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Engordar en tiempos de vacas flacas

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Engordar en tiempos de vacas flacas

Juan Luna

Aunque los números siguen finos, la familia Vaudagna mantiene su apuesta por el feedlot para darle kilos y valor a una ganadería que quiere ser cada vez más eficiente y abrir nuevos caminos en los mercados externos. 

Tiemblan las balanzas. Pero no hay que preocuparse, todos sabemos que el frío invita a consumir algunas calorías de más y las agujas tienden a recostarse hacia la derecha. Sólo que en este caso, es un campo ubicado entre Juan Llerena y La Toma, el que está dispuesto a sumarle kilos a su hacienda. Lleva por nombre “El Desolao”, pero de desolado no tiene nada. Con sus tierras pobladas de cultivos y sus corrales de novillos, el establecimiento mantiene su apuesta por el feedlot para lograr una ganadería cada vez más eficiente.

Los números están finos: el precio de la hacienda no despunta y el costo del maíz y los insumos siguen altos. Pero los Vaudagna no se achican y ahora buscan abrirse paso en el todavía incierto mercado externo.

Omar, Hugo, Horacio y Fabián no sólo comparten la sangre sino que también son socios comerciales. Los cuatro hermanos cordobeses tienen una ferretería en Sampacho, su ciudad natal, y otra en Villa Mercedes, y hace unos treinta y cinco años vieron con buenos ojos adquirir tierras en la provincia de San Luis. Antes, realizaban siembras en campos alquilados en Córdoba, y una buena racha de cosechas les permitió invertir en un terreno propio.

“Nunca antes habíamos venido a trabajar en la zona de San Luis. Pero se nos dio la posibilidad de comprar y nos localizamos acá", contó Omar, quien desde ese entonces pasó a hacerse cargo del costado agropecuario de la sociedad. "Ha cambiado mucho el clima. Antes era muy duro. Mejoraron  los campos con la siembra directa y he notado que los registros de lluvia han cambiado, antes era mucho más seco. Esperemos que no se nos corte”, comparó conforme con la realidad. 

Desde ese momento, esas 300 hectáreas pasaron a ser el escenario principal de una producción mixta que combina agricultura de doble propósito con una ganadería intensiva. Todo lo que sucede allí, en esa estancia de lotes limpios y aire frescos, se complementa con el alquiler de otros terrenos productivos, todos a una distancia de 4.000 metros a la redonda.

“Empezamos con muy poca hacienda y luego fuimos creciendo. Después, al alquilar más campos se nos dio la posibilidad de sumar más hacienda. Pero cuando vino el furor del engorde a corral, tuvimos que hacer un feedlot para no quedarnos atrás”, admitió.



Con postes y alambres, las primeras construcciones fueron "muy caseras", bromeó Omar. Pero en estos quince años desde que introdujeron los corrales, tanto las instalaciones como el manejo mejoraron muchísimo. 

Con cuatro compartimientos de cada lado, los soportes de madera fueron reemplazados por caños y tendidos de hierro que le dan mayor durabilidad e higiene a la estructura. Cada cuadro enarbola un cartelito con su número. "Es una cuestión de manejo, para saber bien el orden y que no haya confusiones", explicó Omar en la recorrida. Al centro, cada uno tiene su propio bebedero y el terreno posee una pendiente para que el agua y los afluentes drenen hacia las orillas y caigan en una fosa especialmente preparada para convertir los desechos en abono. A lo largo de los corrales se extienden los rígidos comederos de hormigón.

La capacidad total es de mil animales, aunque en este momento sólo hay unos 300. "En dos meses va a entrar la recría que hicimos, y más o menos estimamos que vamos a manejarlo con un promedio de 500 ó 600 de manera continua. Muchas veces dejo algún corral libre para tener disponible en alguna emergencia", describió Omar.


Los hermanos Vaudagna son socios comerciales. Tienen ferreterías en Sampacho y Villa Mercedes, y el campo productivo de 300 hectáreas donde está el feedlot.


