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Caso Vallejos: condenaron a prisión perpetua a los tres implicados

El tribunal lo decidió este jueves de manera unánime. A partir de ahora, Gustavo Ariel Oviedo (51 años) y sus hijas Brisa (23) y Valentina (24) quedarán alojados en la Penitenciaría Provincial.

Por redacción
| 09 de marzo de 2023
Fotos: Inés Cobarrubia.

Se mostraron distantes durante todo el debate. Se ubicaron con un asiento de por medio y casi no se dirigieron miradas. Pero este jueves, Gustavo Oviedo hizo un intento de despegar a sus dos hijas del horrendo crimen de Carlos Vallejos. “Ellas no tuvieron nada que ver, no sabían lo que yo iba a hacer”, le dijo al tribunal, y dio su versión de cómo asesinó al hombre para quedarse con su camioneta. Brisa y Valentina lo escucharon y, al momento de los alegatos, sus abogados sostuvieron que ambas debían ser absueltas. Su pedido finalmente no prosperó y los jueces terminaron condenando a los tres a prisión perpetua por el delito de “Homicidio doblemente agravado por ser criminis causa y por el concurso premeditado de dos o más personas”.

 

“Le pido perdón a la familia porque no lo quise matar, se me fue la mano”, aseguró Oviedo cerca de las 15, cuando ya habían pasado por el estrado los últimos siete testigos. “Iba con intenciones de quitarle la chata, pero no de hacerle daño”; “A pesar de lo que hablan de mí, no soy mal tipo”, soltó. 

 

Su versión fue que conocía a Vallejos de antes, pero que comenzó a frecuentar su casa en el barrio 1º de Mayo porque en la parte trasera alquilaba una mujer a la que él conocía. Y negó que se tratara de un hecho premeditado diciendo que ni siquiera sabía que la persona asesinada tenía la Fiat Fiorino blanca que finalmente le robó.

 

En su relato incurrió en varias contradicciones, pero a grandes rasgos contó que la mañana del 12 de febrero de 2021, día del crimen, compró 60 pastillas para dormir en una farmacia céntrica y que luego las molió para dárselas a Vallejos esa noche. Tras ingerir bebidas alcohólicas en la vivienda del 1º de Mayo, él, sus hijas y sus dos nietos pequeños hicieron que la víctima los llevara a Juana Koslay para seguir bebiendo.

 

Dijo que al salir de una peña el dueño de la Fiorino ya estaba mal, que no coordinaba, y que lo pusieron a dormir en la parte trasera del vehículo para regresar a la capital. Primero, aseguró, dejó en su casa a su hija Valentina y luego, tras recorrer un tramo, se dio cuenta de que Vallejos “ya estaba muerto”. Brisa, que tenía a su pequeña hija en brazos, se quedó dormida porque también estaba alcoholizada y él pensó en deshacerse del cuerpo en la Ruta Pescadores. Como no podía manipularlo, optó por atarle las manos y los pies con cinta y luego le puso dos bolsas de nylon en la cabeza, rotas según relató. “Me asusté, no supe qué hacer”, agregó.

 

 

Sin dudas
El abogado querellante Federico Farías abrió la ronda de alegatos con la firme convicción de la participación de Brisa y su padre en el crimen, más no de Valentina. A diferencia de lo que dijo el imputado, el letrado sostuvo que el plan para hacerse de la camioneta comenzó mucho antes entre Oviedo y el gestor Santos Calderoni, que compró el vehículo de Vallejos y a quien pidió investigar por el delito de encubrimiento agravado. 

 

Solicitó que a Valentina le revoquen la prisión domiciliaria que le otorgaron la semana pasada y sostuvo que lo único que busca la familia “es que Carlos descanse en paz”.

 

Luego siguió el fiscal de Juicio Fernando Rodríguez, quien no solo sostuvo la acusación del fiscal de Instrucción, sino que agregó un agravante más al crimen: la alevosía. Fue amparándose en el resultado de la autopsia, que determinó que Vallejos no pudo defenderse y que lo ataron cuando aún estaba con vida. También en el hecho de que para manipular el cadáver hicieron falta más de dos personas.

 

En un detalle pormenorizado de la secuencia de hechos y las pruebas que lo sustentan dijo que “no hay dudas de quienes fueron los coautores materiales” del crimen y también pidió que investiguen a Calderoni por encubrimiento y falso testimonio.

 

Delfín Chávez, defensor de Valentina, dijo que el plenario no logró identificar las conductas que realizaron cada uno de los imputados, que las pruebas fueron pobres y que Oviedo convenció a sus hijas para que fueran a lo de Vallejos con el fin de prostituirse. “Fueron víctimas de coacción, sometimiento y humillación”, sentenció, y pidió que su representada fuera absuelta por el beneficio de la duda.

 

Su hermano Ramón Chávez, quien representa a Brisa, consideró que la Fiscalía no aplicó perspectiva de género y pidió al tribunal que tuviera en cuenta el testimonio de Oviedo padre.

 

Por otra parte, resaltó que por la contextura física de ambas sería imposible que hayan podido reducir a la víctima y trasladarla. “No tuvieron conocimiento ni antes, ni durante, ni después sobre las intenciones de su padre”, planteó, y también pidió la absolución para su pupila y tratamiento psicológico para ambas.

 

El defensor Oficial Esteban Sala, el último en alegar, solicitó a los jueces que a la hora de emitir el fallo dirimieran entre la versión del fiscal de Instrucción y el de Juicio, ya que uno dijo que asesinaron para robar la camioneta y el otro que mataron para encubrir el robo.

 

Sala destacó que no quedó probado cómo sucedieron los hechos y enfatizó que ni la Fiscalía ni la querella lograron demostrar hasta dónde las acusadas sabían lo que su padre tenía pensado hacer.

 

Sostuvo que las pericias al teléfono de Valentina indicaron que al momento del hecho ella estaba en su casa, lo que descarta el agravante de “concurso premeditado por la participación de dos o más personas”, que no comparte el agravante de “alevosía” y pidió que Gustavo Oviedo sea condenado por “Homicidio en ocasión de robo”.

 

Pasadas las 19, los jueces volvieron a la sala y dieron su fallo, que fue unánime. Las hermanas no entendieron, no reaccionaron, hasta que Brisa le preguntó a su abogado qué había pasado. “Les dieron perpetua”, le contestó, y ella inmediatamente retrucó: “¿Pero cómo? Si yo no maté a nadie”, y comenzó a dar gritos desgarradores cuando la llevaron esposada al calabozo.
 

 

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