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Un pacto para recuperar esperanzas

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Un pacto para recuperar esperanzas

Finalmente, los líderes globales —representados en la Organización de las Naciones Unidas (ONU)— aprobaron formalmente el Pacto Mundial para la Migración, en Marrakech (Marruecos), en una conferencia intergubernamental que reunió a casi 160 países.

El pacto no vinculante recoge principios, como la defensa de los derechos humanos, de los niños o el reconocimiento de la soberanía nacional; y enumera propuestas para ayudar a los países a enfrentar las migraciones, como el intercambio de información y de experiencia o la integración de los migrantes. También prohibe las detenciones arbitrarias y solo autoriza los arrestos como medida de último recurso.

En lo social y en lo político, este acuerdo significa el primer paso para recuperar la esperanza en las personas que, desplazadas de sus patrias, emprenden el doloroso camino de hallar un lugar en el que cumplir los sueños de una vida "normal". Tan importante como eso.

Destacando los “esfuerzos” para llegar a este pacto, el secretario general de la ONU, António Guterres, exhortó a no “sucumbir al miedo” a la migración. El dirigente denunció las “numerosas mentiras” sobre este pacto que provocó críticas de los nacionalistas y de los partidarios del cierre de fronteras.

Destinado a reforzar la cooperación internacional para una “migración segura, ordenada y regular”, el acuerdo deberá ser sometido todavía a una última votación de ratificación, el próximo 19 de diciembre en la Asamblea General de las Naciones Unidas. La conferencia de Marrakech tenía que ser una etapa puramente formal en el proceso pero, como la cuestión desata pasiones, unos 15 países anunciaron su retirada o la congelación de su decisión sobre el pacto.

Los activistas de los derechos humanos consideran que el acuerdo no llega lo suficientemente lejos en materia de ayuda humanitaria, servicios básicos y derechos laborales de los migrantes. Sus detractores lo consideran una incitación a los flujos migratorios incontrolados.

En el mundo hay alrededor de 258 millones de personas en movilidad y migrantes, esto es el 3,4% de la población mundial. Estados Unidos, que se había retirado de la elaboración del texto en diciembre de 2017, al considerarlo contrario a la política de inmigración del presidente Donald Trump, lanzó un nuevo ataque.

“Las decisiones sobre la seguridad de las fronteras, sobre a quién se le permite residir legalmente u obtener la ciudadanía, son algunas de las decisiones soberanas más importantes que puede tomar un país”, remarcó la misión diplomática estadounidense ante la ONU, en un comunicado.

Washington se esforzó en los últimos meses por compartir su opinión sobre el pacto con otros países firmantes, sobre todo en Europa, según diplomáticos de la ONU.

Hasta ahora, nueve países se retiraron del proceso, tras haber aprobado el texto el 13 de julio en Nueva York: Austria, Australia, Chile, República Checa, República Dominicana, Hungría, Letonia, Polonia y Eslovaquia. Otros seis quisieron tener otras consultas internas: Bélgica, Bulgaria, Estonia, Italia, Eslovenia y Suiza.

En Ottawa se registraron altercados entre grupos proinmigración y militantes de derecha, opuestos a la adhesión al pacto. El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, fue claro: “Acoger a la gente venida del mundo entero gracias a un sistema de inmigración riguroso es lo que convierte a Canadá en un país fuerte”, dijo.

La canciller alemana, Ángela Merkel, también favorable al texto, estaba presente en Marruecos, igual que los jefes de gobierno de España, Pedro Sánchez; Grecia, Alexis Tsipras; y Charles Michel de Bélgica.

En un discurso muy aplaudido, Merkel hizo un alegato a favor del multilateralismo y recordó la historia de su país, marcada por el nazismo. “La respuesta al nacionalismo puro fue la fundación de las Naciones Unidas y el compromiso de encontrar juntos respuestas a nuestros problemas comunes”, dijo.

Es un primer paso muy valioso. Es la certeza de que el mundo al menos registra lo que ocurre. Eso ya es muy importante.

