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Un viejo campo familiar para un nuevo concepto

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Un viejo campo familiar para un nuevo concepto

Magdalena Strongoli

Esteban Aguirre llegó desde Buenos Aires para hacerse cargo de una hectárea que tenía su papa. Produce verdura orgánica que vende en las ferias.

A pesar del desarrollo experimentado en los últimos años, San Luis es un terreno virgen en muchos aspectos y gracias a esa condición todavía hay mucho terreno fértil para explorar. El ingeniero agrónomo Esteban Aguirre, a pesar de su corta edad, tiene una historia familiar enraizada en la provincia. Recién llegado de Buenos Aires, quiere trascender y mostrar que es posible hacer producciones agroecológicas a mediana escala. En el kilómetro 786 de la Autopista de las Serranías Puntanas tiene un pequeño campo que es de su padre, un hombre de Quines que hace alrededor de 30 años se vino del noreste en busca de progreso y mejores condiciones.

Hace un año que el ingeniero arrancó con la producción de verduras, a las que les sumó plantas aromáticas y la ardua tarea de difundir las técnicas correctas para lograr los mejores rindes. "Además de comercializar lo que aquí producimos, la hectárea en la que trabajamos es un vergel experimental en donde mostramos la diversidad de técnicas que se pueden usar, todas con la misma mirada: respetar el entorno en el que crecen y echar mano a los recursos disponibles", anticipó Aguirre.

"En la zona el sol es muy intenso, por lo que comenzamos a trabajar muy temprano y a la tarde recién volvemos cuando afloja el calor. Las horas de trabajo son alrededor de seis. Entre las tareas, una muy importante es el riego. Tenemos tres tipos: por goteo, por inundación y por aspersión. Con el calor estival, las plantas reciben agua hasta tres veces por día", contó Aguirre, mientras mostraba los surcos que se van completando con distintas tonalidades de verde.

"El goteo es el más eficiente en cuanto al uso del agua, pero siempre trato de buscar distintas experiencias para poder mostrar las posibilidades que existen", informó, y agregó que también usa "pajonales como cobertura del suelo, porque ayudan a conservar la humedad y para evitar malezas. Además, cuando se descompone esa materia orgánica se reutiliza como fertilizante del suelo".

Otra técnica que evita la aparición de enfermedades y de malezas es el sistema Mulching. "Al estar recubierto con un nylon, que en general se recicla de los silo bolsas, y al no entrarle luz exterior, no progresan las malezas", contó, y aseguró que hay productores en el mundo orgánico que no están de acuerdo con el uso de ese material, sobre todo porque argumentan que no se degrada en el suelo. "Yo promuevo el uso de un Mulching vegetal, que también ayuda a evitar la erosión hídrica y eólica. El nylon lo tengo de prueba", comentó el profesional, que quiere centrarse en la promoción de esas técnicas en las escuelas puntanas que tengan huerta y acercarse a todos los que quieran generar este tipo de vergeles en sus casas.

La idea del productor es pasar a tener en el futuro 15 hectáreas productivas. "Lo que busco es poder dedicarle el tiempo que corresponde, no tengo la intención de extenderme demasiado. Por el  momento una hectárea está bien", aseguró Aguirre, quien explicó que para la comercialización hace uso de los distintos espacios que se crean en las ferias, pero que también los clientes van a su campo y él hace entregas a domicilio.

El joven confesó que las tierras donde cultiva fueron desmontadas, pero que desde su llegada trata de recomponer el equilibrio medio ambiental para volver a un paisaje natural que ayude a los ciclos biológicos de las plantas. "Así ayudaremos a atraer a los insectos benéficos, que vengan a repoblarse", enfatizó.

La huerta está rodeada por cercos vivos. "Son franjas donde uno coloca la flora autóctona. Ésa es otra manera de revertir el desequilibrio que se ha producido en el campo. Todo eso va a llevar un tiempo. Mientras tanto tenemos una gama de productos orgánicos para prevenir dificultades en el desarrollo de las plantas, como por ejemplo el aceite de nim, jabón potásico, tierra de diatomea", detalló, y explicó que una de las premisas de ese tipo de producciones es la prevención de enfermedades en las plantas.

