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Fobias, un temor irracional que paraliza y altera la vida

Por redacción
| 05 de marzo de 2017

Un sudor frío, palpitaciones, ruborización, a veces incluso un desmayo. Las mismas reacciones físicas que tiene el organismo ante situaciones de gran peligro, se replican en alguien que sufre fobias. Sin embargo, los especialistas aseguran que éste es un temor irracional, fuera de toda proporción, un miedo intenso e incontrolable y que deja de tener relación con la realidad con el objeto o situación que se está afrontando. Las fobias, como el trastorno obsesivo compulsivo y los ataques de pánico, forman parte de los trastornos de ansiedad y, en su mayoría, son tratables, explican los expertos.

 


En el mundo 1 de cada 23 personas sufren este padecimiento según el National Institute of Health, la organización que nuclea a diversos centros de investigación en Estados Unidos. La Fundación Fobia Club, una institución médica que hace 20 años trabaja sobre el tema en la Argentina, calcula que un 28% de la población sufre distintos tipos de fobia. La claustrofobia, el miedo a lugares cerrados, a volar, a manejar un automóvil e incluso a vomitar en público (emetofobia) son los temores que lideran el ránking, y los jóvenes y mujeres son quienes más los sufren, sostiene la entidad.

 


¿Qué provoca las fobias? Hay múltiples teorías, explicó a El Diario de la República, la doctora Judith Portela, jefa del servicio de psiquiatría del Hospital de Salud Mental de la ciudad capital. “Las personas que tienen ansiedad, tienen a veces un factor hereditario. Cuando ahondamos en la familia, es muy común que haya personas con fobias. También  se trata de un 'modelo' que se aprende, cuando hay un entorno miedoso o excesivamente sobreprotector, se transmite. Después hay teorías más biológicas, que lo relacionan al sistema límbico del cerebro, que es la señal de alarma que tenemos todas las personas, en el que estos individuos son más vulnerables o sensibles “, indicó la especialista.

 


Sin embargo, Portela admite que en el 100% de los casos que ha tratado, se trata de experiencias infantiles, traumáticas o de sobreprotección. “No dejaron a los niños investigar, ser autónomos o independientes. También a veces se les dieron responsabilidades a otros nenes a edades muy precoces. O lidiaron con experiencias cercanas a la muerte, enfermedades o cuestiones que han vivido de manera muy personal”, ahondó.

 


Franco Mastronardi, psiquiatra que se desempeña como forense en el Poder Judicial, afirmó que la afección tiene que ver con la parte inconsciente de nuestra mente. “Todos los objetos tienen una representación y una energía emocional. En el inconsciente, esa energía puede estar separada del objeto. Pero tenemos mecanismos de represión en él, que hacen que situaciones muy traumáticas cuando somos niños, queden fijadas con diferentes objetos”, explicó.

 


Alberto Jaimez, psicólogo de la capital, destacó a la ansiedad es algo natural en el ser humano, pero que tenerla en exceso es lo que provoca trastornos como las fobias. “La ansiedad es aquello que nos protege en la vida. Es más fácil observarlo  en un animal. Uno ve a un animal bebiendo en un canal, pero está atento al ataque de los depredadores, y al menor ruido, escapa. Ésa es la ansiedad, permite preservarnos. Y nosotros también la tenemos como una señal de alarma, que tiene un monto adecuado que  nos permite desarrollamos bien en la vida y protegernos. Cuando ese monto de ansiedad es excesivo, se vuelve un problema”. Jaimez detalló que el fóbico lo que hace es depositar toda esa ansiedad en un objeto, que dispara ese instinto de preservación, esa energía como si se estuviera en una situación de vida o muerte.  

 


Todos los especialistas consultados por El Diario coincidieron en que el fóbico no suele actuar hasta que se ve obligado a enfrentarse a aquella situación que le produce terror.

 


Tomarse un avión por un viaje de negocios, lidiar cotidianamente con un ascensor, ponerse detrás del volante son situaciones con las que el fóbico se da cuenta que aquello que es cotidiano para el resto de la gente, se vuelve una situación cercana a la muerte para él, aunque la mayoría del tiempo no sea así. Allí, el miedo no deja a la persona llevar su vida tranquilamente. “Nadie quiere generarse malestar. Es inconsciente, nadie quiere sufrir. Tener una neurosis es un sufrimiento, impide tener una vida normal”, remarcó Jaimez. "Sienten que las fobias los vencen, que no pueden enfrentarse a ellos", acotó  Portela.

 


Los tratamientos

 


Los tratamientos siempre se encuentran divididos por las grandes escuelas de la psicología: el psicoanálisis por un lado y la escuela cognitiva por el otro. Los tratamientos con psicofármacos son efectivos, pero tienen sus riesgos. “Todas esas reacciones fisiológicas se controlan con medicación. Pero se puede volver un círculo vicioso, en el que el paciente se comienza a anticipar al miedo, ya que la medicación ayuda y acelera muchísimo el tiempo de tratamiento. Va a tener el mismo miedo, pero no va a tener las mismas reacciones fisiológicas, el cuerpo se queda como dormido”, explicó Mastronardi.

 


El psicoanálisis considera que el origen del temor es fundamental. “Si se analiza al paciente, se puede evaluar la situación emocional o traumatizante que vivió en la niñez. Por eso el psicoanálisis es largo, porque muchas veces el objeto fóbico  va saltando de una cosa a otra. Siempre se muestra en lapsus, en actos fallidos”, comentó el especialista. Comprender el porqué del miedo baja los niveles de ansiedad, porque aquel temor irracional, ya no lo es cuando se comprende qué fue lo que lo originó.

 


Luego están las técnicas cognitivas-comportamentales. Exponer gradualmente al paciente al objeto, para provocar su desensibilización, es una estrategia muy usada. También son útiles las reuniones de psicoeducación y algunos tratan incluso con el “implosing”: exponer directamente, por sorpresa, al fóbico con su miedo. Algunos incluso se valen de la nuevas tecnologías, como el videofeedback, en el que se graba una situación cotidiana con el paciente, y luego se muestra su comportamiento para que traten de entenderlo. Además existen técnicas de relajación y respiración, en el que las personas se entrenan para “relajarse” ante situaciones traumáticas. “Cuando uno se puede controlar, se deja de paralizar porque aprende como defenderse. Se dan cuenta de que el miedo está dentro de ellos, no afuera”, remarcó Mastronardi.

 


¿Se pueden curar las fobias? “No hablamos de cura, sino de remisión del síntoma”, afirmó Jaimez. “El tratamiento nunca puede reducirse a la medicación. Tienen que ver qué generó todo esto, resignificar esas experiencias traumáticas y darle una salida. Y tienen que pedir ayuda, porque si bien no es una patología grave, no es que se vaya a morir o se va volver loco, tienen una mala calidad de vida. En los tratamientos es fundamental la información, la psicoeducación, enseñarles técnicas para manejar la ansiedad”, afirmó Portela. Casos como el de Orlando Guillermo Saá, un joven que sufría fobia social hasta que fue a la Escuela Corazón Victoria, muestran que con contención y apoyo, existe una salida.

 


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