Entre invernada y animales encerrados, en la actualidad tienen un plantel de mil vacunos, con una gran preponderancia de machos por sobre las hembras, aunque el proyecto a corto plazo es aumentar hasta 1.200 el número de cabezas 

El esquema ganadero es bastante sencillo, pero no por eso menos efectivo. Vaudagna incorpora vacunos en ferias de hacienda o a través de compras directas, les da peso en una recría pastoril y finalmente la terminación se hace en los corrales. Por lo general, adquieren los terneros con un peso de entre 160 y 200 kilos y la recría es en alguno de los lotes que tienen repartidos en los establecimientos vecinos.

Es que hasta hace poco también encerraban los animales cuando estaban un poco más livianos, pero ahora “con el precio que tiene el maíz, los números no dan”, admitió. Por eso tuvieron que alquilar unas 700 hectáreas extra para hacer pasturas y darle algunos kilos a campo a la hacienda antes de pasar al encierre. “Todo depende del año, a veces podemos darle de comer rastrojos de chalares, algo de verdeo que se siembra como sorgo forrajero, pero varía mucho. O si el maíz no salió bien para cosechar, se lo comen los novillos”, describió.

Cuando llega la etapa del encierre, la dieta también sigue ese criterio de simpleza con efectividad que buscan los productores. En los mixers colocan un 29% de picado de maíz o sorgo de su propia producción, un 26% de burlanda húmeda, 43% de granos de maíz y un 2% de un balanceado. "Mucha gente en la zona le da una sola ración, pero nosotros les damos doble. A las ocho de la mañana repartimos la primera y a la seis de la tarde les volvemos a dar. De manera que todo el día el animal esté bien alimentado y ganando peso", describió Ariel Vaudagna, hijo de Horacio y parte de la segunda generación de los dueños del campo.

El muchacho, de 25 años y también cordobés, trabaja en el establecimiento y ve con buenos ojos el progreso del proyecto. "Este año en particular ha estado bastante complicado por la sequía, los precios, todo, pero en la zona se ve que están trabajando bastante bien y creo que en nuestro campo las cosas también se están haciendo de la forma correcta", evalúo.

Eso sí, el feedlot es demandante. "Siempre hay algo para hacer, cuando no es revisar la hacienda, hay que arreglar algún alambre. Además, si bien una vez que las vacas están encerradas en apenas cuarenta minutos les damos la comida, te obliga a estar todos los días para alimentarlas, llueva o no llueva hay que estar", dijo.

 


Con ese plan alimenticio y un buen cuidado, la hacienda logra una buena ganancia de peso diaria. Pero para Omar, la clave es la genética y las características fenotípicas de la invernada. "Cuando son de buena calidad, lográs sumar entre 1,200 y 1,300 kilo por día. Incluso al principio si al animal le faltan muchos kilos, vas a tener promedios de casi dos kilos por día, pero después al final se empieza a reducir", sostuvo, y contó que siempre busca hacienda de razas como Aberdeen Angus o Hereford, por lo general que no tengan cruzas, y apunta a terneros con buenos cuartos, que proyecten una excelente producción de carne.

El principal canal de venta de "El Desolao" es el mercado interno a través ferias de hacienda en San Luis y Córdoba, pero están realizando todos los trámites para inscribirse como establecimiento exportador. Para Omar, poder sacar su hacienda hacia otros países, representa "una alternativa más" a la hora de vender. "Hoy el precio del mercado interno y el externo están parecidos, pero la exportación te requiere un novillo un poco más pesado", comparó.

Para vender carne en Argentina, los animales ideales no suelen superar el rango de los 400 a 420 kilos. "Si te pasas, tenés problemas para encontrar comprador", lamentó. En cambio en el extranjero los paladares prefieren un vacuno que esté por encima de los 450 en la balanza.

De esa forma, "no quiere decir que vaya a vender todo al exterior, sino que tengo una opción más a la hora de ofertar mi hacienda. Tener más de una posibilidad siempre es bueno para un productor", valoró.

