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Una mujer fuerte

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Una mujer fuerte

Una biblioteca dice que: fuerte, es aquél que logra vencer a todos. Otra biblioteca dice que: fuerte, es aquél que se sobrepone a todas las derrotas. Cualquiera sea la biblioteca aceptada, Michelle Bachelet, será definida como fuerte: es una vencedora, que presidió dos veces a su país. Y es una sobreviviente de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

La ex presidenta chilena no es una heroína, e incluso su último gobierno estuvo salpicado por un resonado caso de corrupción que implicaba a su hijo. Pero posee una virtud notoria: es muy trabajadora. Es inteligente. Es fuerte.

Y acaba de ser designada nueva alta comisionada de derechos humanos de la Organización de las Naciones Unidas. Socialista, de 66 años, primera mujer presidenta de Chile. Torturada por la dictadura pinochetista en los años ’70. Enérgica defensora de los derechos de las mujeres, fue ratificada en el cargo por la Asamblea General de la ONU. Su mandato comenzará el 1º de setiembre.

“No puedo pensar en nadie mejor calificado para el cargo”, dijo a periodistas el secretario general de la ONU, el portugués Antonio Guterres, que la presentó como “una pionera” y “una sobreviviente de la brutalidad de las autoridades (...) que ha vivido bajo la oscuridad de la dictadura”.

Pero alertó que Bachelet enfrenta un tremendo desafío al asumir el mandato en momentos en que “el odio y la desigualdad aumentan, el respeto por las leyes humanitarias y de derechos humanos declina, el espacio para la sociedad civil se reduce, la libertad de prensa está bajo presión”. 

“Me siento muy honrada”, reaccionó Bachelet desde Santiago, en un video publicado en su cuenta Twitter. “Cumpliré con toda mi fuerza, con toda mi energía y mis convicciones con esa gran tarea que lo que busca, es dar dignidad y bienestar a todas las personas”, aseguró.

Hija de un militar que se opuso al derrocamiento del presidente socialista Salvador Allende y murió tras ser torturado bajo la dictadura de Augusto Pinochet, Bachelet fue detenida y torturada en 1975, antes de partir al exilio, primero en Australia y luego en Alemania oriental.

Pediatra de profesión y experta en salud pública, tras el regreso de la democracia a Chile en 1990, Bachelet fue ministra de Salud, luego de Defensa y finalmente dos veces presidenta, hasta marzo pasado, cuando por segunda vez pasó el gobierno al conservador Sebastián Piñera.

Bachelet fue también la primera directora de ONU Mujeres de 2010 a 2013, la agencia de la organización que promueve la igualdad de género. Habituada a los grandes desafíos, deberá reemplazar a un hombre de mucha voz y de mucho peso, en el terreno de las denuncias en contra de la desigualdad: Zeid Raad Al Hussein, el príncipe jordano que es un vigoroso crítico de los abusos a los derechos humanos en varios países: entre los que incluyó a Estados Unidos, bajo el gobierno de Donald Trump, a Rusia y a China.

Zeid, dejará el cargo el 31 de agosto, y se declaró “verdaderamente encantado” por la designación de Bachelet. “Tiene todos los atributos para tornarse una exitosa alta comisionada: coraje, perseverancia, pasión y un profundo compromiso con los derechos humanos”, señaló en un comunicado.

A Zeid le hicieron pagar caro sus denuncias en contra de las grandes potencias del globo. Decidió no postularse a un segundo mandato, tras perder ese apoyo. Dijo que permanecer en su puesto “en el actual contexto geopolítico, implicaría arrodillarse en súplica”.

A Bachelet no la recibieron sólo con “flores”, la diplomática estadounidense Stefanie Amadeo la instó a poner fin al “continuo fracaso del Consejo de Derechos Humanos a la hora de enfrentar abusos extremos en América latina, en particular en Venezuela y en Cuba”.

Y siguió enumerando amigos y enemigos: “La ONU no ha abordado adecuadamente las grandes crisis de derechos humanos en Irán, Corea del Norte, la República Democrática del Congo y otros lugares, ni ha frenado su obsesión crónica y desproporcionada con Israel. Depende de la señora Bachelet hablar claro de estos fracasos en lugar de aceptar el statu quo. Esperamos que lo haga”, cerró Amadeo.

Entre flores y espinas empieza su enorme labor en la ONU, Michelle Bachelet. Una mujer fuerte.