"Este año hubo problemas con las chinches, por lo que tuvimos algunos tomates picados. Era de esperarse que algín insecto pudiera aparecer, pero los productores orgánicos deben estar preparados y no pretender extraer el ciento por ciento de lo que se siembra. Debemos dejar algo para el suelo y que pueda seguir su ciclo natural", analizó Aguirre, quien aseguró que aquella verdura que no sirva se reutiliza como compost y se usa como nutrientes para sostener lo más importante que tienen: los suelos.

 

Aguirre trabaja para recuperar el ecosistema natural del campo que heredó de su padre, y de esa manera tener una producción totalmente agroecológica.

 

Aun la campaña no ha cerrado para ellos, por lo que no saben cuáles han sido sus rindes. "Rúcula, rabanito, variedades de lechuga, acelga, arvejas, berenjenas, tomates y zapallitos varios son algunas de las verduras que vendimos", comentó el técnico, quien aseguró que también trabaja con otros productores y amigos. "Aun no terminó la temporada, por lo que no hemos podido contabilizar los volúmenes conseguidos. Esa tarea recién la haremos cuando empecemos a planificar la temporada otoño-invierno", anticipó.

En cuanto a lo que ha plantado, comentó: "Para arrancar colocamos 1.200 plantines de distintas variedades de lechuga, 3.000 de tomates, entre pimientos y berenjenas fueron otros 1.000, de zapallito de tronco y de zucchini 150 de cada variedad", detalló Aguirre, quien afirmó que por estar al comienzo de la producción se ocupan más de fertilizar el suelo, que está muy virgen. "Por ese motivo no queremos abusarnos de la densidad de las plantas”.

"En cuanto al tomate, calculo que conseguí alrededor de cinco kilos por planta. De las distintas variedades de zapallos sacamos permanentemente alrededor de dos kilos por cada una", contó Aguirre, como para dar una idea de lo que ya ha podido comercializar.

Las condiciones del clima en San Luis no son fáciles, pero es posible producir bien. "Es un desafío hacer cultivos en la provincia. Las precipitaciones son bajas en la zona y cae bastante granizo, al menos por acá, cerca de La Cumbre. A mediados de febrero, en El Trapiche la temperatura mínima llegó a un grado, es muy frío, porque también influye la altura serrana. Además, la fertilidad del suelo no es la ideal, porque la superficie es muy arenosa, lo que hace que retenga poco la humedad y los nutrientes", contó el técnico, quien proviene de la zona productiva más fértil del país. Pero no se queja, al contrario, se siente a gusto de conocer nuevas estrategias que le permitan alcanzar números favorables en materia de hortalizas. "El suelo de San Luis para mí es como un bebé al que hay que formar para que sea más resistente. Eso llevará  tiempo".

En la búsqueda de marcar una diferencia no sólo en la producción, sino también en el atractivo de ofrecerle a los puntanos nuevas variedades de alimentos, el ingeniero contó que apostó también a la diversidad: "Hemos puesto espárragos, frutillas y frambuesas que traje de la Patagonia y que podré cosechar en octubre", anticipó.

Hay una creencia de que lo orgánico es caro y a lo mejor no está tan lejos de la realidad. Certificar como producto orgánico un cultivo puede ser una tarea complicada y que demanda dinero. Aguirre aun no lo hizo por lo que combina el uso de materiales certificados con la horticultura. "No es caro producir con esas técnicas, porque todo puede reemplazarse. Los fertilizantes los hacemos naturales con el estiércol de cabra que algún conocido nos regala, lo que baja de manera considerable los costos. El tema más difícil de resolver es la mano de obra, porque se necesita mucha e intensiva", aseguró, y añadió que como todos los trabajos son preventivos, ésa también es una forma de ahorrar.

