12°SAN LUIS - Jueves 29 de Septiembre de 2022

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Respuestas que no quiero oír

“Cada vez que quiero que acepte lo que le digo y eso no sucede me siento atacada/o y frustrada/o”. Esta es una situación cotidiana para muchas personas que aún no han aprendido todo lo que pueden recibir y brindar con solo escuchar y expresarse. 

 

Cuando se toma la poderosa decisión de hacerlo y se dispone a oír con atención e interés las palabras de la otra persona, no solo el que preste atención descubrirá nuevos sentimientos, sino que generará que suceda lo mismo junto a quien esté a su lado.

 

Brindar su atención con honestidad a la otra persona y expresar sus propias necesidades, como así también aceptar esas respuestas que no desea, contribuirá a un crecimiento mutuo que sin duda ambos agradecerán.

 

Reflexionar sobre su propia frustración ante lo que no quiere escuchar le ayudará a descubrir qué es lo que cada uno necesita de esa persona que funciona como interlocutor.

 

La regla no es invertir su tiempo en cómo hacer para que acepten lo que queremos demostrar, sino que es mucho más simple: tanto como aceptar los sentimientos y necesidades de esa otra persona. 

 

Hay un ejercicio simple que nos ayudará en esa tarea. Para hacerlo, hay que trabajar con cuatro momentos; todos igual de importantes y de determinantes para cumplir el objetivo. Esos son la observación, el sentimiento, las necesidades y la petición. 

 

Lo que hace en primer lugar es observar la situación con el mayor detenimiento posible sin prejuzgar ni sacar conclusiones apresuradamente. Luego de ese primer paso hay que centrarse en uno mismo para comprobar cómo nos sentimos con eso que observamos. Allí se abre un abanico de sensaciones que van de la felicidad a la irritabilidad y de allí, a cualquier otro paso.

 

En tercer lugar, llega el momento de identificar qué relación hay entre las necesidades de uno y lo que siente tras evaluar las dos primeras ideas. 

 

Luego de desarrollar estos tres pasos, podemos realizarle a esa persona una petición concreta. Más allá de la respuesta que obtendremos, que puede ser la esperada o no, completamos un proceso donde no estaremos interpretando ni sembrando dudas y, sobre todo, nos enriquecerá para los próximos pasos.

 

 

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