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Una mujer fuerte

Una biblioteca dice que: fuerte, es aquél que logra vencer a todos. Otra biblioteca dice que: fuerte, es aquél que se sobrepone a todas las derrotas. Cualquiera sea la biblioteca aceptada, Michelle Bachelet, será definida como fuerte: es una vencedora, que presidió dos veces a su país. Y es una sobreviviente de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

La ex presidenta chilena no es una heroína, e incluso su último gobierno estuvo salpicado por un resonado caso de corrupción que implicaba a su hijo. Pero posee una virtud notoria: es muy trabajadora. Es inteligente. Es fuerte.

Y acaba de ser designada nueva alta comisionada de derechos humanos de la Organización de las Naciones Unidas. Socialista, de 66 años, primera mujer presidenta de Chile. Torturada por la dictadura pinochetista en los años ’70. Enérgica defensora de los derechos de las mujeres, fue ratificada en el cargo por la Asamblea General de la ONU. Su mandato comenzará el 1º de setiembre.

“No puedo pensar en nadie mejor calificado para el cargo”, dijo a periodistas el secretario general de la ONU, el portugués Antonio Guterres, que la presentó como “una pionera” y “una sobreviviente de la brutalidad de las autoridades (...) que ha vivido bajo la oscuridad de la dictadura”.

Pero alertó que Bachelet enfrenta un tremendo desafío al asumir el mandato en momentos en que “el odio y la desigualdad aumentan, el respeto por las leyes humanitarias y de derechos humanos declina, el espacio para la sociedad civil se reduce, la libertad de prensa está bajo presión”. 

“Me siento muy honrada”, reaccionó Bachelet desde Santiago, en un video publicado en su cuenta Twitter. “Cumpliré con toda mi fuerza, con toda mi energía y mis convicciones con esa gran tarea que lo que busca, es dar dignidad y bienestar a todas las personas”, aseguró.

Hija de un militar que se opuso al derrocamiento del presidente socialista Salvador Allende y murió tras ser torturado bajo la dictadura de Augusto Pinochet, Bachelet fue detenida y torturada en 1975, antes de partir al exilio, primero en Australia y luego en Alemania oriental.

Pediatra de profesión y experta en salud pública, tras el regreso de la democracia a Chile en 1990, Bachelet fue ministra de Salud, luego de Defensa y finalmente dos veces presidenta, hasta marzo pasado, cuando por segunda vez pasó el gobierno al conservador Sebastián Piñera.

Bachelet fue también la primera directora de ONU Mujeres de 2010 a 2013, la agencia de la organización que promueve la igualdad de género. Habituada a los grandes desafíos, deberá reemplazar a un hombre de mucha voz y de mucho peso, en el terreno de las denuncias en contra de la desigualdad: Zeid Raad Al Hussein, el príncipe jordano que es un vigoroso crítico de los abusos a los derechos humanos en varios países: entre los que incluyó a Estados Unidos, bajo el gobierno de Donald Trump, a Rusia y a China.

Zeid, dejará el cargo el 31 de agosto, y se declaró “verdaderamente encantado” por la designación de Bachelet. “Tiene todos los atributos para tornarse una exitosa alta comisionada: coraje, perseverancia, pasión y un profundo compromiso con los derechos humanos”, señaló en un comunicado.

A Zeid le hicieron pagar caro sus denuncias en contra de las grandes potencias del globo. Decidió no postularse a un segundo mandato, tras perder ese apoyo. Dijo que permanecer en su puesto “en el actual contexto geopolítico, implicaría arrodillarse en súplica”.

A Bachelet no la recibieron sólo con “flores”, la diplomática estadounidense Stefanie Amadeo la instó a poner fin al “continuo fracaso del Consejo de Derechos Humanos a la hora de enfrentar abusos extremos en América latina, en particular en Venezuela y en Cuba”.

Y siguió enumerando amigos y enemigos: “La ONU no ha abordado adecuadamente las grandes crisis de derechos humanos en Irán, Corea del Norte, la República Democrática del Congo y otros lugares, ni ha frenado su obsesión crónica y desproporcionada con Israel. Depende de la señora Bachelet hablar claro de estos fracasos en lugar de aceptar el statu quo. Esperamos que lo haga”, cerró Amadeo.

Entre flores y espinas empieza su enorme labor en la ONU, Michelle Bachelet. Una mujer fuerte.

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