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Cárcel para el joven que mató a otro por una supuesta infidelidad


La abundante y larga ingesta de alcohol de los testigos no impidió que éstos recordaran algunos detalles del antes, el durante y el después de esa única puñalada mortal que Carlos “el Monito” Acosta recibió a manos de quien era su amigo, Luis Sosa, en una precaria construcción del Plan Lote Eva Perón de Villa Mercedes, hace 16 días. Esas declaraciones fueron uno de los elementos que el juez Penal Nº 1 de esa ciudad, Alfredo Cuello, sopesó cuando resolvió procesar a Sosa por homicidio simple y ordenó su trasladado al Servicio Penitenciario Provincial, el viernes.

Hay dos integrantes del grupo que bebía en el baldío donde se inició el problema que aún no fueron ubicados por la Policía. Los buscan para que declaren.


Si bien la Policía había informado que Sosa es conocido con el alias de “el Tatana”, el magistrado aclaró que, en realidad, el apodo del imputado es “el Tatano”. “La reconstrucción del hecho aparecía en algún sentido clara: ese día –el domingo 1º de junio– había un grupo de amigos y conocidos que acostumbran a reunirse en un terreno baldío del barrio. Es habitual que se junten a tomar, a veces durante varias horas e inclusive días enteros. Y suelen mezclar la bebida con pastillas–”, resumió ayer el magistrado. “El Tatano” confesó que ese día había combinado alcohol y estaba “empastillado”.


Los investigadores estimaron que había unas diez personas cuando comenzó el disturbio. La presencia de Mayra Fantagossi, la única mujer que habría participado de la reunión, desató las diferencias entre los amigos. La Policía había indicado que la chica era la novia de “el Tatano”, aunque aclaró que tenían sus idas y vueltas. Según Cuello, es la ex pareja del acusado, y al momento del ataque no convivía con él en la casa ubicada en Domínguez 1740. Acosta fue apuñalado allí.


En sus declaraciones, “El Tatano” y sus allegados coincidieron en que los ánimos se alteraron cuando a Sosa “comenzaron a cargarlo, a ‘bardearlo’, según los términos que usan, con que Mayra presuntamente le era infiel a ‘el Tatano’. Hubo algunos golpes y forcejeos entre quienes estaban reunidos. Estaban alcoholizados, por eso algunos refieren situaciones que no son exactamente coincidentes. Pero más o menos se pudo reconstruir esta secuencia”, reiteró el juez.


Como el cruce tomaba ribetes cada vez más violentos, Mayra sacó a Sosa del descampado y lo llevó a su casa, situada a poca distancia de allí. El magistrado explicó que no tiene probado cuántos de los jóvenes que estaban en el descampado fueron tras ellos. En los testimonios “aparecen diferencias sobre quién ingresó (a la vivienda de Sosa), aunque con seguridad, uno de ellos fue Acosta”, dijo.


El acusado adujo que las personas que entraron pretendían atacarlo. En base a los primeros datos recogidos, el comisario Sergio Bértoli, jefe de la Unidad Regional II, había contado que los amigos comenzaron a arrojarle piedras porque “el Tatano” había encerrado a Mayra en la casa para golpearla, quizás ofuscado por las sospechas de que la chica lo engañaba con Acosta.


El magistrado tampoco tuvo elementos para establecer si ingresaron a la pieza con la intención de atacarlo. “No he podido acreditar que hubo una legítima defensa o un exceso en la legítima defensa (del detenido). En estos casos se debe probar la agresión ilegítima inicial del otro lado, en este caso, de Acosta”, expresó.


Lo cierto es que de la declaración de los testigos y del mismo imputado surge que "el Tatano" tomó un cuchillo –que aparentemente solía tener al lado de la cama– y se lo hundió a su amigo en el corazón. Mayra recuperó esa arma en los minutos inmediatamente posteriores, y eso, en el vértigo de la fatalidad, les hizo pensar a los testigos en  un primer momento que era ella quien había apuñalado al joven. El arma, de todos modos, no fue encontrada y secuestrada por la Policía.


Acosta usó la última pizca de aliento para dar unos pasos. Alcanzó a salir de la pieza y se desvaneció en la calle. Su victimario también salió: huyó a Juan Llerena, a refugiarse en lo de familiares. El martes 3 de junio, cuando volvía a Villa Mercedes, la Policía lo detuvo.


