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La vida con el alma llena

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La vida con el alma llena

Noelia Barroso

El venerable Lama Rinchen Gyaltsen contó a Cooltura sobre sus años de meditación, cómo tomó sus votos, el camino a la paz y confesó que no le costó adaptarse a la vida budista. Un uruguayo en busca de un símbolo de paz.

El primer encuentro con el venerable Lama Rinchen Gyaltsen fue en un pequeño salón de Avenida España, en San Luis. Él, al igual que el resto de sus seguidores, estaba sentado con las piernas cruzadas sobre un almohadón. Una paz increíble destellaba en sus ojos, mientras se dirigía a un puñado de seguidores que querían conocerlo antes de la charla masiva que tendrían una hora después. El característico atuendo bordó denotaba los orígenes de su congregación.

Hablar con el Lama es agradable y a simple vista se transparenta la disciplina, el desarrollo espiritual y la conducta, que son un pilar en todo su ser.

Lama Rinchen decidió ser monje a los 25 años cuando ya hacía tiempo sentía un profundo interés por el budismo tibetano. “A los 31 tomé los votos de monje, era algo que de alguna manera simplificaba mi vida, no era ninguna garantía ni una bendición automática, es un recordatorio a diario de lo que debe ser importante, una manera de organizar nuestra vida para crecer y madurar en el camino. Fue un proceso muy grande”, contó sobre sus inicios en el budismo, que se define como un camino de enseñanzas prácticas, como la meditación, que ayuda a desarrollar la conciencia, la bondad y sabiduría. Durante miles de años esta disciplina generó un recurso para quienes quieran seguir un sendero de desarrollo espiritual.

Con el amor como la más poderosa de las virtudes, dijo que no le costó pasar de la vida mundana a la vida espiritual. “Lo que más cuesta, honestamente -y esto lo escuché de algunos monjes católicos también- es estar en una jerarquía. Si estás en un monasterio no sólo tienes que seguir tus votos, sino también aceptar las normas, las reglas de ese monasterio. Levantarte cuando te toca, hacer las meditaciones en grupo y seguir órdenes que a lo mejor no son las que tú piensas que son lo mejor. Entonces había que desarrollar esa humildad y ajustarse a la comunidad. Es muy difícil para algunas personas vivir en comunidad”, sentenció.

Durante esos seis años de preparación hizo profundas meditaciones, algunos retiros y estudió todo lo que pudo, así que asumir ese estilo de vida no le costó demasiado. “Tomé votos laicos y estuve viviendo con monjes, purificando mi vida. Y cuando llegó el momento de tomar los votos, fue cambiar de ropa. No fue ningún shock al sistema, ya lo había asumido e integrado, de alguna manera”.

Si bien asegura que nunca tuvo una crisis, recuerda que antes de su primer viaje a la India, precisamente a Nepal, cuando visitó los monasterios sufrió un poco de desilusión porque “no coincidía con mi idea romántica de lo que iba a ser un monasterio en los Himalayas. En un monasterio hay de todo. Algunos monjes muy disciplinados, muy genuinos y muy interesados, y hay otros que no lo son tanto. Eso fue un shock pero me ayudó a madurar en el camino y apreciar lo bueno”, confió.

A pesar de las grandes diferencias entre la cultura occidental y oriental, él no sintió ningún “choque”. “Creo que no noté tantas diferencias entre ambas porque soy un inmigrante, hijo de inmigrantes. Mi familia es española emigró a Uruguay y después a Estados Unidos. Nunca tuve raíces muy sólidas al identificarme con una cultura en particular y eso me mantiene la mente abierta para poderme acoplar a diferentes países y culturas. Otros sí lo sufren más, especialmente si vienen desde Estados Unidos, por ejemplo, a la India donde hay tanta pobreza, tanta necesidad, eso sí puede ser un shock al sistema.

Cada vez que Lama Rinchen realiza un viaje, disfruta más conectarse con personas y el entorno. “Las estructuras humanas no me interesan tanto, sino conocer a personas y apreciar la naturaleza de ese lugar”, dijo, sobre el tiempo que pasó en San Luis. En La Huertita hizo un retiro donde asistieron personas de varias provincias. Allí durante tres días hicieron prácticas de meditación para iniciados en las enseñanzas del Buda bajo su dirección del Venerable Lama Rinchen Gyaltsen y la Monja Ani Kunga Dechen, que viajó con él. El tema central fue el adiestramiento mental en siete puntos, que pertenece a la tradición de enseñanzas esenciales del budismo.

