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Imágenes fantásticas al aire libre

Noelia Barroso

Tres amigas y docentes replican en San Luis un proyecto que nació en Colombia con el objetivo de acercar la literatura a chicos y grandes. Un sábado al mes dedicado a la lectura compartida para fortalecer vínculos familiares y sociales, fomentar la imaginación y explorar mundos en un espacio de recreación.

Manteles a cuadros blancos y rojos se despliegan en el césped mientras una suave brisa, de esas que corren durante una soleada tarde de septiembre, atrapa monstruos, superhéroes, lobos y caperucitas. Entre mates y lecturas, adultos y niños disfrutan un día al aire libre rodeados de imágenes fantásticas salidas de libros. Así es una tarde en el “Picnic de Palabras”, la versión local del proyecto que nació en Colombia con el objetivo primordial de difundir la literatura infantil.

Cierto día, Marcela Escovar, una colombiana amante de la literatura, decidió sacar sus libros de la biblioteca y compartirlos en el parque Alcalá, ubicado al norte de Bogotá. Lo que comenzó como una lectura en un pequeño espacio en el mundo se convirtió en un proyecto que se replicó en varios países y también llegó a San Luis.

Melina Vinaccia, Gina Suárez Barbosa y Rocío Córdoba, tres amigas y docentes de Nivel Inicial descubrieron este movimiento a través de Youtube, así se enteraron de que en Argentina ya se estaba haciendo. Con muchas ganas de compartir y disfrutar la literatura infantil, se comunicaron con Selva Bianchi, la coordinadora a nivel nacional, y pusieron en marcha el “Picnic”, que lleva casi el mismo recorrido en el tiempo que el de Buenos Aires.

En septiembre de 2014 realizaron la primera edición, y según recuerda Melina, “la gente pensaba que estábamos vendiendo algo o los libros. Por lo general les sorprende que haya otra actividad en la plaza y que sea gratuita, sorprende aún más”, dijo. Si el clima lo permite, el primer sábado de cada mes las chicas organizan un picnic, siempre en plaza Independencia y el horario varía de acuerdo a la estación y a la generosidad del clima, por lo general es de 17 a 19 horas. En días de lluvia o fríos, debieron postergarlo para el sábado siguiente.

“Cada vez que llegamos a la plaza nos acercamos a la gente, los invitamos a participar, sin compromiso. Muchas veces vienen los chicos solos y nosotros les leemos y otras, se acercan los padres y se ponen a leer”, contó la docente y resaltó que se acercan adultos y se lamentan cómo los chicos la mayoría de las veces prefieren los juegos tecnológicos por sobre los libros. Aunque “una vez tuvimos un papá que llevaba a su hija los fines de semana a esa plaza y nos decía que quizás era el único momento con ella en toda la semana, por el trabajo, las actividades y la rutina. Pero nos agradecía el espacio y los libros que brindamos porque él podía tener una conexión con su hija desde otro lado”, relató.

 

 

“Si preguntás en la escuela a cuántos chicos les leen, son muy pocos. Creemos que este espacio puede servir para eso, para reconectar y para que conozcan libros”.


 

Para Melina y sus colegas la literatura infantil es fundamental, ya que es una puerta hacia la imaginación, la creación y hacia un universo distinto. “Sabemos que la imaginación de los chicos está ahí, hay que ayudarla a desarrollarse. Muchas veces dicen que se aburren de algo a los dos minutos, pero en los libros pueden encontrar millones de posibilidades, se pueden convertir en personajes, descubrir mundos diferentes. Hoy la literatura infantil deja mensajes muy profundos y está bueno”, aseguró. Además, manifestó que desde ese lugar se pueden tocar temas que quizás son tabú, “hay libros que hablan sobre la muerte, otros sobre las relaciones familiares y uno cree que a esos tópicos los chicos no los tocan y quizás con la literatura todo eso se puede abrir. Es importante la variedad y no quedarnos con los cuentos clásicos que si bien están buenos y algunos están reversionados hay un mundo mayor por descubrir en la literatura”.

