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Responsabilidad social y ética

Por redacción
| 20 de enero de 2022

Novak Djokovic puso el tenis en el centro de la batalla por la vacunación anti-COVID-19, involucrando la libertad individual, la credibilidad de la ciencia, las inequidades mundiales y el papel de los ídolos deportivos.

 

El gobierno australiano rechazó la presencia del tenista en el país para disputar el Abierto de Australia, uno de los cuatro Grand Slam de tenis, que tiene lugar del 17 al 30 de este mes en Melbourne.

 

Djokovic representaría un riesgo sanitario y atizaría el movimiento antivacuna en desmedro del orden público, al no estar vacunado, justificó el ministro de Inmigración Alex Hawke, al cancelar su visado de entrada al país y decretar su deportación. La Justicia ratificó tal decisión.

 

El tenista serbio “eligió la libertad y se hizo hoy un líder mundial en esa área”, alabó el diputado brasileño Eduardo Bolsonaro, en un mensaje por redes sociales. Voceó así lo que piensa también su padre, el presidente Jair Bolsonaro, que rechaza vacunarse pero no logra imponer su postura a la nación.

 

Brasil, con el 68% de su población completamente vacunada, extendió la campaña a niñas y niños de 5 a 11 años de edad desde el 16 de este mes, contra la opinión del presidente.

 

Una encuesta hecha los días 12 y 13 por el Instituto Datafolha concluyó que el 79% de los entrevistados en todo Brasil aprueba la vacunación infantil, y que el 17% está en contra. La aprobación entre las mujeres, de 83%, supera a la masculina, de 75%. El rechazo es mayor entre los más ricos: 28%.

 

Una encuesta del mismo instituto, en julio de 2021, constató el 94% de adhesión de los brasileños a la vacunación anti-COVID-19, cuando estaba destinaba solo a los adultos.

 

Es posible que el permanente boicot del presidente haya contribuido al menor apoyo a la vacunación infantil, así como a reducir la eficacia de todas las acciones contra la pandemia.

 

Bolsonaro incluso acusó a la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria de favorecer “intereses” ocultos al aprobar la vacunación infantil y provocó una oleada de amenazas anónimas a los técnicos de la institución reguladora.

 

La difusión de falsedades sobre daños de las vacunas, que tiene fuentes identificadas entre los bolsonaristas más fieles, contribuyó por ejemplo a que algunos pueblos originarios rehusaran la inmunización, con el consecuente aumento de la mortalidad en esas poblaciones vulnerables.

 

Celebridades como Djokovic también ejercen su influencia, especialmente los deportistas, poco afectados porque son más resistentes al coronavirus. Pero mantener la actitud negativa es más difícil en los deportes colectivos, que dejan en evidencia los límites de la libertad individual.

 

Joshua Kimmich, conocido futbolista alemán del Bayern  Munich, decidió vacunarse después de contraer COVID-19 a finales de noviembre. La enfermedad lo dejó más de un mes sin jugar por “infiltraciones leves pulmonares” que le quedaron como secuelas.

 

En Brasil, el director técnico de la selección nacional, "Tité", descartó al lateral izquierdo Renan Lodi del equipo que jugará el 27 de enero y 1º de febrero dos partidos eliminatorios de la Copa Mundial de este año en Qatar, por faltarle la segunda dosis de la vacuna. “Vacunarse es una responsabilidad social”, arguyó.

 

En una aldea global interconectada de manera permanente, la responsabilidad social de los actores públicos adquiere un nivel superior, que debe honrarse con ética.

 

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