 

   

Dar y recibir

Para transmitir no solo formas de producción, sino también lo que implica hacer verduras y frutas de manera natural, Aguirre quiere crear un espacio de encuentro con grandes y pequeños horticultores, para intercambiar información. "Todavía no soy muy conocido en la provincia, pero tengo la intención de armar una especie de ecogranja para los más chicos. Hice contacto con algunas escuelas que están dispuestas a venir con sus alumnos para pasar una tarde en el campo y aprender", anticipó, y aclaró que harán algunas mejoras en la infraestructura que estarán listas para la próxima primavera.

"No conocemos cómo funciona el mercado orgánico en San Luis. Así que juntarnos en un espacio común nos va a ayudar no solo a conocer y evacuar inquietudes, también podremos mejorar la comercialización y producir de manera acorde a la demanda", dijo por la gran cantidad de visitas que tiene en su puesto cuando participa de las ferias.

 

Para el productor que vino de Buenos Aires, el semiárido sanluiseño presenta todo un desafío que disfruta de enfrentar.

 

En lo que va de la primera cosecha, que fue de verano, han pasado por la plaza Pringles, por el Monumento al Pueblo Puntano de la Independencia en Juana Koslay, por la feria de la ruta provincial Nº 20 de la misma localidad, y por la Encantada que se realiza en Potrero de los Funes. "Muchos de los consumidores ya buscan saber el origen de lo que comen. Por eso la mayoría se muestra muy feliz de contar con verdura puntana producida de manera más amigable, tanto para la salud como para el medio ambiente", aseguró el ingeniero.    

La idea de difundir también pretende tener una visión cooperativista. "Armar una red de trabajo sería muy bueno. Para que el proceso sea natural por completo, se usan semillas que no estén genéticamente modificadas. Si bien muchas de ellas nos las provee el INTA, para otros casos se requiere buscar por fuera de los límites provinciales. Además, la facultad no te forma para este tipo de producciones por lo que estoy convencido de que hay mucho por hacer y es necesario hacerlo entre todos", cerró Aguirre.

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Un viejo campo familiar para un nuevo concepto

Esteban Aguirre llegó desde Buenos Aires para hacerse cargo de una hectárea que tenía su papa. Produce verdura orgánica que vende en las ferias.

Sin piedras en el camino. Colocó una malla antigranizo en una pequeña porción de tierra para mejorar el cuidado de los cultivos.  

A pesar del desarrollo experimentado en los últimos años, San Luis es un terreno virgen en muchos aspectos y gracias a esa condición todavía hay mucho terreno fértil para explorar. El ingeniero agrónomo Esteban Aguirre, a pesar de su corta edad, tiene una historia familiar enraizada en la provincia. Recién llegado de Buenos Aires, quiere trascender y mostrar que es posible hacer producciones agroecológicas a mediana escala. En el kilómetro 786 de la Autopista de las Serranías Puntanas tiene un pequeño campo que es de su padre, un hombre de Quines que hace alrededor de 30 años se vino del noreste en busca de progreso y mejores condiciones.

Hace un año que el ingeniero arrancó con la producción de verduras, a las que les sumó plantas aromáticas y la ardua tarea de difundir las técnicas correctas para lograr los mejores rindes. "Además de comercializar lo que aquí producimos, la hectárea en la que trabajamos es un vergel experimental en donde mostramos la diversidad de técnicas que se pueden usar, todas con la misma mirada: respetar el entorno en el que crecen y echar mano a los recursos disponibles", anticipó Aguirre.

"En la zona el sol es muy intenso, por lo que comenzamos a trabajar muy temprano y a la tarde recién volvemos cuando afloja el calor. Las horas de trabajo son alrededor de seis. Entre las tareas, una muy importante es el riego. Tenemos tres tipos: por goteo, por inundación y por aspersión. Con el calor estival, las plantas reciben agua hasta tres veces por día", contó Aguirre, mientras mostraba los surcos que se van completando con distintas tonalidades de verde.