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Un pacto para recuperar esperanzas

Finalmente, los líderes globales —representados en la Organización de las Naciones Unidas (ONU)— aprobaron formalmente el Pacto Mundial para la Migración, en Marrakech (Marruecos), en una conferencia intergubernamental que reunió a casi 160 países.

El pacto no vinculante recoge principios, como la defensa de los derechos humanos, de los niños o el reconocimiento de la soberanía nacional; y enumera propuestas para ayudar a los países a enfrentar las migraciones, como el intercambio de información y de experiencia o la integración de los migrantes. También prohibe las detenciones arbitrarias y solo autoriza los arrestos como medida de último recurso.

En lo social y en lo político, este acuerdo significa el primer paso para recuperar la esperanza en las personas que, desplazadas de sus patrias, emprenden el doloroso camino de hallar un lugar en el que cumplir los sueños de una vida "normal". Tan importante como eso.

Destacando los “esfuerzos” para llegar a este pacto, el secretario general de la ONU, António Guterres, exhortó a no “sucumbir al miedo” a la migración. El dirigente denunció las “numerosas mentiras” sobre este pacto que provocó críticas de los nacionalistas y de los partidarios del cierre de fronteras.

Destinado a reforzar la cooperación internacional para una “migración segura, ordenada y regular”, el acuerdo deberá ser sometido todavía a una última votación de ratificación, el próximo 19 de diciembre en la Asamblea General de las Naciones Unidas. La conferencia de Marrakech tenía que ser una etapa puramente formal en el proceso pero, como la cuestión desata pasiones, unos 15 países anunciaron su retirada o la congelación de su decisión sobre el pacto.

Los activistas de los derechos humanos consideran que el acuerdo no llega lo suficientemente lejos en materia de ayuda humanitaria, servicios básicos y derechos laborales de los migrantes. Sus detractores lo consideran una incitación a los flujos migratorios incontrolados.

En el mundo hay alrededor de 258 millones de personas en movilidad y migrantes, esto es el 3,4% de la población mundial. Estados Unidos, que se había retirado de la elaboración del texto en diciembre de 2017, al considerarlo contrario a la política de inmigración del presidente Donald Trump, lanzó un nuevo ataque.

“Las decisiones sobre la seguridad de las fronteras, sobre a quién se le permite residir legalmente u obtener la ciudadanía, son algunas de las decisiones soberanas más importantes que puede tomar un país”, remarcó la misión diplomática estadounidense ante la ONU, en un comunicado.

Washington se esforzó en los últimos meses por compartir su opinión sobre el pacto con otros países firmantes, sobre todo en Europa, según diplomáticos de la ONU.

Hasta ahora, nueve países se retiraron del proceso, tras haber aprobado el texto el 13 de julio en Nueva York: Austria, Australia, Chile, República Checa, República Dominicana, Hungría, Letonia, Polonia y Eslovaquia. Otros seis quisieron tener otras consultas internas: Bélgica, Bulgaria, Estonia, Italia, Eslovenia y Suiza.

En Ottawa se registraron altercados entre grupos proinmigración y militantes de derecha, opuestos a la adhesión al pacto. El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, fue claro: “Acoger a la gente venida del mundo entero gracias a un sistema de inmigración riguroso es lo que convierte a Canadá en un país fuerte”, dijo.

La canciller alemana, Ángela Merkel, también favorable al texto, estaba presente en Marruecos, igual que los jefes de gobierno de España, Pedro Sánchez; Grecia, Alexis Tsipras; y Charles Michel de Bélgica.

En un discurso muy aplaudido, Merkel hizo un alegato a favor del multilateralismo y recordó la historia de su país, marcada por el nazismo. “La respuesta al nacionalismo puro fue la fundación de las Naciones Unidas y el compromiso de encontrar juntos respuestas a nuestros problemas comunes”, dijo.

Es un primer paso muy valioso. Es la certeza de que el mundo al menos registra lo que ocurre. Eso ya es muy importante.

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