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Volvió la Fiesta Nacional de la Calle Angosta en un remodelado anfiteatro

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Volvió la Fiesta Nacional de la Calle Angosta en un remodelado anfiteatro

Con Jorge Rojas en el escenario, el festival despidió el año de su regreso en un predio espectacular.
 

Lo más destacado de la edición 31 de la Fiesta Nacional de la Calle Angosta, que terminó en la madrugada de ayer, fue el debut del espectacular y remodelado predio villamercedino. Butacas cómodas, capacidad para 4.700 personas, un escenario inmenso, camarines a estrenar y varias salas para diversas actividades componen un complejo dispuesto para una celebración que nada le debería envidiar a los grandes festivales nacionales.

Acaso el punto flojo del encuentro de este año –luego de que en el 2017 la fiesta no se hiciera- haya sido la escasa convocatoria de público, algo extraño si se tiene en cuenta el orgullo y el sentido de pertenencia que los mercedinos históricamente tuvieron con su celebración. Solo la presencia de Jorge Rojas en la noche final consiguió llenar el anfiteatro. Y lo hizo solo después de que, como la primera noche, la organización  decidiera abrir las puertas mientras promediaba el show, aunque antes de esa liberación, el lugar ya mostraba un muy buen número de espectadores.

Así como en la segunda noche los muchachotes de la empresa de seguridad contratada por la Municipalidad decidieron qué parte del público podía subir al escenario a bailar, en la velada de despedida se convirtieron en encargados de prensa –ante la pasividad del personal destinado de atender y ubicar a los periodistas- y determinaron qué fotógrafos podían estar cerca del escenario durante el show de Jorge Rojas. El de El Diario de la República no tuvo esa suerte.

En el plano musical, la noche de despedida tuvo sus minutos de alto contenido emocional con “Las cien guitarras mercedinas” y “El trébol mercedino”, dos grupos históricos de la ciudad que están en el corazón de la gente. Ambos recibieron una ovación que no se vio con otros grupos provinciales.

 


“EL TRÉBOL MERCEDINO”, UNA INSTITUCIÓN DE LA LOCALIDAD.



En una segunda línea muy respetable en cuanto a la trayectoria “Los Guzmán” y “El Grupo Puntano” dejaron su amor por la tierra y sus costumbres en sus sets. En tanto “Las cuerdas mercedinas” siguieron con el récord de la asistencia perfecta en las 31 ediciones de la fiesta. En el otro extremo, “Los zafreros” demostraron que tienen pasta para continuar en la buena senda.

Como durante toda la fiesta, los ballets mercedinos tuvieron mucha presencia en el Alfonso y Zavala. El sábado estuvieron “Por la huella”, que bailó muy temprano y fue visto por poca gente; el ballet La Ribera, que hizo un bello homenaje al “Chango” Nieto; y el “Semblanzas”, que recordó los 90 años de Patoruzú.

Entre los grupos musicales visitantes que despidieron el festival, la división se debe hacer entre los que tocaron antes de Jorge Rojas (los mendocinos “Cara y cepa”, dueños de una fuerza contagiosa; y Silvia Zavala, hija de José Adimanto, o sea hermana de la Calle Angosta) y los que tocaron luego del número central, ante el poco público que se quedó. Los desafortunados fueron Jorge Troncozo, el dúo Romero-Budini y el ex “La callejera” Carlos Lallana y "Dios los cría", que por su propuesta de folclore bailable mereció otro lugar en la grilla.

Con su reconocido espectáculo que mezcla romanticismo, chacarera, potencia y baile, Rojas consolidó su relación estrecha con el público mercedino en base a un repertorio que entre las sorpresas más agradables contó con la inclusión de su propia versión de “Lo que el tiempo me enseñó”, de Tabaré Cardozo.

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Volvió la Fiesta Nacional de la Calle Angosta en un remodelado anfiteatro

Con Jorge Rojas en el escenario, el festival despidió el año de su regreso en un predio espectacular.
 

El solista recibió el afecto en un anfiteatro por primera vez colmado. Foto: Héctor Portela 

Lo más destacado de la edición 31 de la Fiesta Nacional de la Calle Angosta, que terminó en la madrugada de ayer, fue el debut del espectacular y remodelado predio villamercedino. Butacas cómodas, capacidad para 4.700 personas, un escenario inmenso, camarines a estrenar y varias salas para diversas actividades componen un complejo dispuesto para una celebración que nada le debería envidiar a los grandes festivales nacionales.

Acaso el punto flojo del encuentro de este año –luego de que en el 2017 la fiesta no se hiciera- haya sido la escasa convocatoria de público, algo extraño si se tiene en cuenta el orgullo y el sentido de pertenencia que los mercedinos históricamente tuvieron con su celebración. Solo la presencia de Jorge Rojas en la noche final consiguió llenar el anfiteatro. Y lo hizo solo después de que, como la primera noche, la organización  decidiera abrir las puertas mientras promediaba el show, aunque antes de esa liberación, el lugar ya mostraba un muy buen número de espectadores.

Así como en la segunda noche los muchachotes de la empresa de seguridad contratada por la Municipalidad decidieron qué parte del público podía subir al escenario a bailar, en la velada de despedida se convirtieron en encargados de prensa –ante la pasividad del personal destinado de atender y ubicar a los periodistas- y determinaron qué fotógrafos podían estar cerca del escenario durante el show de Jorge Rojas. El de El Diario de la República no tuvo esa suerte.

En el plano musical, la noche de despedida tuvo sus minutos de alto contenido emocional con “Las cien guitarras mercedinas” y “El trébol mercedino”, dos grupos históricos de la ciudad que están en el corazón de la gente. Ambos recibieron una ovación que no se vio con otros grupos provinciales.

 


“EL TRÉBOL MERCEDINO”, UNA INSTITUCIÓN DE LA LOCALIDAD.



En una segunda línea muy respetable en cuanto a la trayectoria “Los Guzmán” y “El Grupo Puntano” dejaron su amor por la tierra y sus costumbres en sus sets. En tanto “Las cuerdas mercedinas” siguieron con el récord de la asistencia perfecta en las 31 ediciones de la fiesta. En el otro extremo, “Los zafreros” demostraron que tienen pasta para continuar en la buena senda.

Como durante toda la fiesta, los ballets mercedinos tuvieron mucha presencia en el Alfonso y Zavala. El sábado estuvieron “Por la huella”, que bailó muy temprano y fue visto por poca gente; el ballet La Ribera, que hizo un bello homenaje al “Chango” Nieto; y el “Semblanzas”, que recordó los 90 años de Patoruzú.

Entre los grupos musicales visitantes que despidieron el festival, la división se debe hacer entre los que tocaron antes de Jorge Rojas (los mendocinos “Cara y cepa”, dueños de una fuerza contagiosa; y Silvia Zavala, hija de José Adimanto, o sea hermana de la Calle Angosta) y los que tocaron luego del número central, ante el poco público que se quedó. Los desafortunados fueron Jorge Troncozo, el dúo Romero-Budini y el ex “La callejera” Carlos Lallana y "Dios los cría", que por su propuesta de folclore bailable mereció otro lugar en la grilla.

Con su reconocido espectáculo que mezcla romanticismo, chacarera, potencia y baile, Rojas consolidó su relación estrecha con el público mercedino en base a un repertorio que entre las sorpresas más agradables contó con la inclusión de su propia versión de “Lo que el tiempo me enseñó”, de Tabaré Cardozo.

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