Así, el cordobés opina que los caminos que se vienen para la ganadería son buenos. "Yo pienso que se va a empezar a abrir. Lo que sucede es que con lo que pasó durante todos estos años, se cerraron mucho las exportaciones y no es fácil abrirlas de nuevo, porque no nos tienen mucha confianza afuera. Pero creo que va a funcionar, por lo menos ésa es la esperanza que uno tiene", dijo con una sonrisa.

Sin embargo, "El Desolao" no está hecho sólo de carne. Además de la producción ganadera, desde hace décadas los Vaudagna ponen fichas en la agricultura como un pilar fundamental para sostener su proyecto, tanto en su campo propio como en las superficies que arriendan. Entre las diferentes tierras, tienen alrededor de mil hectáreas destinadas al cultivo de soja y maíz, principalmente, y otras mil que se destinan a las pasturas y el forraje para la hacienda.

"Acá el clima es variable. Tenemos el problema de que las heladas pueden ser muy tempranas, pero uno se acostumbra y ya tiene su ciclo de siembra. Hay que tener cuidado. Pero no son campos para hacer dos cosechas en un año. En la zona de Sampacho, hacés trigo y soja. Acá para hacer un trigo lo tenés que cosechar en diciembre y ya no te queda tiempo para sembrar una soja", describió el productor.

Por eso, reservan los mejores cuadros de cada campo para realizar las siembras en los primeros días de noviembre, aunque si la temperatura lo exige la pueden adelantar a octubre. A veces cosechan, otras veces almacenan en silo bolsas o en un silo aéreo de chapa. 

Una de las grandes visiones que tuvieron, fue saber invertir en herramientas y maquinarias propias (cosechadoras, mixers, fumigadoras), lo que ahora les permite abaratar algunos costos al no tener que contratar terceros. Ésa es una de las formas de mejorar los números de la producción, en un año en donde la rentabilidad estuvo más que nunca limitada por el clima y el mercado.

"Desde que llegamos a San Luis, siempre hicimos producción mixta. Nunca dejamos la hacienda, por más mal que haya estado o por más precio que haya tenido la soja. Es una decisión que tomamos porque uno habla con mucha gente, y el sembrador había años que la pegaba y andaba muy bien, pero otras veces le iba mal. Entonces yo busqué el equilibrio. Si no viene la cosecha, tenés algunos animales para sostenerte. Sigo con esa política, no voy a cambiar", enfatizó.

Un año complicado
El marzo pasado, la revista El Campo publicó un análisis del panorama que vivían los engordadores en los primeros meses del año. El despegue del precio del maíz (principal ingrediente de la dieta de los feedlots) y de los insumos básicos como combustible y la electricidad, sumado al bajo valor de la hacienda gorda en el mercado, armó un combo casi letal para el sector.

A eso se le agregó otro gran condicionante de la época: una gran sequía que redujo los ofrecimientos de granos y que multiplicó la salida de hacienda. La ley económica dice que a mayor oferta, los precios caen.

Por eso, en todo el territorio nacional los corrales sufrieron una merma considerable en su rentabilidad, y en una gran mayoría los números de la actividad daban en rojo.

Ya en mayo, la Cámara Argentina de Feedlots publicó su informe mensual de encierres y mostró un número récord: había un 73% de la capacidad de los corrales cubierta.

Sin embargo, esa cifra estuvo lejos de ser una bocanada de aire fresco. La seca provocó que muchos ganaderos llevaran a encerrar sus vacas porque en los campos no había pasto. Pero esa sobre oferta redujo aún más el precio de la hacienda. "La seca generó algunos cambios en la ecuación. Sin lugar a dudas los valores de invernada mostraron una baja significativa pero no se sumó a la ecuación una recuperación del gordo como muchos esperaban", advirtió el informe.

Y más adelante fueron tajantes: "La actividad del engorde a corral acumula casi un año donde no tuvo ni un solo momento de rentabilidad positiva".

Habrá que ver si la tan ansiada recuperación llega de una vez por todas.

