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Bud Bunny: el sonido de una época

La aparición del boricua en el Superbowl fue el paso definitivo para que la cultura latina urbana ingrese al centro de la industria musical. Un cantante que no habla desde la perfección y que asume posturas políticas claras. Por José Alfredo Miranda Bernal.

Por redacción
| Hace 12 horas

La llegada de Bad Bunny a la Argentina no es simplemente la visita del artista más escuchado del planeta. Es la confirmación de un proceso cultural que comenzó hace décadas en el Caribe y que hoy domina la música global.

 

 

Para que Bad Bunny exista, tuvo que existir una historia previa: el reggaetón underground impulsado por DJ Playero, la masividad que logró Daddy Yankee y la expansión internacional de figuras como Nicky Jam. Desde Puerto Rico hacia el mundo, ese movimiento construyó una identidad sonora que hoy encuentra en Bad Bunny su punto más alto.

 

 

Desde mi experiencia como DJ y productor cultural —y particularmente desde mi trabajo como Twenty2- su música ofrece algo poco frecuente en el mainstream: versatilidad real. Sus canciones permiten transitar reggaetón, dembow, salsa, bachata, pop latino, electrónica e incluso rock alternativo, siempre con un ADN boricua reconocible. En la pista esto se traduce en fluidez: sus temas no sólo funcionan por sí mismos, sino que abren caminos para mezclar géneros y sostener la energía del público.

 

 

Pero su impacto no se limita al sonido. Sus letras conectan con experiencias cotidianas: amor, desamor, deseo, contradicciones, movimientos sociales e identidad latinoamericana. Bad Bunny no habla desde la perfección sino desde la experiencia urbana contemporánea, y ahí radica buena parte de su conexión con millones de oyentes.

 

 

A diferencia de muchas estrellas del pop global, también ha asumido posiciones sociales y políticas claras. Ha denunciado problemáticas en Puerto Rico, visibilizado reclamos ciudadanos y defendido la identidad cultural caribeña. En una industria que suele evitar el conflicto, su postura implica riesgos y define una mirada del mundo.

 

 

Las críticas hacia su música no son nuevas ni aisladas. Se lo cuestiona por el lenguaje explícito, la representación de la sexualidad, los roles de género y, en muchos casos, por prejuicios históricos hacia el reggaetón como expresión cultural de sectores populares. El género nació en los márgenes urbanos y fue estigmatizado durante años; su éxito global no eliminó esos prejuicios, simplemente los hizo visibles.

 

 

Su aparición en el show de medio tiempo del Super Bowl  simbolizó un cambio definitivo: la cultura latina urbana ingresando al centro del espectáculo mundial. Lo que antes era periférico pasó a ocupar el escenario principal.

 

 

Bad Bunny no es una moda pasajera. Representa un cambio cultural profundo: el español como idioma dominante en la música global, el Caribe como motor creativo y América Latina como protagonista del sonido contemporáneo.

 

 

Para quienes trabajamos en la música y la cultura, su llegada no anticipa solo shows multitudinarios. Confirma que el pulso cultural del mundo también late en el sur.

 

 

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