24°SAN LUIS - Jueves 06 de Octubre de 2022

24°SAN LUIS - Jueves 06 de Octubre de 2022

EN VIVO

Buscan saber quién mató a un presunto ladrón en una fábrica

Por redacción
| 01 de marzo de 2017
Su versión. El sereno de la fábrica, cuando era llevado a declarar. Sobre él no pesa ninguna medida.

Entre los múltiples interrogantes que por estas horas guían la investigación de los efectivos de la División Homicidios, hay dos centrales: quién y por qué razón alguien le disparó a José Luis Rodríguez. El fallecido, de 26 años, recibió dos balazos durante un presunto intento de asalto en una fábrica de pastas, en el Parque Industrial Norte, el lunes a la noche. Una de las hipótesis, la que por ahora parece tener más fuerza y guarda relación con la versión de un sereno, es que Rodríguez fue a robar y lo baleó un cómplice suyo, que huyó.

 


Esa persona que habría escapado aún no ha sido identificada, aunque la Policía tendría alguna pista. De comprobarse esa teoría y ubicarlo, se abrirían nuevas preguntas: en qué circunstancia resultó herido Rodríguez, si los tiros fueron accidentales o intencionales, si en ese momento surgió algún problema entre los ladrones. Ayer, un investigador consideró que el hecho de que los impactos sean dos le resta fuerza a la posibilidad de que haya sido algo fortuito o accidental.

 


El jefe de Homicidios, el subcomisario Javier Sosa, no quiso dar el nombre del sereno que, a la hora del hecho, custodiaba la fábrica “La Sanluiseña”, situada en la calle 111 y 1 bis, en el mencionado parque, en la zona oeste de la capital.

 


El guardia es un joven que, mientras la Policía hacía su tarea en la escena, fue llevado a la división, para que contara su versión. Después de dar una declaración informativa, se fue a su casa. No pesa ninguna medida restrictiva sobre él, informó Sosa.

 


Otra fuente comentó que le hicieron el dermotest, la prueba que permite detectar si en las manos de una persona hay rastros de alguno de los componentes de la pólvora, lo que es indicativo de si accionó un arma de fuego. Al fallecido también le hicieron esa pericia. Aún no ha trascendido el resultado.

 


La planta en la que ocurrió el hecho investigado no está en actividad, e inclusive allí “prácticamente no hay nada”, aclaró el subcomisario. Así y todo, según parece, dos encapuchados habrían resuelto entrar con fines de robo, el feriado cerca de las 20.

 


El guardia habría alcanzado a ver a dos extraños y corrió hacia una puerta ubicada al costado de un portón. Narró que ingresó, cerró y que desde adentro “oyó como golpes, no disparos, y que no sabe lo que pasó”, refirió Sosa. El guardia aseguró, además, que él no portaba arma.

 


Aunque luego ya no escuchó golpes, él no salió, dijo el sereno. Declaró que llamó por teléfono para pedir ayuda, y que no se movió de allí. “Él manifestó que no se asomó, no vio escapar a nadie del predio”, informó Sosa. El empleado recién habría salido cuando llegaron otras personas.

 


La otra fuente precisó que Rodríguez quedó boca abajo, cerca de la puerta, y que tenía el rostro cubierto con una prenda de vestir, posiblemente una remera. Cerca de él no hallaron arma de fuego.

 


Si bien no quiso detallar cuántas, Sosa confirmó que en el lugar hallaron vainas.

 


La referencia de que el supuesto asaltante y homicida se fue “está acreditada por testimonios, y estamos recolectando otros”, indicó Sosa.

 


Según una versión que el jefe policial no confirmó, un guardia de otra fábrica es quien habría visto a una persona escapar del predio. Los efectivos de la División Canes hicieron un rastrillaje en las inmediaciones, para obtener rastros de ese individuo, de los sitios por donde pudo haber entrado o salido.

 


Ayer a la mañana, ya con la luz del día, la Policía volvió a hacer una inspección y un rastrillaje por el perímetro de la planta.

 


Atravesó los pulmones

 


Cerca del mediodía, el forense Ricardo Torres comenzó la autopsia. Rodríguez, vecino del barrio Eva Perón “era de una contextura delgada, de aproximadamente 1,65 metros de altura y unos 60 kilos”, lo describió el médico. Ambos proyectiles entraron en su cuerpo por el lateral derecho.

 


El que acabó con su vida hizo un recorrido que terminó dañando órganos vitales, causándole el shock hipovolémico agudo –un gran sangrado– que lo llevó a la muerte en un santiamén.

 


La munición “entró por el brazo derecho, salió por la cara anterior del antebrazo, o un poco más arriba. Volvió a ingresar arriba del codo del brazo del mismo lado. Volvió a salir, un poco más arriba, en el tercio medio del brazo. Ahí hizo un recorrido raro, como si cambiara de trayectoria, y entró al tórax, unos tres centímetros por encima de la tetilla del mismo lado, en la zona de la línea axilar anterior”, detalló el forense.

 


Ya en el tórax, “la bala perforó el pulmón derecho, ingresó por el lóbulo superior, lo rompió, salió por el lóbulo superior, entró al cayado de la aorta –un segmento de esa importante arteria–, salió de ahí, rompió el pulmón izquierdo en el lóbulo superior, lo traspasó todo y pegó en la parrilla costal, y, después de hacer un recorrido extraño, se ubicó en el omoplato izquierdo”. De allí fue sacada, para posteriores pericias.

 


El otro plomo atravesó el cuello transversalmente, de lado a lado. No fue recuperado durante el examen en la morgue. Ingresó “por debajo del lóbulo de la oreja, de la articulación temporomaxilar, y tiene orificio de salida por el lado izquierdo”, explicó.

 


Torres dijo que los peritos en balística determinarán el calibre de la bala hallada. Según su impresión, “no es un 22, podría ser un 9 milímetros, o algo parecido”.

 


Presumió que Rodríguez perfectamente pudo haber estado parado al momento de recibir los disparos, “quizás en una actitud de defensa; tal vez se pudo haber agachado un poco, por la dirección del proyectil que entró en el brazo”. No detectó heridas de defensa.

 


Tan grave fue la lesión que, según los cálculos del forense, la sobrevida fue de “entre 3 y cuatro minutos”, no más que eso.

 


Comentá vos tambien...