Tal vez uno de los mayores inconvenientes que afrontan para hacer el picnic es el elevado costo de los libros, aunque las organizadoras intentan llevar los propios y también los que les acercan especialmente para esta misión. Contaron que tienen una selección de ejemplares que ellas mismas sugieren y afirmaron que aunque un libro esté catalogado como infantil no significa que no pueda abrirse a otras edades. Los asistentes también pueden llevar sus propios volúmenes o narraciones y compartirlas con su ocasional público.

Si bien oscilan entre diferentes géneros y escritores, uno de los ejemplares que siempre está presente es “Rompecabezas”, de Diego Bianki, autor que realiza libros ilustrados para niños y jóvenes. Representa una manera muy original de leer ya que sus dibujos están realizados a partir de cajas de cartón, reutilizadas, pintadas y encajadas como en un rompecabezas. No solo a los chicos les gusta, ya que pueden leer y jugar al mismo tiempo, sino que los adultos también se pierden en su sorprendente forma gráfica.

 

 

Aunque a Melina, Gina y Rocío les cueste llevar adelante el proyecto están decididas a que se mantenga en el tiempo. “Hay que coordinar diversos factores, no tenemos ningún apoyo de absolutamente nadie, tenemos que comprar nuestros libros y todo eso tiene un costo, más allá de lo monetario. Quizás un sábado podríamos estar haciendo otra cosa y lo dedicamos a eso porque nos gusta, después de cada picnic nos vamos felices de la plaza y eso nos parece que está muy bueno”, dijo Melina.

Contrario a lo que piense cualquier dueño de biblioteca, la idea de las docentes es que los mismos chicos exploren los libros por su cuenta, “uno a veces piensa que los van a romper, que se van a ensuciar pero a veces el libro requiere eso, moverse, ensuciarse, abrirlo y cerrarlo millones de veces. Un libro roto es de alguna manera un libro que se usó, ¿de qué sirve tenerlos estáticos?”, reflexionó Vinaccia. No hay requisitos para participar, pero se sugiere llevar el mate, algo rico para comer y las ganas de disfrutar y pasar un buen momento al aire libre. Tampoco hay límites de edad para participar, ya que según dijeron las jóvenes, los textos pueden llegar al lector por diferentes vías, ya sea por el contenido, las ilustraciones o la edición. Hay libros para todos.

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Imágenes fantásticas al aire libre

Tres amigas y docentes replican en San Luis un proyecto que nació en Colombia con el objetivo de acercar la literatura a chicos y grandes. Un sábado al mes dedicado a la lectura compartida para fortalecer vínculos familiares y sociales, fomentar la imaginación y explorar mundos en un espacio de recreación.

Fotos: Leandro Cruciani

Manteles a cuadros blancos y rojos se despliegan en el césped mientras una suave brisa, de esas que corren durante una soleada tarde de septiembre, atrapa monstruos, superhéroes, lobos y caperucitas. Entre mates y lecturas, adultos y niños disfrutan un día al aire libre rodeados de imágenes fantásticas salidas de libros. Así es una tarde en el “Picnic de Palabras”, la versión local del proyecto que nació en Colombia con el objetivo primordial de difundir la literatura infantil.

Cierto día, Marcela Escovar, una colombiana amante de la literatura, decidió sacar sus libros de la biblioteca y compartirlos en el parque Alcalá, ubicado al norte de Bogotá. Lo que comenzó como una lectura en un pequeño espacio en el mundo se convirtió en un proyecto que se replicó en varios países y también llegó a San Luis.

Melina Vinaccia, Gina Suárez Barbosa y Rocío Córdoba, tres amigas y docentes de Nivel Inicial descubrieron este movimiento a través de Youtube, así se enteraron de que en Argentina ya se estaba haciendo. Con muchas ganas de compartir y disfrutar la literatura infantil, se comunicaron con Selva Bianchi, la coordinadora a nivel nacional, y pusieron en marcha el “Picnic”, que lleva casi el mismo recorrido en el tiempo que el de Buenos Aires.

En septiembre de 2014 realizaron la primera edición, y según recuerda Melina, “la gente pensaba que estábamos vendiendo algo o los libros. Por lo general les sorprende que haya otra actividad en la plaza y que sea gratuita, sorprende aún más”, dijo. Si el clima lo permite, el primer sábado de cada mes las chicas organizan un picnic, siempre en plaza Independencia y el horario varía de acuerdo a la estación y a la generosidad del clima, por lo general es de 17 a 19 horas. En días de lluvia o fríos, debieron postergarlo para el sábado siguiente.