"El goteo es el más eficiente en cuanto al uso del agua, pero siempre trato de buscar distintas experiencias para poder mostrar las posibilidades que existen", informó, y agregó que también usa "pajonales como cobertura del suelo, porque ayudan a conservar la humedad y para evitar malezas. Además, cuando se descompone esa materia orgánica se reutiliza como fertilizante del suelo".

Otra técnica que evita la aparición de enfermedades y de malezas es el sistema Mulching. "Al estar recubierto con un nylon, que en general se recicla de los silo bolsas, y al no entrarle luz exterior, no progresan las malezas", contó, y aseguró que hay productores en el mundo orgánico que no están de acuerdo con el uso de ese material, sobre todo porque argumentan que no se degrada en el suelo. "Yo promuevo el uso de un Mulching vegetal, que también ayuda a evitar la erosión hídrica y eólica. El nylon lo tengo de prueba", comentó el profesional, que quiere centrarse en la promoción de esas técnicas en las escuelas puntanas que tengan huerta y acercarse a todos los que quieran generar este tipo de vergeles en sus casas.

La idea del productor es pasar a tener en el futuro 15 hectáreas productivas. "Lo que busco es poder dedicarle el tiempo que corresponde, no tengo la intención de extenderme demasiado. Por el  momento una hectárea está bien", aseguró Aguirre, quien explicó que para la comercialización hace uso de los distintos espacios que se crean en las ferias, pero que también los clientes van a su campo y él hace entregas a domicilio.

El joven confesó que las tierras donde cultiva fueron desmontadas, pero que desde su llegada trata de recomponer el equilibrio medio ambiental para volver a un paisaje natural que ayude a los ciclos biológicos de las plantas. "Así ayudaremos a atraer a los insectos benéficos, que vengan a repoblarse", enfatizó.

La huerta está rodeada por cercos vivos. "Son franjas donde uno coloca la flora autóctona. Ésa es otra manera de revertir el desequilibrio que se ha producido en el campo. Todo eso va a llevar un tiempo. Mientras tanto tenemos una gama de productos orgánicos para prevenir dificultades en el desarrollo de las plantas, como por ejemplo el aceite de nim, jabón potásico, tierra de diatomea", detalló, y explicó que una de las premisas de ese tipo de producciones es la prevención de enfermedades en las plantas.

"Este año hubo problemas con las chinches, por lo que tuvimos algunos tomates picados. Era de esperarse que algín insecto pudiera aparecer, pero los productores orgánicos deben estar preparados y no pretender extraer el ciento por ciento de lo que se siembra. Debemos dejar algo para el suelo y que pueda seguir su ciclo natural", analizó Aguirre, quien aseguró que aquella verdura que no sirva se reutiliza como compost y se usa como nutrientes para sostener lo más importante que tienen: los suelos.

 

Aguirre trabaja para recuperar el ecosistema natural del campo que heredó de su padre, y de esa manera tener una producción totalmente agroecológica.

 

Aun la campaña no ha cerrado para ellos, por lo que no saben cuáles han sido sus rindes. "Rúcula, rabanito, variedades de lechuga, acelga, arvejas, berenjenas, tomates y zapallitos varios son algunas de las verduras que vendimos", comentó el técnico, quien aseguró que también trabaja con otros productores y amigos. "Aun no terminó la temporada, por lo que no hemos podido contabilizar los volúmenes conseguidos. Esa tarea recién la haremos cuando empecemos a planificar la temporada otoño-invierno", anticipó.

En cuanto a lo que ha plantado, comentó: "Para arrancar colocamos 1.200 plantines de distintas variedades de lechuga, 3.000 de tomates, entre pimientos y berenjenas fueron otros 1.000, de zapallito de tronco y de zucchini 150 de cada variedad", detalló Aguirre, quien afirmó que por estar al comienzo de la producción se ocupan más de fertilizar el suelo, que está muy virgen. "Por ese motivo no queremos abusarnos de la densidad de las plantas”.

"En cuanto al tomate, calculo que conseguí alrededor de cinco kilos por planta. De las distintas variedades de zapallos sacamos permanentemente alrededor de dos kilos por cada una", contó Aguirre, como para dar una idea de lo que ya ha podido comercializar.