A pesar de que el estrés forma parte de la vida diaria de la mayoría de las personas, el lama asegura que actualmente hay un despertar de consciencias, “la gente se da cuenta de que la cosa no va, de que la vida no debería ser así. Pero muchos no tienen otra opción, no ven otra salida, entonces bajan la cabeza en derrota y se entregan a lo que están haciendo sus amigos y familia. Entonces el budismo se puede presentar como una filosofía de vida, otra forma de vivir. Perteneces, estás ahí en el mundo, eres muy activo, desarrollas muchos proyectos pero sin caer en la trampa del consumismo o el materialismo”, garantizó. Aunque muchos famosos de Hollywood practiquen diferentes ramas de esta creencia, como Angelina Jolie, Penélope Cruz, Keanu Reeves, Brad Pitt, entre otros.

En la vorágine constante que forma parte de todos los aspectos del diario vivir, el lama budista participa en el mundo sin ser parte de él y asegura que encontrar ese delicado equilibrio está dentro de uno mismo. El método para eliminar los problemas diarios es practicar el Dharma (palabra sánscrita que significa ‘protección’). Con la práctica de las enseñanzas de Buda se resguarda del sufrimiento y puede encontrarse la felicidad pura y duradera. Uno de los caminos más importantes es la meditación, “es el amor y sabiduría, la conducta y la disciplina son indispensables, pero debemos disolver las emociones negativas. La meditación no es un entretenimiento, o una escapatoria para no ver los temas cotidianos que nos enfrentan a diario”, manifestó y agregó que no se puede ser parte de esta disciplina sin dedicarse de lleno a ella. “Un verdadero budista es alguien que sigue de alguna manera la visión del Buda. Hay a lo mejor alguien que nace en la familia budista en Tailandia, en Birmania, y se identifica con el budismo y a lo mejor practica algún ritual una vez al año con su familia pero por supuesto ese no es un verdadero budista”.

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La vida con el alma llena

El venerable Lama Rinchen Gyaltsen contó a Cooltura sobre sus años de meditación, cómo tomó sus votos, el camino a la paz y confesó que no le costó adaptarse a la vida budista. Un uruguayo en busca de un símbolo de paz.

Foto: Carlos Zanotelli

El primer encuentro con el venerable Lama Rinchen Gyaltsen fue en un pequeño salón de Avenida España, en San Luis. Él, al igual que el resto de sus seguidores, estaba sentado con las piernas cruzadas sobre un almohadón. Una paz increíble destellaba en sus ojos, mientras se dirigía a un puñado de seguidores que querían conocerlo antes de la charla masiva que tendrían una hora después. El característico atuendo bordó denotaba los orígenes de su congregación.

Hablar con el Lama es agradable y a simple vista se transparenta la disciplina, el desarrollo espiritual y la conducta, que son un pilar en todo su ser.

Lama Rinchen decidió ser monje a los 25 años cuando ya hacía tiempo sentía un profundo interés por el budismo tibetano. “A los 31 tomé los votos de monje, era algo que de alguna manera simplificaba mi vida, no era ninguna garantía ni una bendición automática, es un recordatorio a diario de lo que debe ser importante, una manera de organizar nuestra vida para crecer y madurar en el camino. Fue un proceso muy grande”, contó sobre sus inicios en el budismo, que se define como un camino de enseñanzas prácticas, como la meditación, que ayuda a desarrollar la conciencia, la bondad y sabiduría. Durante miles de años esta disciplina generó un recurso para quienes quieran seguir un sendero de desarrollo espiritual.

Con el amor como la más poderosa de las virtudes, dijo que no le costó pasar de la vida mundana a la vida espiritual. “Lo que más cuesta, honestamente -y esto lo escuché de algunos monjes católicos también- es estar en una jerarquía. Si estás en un monasterio no sólo tienes que seguir tus votos, sino también aceptar las normas, las reglas de ese monasterio. Levantarte cuando te toca, hacer las meditaciones en grupo y seguir órdenes que a lo mejor no son las que tú piensas que son lo mejor. Entonces había que desarrollar esa humildad y ajustarse a la comunidad. Es muy difícil para algunas personas vivir en comunidad”, sentenció.

