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Un emprendimiento que lleva la bandera de la agroecología

"El Changüí" es un establecimiento de tranqueras abiertas en el que producen plantines, frutas, verduras y aromáticas. Organizan intercambios de semillas y de conocimientos.

Por María José Rodríguez
| 04 de abril de 2021
Agua. Aguirre cuenta con estanques para riego, producir plantas acuáticas, y atraer insectos benéficos para sus huertas. Fotos: Nicolás Varvara.

Esteban Aguirre decidió mudarse a San Luis y se instaló en Juana Koslay, en un campo en el kilómetro 775,5 de la autopista de las Serranías Puntanas, y desde hace tres años busca que el paradigma agroecológico gane adeptos en la sociedad. “Al establecimiento le pusimos El Changüí porque, como dice la palabra, buscamos generar un espacio en el que se le dé una oportunidad a otra manera de producir y de trabajar la tierra, para obtener alimentos saludables, lejos del uso de agroquímicos. Queremos generar otra chance en la comunidad de conocer, activar y traer a la realidad saberes dormidos, para volcarlos en un espacio concreto y que este lugar se transforme en una vidriera para que se pueda replicar”, expresa el ingeniero agrónomo de 33 años. 

 

“Vivía en Buenos Aires, decidí cambiar mi rumbo y arrancamos este proyecto con un amigo de San Luis. Armamos una huerta experimental para compartir conocimientos y de a poco fuimos creciendo, se sumaron cada vez más personas, aunque nos gustaría llegar a muchas más. Todavía no tenemos un equipo estable, la idea es crecer y en el futuro formar una cooperativa, algo duradero”, cuenta el productor, que durante la visita de la revista El Campo al predio había organizado un intercambio de semillas, unos talleres participativos y clases de meditación.

 

 

Trabajamos para tener una hermosa granja, la parte vegetal ya la tenemos, pronto vamos a vender huevos”, dijo el productor Esteban Aguirre.

 

 

Con la bandera del enfoque agroecológico, Esteban inició su emprendimiento sobre una superficie que mide mil metros cuadrados, heredados de su padre, que también vive en la provincia. “Después abarcamos un poquito más, nos extendimos a media hectárea, y actualmente estamos trabajando a pleno en una completa. En total tenemos diez, pero muy de a poquito y con paciencia nos vamos a ir expandiendo, por suerte, el recurso tierra ya lo tenemos, que es muy importante”, explica con tranquilidad, y sigue: “Acá producimos plantines y semillas para vender, participamos en ferias y armamos encuentros de intercambio para ampliar la gama de cultivos en las huertas familiares, siempre para autoconsumo”.

 

Otra actividad que Aguirre disfruta mucho, y a la que el paradigma agroecológico siempre obliga, es recorrer las escuelas para brindarles talleres a los alumnos, para que se relacionen con la naturaleza, con los cuidados de los cultivos y del suelo.

 

 

Desde arriba. El proyecto cumplió tres años hace unas semanas y sigue creciendo.

 

 

Antes de mudarse a San Luis, Esteban trabajaba en jardines de infantes, en primarias y secundarias compartiendo sus conocimientos sobre el armado de una huerta orgánica.

 

“Considero que la educación es la base de una sociedad justa y sustentable, por eso generamos también este espacio donde se brindan talleres, seminarios, charlas sobre huerta orgánica y temas afines, y a la vez replicamos estos conocimientos en distintos espacios de la provincia”, cuenta entusiasmado.

 

“Para nosotros la huerta orgánica es un instrumento de primer orden en el marco de la innovación educativa y de la educación ambiental, ya que permite poner en práctica un aprendizaje activo y cooperativo basado en la resolución planificada de problemas, así como un eficaz desarrollo de actitudes y valores que conducen a los chicos a tener un  comportamiento más comprometido con la conservación y la mejora del entorno natural, siempre con la utilización sostenible de los recursos ambientales”, explica, y se nota por su entusiasmo que ama lo que hace.

 

En el predio, en el que reside el productor, actualmente tienen frutales de carozo y pepita, como manzana, pera, nogal, ciruela, damasco, almendras, durazno y uva. Además, hay aromáticas para huerta, flores y hortalizas. 

 

Cada elemento conforma un espacio que invita a quedarse a disfrutar del verde, del colorido de las flores y a respirar un variado conjunto de aromas naturales. 

 

“La superficie total está dividida por hectáreas, la mayor parte es monte; en la principal, que es en la que vivo, armamos cuatro chacras, en una de ellas pusimos colmenas, y en el resto trabajaremos de manera intensiva para obtener pasturas, eso va a estar destinado a los animales más grandes, al pastoreo”, adelanta con un notable sentido de la planificación.

 

Dentro del predio también hay un espacio en el que elaboran compost y humus para enriquecer el suelo. “Lo hacemos para nutrirlo, fertilizarlo y reciclar la materia orgánica; más adelante, cuando tengamos caballos, sumaremos el estiércol, que también es muy bueno como abono”, afirma. 

 

 

Aguirre, además de dar clases y de cuidar sus propios cultivos, arma huertas hogareñas y brinda asesoramiento.

 

 

El riego sobre los cultivos es por goteo, “tenemos una zona en la que pusimos por aspersión, y construimos unos estanques para acumular agua cruda y de lluvia. Además quiero producir plantas acuáticas, y atraer insectos benéficos para bajar la población de los que resultan enemigos para los cultivos”, indica con conocimiento.