 

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Engordar en tiempos de vacas flacas

Aunque los números siguen finos, la familia Vaudagna mantiene su apuesta por el feedlot para darle kilos y valor a una ganadería que quiere ser cada vez más eficiente y abrir nuevos caminos en los mercados externos. 

Cuatro son los hermanos Vaudagna que comparten la mesa familiar y los negocios: Omar (foto), Hugo, Horacio y Fabián. Foto: Juan Andrés Galli

Tiemblan las balanzas. Pero no hay que preocuparse, todos sabemos que el frío invita a consumir algunas calorías de más y las agujas tienden a recostarse hacia la derecha. Sólo que en este caso, es un campo ubicado entre Juan Llerena y La Toma, el que está dispuesto a sumarle kilos a su hacienda. Lleva por nombre “El Desolao”, pero de desolado no tiene nada. Con sus tierras pobladas de cultivos y sus corrales de novillos, el establecimiento mantiene su apuesta por el feedlot para lograr una ganadería cada vez más eficiente.

Los números están finos: el precio de la hacienda no despunta y el costo del maíz y los insumos siguen altos. Pero los Vaudagna no se achican y ahora buscan abrirse paso en el todavía incierto mercado externo.

Omar, Hugo, Horacio y Fabián no sólo comparten la sangre sino que también son socios comerciales. Los cuatro hermanos cordobeses tienen una ferretería en Sampacho, su ciudad natal, y otra en Villa Mercedes, y hace unos treinta y cinco años vieron con buenos ojos adquirir tierras en la provincia de San Luis. Antes, realizaban siembras en campos alquilados en Córdoba, y una buena racha de cosechas les permitió invertir en un terreno propio.

“Nunca antes habíamos venido a trabajar en la zona de San Luis. Pero se nos dio la posibilidad de comprar y nos localizamos acá", contó Omar, quien desde ese entonces pasó a hacerse cargo del costado agropecuario de la sociedad. "Ha cambiado mucho el clima. Antes era muy duro. Mejoraron  los campos con la siembra directa y he notado que los registros de lluvia han cambiado, antes era mucho más seco. Esperemos que no se nos corte”, comparó conforme con la realidad. 

Desde ese momento, esas 300 hectáreas pasaron a ser el escenario principal de una producción mixta que combina agricultura de doble propósito con una ganadería intensiva. Todo lo que sucede allí, en esa estancia de lotes limpios y aire frescos, se complementa con el alquiler de otros terrenos productivos, todos a una distancia de 4.000 metros a la redonda.

“Empezamos con muy poca hacienda y luego fuimos creciendo. Después, al alquilar más campos se nos dio la posibilidad de sumar más hacienda. Pero cuando vino el furor del engorde a corral, tuvimos que hacer un feedlot para no quedarnos atrás”, admitió.



Con postes y alambres, las primeras construcciones fueron "muy caseras", bromeó Omar. Pero en estos quince años desde que introdujeron los corrales, tanto las instalaciones como el manejo mejoraron muchísimo. 

Con cuatro compartimientos de cada lado, los soportes de madera fueron reemplazados por caños y tendidos de hierro que le dan mayor durabilidad e higiene a la estructura. Cada cuadro enarbola un cartelito con su número. "Es una cuestión de manejo, para saber bien el orden y que no haya confusiones", explicó Omar en la recorrida. Al centro, cada uno tiene su propio bebedero y el terreno posee una pendiente para que el agua y los afluentes drenen hacia las orillas y caigan en una fosa especialmente preparada para convertir los desechos en abono. A lo largo de los corrales se extienden los rígidos comederos de hormigón.

La capacidad total es de mil animales, aunque en este momento sólo hay unos 300. "En dos meses va a entrar la recría que hicimos, y más o menos estimamos que vamos a manejarlo con un promedio de 500 ó 600 de manera continua. Muchas veces dejo algún corral libre para tener disponible en alguna emergencia", describió Omar.


Los hermanos Vaudagna son socios comerciales. Tienen ferreterías en Sampacho y Villa Mercedes, y el campo productivo de 300 hectáreas donde está el feedlot.


