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Pidieron 17 años de cárcel para acusado de abusar de sus hijas

Lo detuvieron el año pasado y está alojado en el penal de Pampa de las Salinas. Ahora la causa va camino al juicio oral.

Él jura que jamás tocó a ninguna de sus hijas. Y que no entiende por qué su ex esposa y las chicas lo han denunciado por abuso, porque dice que, además de no haberlas agredido sexualmente, ha sido un buen padre. El juez que lo investigó no le creyó, porque hay pruebas que indican lo contrario: lo procesó y le dictó prisión preventiva. Su proclamación de inocencia tampoco convence al fiscal de instrucción, que ya solicitó que envíen la causa a juicio oral y que lo condenen a diecisiete años de cárcel.
El acusado, J. M. –El Diario lo identifica sólo por sus iniciales, porque sus hijas llevan su apellido–, está alojado en el penal de Pampa de las Salinas, en La Botija, a 210 kilómetros al norte de San Luis.
El 4 de octubre de 2007, su ex pareja, madre de las chicas, promovió la acción penal contra él, pero recién el 30 de mayo de 2016, el nuevo juez de instrucción Penal 1, Sebastián Cadelago Filippi, ordenó su detención. Fue arrestado el miércoles 15 de junio del año pasado y llamado a indagatoria un día después. En esa oportunidad, asesorado por su abogado defensor, el hombre, de 44 años entonces, no quiso declarar.
Cadelago Filippi lo procesó el 24 de junio de 2016, por el delito de abuso sexual gravemente ultrajante, agravado por el vínculo, en perjuicio de sus dos hijas.
Más tarde, el 9 de setiembre del año pasado, J. M. sí dio una indagatoria para defenderse. Dijo que hacía ya diez años que estaba separado de su esposa, a raíz de que ella lo denunció.
El caso salió a la luz y llegó a manos de la Justicia porque a fines de 2016, su hijo menor, entonces de 4 años, le dijo a su madre que le dolían los genitales. Cuando ella le empezó a preguntar, para identificar la causa del dolor, el nene le dijo que su padre le hacía doler. Y le describió distintas prácticas que configuran un abuso.
La hermana mayor del chico, de 14 años en ese momento, explotó en un llanto angustiado cuando se enteró lo que le pasaba al nene. Le dijo a su mamá que a ella su padre le hacía cosas así desde el día que cumplió 8 años. 
Más tarde se sumó la acusación por los abusos que J. M. habría cometido con su hija del medio, que durante muchos años bloqueó sus recuerdos y no quería hablar del tema. Finalmente, cuando la causa iniciada por el testimonio de su hermana tomó impulso, ella dio el suyo. Aseguró que también había sufrido agresiones sexuales de parte de su padre.
En su indagatoria, J. M. rechazó la acusación en su contra: “Nunca he hecho nada. Siempre me he dedicado a trabajar. Yo realmente no entiendo la razón de la denuncia. Siempre he sido un padre que no he sido golpeador. Nunca agredí a mi mujer. Nunca estuve detenido. No tengo antecedentes. No me drogo, no tomo bebidas alcohólicas”, dijo. 

Malos recuerdos

La mayor de las hijas dijo que siempre creyó que los abusos de su padre se habían limitado a manoseos y otras prácticas, pero no habían llegado a la penetración. Y que luego recordó algo que ocurrió una vez que él la llevó a pescar y se quedaron a dormir en carpa, cuando tenía 10 años. Cree que en esa ocasión la violó.
Recuerda que esa noche lloró y que un amigo de su padre escuchó su llanto desde otra carpa. Cuando se acercó a la carpa de ellos a preguntarle a J. M. qué le pasaba a la nena, él contestó que extrañaba a su madre y que quería volverse a la casa.
El episodio del llanto ha sido corroborado por ese hombre, que ahora declaró como testigo, y admitido por el acusado, aunque él asegura que no atacó a su hija aquella noche y que, efectivamente, la nena lloró porque quería estar con su madre.
Sin embargo, la víctima, recuerda que a la mañana siguiente, cuando fue a hacer pis, sintió ardor en la zona genital y al bajarse la ropa vio que tenía la bombacha manchada con sangre.
J. M. niega todo. Dice que nunca se enteró de por qué lo habían desalojado de su casa, ni lo preguntó. Y que jamás supo que sus hijas tuvieran algún motivo para no quererlo. “Cuando las veía en la vía pública me saludaban ‘hola, papá’, y yo le decía ‘hola, hija ¿cómo están, todo bien?'”, declaró.
La mayor de las chicas, que ahora es madre, declaró que después de la denuncia, su padre siempre se le burlaba, cuando se lo cruzaba en la calle, y que incluso una vez amagó con pegarle a su novio, cuando se los encontró de casualidad.
La más chica dijo ante una psicóloga que no quiere volver a verlo.