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Cárcel para el joven que mató a otro por una supuesta infidelidad

Tapera. Sosa adujo que sus amigos entraron a agredirlo y él se defendió. el juez no pudo probarlo.

La abundante y larga ingesta de alcohol de los testigos no impidió que éstos recordaran algunos detalles del antes, el durante y el después de esa única puñalada mortal que Carlos “el Monito” Acosta recibió a manos de quien era su amigo, Luis Sosa, en una precaria construcción del Plan Lote Eva Perón de Villa Mercedes, hace 16 días. Esas declaraciones fueron uno de los elementos que el juez Penal Nº 1 de esa ciudad, Alfredo Cuello, sopesó cuando resolvió procesar a Sosa por homicidio simple y ordenó su trasladado al Servicio Penitenciario Provincial, el viernes.

Hay dos integrantes del grupo que bebía en el baldío donde se inició el problema que aún no fueron ubicados por la Policía. Los buscan para que declaren.


Si bien la Policía había informado que Sosa es conocido con el alias de “el Tatana”, el magistrado aclaró que, en realidad, el apodo del imputado es “el Tatano”. “La reconstrucción del hecho aparecía en algún sentido clara: ese día –el domingo 1º de junio– había un grupo de amigos y conocidos que acostumbran a reunirse en un terreno baldío del barrio. Es habitual que se junten a tomar, a veces durante varias horas e inclusive días enteros. Y suelen mezclar la bebida con pastillas–”, resumió ayer el magistrado. “El Tatano” confesó que ese día había combinado alcohol y estaba “empastillado”.


Los investigadores estimaron que había unas diez personas cuando comenzó el disturbio. La presencia de Mayra Fantagossi, la única mujer que habría participado de la reunión, desató las diferencias entre los amigos. La Policía había indicado que la chica era la novia de “el Tatano”, aunque aclaró que tenían sus idas y vueltas. Según Cuello, es la ex pareja del acusado, y al momento del ataque no convivía con él en la casa ubicada en Domínguez 1740. Acosta fue apuñalado allí.


En sus declaraciones, “El Tatano” y sus allegados coincidieron en que los ánimos se alteraron cuando a Sosa “comenzaron a cargarlo, a ‘bardearlo’, según los términos que usan, con que Mayra presuntamente le era infiel a ‘el Tatano’. Hubo algunos golpes y forcejeos entre quienes estaban reunidos. Estaban alcoholizados, por eso algunos refieren situaciones que no son exactamente coincidentes. Pero más o menos se pudo reconstruir esta secuencia”, reiteró el juez.


Como el cruce tomaba ribetes cada vez más violentos, Mayra sacó a Sosa del descampado y lo llevó a su casa, situada a poca distancia de allí. El magistrado explicó que no tiene probado cuántos de los jóvenes que estaban en el descampado fueron tras ellos. En los testimonios “aparecen diferencias sobre quién ingresó (a la vivienda de Sosa), aunque con seguridad, uno de ellos fue Acosta”, dijo.


El acusado adujo que las personas que entraron pretendían atacarlo. En base a los primeros datos recogidos, el comisario Sergio Bértoli, jefe de la Unidad Regional II, había contado que los amigos comenzaron a arrojarle piedras porque “el Tatano” había encerrado a Mayra en la casa para golpearla, quizás ofuscado por las sospechas de que la chica lo engañaba con Acosta.


El magistrado tampoco tuvo elementos para establecer si ingresaron a la pieza con la intención de atacarlo. “No he podido acreditar que hubo una legítima defensa o un exceso en la legítima defensa (del detenido). En estos casos se debe probar la agresión ilegítima inicial del otro lado, en este caso, de Acosta”, expresó.


Lo cierto es que de la declaración de los testigos y del mismo imputado surge que "el Tatano" tomó un cuchillo –que aparentemente solía tener al lado de la cama– y se lo hundió a su amigo en el corazón. Mayra recuperó esa arma en los minutos inmediatamente posteriores, y eso, en el vértigo de la fatalidad, les hizo pensar a los testigos en  un primer momento que era ella quien había apuñalado al joven. El arma, de todos modos, no fue encontrada y secuestrada por la Policía.


Acosta usó la última pizca de aliento para dar unos pasos. Alcanzó a salir de la pieza y se desvaneció en la calle. Su victimario también salió: huyó a Juan Llerena, a refugiarse en lo de familiares. El martes 3 de junio, cuando volvía a Villa Mercedes, la Policía lo detuvo.


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