Durante esos seis años de preparación hizo profundas meditaciones, algunos retiros y estudió todo lo que pudo, así que asumir ese estilo de vida no le costó demasiado. “Tomé votos laicos y estuve viviendo con monjes, purificando mi vida. Y cuando llegó el momento de tomar los votos, fue cambiar de ropa. No fue ningún shock al sistema, ya lo había asumido e integrado, de alguna manera”.

Si bien asegura que nunca tuvo una crisis, recuerda que antes de su primer viaje a la India, precisamente a Nepal, cuando visitó los monasterios sufrió un poco de desilusión porque “no coincidía con mi idea romántica de lo que iba a ser un monasterio en los Himalayas. En un monasterio hay de todo. Algunos monjes muy disciplinados, muy genuinos y muy interesados, y hay otros que no lo son tanto. Eso fue un shock pero me ayudó a madurar en el camino y apreciar lo bueno”, confió.

A pesar de las grandes diferencias entre la cultura occidental y oriental, él no sintió ningún “choque”. “Creo que no noté tantas diferencias entre ambas porque soy un inmigrante, hijo de inmigrantes. Mi familia es española emigró a Uruguay y después a Estados Unidos. Nunca tuve raíces muy sólidas al identificarme con una cultura en particular y eso me mantiene la mente abierta para poderme acoplar a diferentes países y culturas. Otros sí lo sufren más, especialmente si vienen desde Estados Unidos, por ejemplo, a la India donde hay tanta pobreza, tanta necesidad, eso sí puede ser un shock al sistema.

Cada vez que Lama Rinchen realiza un viaje, disfruta más conectarse con personas y el entorno. “Las estructuras humanas no me interesan tanto, sino conocer a personas y apreciar la naturaleza de ese lugar”, dijo, sobre el tiempo que pasó en San Luis. En La Huertita hizo un retiro donde asistieron personas de varias provincias. Allí durante tres días hicieron prácticas de meditación para iniciados en las enseñanzas del Buda bajo su dirección del Venerable Lama Rinchen Gyaltsen y la Monja Ani Kunga Dechen, que viajó con él. El tema central fue el adiestramiento mental en siete puntos, que pertenece a la tradición de enseñanzas esenciales del budismo.

A pesar de que el estrés forma parte de la vida diaria de la mayoría de las personas, el lama asegura que actualmente hay un despertar de consciencias, “la gente se da cuenta de que la cosa no va, de que la vida no debería ser así. Pero muchos no tienen otra opción, no ven otra salida, entonces bajan la cabeza en derrota y se entregan a lo que están haciendo sus amigos y familia. Entonces el budismo se puede presentar como una filosofía de vida, otra forma de vivir. Perteneces, estás ahí en el mundo, eres muy activo, desarrollas muchos proyectos pero sin caer en la trampa del consumismo o el materialismo”, garantizó. Aunque muchos famosos de Hollywood practiquen diferentes ramas de esta creencia, como Angelina Jolie, Penélope Cruz, Keanu Reeves, Brad Pitt, entre otros.

En la vorágine constante que forma parte de todos los aspectos del diario vivir, el lama budista participa en el mundo sin ser parte de él y asegura que encontrar ese delicado equilibrio está dentro de uno mismo. El método para eliminar los problemas diarios es practicar el Dharma (palabra sánscrita que significa ‘protección’). Con la práctica de las enseñanzas de Buda se resguarda del sufrimiento y puede encontrarse la felicidad pura y duradera. Uno de los caminos más importantes es la meditación, “es el amor y sabiduría, la conducta y la disciplina son indispensables, pero debemos disolver las emociones negativas. La meditación no es un entretenimiento, o una escapatoria para no ver los temas cotidianos que nos enfrentan a diario”, manifestó y agregó que no se puede ser parte de esta disciplina sin dedicarse de lleno a ella. “Un verdadero budista es alguien que sigue de alguna manera la visión del Buda. Hay a lo mejor alguien que nace en la familia budista en Tailandia, en Birmania, y se identifica con el budismo y a lo mejor practica algún ritual una vez al año con su familia pero por supuesto ese no es un verdadero budista”.

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