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"El conocimiento es poderoso"

El sociólogo habla de su último libro, "La escuela bajo sospecha".

Por redacción
| 18 de enero de 2022
Foto: Internet.

—¿Cómo ve la conversación acerca de la escuela en la pandemia?

 

—Este libro está escrito para docentes y funcionarios del sistema escolar. Los textos de Sociología de la educación no tendrían mucho sentido si solo se destinan a los colegas de la disciplina. El libro es un ejercicio de Sociología pública, lo cual obliga a utilizar un lenguaje "amable" y comprensible para cualquier "ciudadano bien informado". El debate entre especialistas en ciencias de la educación es muy escaso en la Argentina y los docentes tienen muchas dificultades para en[1]tender textos que usan (y muchas ve[1]ces abusan) de lenguajes y "jergas" científicas y pseudocientíficas.

 

 

—En un momento señala que "hay quienes piensan que vivimos tiempos de 'desinstitucionalización' en todos los campos de la vida social y que la escuela no es una excepción".

 

—Es cierto. Se dice, muchas veces con razón, que se viven tiempos de debilitamiento de las instituciones que estructuran la vida y las conductas de los individuos y los grupos sociales. Sin embargo, el cierre de las escuelas hizo evidente que ciertas instituciones sociales son necesarias e insustituibles. Este es el caso de la escuela. Sin esta institución especializada no es posible garantizar el acceso a conocimientos básicos y complejos a los miembros de las nuevas generaciones. El cierre de la escuela produjo una revalorización de esta institución y de sus agentes, los trabajadores profesionales de la enseñanza. Por lo tanto, para mejorar la escuela hay que fortalecerla. Necesitamos escuelas "ricas" (en recursos, en organización y gestión, etc) y también profesionales de la educación altamente calificados.

 

 

—Sostiene que la escolarización de masas convive con una gigantesca concentración de la riqueza mundial. ¿Cómo debería ser pensada la escuela en ese escenario?

 

—Existe un desequilibrio entre la cantidad de funciones que se le asignan a la escuela (muchas de las cuales son incluso contradictorias) y las capacidades y recursos con los que cuenta esta institución para realizarlas. De tanto cargar la barca de la escuela la podemos llegar a hundir. Por eso es importante definir qué es lo que específicamente le compete a esta vieja institución. La escuela puede y debe desarrollar un capital estratégico en los individuos y los grupos: el conocimiento poderoso, que, al igual que todos los capitales, tiende a concentrarse en pocas manos, incluso en épocas de catástrofe, como es la pandemia. La mejor contribución que pue[1]de hacer la escuela es desarrollar este capital en forma más igualitaria, en especial en aquellos individuos más desprovistos de otras especies de capital, como el capital económico, el político, el social y el simbólico.

 

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