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Falta productividad en la cadena de carne vacuna

Se conocieron las estadísticas oficiales de 2017 para el sector ganadero. Según el informe del Ministerio de Agroindustria, la faena vacuna aumentó 7,5% y en igual porcentaje creció la producción de carne, que llegó a los 2,84 millones de toneladas.

 

Parece una buena noticia, porque se trató del mayor volumen producido en 8 años. En 2009 se alcanzaron 3,4 millones de toneladas, pero en aquel entonces el crecimiento de la oferta de carne no fue motivo de festejo sino consecuencia de la mayor liquidación del rodeo argentino impulsada por la sequía y por las políticas restrictivas para el comercio de carne que impuso el kirchnerismo. La nefasta consecuencia fue el achique del rodeo en cerca de 15%. Por entonces la seca y las políticas equivocadas se llevaron más de 10 millones de animales.

 

Los datos oficiales indican que el año pasado la producción de carne vacuna creció en igual proporción que la faena, lo que explica el retraso en las cotizaciones del gordo, que aumentaron menos del 20% con una inflación promedio oficial que rozó el 25%. Pero, además, significa que no aumentó la productividad por animal. En efecto, el peso por res faenada promedio informado por el ministerio es de 225 kilos, el mismo de los últimos años.

 

En realidad habría que desglosar el aporte de hembras del de machos. La mayor presencia de terneras y vaquillonas en la faena reduce el kilaje medio y si bien hay más intenciones de hacer recría, sobre todo en los machos para agregar kilos de forma menos costosa a la inversión de compra, su participación en la faena sigue siendo baja, sobre todo la de novillos, que no despega del 20% del total.

 

Ésta es la cuenta pendiente de la ganadería argentina que los productores quieren pagar pero todavía no cuentan con las condiciones de mercado e institucionales necesarias como para dar el salto e incluir de forma masiva la recría y la terminación de hacienda en kilajes superiores. El stock de novillos es lo que más cuesta reconstruir y en tanto no haya una mayor participación del negocio exportador será complicada recuperar los 3 millones de ejemplares de esta categoría que se perdieron en los años de la liquidación, cuando las existencias de novillos se achicaron al 50%. La mayor parte de la recuperación de las existencias ganaderas se dio en las categorías de cría, pero no hubo todavía una reacción marcada en la producción de novillos y en definitiva en la productividad del sistema que incluye recría y engorde de machos.

 

Con el diferencial de precio y la mejora de la competitividad exportadora no alcanza para que los ganaderos se vean tentados a dejar de producir con la mira puesta únicamente en el mercado interno, más allá de que les gustaría poner un ojo en la exportación. Más allá de que sepan de que eso es necesario para el desarrollo de la actividad.

 

Para que se produzcan animales más pesados hacen falta más certezas, que se despejen dudas respecto de la evolución de la economía y de las políticas nacionales y sectoriales. Falta mucho para el ordenamiento: la inflación sigue alta, el endeudamiento es cada vez mayor, hay incentivos enormes a la rueda financiera y pocos a la inversión productiva. Y en ese escenario, por fortuna, el mercado doméstico sigue firme, sigue pidiendo carne vacuna de animales “chicos”. El argentino está dispuesto a comer 60 kilos de carne vacuna por año, que además es su preferida entre las diferentes especies que se ofrecen en el mercado local.

 

Retención de hembras y sequía

 

Los datos oficiales también dan cuenta de que las hembras representaron el 43% del total faenado el año pasado, cuando en 2016, retención mediante, habían llegado al 41%. El dato no debe generar alarma, está expresando varias cuestiones: por un lado cierta moderación en las expectativas respecto de la rentabilidad y el futuro del negocio y de la economía, pero también da cuenta de que los productores ya no tienen las mismas posibilidades de retener hembras.

 

Gran parte de los campos de cría fueron poblados, pero para que la retención siga hay que recuperar áreas ganaderas, que vuelvan campos a la actividad luego de su pase a la agricultura. También que mejore la base forrajera, para lo cual hacen falta inversiones y para eso, que haya más confianza y previsibilidad en la actividad y en el país. Y, como si fuera poco, que el clima empiece a jugar a favor de los productores.

 

Además de no quedar campos ni tener una base forrajera lo suficientemente desarrollada para que crezcan los rodeos de hembras, este año está jugando un rol importante la sequía. De profundizarse el faltante de agua es muy probable que en los meses que vienen se vea más hacienda liviana en la faena y que también se adelante la salida del ternero o la venta de vientres programada para los meses próximos.

 

Un productor de Santa Fe nos comentaba días atrás: “El impacto de la seca no se ve en el estado de la hacienda pero sí en la confección de reservas, los rindes de maíz no se acercan a los esperados al momento de la siembra y eso hace que el productor comience a pensar en cómo aliviar los campos”. Entramos en un mercado climático en el que la sucesión de lluvias influirá en las decisiones de los productores.

 

Feedlots con números en rojo y esperando la zafra

 

En el último tramo de 2017 hubo feedloteros que encerraron hacienda y convalidaron precios que superaron holgadamente los $45 por kilo de ternero. Esos precios, realmente altos, fueron pagados con la expectativa de que se produjera un faltante de carne que impulsara una mejora del precio suficiente como para compensar esos valores. Pero la suba todavía no llegó y según diferentes analistas es poco probable que sea lo suficientemente marcada como para empatar el precio de compra.

 

“Hubo feedlots que perdieron $200 por animal y otros llegaron a un rojo de $1.000. Para los que pagaron $45 no hay solución y esos son los que están saliendo del sistema, muchos incluso están revendiendo como invernada la hacienda encerrada para no seguir perdiendo plata. Lo que se espera es que la suba del gordo que comenzó a sentirse esta semana se afiance, pero es poco probable que aumente lo suficiente como para empatar los valores que se pagaron en la primavera pasada”, explicó el presidente de la Cámara de Feedloteros, José Luis Triviño.

 

Con respecto a la zafra que viene, el engordador dijo que esperan que en volumen sea similar a la del año pasado y puso especial énfasis en los precios de la compra. “Hay que estar más arriba del tablero de control de las empresas, no se puede pagar la invernada más cara que el gordo, fue un error gravísimo, la clave está en la compra”. Triviño agregó que los gastos fijos tuvieron un incremento marcado, que según sus cálculos fue del 46% entre combustibles, personal, repuestos y reparaciones. "No lo podemos manejar, tampoco podemos fijar el precio del alimento ni influir en el valor de venta, por eso creemos que es necesario no convalidar valores en función de expectativas solamente”.

 

Por Nicolás Razzetti

 

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