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Pidieron 17 años de cárcel para acusado de abusar de sus hijas

Lo detuvieron el año pasado y está alojado en el penal de Pampa de las Salinas. Ahora la causa va camino al juicio oral.

15 de junio de 2016. Acaban de detener a J.M. y lo ingresan al Hospital San Luis, para un examen médico. Foto: Archivo.

Él jura que jamás tocó a ninguna de sus hijas. Y que no entiende por qué su ex esposa y las chicas lo han denunciado por abuso, porque dice que, además de no haberlas agredido sexualmente, ha sido un buen padre. El juez que lo investigó no le creyó, porque hay pruebas que indican lo contrario: lo procesó y le dictó prisión preventiva. Su proclamación de inocencia tampoco convence al fiscal de instrucción, que ya solicitó que envíen la causa a juicio oral y que lo condenen a diecisiete años de cárcel.
El acusado, J. M. –El Diario lo identifica sólo por sus iniciales, porque sus hijas llevan su apellido–, está alojado en el penal de Pampa de las Salinas, en La Botija, a 210 kilómetros al norte de San Luis.
El 4 de octubre de 2007, su ex pareja, madre de las chicas, promovió la acción penal contra él, pero recién el 30 de mayo de 2016, el nuevo juez de instrucción Penal 1, Sebastián Cadelago Filippi, ordenó su detención. Fue arrestado el miércoles 15 de junio del año pasado y llamado a indagatoria un día después. En esa oportunidad, asesorado por su abogado defensor, el hombre, de 44 años entonces, no quiso declarar.
Cadelago Filippi lo procesó el 24 de junio de 2016, por el delito de abuso sexual gravemente ultrajante, agravado por el vínculo, en perjuicio de sus dos hijas.
Más tarde, el 9 de setiembre del año pasado, J. M. sí dio una indagatoria para defenderse. Dijo que hacía ya diez años que estaba separado de su esposa, a raíz de que ella lo denunció.
El caso salió a la luz y llegó a manos de la Justicia porque a fines de 2016, su hijo menor, entonces de 4 años, le dijo a su madre que le dolían los genitales. Cuando ella le empezó a preguntar, para identificar la causa del dolor, el nene le dijo que su padre le hacía doler. Y le describió distintas prácticas que configuran un abuso.
La hermana mayor del chico, de 14 años en ese momento, explotó en un llanto angustiado cuando se enteró lo que le pasaba al nene. Le dijo a su mamá que a ella su padre le hacía cosas así desde el día que cumplió 8 años. 
Más tarde se sumó la acusación por los abusos que J. M. habría cometido con su hija del medio, que durante muchos años bloqueó sus recuerdos y no quería hablar del tema. Finalmente, cuando la causa iniciada por el testimonio de su hermana tomó impulso, ella dio el suyo. Aseguró que también había sufrido agresiones sexuales de parte de su padre.
En su indagatoria, J. M. rechazó la acusación en su contra: “Nunca he hecho nada. Siempre me he dedicado a trabajar. Yo realmente no entiendo la razón de la denuncia. Siempre he sido un padre que no he sido golpeador. Nunca agredí a mi mujer. Nunca estuve detenido. No tengo antecedentes. No me drogo, no tomo bebidas alcohólicas”, dijo. 

Malos recuerdos

La mayor de las hijas dijo que siempre creyó que los abusos de su padre se habían limitado a manoseos y otras prácticas, pero no habían llegado a la penetración. Y que luego recordó algo que ocurrió una vez que él la llevó a pescar y se quedaron a dormir en carpa, cuando tenía 10 años. Cree que en esa ocasión la violó.
Recuerda que esa noche lloró y que un amigo de su padre escuchó su llanto desde otra carpa. Cuando se acercó a la carpa de ellos a preguntarle a J. M. qué le pasaba a la nena, él contestó que extrañaba a su madre y que quería volverse a la casa.
El episodio del llanto ha sido corroborado por ese hombre, que ahora declaró como testigo, y admitido por el acusado, aunque él asegura que no atacó a su hija aquella noche y que, efectivamente, la nena lloró porque quería estar con su madre.
Sin embargo, la víctima, recuerda que a la mañana siguiente, cuando fue a hacer pis, sintió ardor en la zona genital y al bajarse la ropa vio que tenía la bombacha manchada con sangre.
J. M. niega todo. Dice que nunca se enteró de por qué lo habían desalojado de su casa, ni lo preguntó. Y que jamás supo que sus hijas tuvieran algún motivo para no quererlo. “Cuando las veía en la vía pública me saludaban ‘hola, papá’, y yo le decía ‘hola, hija ¿cómo están, todo bien?'”, declaró.
La mayor de las chicas, que ahora es madre, declaró que después de la denuncia, su padre siempre se le burlaba, cuando se lo cruzaba en la calle, y que incluso una vez amagó con pegarle a su novio, cuando se los encontró de casualidad.
La más chica dijo ante una psicóloga que no quiere volver a verlo.

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