de 2017. Sin ir más lejos, en los últimos días reportaron la muerte de 20 bovinos en el partido de Bolívar.

 

Una cuestión a tener en cuenta es que el estrés calórico tiene mayor incidencia en animales con problemas sanitarios previos (por ejemplo, neumonías crónicas) y en aquellos con pelaje de color negro (Angus), en terneros jóvenes (destete precoz) y en los novillos que llevan muchos días de confinamiento y están muy pesados y engrasados.

 

Estrategias de mitigación

 

Cualquier estrategia de mitigación aplicada en forma aislada permite disminuir la incidencia del problema, pero no lo anula ni lo disminuye en forma marcada. Incluyendo herramientas como sombra, asperjado y manejo nutricional y alimenticio se podría lograr un buen resultado, o sea reducir entre un 30 y 50% el efecto generado por la ola de calor.

 

Hay experimentos que demuestran que la sombra reduce entre un 20% y un 40% el impacto en la eficiencia de conversión generado por una ola de calor versus situaciones que no cuentan con esa protección. Pero existe todavía un margen del 60% para avanzar en la mitigación, que incluyen el manejo del agua y de la ración, entre otros.

 

La sombra es un método efectivo porque reduce la radiación directa e indirecta sobre los animales, pero pierde el beneficio si no hay viento. El espacio de media sombra debe ser de 1,8 metros cuadrados por cabeza (m2/cab.) para novillos pesados y de 1,5 m2/cab. para terneros o novillitos livianos. La altura mínima debe ser de 3 a 4 metros para que circule aire por debajo y la mejor orientación es norte-sur. Con todos estos consejos es posible reducir entre 1 y 3 grados la temperatura ambiental.

 

Hay categorías de animales que son más susceptibles al estrés térmico respecto de otras. Los terneros de destete precoz, los animales de raza Holando (terneros, novillitos y novillos) y todos aquellos terminados para venta requieren acceso a algún tipo de sombra (natural o artificial).

 

 

Hay que regar la superficie del suelo para evitar voladuras de tierra. Se puede hacer con camión o con aspersores, siempre sin hacer barro.

El asperjado o rociado es un método efectivo para mitigar el estrés por calor. Es de rápida adaptación, pero resulta extremadamente adictivo, por lo que tiene que funcionar siempre ya que, si se discontinúa durante unos días, puede causar mortandad.

 

Se requiere asperjar el ganado cada hora durante 3 a 5 minutos. Las gotas tienen que ser grandes para que penetren en el pelo. Si los animales perdieron el pelo de invierno, el tamaño de las gotas puede ser menor. Este manejo se hace con un timer que se programa y funciona automáticamente.

 

El sistema más recomendable es rociar además la superficie del suelo para evitar voladuras de tierra. Se puede hacer con un camión regador que tire agua dentro de los corrales o colocando aspersores. De esta forma se reduce el calor que viene del suelo (que refleja la radiación), debiéndose regar una superficie de 1,8 metros cuadrados por animal. El suelo tiene que estar húmedo, pero no hacer barro. Además, hay que considerar que con este sistema se duplica o triplica la cantidad de agua que se utiliza en un feedlot respecto a un día normal, generando una gran demanda del recurso.

 

La escasa evidencia experimental comparando sombra versus asperjado indicaría que bajo iguales condiciones la sombra sería más eficiente que el asperjado a los efectos de la mitigación. Sin embargo, lo ideal sería utilizar ambas herramientas para llegar a reducir en un 80% el impacto de la ola de calor.

 

Costos y beneficios

 

El punto crítico para definir las herramientas de mitigación del estrés calórico es la frecuencia en que se presentan los episodios en cada región, según la combinación de temperatura, humedad, velocidad del viento y radiación.

 

No cabe duda de que, cuando aparecen esas condiciones, el uso de la sombra o el rociado son altamente efectivos, pero cuando no se dan con cierta periodicidad la mitigación tiene un impacto sobre el costo, pero no necesariamente un beneficio económico.

 

Por ejemplo, en la Argentina, a precios de diciembre de 2021, y considerando deterioros en la eficiencia de conversión del 20% durante los 100 días de engorde, la pérdida por estrés puede ser de $3.600 por cabeza en promedio. Los menores perjuicios se dan en zonas donde la evapotranspiración de los meses críticos supera las precipitaciones y en las que hay alta velocidad del viento. Los mayores, corresponden a zonas de alta humedad y/o de baja velocidad del viento. Son costos que se agregan al difícil momento que vive el engorde a corral, con precios altísimos para la invernada que compra y planchados para el gordo que vende a los frigoríficos.

 

 

Se requiere asperjar el ganado cada hora durante 3 a 5 minutos. Las gotas tienen que ser grandes para que penetren en el pelo.

Además, las instalaciones de mitigación son muy costosas en términos de inversión inicial y pueden variar desde $2.500 (estructura de caño con media sombra) a $6.000-8.000 por animal, en el caso de tratarse de una estructura metálica con techo de chapa.

 

Para hacer un análisis más preciso sería conveniente considerar el efecto de la mortandad de animales (al menos un porcentaje) a pesar de que no se produzcan todos los años.

 

Como conclusión, el repago de la inversión depende de la frecuencia con que ocurren los eventos de estrés por calor, un tema que es necesario seguir con atención.

 

 

Nutrición y alimentación

 

Con relación a la temática abordada en el webinar del laboratorio Phibro, “Nutrición y alimentación en condiciones de estrés térmico”, los especialistas reforzaron los siguientes conceptos.

 

En el período estival los animales consumen la mayor parte del alimento al atardecer, lo cual les permite disipar el calor asociado a la digestión y al metabolismo durante la noche, cuando la temperatura es menor. Por lo tanto, a partir de diciembre y hasta principio de marzo, es conveniente suministrar una mayor proporción de la ración a la tarde para que dispongan de comida fresca al momento del pico de consumo.

 

Trabajos desarrollados por la Universidad de Davis demuestran la conveniencia de ofrecer el 30% de la ración diaria a la mañana (lo más temprano posible) y el 70% restante a la tarde (lo más tarde posible) en los feedlots que no tienen sombra artificial. De esta forma se logra una mejora en la eficiencia de conversión respecto de suministrar la ración en los horarios de mayor calor.

 

Otro problema clave es que el animal disminuye el consumo ante condiciones de calor excesivo y luego hace grandes picos de ingesta que pueden conducir a la acidosis subclínica o aguda. Es por ello que se recomienda reducir el consumo de energía metabolizable a fin de disminuir el calor de fermentación ruminal, que es la principal fuente de calor a disipar en animales en engorde con dietas de alto grano.

 

Ajustes moderados en la concentración energética de la ración bajan la producción de calor sin deteriorar la eficiencia de conversión debido a que se evitan esos casos de acidosis.

 

En síntesis, un abordaje sistémico de la problemática del calor en el feedlot permite limitar las pérdidas productivas y económicas, preservando la salud y el bienestar animal.

 

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