Las condiciones del clima en San Luis no son fáciles, pero es posible producir bien. "Es un desafío hacer cultivos en la provincia. Las precipitaciones son bajas en la zona y cae bastante granizo, al menos por acá, cerca de La Cumbre. A mediados de febrero, en El Trapiche la temperatura mínima llegó a un grado, es muy frío, porque también influye la altura serrana. Además, la fertilidad del suelo no es la ideal, porque la superficie es muy arenosa, lo que hace que retenga poco la humedad y los nutrientes", contó el técnico, quien proviene de la zona productiva más fértil del país. Pero no se queja, al contrario, se siente a gusto de conocer nuevas estrategias que le permitan alcanzar números favorables en materia de hortalizas. "El suelo de San Luis para mí es como un bebé al que hay que formar para que sea más resistente. Eso llevará  tiempo".

En la búsqueda de marcar una diferencia no sólo en la producción, sino también en el atractivo de ofrecerle a los puntanos nuevas variedades de alimentos, el ingeniero contó que apostó también a la diversidad: "Hemos puesto espárragos, frutillas y frambuesas que traje de la Patagonia y que podré cosechar en octubre", anticipó.

Hay una creencia de que lo orgánico es caro y a lo mejor no está tan lejos de la realidad. Certificar como producto orgánico un cultivo puede ser una tarea complicada y que demanda dinero. Aguirre aun no lo hizo por lo que combina el uso de materiales certificados con la horticultura. "No es caro producir con esas técnicas, porque todo puede reemplazarse. Los fertilizantes los hacemos naturales con el estiércol de cabra que algún conocido nos regala, lo que baja de manera considerable los costos. El tema más difícil de resolver es la mano de obra, porque se necesita mucha e intensiva", aseguró, y añadió que como todos los trabajos son preventivos, ésa también es una forma de ahorrar.

 

   

Dar y recibir

Para transmitir no solo formas de producción, sino también lo que implica hacer verduras y frutas de manera natural, Aguirre quiere crear un espacio de encuentro con grandes y pequeños horticultores, para intercambiar información. "Todavía no soy muy conocido en la provincia, pero tengo la intención de armar una especie de ecogranja para los más chicos. Hice contacto con algunas escuelas que están dispuestas a venir con sus alumnos para pasar una tarde en el campo y aprender", anticipó, y aclaró que harán algunas mejoras en la infraestructura que estarán listas para la próxima primavera.

"No conocemos cómo funciona el mercado orgánico en San Luis. Así que juntarnos en un espacio común nos va a ayudar no solo a conocer y evacuar inquietudes, también podremos mejorar la comercialización y producir de manera acorde a la demanda", dijo por la gran cantidad de visitas que tiene en su puesto cuando participa de las ferias.

 

Para el productor que vino de Buenos Aires, el semiárido sanluiseño presenta todo un desafío que disfruta de enfrentar.

 

En lo que va de la primera cosecha, que fue de verano, han pasado por la plaza Pringles, por el Monumento al Pueblo Puntano de la Independencia en Juana Koslay, por la feria de la ruta provincial Nº 20 de la misma localidad, y por la Encantada que se realiza en Potrero de los Funes. "Muchos de los consumidores ya buscan saber el origen de lo que comen. Por eso la mayoría se muestra muy feliz de contar con verdura puntana producida de manera más amigable, tanto para la salud como para el medio ambiente", aseguró el ingeniero.    

La idea de difundir también pretende tener una visión cooperativista. "Armar una red de trabajo sería muy bueno. Para que el proceso sea natural por completo, se usan semillas que no estén genéticamente modificadas. Si bien muchas de ellas nos las provee el INTA, para otros casos se requiere buscar por fuera de los límites provinciales. Además, la facultad no te forma para este tipo de producciones por lo que estoy convencido de que hay mucho por hacer y es necesario hacerlo entre todos", cerró Aguirre.

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