Entre invernada y animales encerrados, en la actualidad tienen un plantel de mil vacunos, con una gran preponderancia de machos por sobre las hembras, aunque el proyecto a corto plazo es aumentar hasta 1.200 el número de cabezas 

El esquema ganadero es bastante sencillo, pero no por eso menos efectivo. Vaudagna incorpora vacunos en ferias de hacienda o a través de compras directas, les da peso en una recría pastoril y finalmente la terminación se hace en los corrales. Por lo general, adquieren los terneros con un peso de entre 160 y 200 kilos y la recría es en alguno de los lotes que tienen repartidos en los establecimientos vecinos.

Es que hasta hace poco también encerraban los animales cuando estaban un poco más livianos, pero ahora “con el precio que tiene el maíz, los números no dan”, admitió. Por eso tuvieron que alquilar unas 700 hectáreas extra para hacer pasturas y darle algunos kilos a campo a la hacienda antes de pasar al encierre. “Todo depende del año, a veces podemos darle de comer rastrojos de chalares, algo de verdeo que se siembra como sorgo forrajero, pero varía mucho. O si el maíz no salió bien para cosechar, se lo comen los novillos”, describió.

Cuando llega la etapa del encierre, la dieta también sigue ese criterio de simpleza con efectividad que buscan los productores. En los mixers colocan un 29% de picado de maíz o sorgo de su propia producción, un 26% de burlanda húmeda, 43% de granos de maíz y un 2% de un balanceado. "Mucha gente en la zona le da una sola ración, pero nosotros les damos doble. A las ocho de la mañana repartimos la primera y a la seis de la tarde les volvemos a dar. De manera que todo el día el animal esté bien alimentado y ganando peso", describió Ariel Vaudagna, hijo de Horacio y parte de la segunda generación de los dueños del campo.

El muchacho, de 25 años y también cordobés, trabaja en el establecimiento y ve con buenos ojos el progreso del proyecto. "Este año en particular ha estado bastante complicado por la sequía, los precios, todo, pero en la zona se ve que están trabajando bastante bien y creo que en nuestro campo las cosas también se están haciendo de la forma correcta", evalúo.

Eso sí, el feedlot es demandante. "Siempre hay algo para hacer, cuando no es revisar la hacienda, hay que arreglar algún alambre. Además, si bien una vez que las vacas están encerradas en apenas cuarenta minutos les damos la comida, te obliga a estar todos los días para alimentarlas, llueva o no llueva hay que estar", dijo.

 


Con ese plan alimenticio y un buen cuidado, la hacienda logra una buena ganancia de peso diaria. Pero para Omar, la clave es la genética y las características fenotípicas de la invernada. "Cuando son de buena calidad, lográs sumar entre 1,200 y 1,300 kilo por día. Incluso al principio si al animal le faltan muchos kilos, vas a tener promedios de casi dos kilos por día, pero después al final se empieza a reducir", sostuvo, y contó que siempre busca hacienda de razas como Aberdeen Angus o Hereford, por lo general que no tengan cruzas, y apunta a terneros con buenos cuartos, que proyecten una excelente producción de carne.

El principal canal de venta de "El Desolao" es el mercado interno a través ferias de hacienda en San Luis y Córdoba, pero están realizando todos los trámites para inscribirse como establecimiento exportador. Para Omar, poder sacar su hacienda hacia otros países, representa "una alternativa más" a la hora de vender. "Hoy el precio del mercado interno y el externo están parecidos, pero la exportación te requiere un novillo un poco más pesado", comparó.

Para vender carne en Argentina, los animales ideales no suelen superar el rango de los 400 a 420 kilos. "Si te pasas, tenés problemas para encontrar comprador", lamentó. En cambio en el extranjero los paladares prefieren un vacuno que esté por encima de los 450 en la balanza.

De esa forma, "no quiere decir que vaya a vender todo al exterior, sino que tengo una opción más a la hora de ofertar mi hacienda. Tener más de una posibilidad siempre es bueno para un productor", valoró.