“Cada vez que llegamos a la plaza nos acercamos a la gente, los invitamos a participar, sin compromiso. Muchas veces vienen los chicos solos y nosotros les leemos y otras, se acercan los padres y se ponen a leer”, contó la docente y resaltó que se acercan adultos y se lamentan cómo los chicos la mayoría de las veces prefieren los juegos tecnológicos por sobre los libros. Aunque “una vez tuvimos un papá que llevaba a su hija los fines de semana a esa plaza y nos decía que quizás era el único momento con ella en toda la semana, por el trabajo, las actividades y la rutina. Pero nos agradecía el espacio y los libros que brindamos porque él podía tener una conexión con su hija desde otro lado”, relató.

 

 

“Si preguntás en la escuela a cuántos chicos les leen, son muy pocos. Creemos que este espacio puede servir para eso, para reconectar y para que conozcan libros”.


 

Para Melina y sus colegas la literatura infantil es fundamental, ya que es una puerta hacia la imaginación, la creación y hacia un universo distinto. “Sabemos que la imaginación de los chicos está ahí, hay que ayudarla a desarrollarse. Muchas veces dicen que se aburren de algo a los dos minutos, pero en los libros pueden encontrar millones de posibilidades, se pueden convertir en personajes, descubrir mundos diferentes. Hoy la literatura infantil deja mensajes muy profundos y está bueno”, aseguró. Además, manifestó que desde ese lugar se pueden tocar temas que quizás son tabú, “hay libros que hablan sobre la muerte, otros sobre las relaciones familiares y uno cree que a esos tópicos los chicos no los tocan y quizás con la literatura todo eso se puede abrir. Es importante la variedad y no quedarnos con los cuentos clásicos que si bien están buenos y algunos están reversionados hay un mundo mayor por descubrir en la literatura”.

Tal vez uno de los mayores inconvenientes que afrontan para hacer el picnic es el elevado costo de los libros, aunque las organizadoras intentan llevar los propios y también los que les acercan especialmente para esta misión. Contaron que tienen una selección de ejemplares que ellas mismas sugieren y afirmaron que aunque un libro esté catalogado como infantil no significa que no pueda abrirse a otras edades. Los asistentes también pueden llevar sus propios volúmenes o narraciones y compartirlas con su ocasional público.

Si bien oscilan entre diferentes géneros y escritores, uno de los ejemplares que siempre está presente es “Rompecabezas”, de Diego Bianki, autor que realiza libros ilustrados para niños y jóvenes. Representa una manera muy original de leer ya que sus dibujos están realizados a partir de cajas de cartón, reutilizadas, pintadas y encajadas como en un rompecabezas. No solo a los chicos les gusta, ya que pueden leer y jugar al mismo tiempo, sino que los adultos también se pierden en su sorprendente forma gráfica.

 

 

Aunque a Melina, Gina y Rocío les cueste llevar adelante el proyecto están decididas a que se mantenga en el tiempo. “Hay que coordinar diversos factores, no tenemos ningún apoyo de absolutamente nadie, tenemos que comprar nuestros libros y todo eso tiene un costo, más allá de lo monetario. Quizás un sábado podríamos estar haciendo otra cosa y lo dedicamos a eso porque nos gusta, después de cada picnic nos vamos felices de la plaza y eso nos parece que está muy bueno”, dijo Melina.

Contrario a lo que piense cualquier dueño de biblioteca, la idea de las docentes es que los mismos chicos exploren los libros por su cuenta, “uno a veces piensa que los van a romper, que se van a ensuciar pero a veces el libro requiere eso, moverse, ensuciarse, abrirlo y cerrarlo millones de veces. Un libro roto es de alguna manera un libro que se usó, ¿de qué sirve tenerlos estáticos?”, reflexionó Vinaccia. No hay requisitos para participar, pero se sugiere llevar el mate, algo rico para comer y las ganas de disfrutar y pasar un buen momento al aire libre. Tampoco hay límites de edad para participar, ya que según dijeron las jóvenes, los textos pueden llegar al lector por diferentes vías, ya sea por el contenido, las ilustraciones o la edición. Hay libros para todos.

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