 

“Por estos días estamos armando un gallinero para producir huevos agroecológicos. La idea es asociar todo.  La parte vegetal ya la tenemos, y en una segunda etapa vamos a sumar animales  como ovejas, patos, caballos y vacas. Trabajaremos para tener una hermosa granja, pero primero arrancaremos con las gallinas”, dice el ingeniero agrónomo, y agrega que cada tanto cuenta con un grupo de amigos voluntarios que en los momentos de mayor demanda de actividades le ayudan a realizarlas.

 

“Recién cumplimos tres años con este proyecto, estamos atravesando una  etapa en la que hay que dedicar mucho tiempo a todo, y por eso todavía no vivo  solamente de la producción”, cuenta Aguirre, y agrega que actualmente está dando clases en una escuela generativa de la ciudad. 

 

“También me dedico a armar huertas hogareñas, brindamos el asesoramiento y vamos compartiendo los conocimientos adquiridos y lo que aprendimos a través de la experiencia”, explica, y asegura que el proyecto va viento en popa: “Vamos experimentando, estamos conociendo el clima de la provincia, la idiosincrasia de la gente y sobre todo, la cultura de San Luis”. 

 

“Me gusta mucho mi trabajo, amo lo que hago y siento que es muy necesario tener y crear estos espacios, sobre todo por el contexto de pandemia en el que vivimos. Considero este trabajo como una terapia, es un granito de arena para el cuidado del medioambiente. Soñamos con que este proyecto se sostenga en el tiempo, que sea replicado por muchas personas. Lo económico es importante para mantenerlo y en estos tiempos difíciles para todos, trabajar la tierra es todo un desafío”, expresa.
Para comunicarse con Esteban Aguirre están disponibles las redes sociales: la cuenta de Instagram es “elchanguiespacioagroecologico”; y la de Facebook es “El Changüí”. 

 

 

Sobre el intercambio de semillas
“Cuando una persona quiere armar su propia huerta, el eslabón clave es el acopio de semillas. En San Luis es difícil conseguirlas de buena calidad, entonces decidimos organizar estas reuniones para que haya más variedad genética”, afirma Aguirre.

 

Intercambiar semillas es mucho más que simplemente juntarlas en un frasco y ofrecerlas. Para muchos productores representa una oportunidad para expandir la variedad de cultivos y sabores que van a tener sobre la mesa.

 

 

Al resguardo. En un domo que estaba ubicado cerca del ingreso colocaron las semillas que intercambiaron entre productores.

 

 

“Lo ideal es que las traigan en un envase rotulado, con el nombre y el apellido de quien las va a compartir, la variedad a la que pertenecen y la época en la que fue cosechada, para calcular su vida útil”, afirma Aguirre, y dice que una manera de chequear que las semillas son viables, es ponerlas unos días antes de usarlas sobre una servilleta húmeda y dejarlas una semana. “Las que estén bien van a germinar apenitas y las que no, se van a llenar de hongos, comenzarán a ponerse oscuras, esas no sirven”, especifica.

 

El espacio dedicado a las semillas generalmente está apartado, ponen mesas dentro de un domo en el que colocan los sobres y los frascos etiquetados. “Generalmente hay un poco de todo lo que se viene para cada temporada, en este caso otoño-invierno. Sobre todo algunas legumbres, crucíferas y de hoja verde. La idea es que vayan juntando y guarden para cuando llegue el momento de usarlas”, indica el ingeniero agrónomo, quien añadió que el tiempo de vida de una semilla es aproximadamente dos o tres años, aunque algunas puede que duren un poco más.

 

También, durante los encuentros, organizan charlas sobre qué es la agroecología, cómo lograr una alimentación saludable, en qué consiste el preparado de las bombas de semillas, la elaboración de compost y humus, el armado de huertas, almacenamiento de semillas, cocina sin gluten y reconocimiento de plantas. Todos están a cargo de diferentes profesionales.

 

Además suelen participar artesanos que llevan sus producciones para vender, hay quienes llevan dulces caseros, conservas, panificados con distintos tipos de harinas, entre otras propuestas.

 

 

La gente sabe que en su casa, en su jardín o en su patio puede armar su propia huerta para producir aromáticas, frutas y verduras”, afirma Aguirre.

 

 

Aguirre considera que la pandemia desnudó la necesidad de promover producciones locales en la provincia. “El cierre de los puestos provinciales limítrofes produjo un desabastecimiento en las verdulerías y eso produjo un cambio de ideas. Ahora la gente sabe que en su casa, en su jardín o en el patio, puede tener su propia huerta y producir algunas aromáticas, flores, plantines, frutas y verduras”, afirma, y asegura que “tener que permanecer durante más tiempo en la casa hizo que los espacios libres se destinaran al trabajo en el suelo. Hay muchas personas que empiezan y se dan cuenta de que les falta el conocimiento, por eso vamos a participar y acompañar con talleres. Están todos invitados siempre, pronto publicaremos más fechas en nuestras redes sociales”, indica, y añade que para cuidar la economía del hogar, conviene tener un espacio para cultivar frutas y hortalizas, ya que a veces los precios de algunos productos suelen ser muy altos en las verdulerías.
 

 

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