Así, el cordobés opina que los caminos que se vienen para la ganadería son buenos. "Yo pienso que se va a empezar a abrir. Lo que sucede es que con lo que pasó durante todos estos años, se cerraron mucho las exportaciones y no es fácil abrirlas de nuevo, porque no nos tienen mucha confianza afuera. Pero creo que va a funcionar, por lo menos ésa es la esperanza que uno tiene", dijo con una sonrisa.

Sin embargo, "El Desolao" no está hecho sólo de carne. Además de la producción ganadera, desde hace décadas los Vaudagna ponen fichas en la agricultura como un pilar fundamental para sostener su proyecto, tanto en su campo propio como en las superficies que arriendan. Entre las diferentes tierras, tienen alrededor de mil hectáreas destinadas al cultivo de soja y maíz, principalmente, y otras mil que se destinan a las pasturas y el forraje para la hacienda.

"Acá el clima es variable. Tenemos el problema de que las heladas pueden ser muy tempranas, pero uno se acostumbra y ya tiene su ciclo de siembra. Hay que tener cuidado. Pero no son campos para hacer dos cosechas en un año. En la zona de Sampacho, hacés trigo y soja. Acá para hacer un trigo lo tenés que cosechar en diciembre y ya no te queda tiempo para sembrar una soja", describió el productor.

Por eso, reservan los mejores cuadros de cada campo para realizar las siembras en los primeros días de noviembre, aunque si la temperatura lo exige la pueden adelantar a octubre. A veces cosechan, otras veces almacenan en silo bolsas o en un silo aéreo de chapa. 

Una de las grandes visiones que tuvieron, fue saber invertir en herramientas y maquinarias propias (cosechadoras, mixers, fumigadoras), lo que ahora les permite abaratar algunos costos al no tener que contratar terceros. Ésa es una de las formas de mejorar los números de la producción, en un año en donde la rentabilidad estuvo más que nunca limitada por el clima y el mercado.

"Desde que llegamos a San Luis, siempre hicimos producción mixta. Nunca dejamos la hacienda, por más mal que haya estado o por más precio que haya tenido la soja. Es una decisión que tomamos porque uno habla con mucha gente, y el sembrador había años que la pegaba y andaba muy bien, pero otras veces le iba mal. Entonces yo busqué el equilibrio. Si no viene la cosecha, tenés algunos animales para sostenerte. Sigo con esa política, no voy a cambiar", enfatizó.

Un año complicado
El marzo pasado, la revista El Campo publicó un análisis del panorama que vivían los engordadores en los primeros meses del año. El despegue del precio del maíz (principal ingrediente de la dieta de los feedlots) y de los insumos básicos como combustible y la electricidad, sumado al bajo valor de la hacienda gorda en el mercado, armó un combo casi letal para el sector.

A eso se le agregó otro gran condicionante de la época: una gran sequía que redujo los ofrecimientos de granos y que multiplicó la salida de hacienda. La ley económica dice que a mayor oferta, los precios caen.

Por eso, en todo el territorio nacional los corrales sufrieron una merma considerable en su rentabilidad, y en una gran mayoría los números de la actividad daban en rojo.

Ya en mayo, la Cámara Argentina de Feedlots publicó su informe mensual de encierres y mostró un número récord: había un 73% de la capacidad de los corrales cubierta.

Sin embargo, esa cifra estuvo lejos de ser una bocanada de aire fresco. La seca provocó que muchos ganaderos llevaran a encerrar sus vacas porque en los campos no había pasto. Pero esa sobre oferta redujo aún más el precio de la hacienda. "La seca generó algunos cambios en la ecuación. Sin lugar a dudas los valores de invernada mostraron una baja significativa pero no se sumó a la ecuación una recuperación del gordo como muchos esperaban", advirtió el informe.

Y más adelante fueron tajantes: "La actividad del engorde a corral acumula casi un año donde no tuvo ni un solo momento de rentabilidad positiva".

Habrá que ver si la tan ansiada recuperación llega de una vez por todas.

 

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